sábado, diciembre 06, 2025

13 Poemas puertorriqueños

 



MAJESTAD NEGRA

Por la encendida calle antillana
Va Tembandumba de la Quimbamba
--Rumba, macumba, candombe, bámbula---
Entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo--gongo y maraca--
ritma una conga bomba que bamba.
Culipandeando la Reina avanza,
Y de su inmensa grupa resbalan
Meneos cachondos que el congo cuaja
En ríos de azúcar y de melaza.
Prieto trapiche de sensual zafra,
El caderamen, masa con masa,
Exprime ritmos, suda que sangra,
Y la molienda culmina en danza.
Por la encendida calle antillana
Va Tembandumba de la Quimbamba.
Flor de Tórtola, rosa de Uganda,
Por ti crepitan bombas y bámbulas;
Por ti en calendas desenfrenadas
Quema la Antilla su sangre ñáñiga.
Haití te ofrece sus calabazas;
Fogosos rones te da Jamaica;
Cuba te dice: ¡dale, mulata!
Y Puerto Rico: ¡melao, melamba!
Sus, mis cocolos de negras caras.
Tronad, tambores; vibrad, maracas.
Por la encendida calle antillana
--Rumba, macumba, candombe, bámbula--
Va Tembandumba de la Quimbamba.

Autor del poema: Luis Palés Matos

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GUAYAMESA

Suave como los tallos del papiro,
con una vaga irradiación de fresa
es tu talle de egipcia, en el que admiro
toda la majestad de una princesa.

El ensueño y el mar, en el zafiro
de tus ojos, se tiñen Guayamesa;
y como turquesino es el suspiro,
en tus ojos se baña de turquesa.

Cabellera auroral y frente blanca
donde el pudor alguna vez se estanca...
cuando tu cabellera rizos llueve.

Al caer en tu frente ese tesoro,
urde un desborde de flamante oro
sobre un albino témpano de nieve.

Autor del poema: Luis Palés Matos

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YO MISMA FUI MI RUTA

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida...

Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.

Autor del poema: Julia de Burgos

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LA BORINQUEÑA

¿Qué alma, llorando su infeliz destino
dentro del himno popular se agita,
al ascender la música infinita
en el fondo del aire cristalino?

Vibra en la flauta el prolongado trino,
la tempestad en el tambor palpita,
gime el violín, el clarinete grita
y solloza profundo el bombardino...

Es el acento múltiple, anhelante,
de la perdida caravana errante
que del nativo hogar la suerte implora...

¡Es el alma de un pueblo sin enseña!
¡Es la dulce, la triste "Borinqueña",
madre ideal que por sus hijos llora!

Autor del poema: José de Diego

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DANZA NEGRA

Calabó y bambú.
Bambú y calabó.
El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.
La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.
Es el sol de hierro que arde en Tombuctú.
Es la danza negra de Fernando Poo.
El cerdo en el fango gruñe: pru-pru-prú.
El sapo en la charca sueña: cro-cro-cró.
Calabó y bambú.
Bambú y calabó.

Rompen los junjunes en furiosa u.
Los gongos trepidan con profunda o.
Es la raza negra que ondulando va
en el ritmo gordo del mariyandá.
Llegan los botucos a la fiesta ya.
Danza que te danza la negra se da.

Calabó y bambú.
Bambú y calabó.
El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.
La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.

Pasan tierras rojas, islas de betún:
Haití, Martinica, Congo, Camerún;
las papiamentosas antillas del ron
y las patualesas islas del volcán,
que en el grave son
del canto se dan.

Calabó y bambú.
Bambú y calabó.
Es el sol de hierro que arde en Tombuctú.
Es la danza negra de Fernando Poo.
El alma africana que vibrando está
en el ritmo gordo del mariyandá.

Calabó y bambú.
Bambú y calabó.
El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.
La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.

Autor del poema: Luis Palés Matos

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A PUERTO RICO

(A Tomás Carrión)

La América fue tuya. Fue tuya en la corona
embrujada de plumas del cacique Agüeybana,
que traía el misterio de una noche de siglos
y quemóse en el rayo de sol de una mañana.

El África fue tuya. Fue tuya en las esclavas
que el surco roturaron, al sol canicular.
Tenían la piel negra y España les dio un beso
y las volvió criollas de luz crepuscular.

También fue tuya España. Y fue San Juan la joya,
que aquella madre vieja y madre todavía,
prendió de tu recuerdo como un brillante al aire

sobre el aro de oro que ciñe la bahía.
¿Y el Yanki de alto cuerpo y alma infantil quizás?...
¡E1 Yanki no fue tuyo ni lo será jamás!

Autor del poema: Luis Llorens

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CANCIÓN AMARGA

Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia.

Ser y no querer ser… esa es la divisa,
la batalla que agota toda espera,
encontrarse, ya el alma moribunda,
que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.

¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente…
Cantarte a ti, tan sólo, me despierta.

Autor del poema: Julia de Burgos

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HAMBRE AZUL

Ensueño que estoy cenando
y que tu espalda es mi mesa,
acostada su blancura,
como en la playa te viera
nadando sobre la ola
o echada sobre la arena.

Mesa desnuda, sin nada
de mantel ni servilletas;
azucarada, olorosa,
pintada de miel de abeja
libada en los azahares
de la luna y las estrellas.

Mesa que en silencio siente,
y en silencio canta y reza,
y no dice una palabra,
y dice toda la ciencia;
abeja que pica el cielo;
luna que escarba la tierra.

Ave que raya el enigma
y con las alas abiertas,
por los siglos de los siglos,
de la nada al todo vuela,
y nada sabe de nada,
y todo lo sacramenta
con el óleo de los huevos
que en sus curvas cacarea
en las ondas de los nidos.

Mesa doctora en belleza,
en la ciencia de la gracia
y en la gracia de la ciencia;
y mesa, en fin, que en sus vuelos
sabe repechar la cuesta
que va de Newton al Dante,
del número a la quimera,
el infinito camino que hay
entre el cielo y la tierra.

Chorro de café que hirviendo
brinca de la cafetera,
se ve caer el rizado
chorro negro de tu trenza
sobre la espumosa leche
de la taza que se vuelca
y se derrama en tu nuca
y por tus hombros se riega.

¿Que la plata de tus nalgas
me brindará en sus bandejas?
En una, que rumbe y raje
el ronco ron de la tierra;
mientras la otra se me finge
digna de ser la bandeja
de la petenera copa
de Jerez de la Frontera.

Y en la planicie del talle,
que es el centro de la mesa,
el pan de Dios se me ofrece
al hambre azul que me incendia.
Al comerlo, así le grito
a la multitud de afuera:

No soy yo quien mata el hambre
esta noche en esta mesa;
no, hermanos; es nuestra especie
la que se cena esta cena;
toda nuestra especie humana
en su hambre de ser eterna.

Autor del poema: Luis Llorens

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POMARROSAS

En las orillas de los viejos ríos,
que llevan sus corrientes rumorosas
por los bosques recónditos y umbríos,
nacen las pomarrosas
pálidas, escondidas, aromosas,
lejos del sol, como los versos míos....

En el suelo feraz, que el agua inunda,
yérguese el tronco en la raíz profunda,
al son perpetuo del raudal sonoro:
¡y absorbe, en cada poro,
el jugo que le nutre y le fecunda
y el resplandor de sus manzanas de oro!

Como los astros, al tocar su meta,
brillan las pomarrosas reflejadas
en el móvil cristal de la onda inquieta...
como las granadas
y como las canciones del poeta,
flotan sobre la tierra coronadas!

¡Oh, fruto, en que la flor se transfigura,
sin dejar de ser flor! ¡Tierna hermosura,
que la fragancia con la miel reparte,
y es perfume y dulzura
y símbolo, en que muestra la natura
la virginal maternidad del arte!

¡Cuán misterioso de la tierra el seno!
La sombra de la muerte se difunde
en el abismo, de amarguras lleno...
¡E1 tártago se hunde
y, en vez de néctar de la vida, infunde
y alza a la flor maléfica el veneno!

Mas, no la pomarrosa, que transmuta
en rica savia y en potencia fuerte
la ponzoña que infiltra la cicuta...
¡Así mi alma convierte,
como el arbusto de la blanca fruta,
la sombra en luz y en navidad la muerte!

¡Amor! ¡Dolor! ¡Corriente combatida!
¡Esperanza inmortal! ¡Anhelo santo!
¡Ondas de mi alma y ondas de mi vida!
¡Fecundidad del llanto!
¡Renacimiento de la fe perdida!
¡Poemas del bien y rosas de mi canto!

¡Bendecid a las áureas pomarrosas,
que en las orillas de los viejos ríos
se elevan escondidas y aromosas!
¡Amad los desvaríos
del alma triste que, en los versos míos,
saca los frutos del abismo en rosas!

Autor del poema: José de Diego

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NADA

Como la vida es nada en tu filosofía,
brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.

Brindemos por la nada de tus sensuales labios
que son ceros sensuales en tus azules besos;
como todo azul, quimérica mentira
de los blandos océanos y de los blancos cielos.

Brindemos por la nada del material reclamo
que se hunde y se levanta en tu carnal deseo;
como todo lo carne, relámpago, chispazo,
en la verdad mentira sin fin del Universo.
Brindemos por la nada, bien nada de tu alma,
que corre su mentira en un potro sin freno;
como todo lo nada, buen nada, ni siquiera
se asoma de repente en un breve destello.

Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;
por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos;
por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.

Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos,
nada entre nada y nada, cero entre cero y cero,
y si entre nada y nada no puede existir nada,
brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.

Autor del poema: Julia de Burgos

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Poetas puertorriqueñas contemporáneas que debes conocer

 

9 p 

Te presentamos esta lista de autoras boricuas de la mano de las organizadoras del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico. Dale play y escucha a algunas de ellas recitar su poesía.

¿Cómo habré de llamarme cuando solo me quede 
recordarme, en la roca de una isla desierta? 
Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra, 
hijo mío y de la muerte, me llamará poeta. 

— Julia de Burgos, extracto de Poema para mi muerte  

Cuando pensamos en poesía puertorriqueña escrita por mujeres, invocamos a Julia de Burgos, a Clara Lair, a Lola Rodríguez de Tió y a tantas otras poetas que abrieron las puertas para que la literatura boricua ampliara sus fronteras.

Hoy son muchas más las que gritan con sus versos y dejan plasmadas rutas que nos sirven para recorrer nuestros propios amores y desengaños, nuestros dolores y alegrías, conmoviéndonos con cada palabra que refleja un pequeño trozo de sus almas.  

Hablamos con la directora del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, la gestora cultural Linda Rosa, y con la poeta Iris Alejandra Maldonado, para crear esta lista de poetas boricuas contemporáneas que debes conocer.  

1. Ángela María Dávila Malavé (Humacao, 1944-2003)   

no me hablen, no me miren; por lo menos no grito.
déjenme sola, coño
déjenme con mis pestes
DÉJENME QUE ME JODA
—que esto pasa—

Anjelamaría Dávila, extracto de Déjenme sola (audios rescatados de cassettes guardados por su familia)

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También conocida como Anjelamaría Dávila, como firmaba sus poemas, “es una de las mejores poetas de Puerto Rico” y a quien se le dedica el 14to Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, dijo Rosa a Platea. Considerada la voz más destacada de la Generación del 60 y del colectivo literario Guajana, es una poeta “de vanguardia, adelantada a sus tiempos” a quien se le rendirá homenaje durante todo el festival, el cuarto que se dedica a una poeta mujer.  

Esta poeta nacida en Humacao también fue compositora, declamadora y cantante. Sus poemarios incluyen Homenaje al ombligo (1966), Animal fiero y tierno (1977, 1981, 1990) y La querencia (2006). Este último fue publicado póstumamente por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP). Otros de sus poemas también fueron publicados en diversas antologías.

2. Amarilis Tavárez Vales (Camuy, 1974)

La muerte es una hormiga
encallada en todos los continentes de la tierra. […]
La muerte nunca será vencida. Se multiplica.
Su tono marca la perfección.
La emancipación de todo.
Amarilis Tavárez Vales, extracto de uno de los poemas de El silencio de las hormigas

“La poesía de Amarilis y Mayda (Colón) es sonora, con mucha cadencia y se queda contigo. A través de la musicalidad los poemas se quedan con el lector”, dijo la poeta Iris Alejandra Maldonado.  

Según ella, el último libro de Tavárez Vales, El silencio de las hormigas, “cuenta en poesía su historia con la diabetes (tipo 1)”, la cual le fue diagnosticada en 1986. “Utiliza el hormigueo, esa sensación continua en el cuerpo cuando se padece esta enfermedad”, dijo.  Este es el punto de partida de la autora para relatar los dolores de estar enfermo, los cuestionamientos que se le hacen a dios y al mundo, e incluso la desesperanza de saber que la muerte se avecina.  

Sus poemas han sido publicados en diversas antologías y revistas literarias locales e internacionales, entre ellas, la revista El Sótano 00931 de la cual es cofundadora, y sus libros incluyen Re(h)alidades (2006), Hastío (2013) y Larga jornada en el trópico (2015). Fue finalista del Premio de Poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) en 2013.  

3. Etnairis Rivera (San Juan, 1949)

Yo, reuní el viento, la lluvia pasajera, el perfume salino de las algas, junté sus jóvenes bocas para el deleite marino de sus cuerpos.

Yo, el cómplice, el danzante intenso de la vida, el músico fiel en el fugaz tiempo, el imprescindible, Yo, el Amar…

Etnairis Ribera, extracto de su poema Se miraban, publicado en A(Mar)es (presentación del libro en el Centro de Arte Moderno, en Madrid)

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Etnairis Ribera, como firma sus poemas, “es una de las poetas más destacadas (de la década) del 1970” y otra de las puertorriqueñas a las que se le ha dedicado el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, explicó Rosa. Este homenaje se le realizó antes de que fuera transferida a un hogar para su cuidado, ya que padece de Alzheimer.

“Tiene una poesía más exótica, más del amor, aunque también de lucha política y social”, explicó, por su parte, Maldonado.  

Algunos de sus libros de poemas incluyen Wydondequiera (1974), Canto de la Pachamama (1976), Ariadna del Agua (1989), Entre ciudades y casi paraísos (1995), Intervenidos (2003), un poemario antiguerra dedicado a la lucha de Vieques, y A(Mar)es (2013).

4. Mayda Colón (San Juan, 1974)

Qué droga dura es el querer y sin embargo  
Qué necesidad de amor tan grande nos aqueja. 
Qué ganas de meterme por tu piel  
A olvidar el porqué de los colores 
El dolor de las razas 
La estrechez de las banderas.  
Mayda Colón, extracto del poema Último delirio, publicado en el libro Prosac 

“Amarilis y Mayda son parte de una generación, al igual que (José Raúl) Gallegos, que leen espectacularmente, impresionsn con su proyección de voz, con sus poesías. Son poetas fuertes y consolidadas y tienen mucha influencia en la música”, destacó Maldonado.  

Al igual que Tavárez Vale, Colón “también escribe mucho sobre temas de salud sufridas. Así están sus dos primeros libros: Prosac (2013) y Dosis (2009)”, dijo Maldonado. Mientras, en su libro La casa del vacío (2018) Colón utiliza la casa “como estructura y extensión de sí misma, de la familia”, y en su antolofía poética Recuentos y Volteretas (2006-2015), la poeta utiliza el juego y lo lúdico para acercarse al lector, con poemas de distintos libros escritos incluso de forma horizontal e invertida, invitando a voltear el libro, cual juego de niños.  

Colón ganó el premio al mejor libro del año de Penn Club (2014) y el premio al joven destacado del año de la UNESCO (2013).  

5. Cindy Jiménez Vera (San Sebastián del Pepino, 1978)

Mejor, tenme pena 
porque por más que quiero  
que mi hijo imaginario  
se afiance a la razón  
y deje de creer  
en la inexistencia divina,  
todas las mañanas 
le sigo dando la bendición 
en el nombre de su dios imaginario.  
Cindy Jiménez Vera, extracto de El hijo imaginario 

“La poesía de Cindy es inteligente. Hace uso de la tragicomedia como recurso poético”, a juicio de Maldonado. “Su poesía nos presenta la situación de la mujer en la ruralía, el urbanismo, una mujer que sufre la pérdida de su madre y tantas pérdidas de salud, como la pérdida de la audición, la vista y la movilidad”.  

Esta poeta, editora, escritora y traductora literaria recibió la beca Letras Boricuas de la Fundación Flamboyán en 2024 y ha escrito libros como Islandia (2016), No lugar (2017), Te cambio esta isla: Poemas selectos/I’ll Trade This Island: Selected Poems (2018) y Tegucigalpa (2022).   

6. Ashley Pérez García (Bayamón, 1993)

MI CUERPO ES SOLO UN CUERPO y nada más.  
me delata el gran fastidio,  
el año inmenso y tanta lata y tanto hastío  
y tanto dolor.  
no fue el viento, sino la espera temblorosa 
anticipando algo,  
racionando las pastillas y las hojas.  
apesta a muerte 
y desde ella nos consuelan.  
Ashley Pérez, extracto de Mi cuerpo es solo un cuerpo publicado en La divisa (2021)

Ashley Pérez es la más joven de esta lista y tiene “una poesía clara y contundente”, trabajando los “temas cotidianos de manera magistral”, explicó Maldonado. Es una crítica de cine y poeta en ascenso y en 2022 fue parte de la segunda cohorte de escritores de la beca Letras Boricuas de Fundación Flamboyán.  

Sus trabajos han sido publicados en varios periódicos y revistas, y su primer poemario La divisa (2021) recopila sus obras entre 2016 y 2020, cuando se dio su despertar político y su conciencia social.  

“Pienso que la poesía me queda grande”, dijo Pérez a Letralia el año pasado, cuando adelantó que edita su próximo poemario Remolino. Pérez también es parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía.

7. Yolanda Arroyo Pizarro (Guaynabo, 1970)

Creo en mi pelo afro todopoderoso
creador de los risos de este mundo
cabellos crespos visibles e invisibles
creo en la maranta encaracolada
creo en el dubi que se elimina
creo en la expulsión de los rolos y la keratina

Yolanda Arroyo Pizarro, extracto de Credo del pelo afro publicado en Afrofeministamente (extracto de audio de YouTube)

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Esta escritora y activista, una de las figuras más reconocidas de la literatura puertorriqueña, no solo ha publicado libros que discuten la afroidentidad y la sexodiversidad. También cuenta con una poesía fuerte que enaltece su herencia africana y cuestiona el racismo y la colonización.  

Además de novelas, cuentos y ensayos —los cuales se han traducido a distintos idiomas—, Arroyo Pizarro es autora de poemarios como Saeta (2011) y Afrofeministamente (2020). Fundó y es presidenta de Mujeres Negras Ancestrales. Recibió el Premio Nacional de Cuento 2013 por su libro de cuentos Las Negras. Y ha recibido el Premio del ICP en 2012 y 2015.  

Arroyo Pizarro es una de las invitadas en el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico y su trabajo como educadora le ha abierto la puerta a poetas como Maldonado, que inició a escribir a partir de uno de sus talleres de poesía.   

8. Carmen R. Marín (Ponce, 1975)

..vale más 
descubrir así  
que el peor dolor no 
es el de la distancia 
inminente 
y tampoco el del  
abandono 
irreparable 
sino 
el del veneno  
manifacturado en casa 
desde este cuerpo que te amó…  
–Carmen R. Marín, extracto del poema sobre la manufactura del odio 

Gran parte de la poesía de Carmen Marín expresa su lucha personal en contra de la violencia de género, de la cual es sobreviviente. “Su lucha es desde ese ámbito social”, dijo Maldonado.  

Marín es también editora, escritora y profesora. Recibió el premio Letras Boricuas de Fundación Flamboyán en 2021 y es autora de los poemarios Salvahuidas (2013) y Encamadas (2020). Ganó el premio del Certamen de Poesía José Gautier Benítez en 2012.  

9. Iris Alejandra Maldonado (Mayagüez, 1979)

una vez quise ser 
lo que mi padre 
quiso que fuera 
 
amo a mi padre 
 
me esclavicé 
Iris Alejandra Maldonado, poema Padre 

Aunque Maldonado no se incluiría a ella misma en esta lista, Rosa sí la recomendó porque su poesía “se basa mucho en ser sobreviviente de violencia de género”, por lo que tiene una potencia y sensibilidad que destacan.  

“A través de la poesía pude consolidar y sanar bastante. Fue un medio de sanación”, contó Maldonado, quien sobrevivió a un ataque a puñaladas de su entonces pareja mientras dormía.  

Además de poeta, es abogada notaria. Entre sus poemarios se encuentran Burlesca (2014) y El abismo silba una canción de vaqueros (2018), que también ha sido publicado en Costa Rica, Uruguay y El Salvador.  

Cual es el nombre indigena de la isla de Santo Domingo?

 




Dos artículos anteriores, uno que versa sobre el nombre de la ciudad capital de República Dominicana, que es Santo Domingo (sin el Guzmán), y el otro que aborda el tema del gentilicio de los dominicanos, han suscitado entre algunos amigos lectores la interrogante que intitula el presente escrito.
En efecto, al igual que acontece respecto de los nombres de la ciudad y de los dos gentilicios con los que indistintamente somos conocidos los habitantes del pueblo de Santo Domingo, dominicanos y quisqueyanos, hay quienes consideran que tal diversidad de nombres genera confusión entre el ciudadano común. Estimo, sin embargo, que si echamos una breve ojeada a la evolución histórica del pueblo dominicano estaremos en capacidad de comprender la cuestión de los diferentes nombres que ha tenido la isla que hoy comparten las naciones haitiana y dominicana.
Nombres primitivos y europeos
Cristóbal Colón, en su Diario de Navegación, al referirse al nombre que los taínos daban a la isla, reiteradas veces consignó que éstos la llamaban Bohío. En efecto, el miércoles 5 de diciembre de 1492, tras su arribo a nuestra demarcación isleña, Colón reveló que mientras se hallaba en Cuba, los aborígenes le hablaron de la existencia de una isla abundante en oro, que llamaban el Baneque o el Babeque. Decidió, por tanto, continuar la expedición en busca de dicha isla, pero en cambio llegó a la que él denominó Española, maravillado por su belleza natural que, a su entender, semejaba algunas regiones de España.
En el Diario se lee que "Tampoco pudo ir al Baneque, porque el viento que llevaba era Nordeste. Yendo así miró al Sueste y vido tierra y era una isla muy grande, de la cual ya tenía dizque información de los indios, a que llamaban ellos Bohío, poblada de gente". Varios días después, el 9 de diciembre de 1492, el Almirante resolvió bautizar la isla Bohío con el nombre de Española. Hay en ella -escribió-, "unas vegas las más hermosas del mundo y cuasi semejables a las tierras de Castilla, ante estas tienen ventaja, por lo cual puso nombre a la dicha isla Española".
Fray Ramón Pané, sacerdote Jerónimo que vino al Nuevo Mundo en el segundo viaje de Colón, y quien fue el primero en aprender el idioma de los indios macorixes de la Española, en su Relación acerca de las antigüedades de los Indios dice que "la isla llamada Española, que antes llevaba el nombre de Hayití y así la llaman los habitantes de ella; anteriormente, ésta y las otras islas se llamaban Bouhí".
Emiliano Tejera, en su libro Indigenismos, nos dice que el vocablo tenía varias formas de escritura: Bohío, Buhío o Boío.
Bartolomé de Las Casas nos dice en su Historia de las Indias que: "Yendo pues así, mirando las tierras, puso los ojos al Sueste, y vido tierra muy grande y ésta es la grande y felicísima isla Española, de la cual tenían nuevas muy frecuentes de los indios, que como cosa muy fastuosa se la nombraban, llamándola Bohío, no supe por qué tal nombre le pusiesen, siendo toda una lengua de los de Cuba y de la Española, pues no se llamaba sino Hayití , la última sílaba aguda... Así que, miércoles, a 5 días de diciembre, descubrió el Almirante la isla de Ayití, a la cual puso después, como luego aparecerá, “la Española".
El vocablo Quisqueya
Acaso el cronista que mayor controversia ha creado en relación con los nombres de la isla fue Pedro Mártir de Anglería. De este autor puede decirse que fue el primero, hacia el 1556, en publicar una historia sobre el descubrimiento de América.
Si bien es cierto que nunca estuvo en América, también es verdad que abrevó en valiosas fuentes primarias, entre éstas el propio Cristóbal Colón.
En su “Décadas del Nuevo Mundo, Anglería escribió: "Los nombres que los primitivos habitantes pusieron a la Española primero Quizqueia y luego Hayití. Tales denominaciones no fueron hijas del capricho, sino de la significación que según ellos tenían…"
Anglería es, pues, el primer cronista de Indias en mencionar el vocablo Quisqueya como nombre aborigen de la isla. También consignó que los indios denominaban la isla Cipango. A este autor es al que debemos la invención del vocablo Hispaniola que, según algunos entendidos en cuestiones lingüísticas, se trató de una equivocada traducción de Española, una "caprichosa latinización del legítimo nombre de la Española, que fue el que realmente ostentó la isla a raíz de su colonización por los europeos", según Leónidas García Lluberes.
José Gabriel García sostiene en su Compendio de la Historia de Santo Domingo que "El nombre principal que le daban los aborígenes a la isla en que habitamos era Hayití, que entre ellos significaba tierra alta; pero a más de este nombre tenía en la parte oriental el de Quisqueya, que equivalía a madre de la tierra; y en la occidental el de Babeque o Bohío, cuya traducción era tierra de oro". En cuanto a Babeque, sabemos por Cristóbal Colón que ese nombre no correspondía a la isla de Bohío o Hayití.
Entre los historiadores dominicanos, sin embargo, no existe consenso respecto del vocablo Quisqueya. Hay quienes se inclinan -como Jorge Tena Reyes- por la tesis de que el nombre primitivo de la isla era solo uno: Hayití. Otros, empero, prefieren adherirse a la tesis de que a la llegada de los europeos, la isla tenía varios nombres y que Quisqueya era uno de ellos. César Nicolás Penson, en Cosas Añejas, escribió que Quisqueya no era voz indígena, pero reconocía ser de los primeros autores en usarlo como distintivo de lo dominicano. Posteriormente, el canónigo Apolinar Tejera escribió un enjundioso artículo titulado "¿Quid Quisqueya?" en el cual tildó de apócrifo el referido vocablo demostrando que el mismo no existió en la terminología taína y que fue una invención del cronista Pedro Mártir de Anglería.
Al parecer, no existe documento fidedigno -a no ser la versión ofrecida por Anglería- que evidencie a Quisqueya como nombre autóctono de la isla, aunque Anglería consignó que en tiempos del descubrimiento dicho vocablo ya estaba en desuso. En cuanto se refiere al sustantivo Quisqueya (del cual Colón nada dice en su Diario), existen dudas en torno de su autenticidad como voz taína. Sin embargo, una realidad lingüística insoslayable nos fuerza a aceptar dicho vocablo, debido a que el mismo ha resultado de uso preferido por poetas e incluso con el tiempo devino en el otro gentilicio con el que también se identifica a los dominicanos.
El historiador Emilio Rodríguez Demorizi sostuvo que "el gentilicio quisqueyano apenas ha pasado de la literatura, de la poesía y de la oratoria, Es nuestro nombre poético, como borinqueño en Puerto Rico".
Las Relaciones de la época parecen indicar que los taínos habían bautizado diversas regiones de la isla con los nombres antes señalados.
En el Manual de Historia Dominicana, Frank Moya Pons prefirió eludir la confusa tradición de emplear varios vocablos indígenas y llama Hayití a la isla poblada por los taínos.
Roberto Cassá, en su Historia Económica y Social de la República Dominicana, también emplea la voz Hayití para referirse a la isla; Franklin Franco, por su parte, en su Historia del Pueblo Dominicano, consigna los nombres de Hayití o Babeque. Respecto a este último nombre puede afirmarse que los taínos denominaban otra isla, diferente de la nuestra.
Española o Santo Domingo
Se recordará que hacia 1498 (no hay seguridad en torno del día ni del año) Bartolomé Colón -hermano del Almirante-, fundó una ciudad, sobre la margen oriental del río Ozama, que llamó Santo Domingo.
La ciudad de Santo Domingo no tardó en convertirse en el principal puerto de la isla Española y cuando en 1502 fue destruida por un huracán, el gobernador de la colonia, que lo era Frey Nicolás de Ovando, dispuso su traslado a la margen Occidental del río Ozama, que es donde actualmente se encuentra.
Antonio del Monte y Tejada y José Gabriel García en sus respectivas obras consignaron que el 6 de diciembre de 1508, mediante Real Cédula, el rey de España extendió a toda la isla el nombre de Santo Domingo. Sin embargo, se desconoce esa Real Cédula y se cree que el nombre de Santo Domingo fue aplicado a la isla por uso general, tal vez por parecerles más simpático y cómodo a euvropeos y criollos.
¿A qué se debió la adopción del nombre de Santo Domingo para la isla entera? Entre varias razones al hecho de que la isla Española se convirtió en el más importante y lucrativo centro de actividades comerciales del Nuevo Mundo. Tal circunstancia determinó que el nombre de la ciudad principal y asiento del gobierno colonial primara sobre el de Española. Varias de las instituciones de importancia que fueron establecidas en la ciudad Primada de América, pero que tuvieron jurisdicción más allá de los límites isleños, ostentaron el nombre de Santo Domingo, tales como la Real Audiencia de Santo Domingo y el Arzobispado de Santo Domingo.
El nombre de Isla Española prevaleció durante los primeros tres decenios del siglo XVI; pero ya en 1550 a todo el territorio insular se le aplicaba el nombre de Santo Domingo o se combinaba con el de Española de esta manera: isla Española de Santo Domingo, tal y como se evidencia en un libro que data de 1730, escrito por el padre jesuita Pedro Javier Francois de Charlevoix titulado Historia de la isla Española o de Santo Domingo; y en otro del publicista francés Moreau de Saint Mery, publicado hacia 1796, que se intitula Descripción topográfica y política de la parte española de la Isla de Santo Domingo.
¿Santo Domingo o Hispaniola?
Desde el siglo XVIII nuestra isla fue siempre conocida con el nombre de Santo Domingo. Sin embargo, cuando los esclavos del Santo Domingo francés se rebelaron contra el imperio napoleónico, y proclamaron la República de Haití, en la Constitución de 1806 consignaron que: "La isla de Haití (antes llamada Santo Domingo) con las islas adyacentes que de ella dependen, forman la República de Haití." A partir de entonces, hasta 1867, los legisladores haitianos continuaron insistiendo en la tesis louverturiana de la una e indivisible, ya que consideraban que Haití solo tenía por límites el mar. El tema del nombre de la isla reapareció en la reforma constitucional de 1996 en cuyo Art. 8, leemos que "El territorio de la República de Haití comprende la parte Oriental de la isla de Haití, así como las islas adyacentes…"
Los dominicanos, en cambio, tras la proclamación de la República Dominicana en 1844, cuando sancionaron la primera Carta Sustantiva de la nación, al referirse al territorio de la República, consignaron lo siguiente en el Artículo 2: "La parte española de la isla de Santo Domingo y sus islas adyacentes, forman el territorio de la República Dominicana." De entonces acá, todas las reformas constitucionales que han tenido lugar en nuestro país han mantenido inalterable la cuestión del nombre de la isla. El Pacto Fundamental vigente, que data del 26 de enero de 2010, Art. 9. "El territorio de la R.D. es inalienable. Está conformado por la parte oriental de la isla de Santo Domingo, sus islas adyacentes y el conjunto de elementos de geomorfología marina."
Debido a esa circunstancia en que dos Estados que comparten la misma isla, la identifican con nombres diferentes, fue que durante la primera Ocupación Militar Norteamericana de nuestro país, los generales norteamericanos J.H. Pendleton (Jefe interino del Gobierno Militar) y W.W Russell, Ministro de Estados Unidos en la República Dominicana, recomendaron a la Sociedad de Geografía de Estados Unidos aplicar a nuestra isla el nombre de Hispaniola.
Cuando esa sugerencia se hizo, mediante una circular del 8 de junio de 1918, la intelectualidad dominicana de inmediato elevó su protesta y rechazó tal proposición en virtud de que Hispaniola nunca había sido nombre oficial de la isla y porque, además, aún prevalecía el nombre original de Santo Domingo, consignado en nuestra Carta Sustantiva desde 1844 a la fecha. Sin embargo, no pocos académicos norteamericanos todavía utilizan el vocablo Hispaniola para referirse a nuestra isla y debe quedar claramente establecido que el territorio ocupado por Haití y República Dominicana sólo tiene un nombre: Santo Domingo.

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