martes, abril 28, 2026

28 de abril 1965, la ignominia.

 

Fue el 28 de abril de 1965 cuando las fuerzas estadounidenses, encabezadas por los tristemente célebres marines, desembarcaron en territorio dominicano para cumplir con la orden del presidente Lyndon Johnson de sofocar a los militares y civiles constitucionalistas que se alzaron en defensa del orden democrático.

Como reacción a esta mancha inaceptable en la historia patria, el Congreso dominicano estableció esta fecha como Día de la Soberanía Nacional.

Los mismos traidores que auparon el golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Juan Bosch en septiembre de 1963 fueron los que se aliaron con las fuerzas norteamericanas, después de haber sufrido una clara derrota en el terreno militar, de manera que los invasores inclinaron la balanza a favor de los serviles, con el manido argumento de que estaban combatiendo el “comunismo”.

Esa intervención militar extranjera tuvo nefastas consecuencias para el país, porque significó pisotear la voluntad popular, trajo más represión y persecución contra la juventud que se opuso a que nuestra soberanía fuera mancillada y sembró de muerte gran parte de nuestro territorio.

La historia de los pueblos se escribe con la resistencia de su gente y con la sangre de sus héroes, y aunque los discursos oficiales y la crónica malsana y mentirosa de los “vencedores” intentan disfrazar la realidad, la verdad siempre se impone.

El historiador Roberto Cassá definió aquella invasión como un hecho trágico y un “preludio del mismo reordenamiento histórico de dominio de minorías por medios no democráticos”.

Aunque los números de aquella invasión nunca se conocieron con claridad, se calcula en varios miles, la mayoría civiles, los que murieron por las balas de los marines y la soldadesca de varios países latinoamericanos que los acompañaron con el padrinazgo de la OEA.

Este aniversario debiera dedicarse a la exaltación del ser nacional dominicano, y a mantener vivo en la memoria de las generaciones actuales y futuras el valor y el coraje de aquellos héroes que se enfrentaron a un enemigo superior, como también condenar a los traidores criollos que se confabularon con el invasor en contra de su patria.

El Caribe.

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