lunes, enero 19, 2026

EL VERDE QUE SE DESTIÑÓ EN EL DECRETO: LA METAMORFOSIS DE LOS GUARDIANES EN ALQUILER

 




​Por: Augusto Gómez Rivas
​Tras el cambio de mando en 2020, la democracia dominicana quedó huérfana de contrapesos.
El fenómeno es penoso: el fiscalizador se hizo funcionario y el discurso crítico se canjeó por el presupuesto.
​La estrella de esta metamorfosis es Faride Raful. La "fiscalizadora" que desde el Congreso y los medios desnudaba cada préstamo gubernamental, hoy encabeza el Ministerio de Interior y Policía.
Su otrora trueno contra la inseguridad y el endeudamiento es hoy un discreto silencio administrativo.
​A este esquema se suma Milagros Germán, cuyos ácidos editoriales en sus programas de televisión eran el azote del poder; hoy, esa combatividad se disolvió en el protocolo ministerial.
Igual camino recorrieron Juan Bolívar Díaz, referente ético hoy Embajador; y los actuales portavoces palaciegos Andrés L. Mateo, Homero Figueroa y Daniel García Archibald.
​El vacío se extiende a voces como Diana Lora, que pasó de la inquisición radial a la nómina estatal; Marino Zapete, cuyo martillo contra la corrupción se pausó bajo el cobijo oficialista; y la prestigiosa Margarita Cordero, hoy absorbida por el engranaje administrativo.
​Pero el desencanto mayor es el de la Marcha Verde. Rostros de "sociedad civil" como Carlos Pimentel, Pavel Isa Contreras, Olaya Dotel y cuadros de Participación Ciudadana, transitaron de las plazas a los despachos del erario.
​Esta doble moral —instrumentalizar la indignación ciudadana como moneda de cambio político— anula la lucha social.
República Dominicana extraña a sus periodistas y activistas "auténticos".
Mientras la comunicación sea un atajo hacia el cargo, seguiremos huérfanos de esos vigilantes que prefirieron la paz de la nómina a la firmeza de su palabra.

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