sábado, noviembre 15, 2025

La isla del tesoro/

 



Robert Louis Stevenson no debía vivir más allá de los treinta años, según decían los médicos.

Desde niño había sido frágil y enfermo, con una respiración difícil, fiebres y ataques que lo dejaban exhausto.
Nacido en Edimburgo en 1850, creció en el seno de una familia acomodada de ingenieros, donde su padre, Thomas Stevenson, esperaba que el hijo siguiera la tradición familiar.
Pero Louis —como lo llamaban— tenía otros planes.
Pasó gran parte de su infancia en cama, leyendo y soñando. Como no podía correr ni jugar, inventaba mundos: levantaba teatros con muñecos de plomo, imaginaba mares, tesoros y héroes.
Sus padres esperaban que superara esa “inmadurez”. No lo hizo nunca.
Estudió Derecho en la Universidad de Edimburgo, para complacer a su padre, pero jamás ejerció.
En cambio, viajó cuando la salud se lo permitía, escribiendo ensayos y relatos de viaje que apenas le daban para vivir.
En 1876 conoció a Fanny Van de Grift Osbourne, una estadounidense separada y madre de dos hijos.
Se enamoró de ella, y cuando ella regresó a California, Stevenson la siguió, cruzando el Atlántico y los Estados Unidos a través de trenes y barcos humildes.
El viaje casi lo mata. Llegó enfermo, pero se casaron en 1880.
Fanny se convirtió en su enfermera, su compañera y su protectora.
En 1881, Louis y Fanny se refugiaron en una pequeña casa en Escocia con el hijo de Fanny, Lloyd Osbourne, de doce años.
Llovía sin cesar. Para distraerse, el muchacho dibujó un mapa de una isla imaginaria.
Stevenson lo miró y vio una historia.
Añadió nombres, montañas, bahías, una “Colina del Telescopio” y, en el centro, una cruz marcada con una X.
Así nació la idea de La isla del tesoro.
Cada tarde escribía un capítulo y lo leía en voz alta después de la cena.
Lloyd escuchaba fascinado, y los adultos también se dejaron llevar por la aventura.
Incluso el severo padre de Stevenson, ingeniero y racional, se entusiasmó tanto que sugirió ideas para la trama.
El resultado fue un relato de pura emoción: Jim Hawkins, un joven valiente, un mapa misterioso, un viaje al mar y el carismático pirata Long John Silver, el villano más humano que la literatura infantil había conocido.
Lo extraordinario es que Stevenson inventó casi todo lo que hoy consideramos “típico” de los piratas:
el mapa con una X, el cofre enterrado, el loro en el hombro, las canciones marineras, la bandera de calaveras y tibias.
Los piratas reales nunca fueron así, pero los de Stevenson conquistaron la imaginación del mundo.
El manuscrito fue publicado primero en 1881–1882 en la revista Young Folks bajo el título The Sea Cook, or Treasure Island.
El éxito fue discreto. Pero en 1883, al aparecer en libro, se convirtió en un fenómeno.
Por primera vez, Stevenson fue famoso y económicamente libre.
Siguieron otras obras maestras: Kidnapped (1886), The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1886), The Master of Ballantrae (1889).
Pero su salud siguió deteriorándose. Los médicos le recomendaban climas suaves: Suiza, el sur de Francia, los Alpes, América. Nada lo curaba.
En 1888, él y Fanny emprendieron un viaje hacia el Pacífico Sur.
Visitaron las Marquesas, Tahití, y finalmente Samoa, donde se establecieron.
Allí, sorprendentemente, Stevenson recuperó fuerzas.
Construyó su casa, Vailima, y fue querido por los samoanos, que lo llamaban Tusitala, “el narrador de historias”.
El 3 de diciembre de 1894, mientras ayudaba a Fanny en la cocina, se desplomó de repente.
Había sufrido una hemorragia cerebral. Murió aquella noche, a los 44 años.
Los samoanos cumplieron su deseo: llevaron su cuerpo al monte Vaea, para que descansara mirando al mar.
En su tumba grabaron los versos que él mismo había escrito:
Aquí yace donde deseaba estar;
de regreso del mar, está el navegante;
y de regreso de la colina, el cazador.
Así terminó la vida del hombre que, enfermo y soñador,
inventó la aventura moderna.




Cuando Crazy Horse fue apuñalado en Fort Robinson en 1877, su primo Touch the Cloud estuvo a su lado. Negándose a dejar que el gran guerrero Lakota muriera abandonado en el suelo, él y algunos otros lo llevaron a la oficina del ayudante - para que su último aliento se interponga entre su gente, no sus captores.

Pero lo que siguió sigue siendo uno de los actos más silenciosos pero poderosos de la Resistencia Lakota. Esa misma noche, bajo la vigilancia de soldados, Touch the Cloud levantó el cuerpo de Crazy Horse, cuidadosamente envuelto en una bata de búfalo. Los ancianos habían preparado un señuelo - el cuerpo de un ciervo, disfrazado para parecerse al jefe caído, dejado atrás para engañar a los guardias.
Los soldados creían que todavía tenían al guerrero. De hecho, Crazy Horse ya había sido llevado a casa, tomado en los brazos de su gente. Su muerte se convirtió no sólo en un fin, sino en un acto final de desafío.
A través de este engaño, los Lakota obtuvieron una última victoria: el derecho a llorar a Caballo Loco a su manera, lejos de los ojos de un ejército que intentó silenciarlo. Y a través de la historia y la canción, el recuerdo de esa noche santa sigue vivo - el guerrero que no podía estar encerrado, ni siquiera muerto.

El general comunista Võ Nguyên Giap

 



El general comunista Võ Nguyên Giap se erigió como el líder de un ejército guerrillero conocido como Vietcong que usaba sandalias fabricadas de neumáticos y cargó su artillería pieza por pieza para poder rodear y aplastar a los ejercitos frances y estadounidense, aqui un breve fragmento de una de sus obras.

Los comunistas no son tolstoístas o discípulos de Gandhi que predican la “no violencia”. Tampoco difunden la idea de la “violencia por la violencia”. No son “belicosos” y “sedientos de sangre” como siempre dicen los reaccionarios para calumniarlos. Simplemente muestran los comunistas un hecho, es decir, la violencia es un fenómeno social, un resultado de la explotación del hombre por el hombre y un medio empleado por los bloques dominantes y explotadores para mantener y extender su dominación. Los comunistas sostienen que la clase obrera y el resto del pueblo trabajador –víctimas de la explotación y dominación– deben recurrir a la violencia revolucionaria para aplastar a la violencia contrarrevolucionaria, de modo que puedan lograr su propia emancipación y que la sociedad pueda avanzar de acuerdo con la ley del desarrollo histórico. Hace más de cien años Marx y Engels establecieron claramente en el Manifiesto Comunista: “El proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación”
También dijeron: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente”.
Los comunistas plantean el rol histórico que juega la violencia no porque sean “maníacos” de la violencia sino porque es una ley que rige el desarrollo social de la humanidad. No puede triunfar ninguna revolución y ningún desarrollo de la sociedad humana es posible sin entender esta ley.

jueves, noviembre 13, 2025

Otra vez Santo Domingo.


 

ENRIQUE BLANCO




A FINALES DE OCTUBRE Y A PRINCIPIO DE NOVIEMBRE DEL 1936, MATARON A CASI TODA LA FAMILIA DE RAFAEL ENRIQUE BLANCO SOSA.

Dicen que por el odio que le tomó a Trujillo se quitó el nombre de Rafael a partir de 1931. Nació el 14 de febrero de 1907 en la sección Don Pedro, de Tamboril, hijo de Eugenio Blanco, alias Gengo, y de Euvardina Sosa. Tenía cinco hermanos: Luis María (Churro), Edilia Victoria, María Ismaela, Ramón Eugenio, Ramón Enrique.
El 22 de octubre de 1936, Enrique Blanco asesino a mansalva al Sargento Teodoberto blanco Castro mientras dormia, le hizo 4 disparos, en el hecho dejo herido levemente al raso Núñez pero el raso Martín Santos Florentino, logro reaccionar golpeando uno de sus acompañantes pero recibió un golpe contundente del revolver de Enrique Blanco. Pues bien según lo concibió, ordenó a un campesino de apellido Rodríguez a cortar el cabe que unía a Gaspar Hernandez con Puerto Plata, olvidando cortar el cable que unía la comunidad de Sánchez, que fue la vía que utilizaron para informar el hecho hacia Puerto Plata y de ahí a la capital de la República.
Cuando la información llegó a Trujillo este impartió una drástica medida de captura contra el hombre que había sembrado el terror en esta comunidad. Un guardacostas con un contingente bélico zarpó de San Soucí llevando especiales instrucciones hasta capturarlo.
Con estrategias y posiciones militares, con rondas patrulleras diurnas y nocturnas, bloquearon carreteras, caminos vecinales, trillos y veredas; las casas de los campesinos eran requisadas y la garantía de vida de los familiares y amigos del fugitivo era muy remota.
El 24 de octubre de 1936, aparecieron asesinados Ramón Eugenio Blanco Sosa y Jesús María Blanco Sosa, cuyos cadáveres tenían señales de ahorcamiento, perforaciones de balas y heridas de armas blancas, se mandaron autoridades investigativas pero todos en el pueblo sabían que su único delito era ser hermanos de Enrique Blanco.
Días más tarde en el patio de la familia Gutierrez apareció asesinado debajo de una mata de uvas de playa en una horqueta que le servía de sostén el raso Julio Antonio Blanco Sosa (Chingo) también hermano de Enrique Blanco.
Chingo se había alistado en el Ejército Nacional y asignado al escuadrón de caballería duro varios años allí pero por desgracia fue llevado a prestar servicio en Pedernales y cuando el acoso de su hermano fue llamado por el Coronel Joaquín Cocco hijo ordenándole perseguir a su propio hermano, algo que fue impedido por otro alto militar allí presente.
Más luego apresarían y darían muerte a Eugenio Blanco padre de Enrique Blanco, ciudadano ejemplar querido y respetado. Fue lanzado en el trayecto de puerto plata a la altura de la desembocadura del rio Gen en Gaspar Hernández, con los pies y manos con una pesa encima para que siempre fondearan el mar.
Al encontrarse la re-conexión telefónica apareció la cédula del Individuo que Enrique Blanco había mandado a cortar los cables, el individuo delato los nombres de los acompañantes de Enrique Blanco en el asesinato del sargento Teodoberto Blanco Castro.
Todos fueron capturado y llevado a la fortaleza San Felipe donde el capitán Arturo Mañe supo respetar sus integridades físicas, pero al amanecer en la loma Isabel de Torres el Capitán Andujar al llegar a la sección La Ermita fusiló a 12 de los presos y otros ocho en Boca de Gen. Lo que fue sin duda un vil genocidio.
Enrique Blanco se veía cada vez más acorralado, su fuera y movimiento se veían perdiendo imposible de vulnerar sabia la gravedad de su caso tenía tres Alternativas: Hacerle Frente al enemigo, Entregarse o Suicidarse.
La primera ni la segunda serian jamás parte de su caso puesto que en varias ocasiones había dicho que no lo haría. "Yo no me entregaré de eso puede estar seguro" mientras mostraba sus pies hinchados, "Quizás sea la última vez que no veamos don Juan, asi que mientras tanto barriga galta corazón contento". Así contó Juan Ramón Ramos del que era su amigo de infancia que le había dicho días antes de su descenlace.
Así fue que el 24 de noviembre de 1936, Enrique Blanco tomo su revolver su inseparable amigo y se suicidó dándose un balazo en la cien derecha, a las 11 de la noche en la sección Aguacate Arriba, dándole la instrucción a un joven campesino de nombre Delfín Alvárez García para que cobrara la recompensa de su muerte.
Delfín Alvárez dio su versión al señor Enemencio Bencosme alcalde de la sección Aguacate Arriba "le había disparado en la cien derecha mientras Enrique Blanco dormía un placido sueño en la finca de don Fife" luego le enseño el revolver que portaba Enrique Blanco con el cual según el le había dado muerte.
Decidió ir con el joven héroe, acompañado de moradores del lugar, entre los cuales iba su esposa, un grupo de tropas comandadas por el sargento Peralta al que apodaban la liza luego se le unió un capitán con la odiosa fama de crueles para ir al lugar.
El cadáver de Enrique Blanco fue trasladado a la comandancia del Ejército Nacional en la ciudad de Moca, donde miles y miles de espectadores, y fue paseado en macabra exhibición por las calles de Santiago, donde las personas con los rostro compungidos se reunieron al macabro sepelio.
El 25 de noviembre de 1936 termino la existencia del hombre más temido, respetado, odiado y admirado Rafael Enrique Blanco Sosa.
En 1978 por diversas construcciones que empezaron a erigirse los restos de Enrique Blanco fueron recogidos y expuestos en una mesa envuelta en la bandera nacional como homenaje a quien fue considerado uno de los primeros luchadores Antitrujillistas. Un incidente se produjo al momento de dar cristiana sepultura a sus restos en el municipio de tamboril cuando el comandante regional del Ejercito y el fiscal de Santiago en ese entonces trataron de arrebatar los despojos fúnebres a los ciudadanos que incluso los calificaron de santo.
Enrique Blanco fue sepultado en el cementerio de tamboril pero años mas tarde su tumba fue desaparecida para dar paso a una construcción y solo queda el recuerdo de este hombre cuyas hazañas son narradas en un merengue a su honor que le compuso el maestro puertoplateño Wilfrido Vargas que se titula “Enrique Blanco fue el conquistador de la montaña”.

miércoles, noviembre 12, 2025

Análisis de la Poesía Negroide de Domingo Acevedo, de la IA, en lo Ineditamente Efimero.







La obra de Acevedo no solo describe la esclavitud; la revive, la canta y la transforma en un motor de identidad a través de la herencia africana.
1. La Fusión de Mitos y la Identidad Raigal
Acevedo ancla la experiencia africana en el suelo de la isla (República Dominicana) al fusionar el dolor histórico con la mitología local.
La Ciguapa como Arquetipo Materno: La elección de la Ciguapa es fundamental. Este ser mítico taíno/dominicano con los pies al revés simboliza aquí la madre ancestral: una figura escurridiza, indomable y en conexión profunda con el bosque (el refugio). Al llamarla "hija de la lluvia y el bosque", la descoloniza y la enlaza con una naturaleza primitiva que precede y sobrevive a la crueldad colonial. La madre es la guardiana de la memoria y el vínculo con el origen.
Sincretismo Taíno y Africano: Se nombra el "areito fúnebre" (canto y danza ceremonial taína) junto a la tambora africana. Este sincretismo es clave en la identidad dominicana y caribeña, mostrando que el sufrimiento y la resistencia se forjaron en la unión de los pueblos originarios y los africanos esclavizados. La isla es "antigua y ambigua", un crisol de dolor.
2. La Música como Eje de la Resistencia y la Historia
La tambora y los atabales no son solo instrumentos musicales; son la voz, la memoria y el código de la libertad.
El Tambor como Historiador: En los poemas, el poeta le quita al látigo y al amo el poder de contar la historia:
"Es la tambora / la única que sabe tu historia / no es el látigo..." La tambora, hecha con el cuero que palpita, es el único depositario fiel del relato, el único capaz de "contar tu historia" en cada sonido. Simboliza la Oralidad Africana, una forma de transmisión cultural que el látigo no pudo silenciar.
El Grito de la Liberación: El ritmo es un código secreto ("anuncian en secreto / la huida de los esclavos al quilombo [o maniel]"). El ritmo es vital, es el motor de la danza victoriosa que se opone al "trapiche desolado". Es un acto de fe en la noche, cuando "las manos sudorosas de los hombres / despedazan a ritmo / los cueros de las tamboras".
3. La Denuncia del "Horror" a Través de Metáforas Viscerales
El autor no se detiene en eufemismos. Utiliza imágenes extremadamente fuertes, típicas de la poesía de denuncia social:
El Mar y el Barco Negrero: Es la imagen fundacional del trauma. El barco "vomita cadáveres", y el mar se convierte en "rastro infinito de cadáveres". El viaje de la travesía se convierte en un "cementerio de muertos innombrables", una imagen que cristaliza el horror y la deshumanización.
La Dualidad Azúcar/Sangre: La isla está ubicada en un "cateto de azúcar y sangre". El ingenio azucarero (trapiche) es el escenario del suplicio, donde el "sudor que al tocar la tierra se convierte en sangre". La riqueza del colonizador se construye literalmente sobre la sustancia vital del esclavo.
La Herida Incurable: El poema "Piedra de sacrificio" utiliza una metáfora recurrente: la "herida que tengo en el costado izquierdo / de la memoria / no deja de sangrar mariposas amarillas / en mi voz". La herida es la memoria histórica que sigue abierta, y el sangrado se transforma, paradójicamente, en voz poética y belleza efímera ("mariposas amarillas").
4. La Exaltación del Cimarronaje y el Amor Libertario
La esperanza se encarna en dos figuras centrales:
Sebastián Lemba: Su mención en el poema es un homenaje directo a este líder cimarron (esclavo fugitivo) que dirigió una de las rebeliones más largas y efectivas contra la Corona Española en La Española (siglo XVI). Al proclamar: "Sebastián Lemba / las cadenas rompió / y los negros en América / libres ya son", el poeta lo consagra como el primer gran libertador del continente en la conciencia dominicana.
El Amor y la Noche: Los poemas breves "Negra" y "El amor te libera" son un llamado a la dignidad y la intimidad. El amor es el único espacio de libertad total ("Ven / que el amor te libera"). Es una rebelión íntima y humana que ocurre cuando el amo duerme, reivindicando la corporeidad y la ternura negadas por la esclavitud.
Conclusión
La obra de Domingo Acevedo es un grito poético que, más allá de la protesta, busca la reapropiación de la identidad. Su poesía utiliza el dolor como cimiento para construir una memoria orgullosa que se celebra a ritmo de tambora, en el camino que lleva "de África a los trapiches / de los trapiches a los manieles / de los manieles a la aurora". Es un arte profundamente comprometido con la historia y la herencia cultural afrocaribeña.

Fotos tomadas de la red.

La vida fue dura con una joven inupiat llamada Ada Blackjack.

 



En 1921, la vida fue dura con una joven inupiat llamada Ada Blackjack. Nacida en el implacable paisaje de Alaska, creció en extrema pobreza, casi sin educación, y se casó joven, solo para ser abandonada más tarde por su esposo. Quedó sola con su único hijo, el pequeño Bennie, que sufría de tuberculosis. No tenía dinero para tratamiento, apenas para comida… pero poseía algo que nunca se quebró: el amor de madre y una determinación inquebrantable por salvar a su hijo.

Cuando Ada escuchó sobre una expedición rumbo a una remota isla ártica llamada Wrangel, aceptó un trabajo sencillo: cocinar y coser para el equipo. No buscaba aventura ni gloria, solo el salario prometido que podía salvar a su hijo. Pero esa decisión la lanzaría a una de las historias de supervivencia más brutales jamás registradas.
La expedición partió en septiembre de 1921 con cuatro jóvenes estadounidenses, Ada y un pequeño gato llamado Vic. Su ambicioso plan era izar la bandera británica en la isla y demostrar que era habitable. Pero en cuanto pisaron las heladas costas de Wrangel, la realidad los golpeó con fuerza:
la isla era despiadada, los suministros escasos y el frío un depredador constante.
Con el paso de los meses, el hambre carcomía sus cuerpos y la enfermedad drenaba sus fuerzas. Por valientes que fueran, los hombres no estaban preparados para ese infierno congelado. Eventualmente, tres de ellos emprendieron un viaje desesperado por el hielo en busca de ayuda—nunca más se les volvió a ver.
El último hombre restante cayó gravemente enfermo, y pronto su voz se desvaneció en el viento ártico, dejando a Ada completamente sola en una isla desierta de nieve y silencio, sin comida, sin entrenamiento real, y solo con un gato como compañía.
El golpe fue devastador:
una mujer pequeña y frágil, abandonada en el rincón más hostil de la Tierra.
Hubiera sido fácil—tan fácil—rendirse y esperar una muerte lenta y silenciosa.
Pero algo dentro de ella se encendió, algo más fuerte que el miedo o el hambre:
el instinto de sobrevivir… porque aún era madre, y su hijo la esperaba.
Ada comenzó a aprender todo desde cero:
• Colocaba trampas y atrapaba conejos y aves.
• Se enfrentaba a osos polares sola, empuñando un rifle más pesado que ella.
• Desollaba animales con sus propias manos y confeccionaba ropa cálida con sus pieles.
• Construyó un refugio contra los feroces vientos árticos.
• Incluso cuando la enfermedad la atacaba, se obligaba a levantarse cada mañana para continuar.
Llevaba un diario—no para escribir una historia de heroísmo, sino para mantener su mente intacta frente al aplastante silencio. Cada página era un testamento de la guerra silenciosa entre una joven frágil y una tierra que devoraba hombres el doble de su tamaño.
Su único compañero, el gato Vic, se convirtió en su confidente. Ada le hablaba para llenar el vacío que la rodeaba por todos lados.
Pasaron dos años.
Dos años de hambre, tormentas, miedo y aislamiento mortal.
Dos años en los que Ada Blackjack luchó contra la naturaleza misma—y ganó gracias a la paciencia y la fuerza de su voluntad.
En 1923, cuando finalmente llegó el barco de rescate, no encontraron a la mujer destrozada que esperaban.
Encontraron a alguien transformado: serena, firme y con una historia en sus ojos que nadie podría imaginar.
Ada nunca se llamó a sí misma heroína. Nunca buscó fama.
Simplemente regresó a casa con una verdad eterna:
La fuerza humana no se mide por los músculos ni por las armas—
sino por el amor que mantiene tu corazón vivo.
Ada Blackjack sobrevivió al lugar más inhóspito de la Tierra por una sola razón:
el amor de una madre por su hijo.
Y por eso, su nombre perdura como símbolo de resistencia, resiliencia y del silencioso coraje de una mujer que enfrentó lo imposible—y venció.

Perdóname, Iosif... No tengo brazos ni piernas. No quiero ser una carga para ti. Olvídame. Adiós. Tu Zina.”

 


Aquella carta, dictada con dolor y valentía, marcó el inicio de una historia que no nació del heroísmo, sino del amor más puro.
Zinaida Tusnolobova era una joven enfermera soviética que, durante la Segunda Guerra Mundial, se ofreció como voluntaria para acompañar a su prometido, Iosif Marchenko, al frente. En las batallas de Vorónezh salvó más de 120 soldados, arrastrándolos entre el fuego enemigo, y su nombre comenzó a circular como ejemplo de entrega.
Pero en febrero de 1943, mientras intentaba rescatar a un comandante herido, una explosión la arrojó al barro helado. Pasó días atrapada, congelada y sola, hasta que un grupo de exploradores soviéticos oyó sus gemidos y la rescató. Cuando despertó en el hospital, ya no tenía brazos ni piernas. La gangrena se los había arrebatado.
Durante meses soportó cirugías, dolor y noches sin sueño. Hasta que un día, agotada, pidió a una enfermera que escribiera aquella carta de despedida. No podía imaginar que su respuesta cambiaría su destino.
Iosif le respondió desde el frente:
“Ninguna desgracia podrá separarnos. En la alegría y en la tristeza, siempre seré tuyo.”
Aquellas palabras fueron más poderosas que cualquier medicina. Zina volvió a aprenderlo todo: a escribir sujetando el lápiz con el muñón, a peinarse, a cocinar, a vivir.
Pidió que la llevaran a la fábrica Uralmash para hablar con los obreros:
“Ya no tengo brazos ni piernas, pero os ruego que fabriquéis al menos un remache más para un tanque en mi nombre.”
Poco después, cinco tanques salieron al frente con una inscripción blanca en el casco: “Por Zina Tusnolobova.”
Al terminar la guerra, Zina e Iosif se reencontraron. Ella, apoyada en prótesis, él, con el uniforme gastado. Se casaron, plantaron un huerto de manzanos y tuvieron dos hijos. Zina trabajó como locutora, conferencista y escritora, inspirando a miles. Nunca se consideró vencida.
Vivió y amó con la misma fuerza con que había resistido la guerra.
Y hasta el último día, cuando el dolor volvía en las noches frías, repetía una sola idea:
“No hay límites cuando el corazón decide seguir luchando.”

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