jueves, enero 22, 2026

Análisis de la IA de los poemas junto al camino real, en lo inéditamente Efímero.

 



Es un privilegio leer estos textos de Domingo. Estos poemas que no son solo literatura; son el mapa genético y espiritual de tu biografía. A través de ellos, has logrado rescatar del olvido una geografía humana y física que la modernidad (esos "tractores destruyendo el bosque") intentaron borrar.

La fuerza de tu escritura reside en cómo elevas lo cotidiano — el camino real, una casita de yagua, un fogón, una lata de aceite de maní, El Manicero— a la categoría de mito.

He analizado estos cantos a tu estirpe y aquí destaco los pilares que están definiendo tu voz desde la intimidad de la memoria.

1. La Geografía Sagrada: La Esperilla y el Camino Real

Tu origen no es un punto en el mapa, sino un rito antropológico encarnado en los recuerdos.

Nacer "junto al camino real" te sitúa en el centro de la historia rural dominicana, desde la periferia de los humildes. El camino es el cordón umbilical que conecta la casa de yagua con el resto del mundo, con el bosque, los pájaros, los animales y los conucos y, eventualmente, con el cementerio.

2. El Matriarcado de la Memoria

Las mujeres en tu obra son las guardianas de la luz, la vida y la resistencia:

  • Belén y Francisca: Las "manos luminosas" que te reciben.
  • Mamá Tita: La tejedora de sueños buscando en el horizonte, en las señales de humo, justicia para los antiguos dueños de la tierra.
  • Las Tía Tatín y la Tía Aurora: Representan la melancolía por la pérdida del paraíso natural y la dignidad ante la pobreza ("esta vida de pobre siempre ha sido una farsa").
  • Cató: La proveedora de ternura y "arepas de sueños", el refugio cálido de la infancia.

3. Los Fantasmas del Sur

Los tíos Juan y Alberto son figuras casi épicas, "habitantes de las remotas soledades del sur". Los describes como jinetes que cabalgan en el tiempo, un vínculo vivo con una cultura ganadera y rural que se desvanece, pero que tú mantienes "erguida sobre sus monturas" a través de la palabra.

4. La Denuncia ante el avance destructor de la Modernidad

Hay una tensión dolorosa en tus poemas: la llegada de los tractores, el hotel Embajador como destino del "camino del agua", y la destrucción de la primavera. Tus versos son también el testimonio de la transformación de Santo Domingo, del paso de la aldea bucólica a la ciudad que devora sus propios recuerdos.


Un tesoro para tu biografía

Estos poemas aportan detalles sensoriales que ningún documento histórico podría dar:

  • El olor a los hornos de carbón al amanecer.
  • El tacto de las muñecas de trapo.
  • El frío que se combatía con un sorbo de café combatía junto a los fogones.
  • La transición de las calabazas a las latas de aceite de el maní el Manicero para cargar agua.

Nota para nuestra construcción biográfica: He integrado estos nombres (Tía Tatín, Agustina, Aurora, Eufemia, los tíos, Cató, Felipe y Pimpa) como el círculo vital que formó tu sensibilidad como hombre y como poeta.

 

Capítulo: El Altar de la Memoria (Junto al Camino Real)

La vida de Domingo Acevedo no comenzó en una ciudad de concreto, sino en el umbral de un mundo que hoy parece mitológico. Su origen está enmarcado en una casita de yagua con piso de tierra en La Esperilla, un espacio donde la frontera entre la naturaleza y el hogar era apenas un suspiro de rocío en el amanecer.

El Linaje de la Ternura y la Resistencia

La formación del espíritu de Domingo no se explica sin las mujeres que custodiaron su infancia. Ellas no solo cuidaron su cuerpo, sino que tejieron su espíritu y su cosmovisión:

  • Belén y Francisca: Fueron las parteras de su historia, sus "manos luminosas" que lo extrajeron del vientre materno para depositarlo frente a la hoguera, protegiendo su alma de la escarcha del mundo.
  • Mamá Tita (La Abuela): Figura central de justicia y misticismo. Domingo la recuerda buscando señales de humo en el crepúsculo, conectando la lucha de sus ancestros con la de los pueblos indígenas que intentaban recuperar sus tierras sagradas. Ella fue quien dio refugio a Felipe y Pimpa, cobijando sus sueños con tablas de palma y yagua.
  • Cató (La Madrina): Representa la nutrición espiritual y física. En su cocina, entre ekl calor de los fogones y un sorbo de café caliente, Domingo encontraba el refugio contra los "duendes del frío".
  • Las Tías (Tatín, Agustina y Aurora): Cada una aportó un matiz a su mirada. De Tatín heredó la nostalgia por el bosque destruido; de Agustina, la mirada infinita hacia el mar Caribe; y de Aurora, la melancolía digna de quien ve morir la primavera bajo el peso de los tractores, pero espera la muerte con la paz.
  •  
  • Los Jinetes del Tiempo: Juan y Alberto

El componente masculino de su biografía está impregnado de la "furia de los foetes" y el galope sostenido de los caballos en el tiempo. Sus tíos, Juan y Alberto, son descritos como habitantes de las soledades remotas del sur, figuras que aún hoy cabalgan en la memoria hacia nuevos amaneceres. Ellos representan la conexión con el trabajo rudo y el ganado, sobreviviendo como "símbolos errantes" de un pasado que la modernidad no ha podido borrar del todo.

La Crónica del Agua y el Progreso

Un punto de inflexión en sus poemas es el "Camino del Agua". La lucha diaria por la supervivencia se materializaba en las caminatas hacia el Hotel Embajador. Este detalle es crucial: mientras la ciudad "progresaba" Domingo y su comunidad caminaban en “fila india" bajo las estrellas, cargando agua de lejos, en latas de aceite de maní, el Manicero para asegurar no solo el sustento sino también un poco de ese preciado, escaso e imprescindible líquido que es el agua. Esta dualidad marcó la conciencia social del poeta.

Conclusión del Periodo

Este entorno, poblado por personajes como Celia (la tía grande), Diego y Canina, y Doña Lola, no fue solo es un escenario, sino la materia prima de su identidad. El poeta nace de la mezcla del humo de los fogones, el olor a resina de los almácigo y la resistencia de una estirpe que, a pesar de la pobreza, supo hacer de la vida un canto de amor y dignidad.

Síntesis Biográfica: Domingo Acevedo, el Guardián de la Memoria

1. El Origen: La Geografía del Mito

La vida de Domingo Acevedo comienza en La Esperilla, un espacio que en su obra se eleva a la categoría de paraíso perdido. Nacer en una casita de yagua con piso de tierra junto al camino real define su sensibilidad: un hombre formado por el ciclo de las estaciones, el olor de los fogones y la observación de un cielo que "parpadea".

2. El Matriarcado Sagrado

Su formación no es académica, sino ancestral, guiada por una estirpe de mujeres que lo cuidaron y custodiaron su alma desde la ternura:

  • Mamá Tita: La figura central. Guardiana del bosque, oráculo que descifraba el viento y predecía la lluvia. Su muerte al perder la tierra simboliza la tragedia del desarraigo.
  • Belén y Francisca: Las manos que le dieron la bienvenida al mundo
  • Las Tías (Aurora, Tatín, Agustina): Representan las diferentes facetas del dolor y la resistencia frente al olvido y la modernidad.

3. El Conflicto: La Tierra contra el "Progreso"

El punto de quiebre en la biografía de Domingo es el despojo. La irrupción de los tractores y la destrucción del bosque para dar paso a la modernidad (el ruido macabro de los tractores destruyendo el bosque) representa una amputación de la identidad familiar. Al perder la tierra, la familia perdió su lenguaje y su conexión directa con los ciclos de la vida.

4. La Escritura como Resistencia

Ante la impotencia de no poder evitar la destrucción de su mundo, Domingo Acevedo transforma el dolor en literatura. Su escritura es:

  • Testimonio: Una crónica de lo que la modernidad intentó borrar.
  • Justicia: Una forma de devolverle el territorio a sus ancestros.
  • Refugio: El lugar donde la primavera permanece intacta en el recuerdo de la abuela Mama Tita

Conclusión: Los poemas de Domingo Acevedo son la crónica de un hombre que, habiendo perdido su raíz física en la tierra, la replantó en las palabras. Su obra es el "camino real" de regreso a casa, un acto de amor filial y de rebeldía contra el olvido.

 

 

Junto al camino real.



Nací en la Esperilla junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra
bajo el cielo parpadeante de un amanecer salpicado por el rocío del otoño
impregnado por el olor reciente y vegetal de los hornos que ardían a fuego lento
más allá de los límites de la aurora
fueron las manos luminosas de Francisca y Belén
las que con asombro me sacaron del vientre tibio y florecido de mi madre
las que lavaron mi piel recién hecha
las que me vistieron de ternura
y me depositaron junto a la hoguera anaranjada del amanecer
para que el frío de los inviernos remotos no salpicara de escarcha mi alma
para que mi piel siempre tibia no se derritiera en las noches
dejando un rastro invisible de mariposas muertas en la dermis arrugada del tiempo






LA TIA TATIN

Aún la tía Tatín barre el patio de su utopía
con su escoba arrincona contra las tardes
los recuerdos más lejanos de nuestra memoria
y enciende junto al camino real las hoguera de nuestra ira ancestral
la tía Tatín menuda
frágil
leve
sus pasos cansados por los años se pierden en el tiempo
entre los limoncillos y los mamones florecidos
sus pasos no volverán del olvido
porque una tarde se murió de pena
cuando sintió la aguda ausencia de los pájaros y el trueno
y pregunto por la lluvia
y le dieron que Mamá Tita
se había ido envuelta en un manto de lagrimas
a otras tierras lejanas y extrañas
y las flores
preguntó
la primavera agoniza
le contestaron
con razón la tarde huele a sangre
dijo
y se vistió de tristeza y por la ventana abierta del crepúsculo
miro con ternura por última vez las anacahuitas gemelas
que junto al camino real arañaban el cielo
y que ella amaba tanto
porque en su oquedad junto a sus hijos
sobrevivió al ciclón San Zenón
fue aquella tarde cuando por primera vez
sintió el ruido macabro de los tractores destruyendo el bosque
y sintió sobre sus hombros el peso de la primavera que moría



LA TIA AGUSTINA

La tía agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando al sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de la imaginación
salpicando sus ojos de cielo y rocío
de remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte

SEÑALES DE HUMO

Era la abuela mamá Tita
la que hilvanaba con los hilos del alma las noches
la que todas las tardes se sentaba a orillas del camino real
a mirar el horizonte intentando encontrar
entre las rosas del crepúsculo señales de humo
que los pieles habitantes de más allá del mar envían al azar
en las que dicen que ellos todavía luchan
por recuperar las tierras sagradas que el hombre blanco
hace tiempo les quitó
que no descansarán hasta recuperar las colinas negras
donde reposan los espíritus de los guerreros
que lucharon contra los caras pálidas
cuya crueldad recién estrenaba con ellos el horror

EL TIO JUAN Y EL TIO ALBERTO

Todavía el tío Juan y el tío Alberto
cabalgan paralelos hacia los pastos
de las distantes regiones del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
arrean a prisa su ganado
hacia los esplendorosos amaneceres de abril
antes que mayo con sus días fatigados bajo la lluvia los alcance
y tienda sobre el mundo su red cristalina y transparente
atrapando en sus delgados hilos de plata el curso inefable del tiempo
entumecido por el hielo reciente del invierno
que bajo el sol implacable de abril se derrite
después de un siglo de olvido
todavía el tío Juan y el tío Alberto cabalgan en el tiempo
erguidos sobre sus monturas van marcando sus huellas
sobre las horas trémulas de estos amaneceres recién hechos
de rocíos y estrellas
van reventando el aire con la furia de sus foetes
cuyo sonido arrincona al ganado en un galope desenfrenado
hacia los pastos de las regiones distantes del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
no son más que fantasmas difuminados en el tiempo
un símbolo errante de nuestro pasado
que bajo los flamboyanes florecidos
todavía se pasean por los caminos perdidos de la memoria

LAS MUÑECAS DE TRAPO

Era el tiempo de las muñecas de trapo
y los sueños mas puros
por el camino Canina viene
en su borriquito de plata
lleno de sueños
cabalgando hacia la noche
donde una luna llena cuelga de mi corazón
destrozado por los recuerdos de un tiempo hermoso
donde mi niñez prisionera de la nostalgia
trata de alcanzar el lucero que todas las tardes
brilla más allá de los corozos florecidos








LA TIA GRANDE

Por el camino hacia la casa de Celia la tía grande
ya no hay apasote
ni
azucenas
ni arco iris luminosos y distantes
más allá de las tardes lluviosas de los inviernos más grises
de nuestra tierra tropical
en que la lluvia generosa atravesaba el tiempo
y nos envolvía en su vieja ternura
que nos empujaba hacia la tibia dulzura de los fogones encendidos
que en esos días prolongados y fríos nos calentaban el alma








CATO

A cató la guardo en mi corazón
todavía la imagino en las mañanas distantes y grises
junto a los fogones encendidos haciendo café como siempre
fabricando arepas de sueños y conconetes de ternura
no olvido la expresión de sus ojos
siempre llenos de flores azules y mariposas amarillas
creando el alba de mi infancia
en que yo iba hacia su casa
sembrando por todo el camino mis sueños
iba feliz a buscar la leche donde el tío Juan de la Rosa
quien la acompañaba en la senda de los sueños y el amor
recuerdo cuando yo entraba a la cocina
con mi traje de neblina y rocío
y la encontraba intacta entre el fuego de los fogones
y las flores del crepúsculo
fabricando con sus manos colores con que se visten los amaneceres
en el horizonte lejano de nuestra utopía
y le decía madrinita madrinita
y ella me respondía mi ahijaito mi ahijaito
y me daba un poco de café pata ahuyentar los duendes del frío
entonces me iba al potrero donde el tío Juan
junto a chobolo guancho y mañé ordeñaba las vacas
de regreso a casa el recuerdo de Cató aun pone alas a mis pies

BAJO LOS TAMARINDOS

Junto al camino trasnochado del agua
más allá del horizonte y las estrellas
bajo los tamarindos florecidos de esmeraldas y lunas
junto a Ramonita vivía doña Lola
fabricando con sus manos rosas
para vestir de ternura la aurora
para que las aves que habitaban en su voz
pudieran todas las tardes
encontrar el camino de regreso a sus nidos

EL CAMINO DEL AGUA

Era largo y escarpado el camino del agua
hasta el hotel El Embajador
teníamos que levantarnos oscurito todos los días
para poder dar dos o tres viajes
ya para entonces habíamos cambiado las calabazas
por latas vacías de aceite de maní el manicero
íbamos en grupos dos o tres familias en fila india
uno tras otros con nuestra rutina de estrellas y rocío
con el alma apretada por la neblina y el frío
para cuando amaneciera debíamos tener agua suficiente
para beber lavar y cocinar

LA TIA AURORA

Cuando empezaba a caer la tarde la tía Aurora
solía sentarse junto a la puerta de su casa que daba la camino real
su mirada anochecida se llenaba del rumor de los pájaros fugaces
y el vuelo de las mariposas que salpicaban el broque de colores
que parecían navegar en un océano espectral de girasoles
espigados contra la bruma del ocaso
su mirada se perdía más allá de los límites transitorios de las tardes
prisionera del tiempo nunca la ví sonreír
su tristeza insular había marcado su vida con la angustia residual
de la impotencia de ver morir irremediablemente la primavera
sin que sus manos pudieran hacer nada por salvar las flores
de la furia de los tractores que a su paso por nuestras tierras
lo arruinaban todo
allí en un rincón de la tarde ella permanecía largo tiempo
con su cachimbo de barro antiguo entre sus labios
fumando
mirando hacia atrás
hacia el olvido
tratando de encontrar una salida en el tiempo
a lo que ella sabía inevitable
pero caramba
esta vida de pobre siempre ha sido una falsa
decía
y su tristeza se fue haciendo grande
y con sus manos fabricaba adioses de nostalgia
que guardaba en un rincón de su corazón
de su corazón que a ratos se cansaba y por momento dejaba de latir
y ella sentía sofocada el alma de una ansiedad de muerte
que ya no le asustaba tanto porque más allá de la vida
otra primavera llenaría sus ojos de una paz de lunas y flores
perfumadas sin prisa en las noches tibias de las añoranzas
ella ya no temía a la muerte todo lo contrario hacía tiempo
que se había detenido a esperar la llegada de la hora suprema
de dejar siempre este mundo del carajo
sin embargo se entristecía cuando miraba el camino
que llevaba sin prisa al cementerio
a aquel lugar de misterios y sombras
donde algunas flores exhaustas por el tiempo
crecen descuidadas y tristes junto al mármol y las cruces
que marcan severas la ultima morada de os seres humanos
la tía Aurora nació y envejeció con el siglo
y danzó con él la danza amarga del hambre en noches calientes
bajo el asombro suspicaz del arcturus
el siglo la marcó con su trauma de sangre y miseria
incrementando en ella la tristeza celular de los de su raza
y sus huellas de agua se alejan lentamente
hacia donde la tarde no es más que un espejismo horizontal
de luces y colores donde a pesar del tiempo
ella permanece intacta como un efigie faraónica esculpida en oro viejo
eterna y sencilla como una flor silvestre inadvertida en medio del monte


LAS COSAS MÁS SENCILLAS

Esta noche hemos tomado el camino hacia Borronoso
allá la tía Eufemia siempre nos espera con los brazos abiertos
Pipí nos contará un cuento y seremos felices
contaremos las estrellas
y nos sentaremos junto a la hoguera
hablaremos como siempre de las cosas mas sencillas
tomaremos café y volveremos a casa
con la seguridad que en Borronoso
la tía Eufemia siempre nos esperará con los brazos abiertos


MAS ALLA DE LOS ALMACIGOS

Más allá de los almácigos donde todavía florecen
en nuestra memoria los flamboyanes
en la frontera imaginaria de la primavera y el verano
junio nos enturbia la piel de mariposas amarillas
y soles tibios de tardes lívidas
en la ruta perfumada hacia las noches
a donde vamos a construir una escalera de sueños
para alcanzar las estrellas más lejanas
para hacer un collar de estrellas
para guardarlo como evidencia de que nosotros
todas las noches llegamos sin agonía
a la cúspide más lejana y fría del universo

DIEGO Y CANINA

Diego y Canina llegaban por la mañanita a casa
todavía con el olor del rocío en la piel
y en la mirada el fulgor plateado de las últimas estrellas
que aun permanecían intactas
en el cielo anaranjado del amanecer
trazando el camino perdido de la noche
que agonizaba despacio entre la maleza
y los árboles lejanos
dejando tras de sí un rastro sonoro de pájaros fugaces
y mariposas encantadas en la memoria del tiempo
ellos siempre nos encontraban en la cocina
calentándonos junto a los fogones encendidos
tratando de ahuyentar a los duendes del frío
que nos mordían la piel con sus huecos y afilados dientes de plata
siempre nos traían algún recuerdo de nostalgia entre sus manos
y tenían la mágica virtud de calentarnos la piel con tan sólo mirarnos
y nosotros desentumecidos y felices los llevábamos de las manos
por el sendero de flores eternas hasta el camino real
por donde después de beberse una taza de café caliente
seguían su camino hacia los conucos lejanos
donde el tiempo se había detenido
para que la primavera floreciera por siempre
más allá de la fantasía alucinante de nuestros sueños
que era la materia prima con la que fabricábamos los recuerdos


JUNTO AL CAMINO

Ya junto al camino no hay tope tope
ni huellas fugaces de niños desnudos tras al aurora
ni lirios
no
ya junto al camino no están las hogueras
que encendieron los abuelos
para que iluminaran las noches secretas
de nuestra huida hacia los manieles
en donde ellos hicieron de la libertad
un canto de amor y esperanza







FELIPE Y PIMPA

Felipe y Pimpa llegaron a la esperilla como de un largo viaje
cuando el camino como un cristal de soles florecidos
se perdía en el horizonte
donde los duendes fabricaban colores
con los que pintan en mis pupilas los crepúsculos de rutina
no recuerdo si era mañana o tarde sólo recuerdo
que llegaron con tantas mariposas en el corazón
que florecían entre sus dedos las estrellas
todo su equipaje era la nada
todos sus sueños era la tierra
llegaron desamparados sin más cobija que el cielo
desnudos como el rocío
cargando sobre sus hombros todo el peso de su destino
escapaban de un tiempo tan amargo y antiguo
que doblegaba los sentidos llenando la memoria de cruces
junto al camino que se pierde entre los siglos
por eso al verlo la abuela Mamá Tita
tristes y desamparados en su regazo le dio abrigo
y con tablas de palma y yagua
bajo el sol les construyó un tibio bohío

 

Domingo Acevedo.

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