sábado, febrero 21, 2026

Apuntes sobre el libro de poesía, Anatomía de la sangre de Domingo Acevedo.

 



Prof. Sixto Gabin, escritor, poeta y ensayista de San Francisco de Macoris.

Apuntes sobre el libro de poesía, Anatomía de la sangre de Domimgo Ant. Acevedo/.
Anatomía de la sangre se presenta como un poema-evocación que entrelaza memoria personal, historia nacional y militancia revolucionaria. Su economía verbal es quirúrgica: versos breves, imágenes potentes y un tono que oscila entre la desesperación y la esperanza, entre el compromiso político y la intimidad familiar.
Este libro funciona como un archivo lírico de dolor y resistencia, donde la sangre —metonimia central— no es solo la vida física, sino el testimonio de una comunidad que ha sufrido y, a la vez, continúa soñando, que recorre un tejido temático: la violencia histórica, la memoria de mártires y luchadores, la experiencia de la diáspora y el exilio, y la consigna de reconstrucción colectiva. Esta arquitectura refuerza la idea de “anatomía” en doble sentido: anatomía del cuerpo social y anatomía de la memoria. Acevedo entreteje nombres de figuras históricas revolucionarias con víctimas contemporáneas del propio país y de la región. Este palimpsesto refuerza una identidad continental de la lucha y sitúa al lector en una genealogía compartida.
La insistencia en los motivos (la ciudad, el monte, la sangre, la luz, la alborada) crea un pulso musical que sostiene la lectura.
La forma de los títulos y subtítulos (“Espejo de agua”, “Noche póstuma”, “Profecía”) funcionan como consignas que preparan al lector para los clímax emocionales de cada sección.
El libro despliega imágenes multiplicadas (sirenas, centauros, ciénagas, barcos, águilas) que combinan lo político con lo poético.
Las imágenes violentas y sensoriales (sangre, ferocidad, guerras, muerte) conviven con escenas afectivas (madre, hijos, esposa) que humanizan la lucha. La sangre es la materia del testimonio y de la memoria. En cada poema, la sangre funciona como recordatorio de sacrificio, resistencia y vida compartida. Sin embargo, la sangre también puede interpretarse como lodo, herida y memoria que no se limpia; en este sentido, el poema advierte sobre la placidez de la reconciliación fácil y exige una verdad que no se curará sin dolor.
El yo lírico alterna entre una voz colectiva (el pueblo, la nación) y una voz singular (padre, madre, hermano). Esta alternancia intensifica la sensación de que lo personal es político y viceversa: la vida doméstica se convierte en escena de la memoria histórica y la historia, en un remedo de la casa.
El libro es un registro de pérdidas —desaparecidos, asesinados, exiliados— que se convierten en motor de identidad colectiva. La memoria no es pasiva: se convoca para sostener la lucha y para “hacer justicia” en el sentido ético y poético.
Los pasajes dedicados a líderes y combatientes insisten en la dignidad de la lucha popular frente a la opresión. El tono es reverente, a veces casi litúrgico, pero nunca dogmático.
Hay una clara desaprobación de dictaduras y agresiones imperiales. Los pasajes que mencionan Gaza, Palestina, Irak, Colombia, y Nanjing revelan una mirada internacionalista; la sangre, aquí, no respira solo por los nuestros sino por la sangre de todos los oprimidos.
La geografía del Caribe y de América Latina funciona como espejo de la memoria histórica y del deseo de justicia social. El paisaje se humaniza en la voz de quien lo habita y lo transforma en testimonio.
La obra no recurre a la hiperbolización gratuita; la emoción se construye a través de imágenes codificadas de dolor y de esperanza. El lector es conducido a un catarsis que se siente colectiva y, a la vez, profundamente humana.
La poesía se hace “praxis” (compromiso activo) cuando denuncia el abuso, recuerda a los mártires y convoca al lector a la acción moral. No hay consuelo fácil: la esperanza nace de la memoria de quienes dieron la vida por un ideal.
El libro es un llamado, desde el más profundo aliento poético, a la solidaridad y a la reflexión sobre la violencia histórica en América y el mundo.
Anatomía de la sangre es una obra que transforma la memoria dolorosa en una fuerza creativa y política. A través de una imaginería rica, un pulso rítmico constante y un marco memorialístico. Domingo Acevedo ofrece una poesía que no sólo describe la sangre derramada sino que la convierte en semilla de renovación y esperanza. Es una lectura que exige reflexión ética y social, y que, al hacerlo, revela la capacidad de la poesía para sostener la dignidad humana frente a la violencia histórica.

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