Conciencia de clase
En su escrito sobre la revolución española titulado "Clase, partido y dirección", León Trotsky denuncia lo que él considera una "trampa dialéctica" de los dirigentes que, tras un fracaso político o una derrota estrepitosa, se lavan las manos culpando a la supuesta "falta de madurez" de las masas. Es un texto demoledor porque desarma el argumento circular de que "las masas fallaron porque no estaban preparadas" y "sabemos que no estaban preparadas porque fallaron". Para Trotsky, decir que el proletariado español no estuvo a la altura es una "clásica maniobra de traidores" que busca ocultar la responsabilidad de quienes tenían el deber de conducir esa fuerza. Él sostiene que la clase obrera demostró un heroísmo y una predisposición para la lucha increíbles, pero que fue maniatada por direcciones que no quisieron o no supieron llevar la revolución hasta el final. Básicamente, les dice que es una cobardía intelectual traspasar la responsabilidad del fracaso a quienes pusieron el cuerpo, cuando el error estuvo en la hoja de ruta que los jefes trazaron. Es un llamado a dejar de subestimar al pueblo y empezar a cuestionar seriamente a las cúpulas que, ante la crisis, prefieren tachar de "inmaduros" a sus seguidores antes que admitir su propia incapacidad.
