domingo, febrero 22, 2026

Escribió una de las novelas más brillantes del siglo XX

 





Escribió una de las novelas más brillantes del siglo XX. Ninguna editorial quiso publicarla.
Se suic*dó sin verla impresa.
Once años después ganó el Pulitzer.
John Kennedy Toole escribió La conjura de los necios en 1962, cuando tenía 24 años. Pasó los siguientes años enviando el manuscrito a todas las editoriales que pudo. Una tras otra, todas lo rechazaron. Sin explicaciones de peso. Sin reconocer lo que tenían en las manos.
A los 31 años, sin haber conseguido publicarlo, se suic*dó. Y ahí podría haber terminado todo. Un escritor más que el sistema trituró en silencio. Un manuscrito más en un cajón.
Pero entonces entró su madre.Thelma Toole tomó el manuscrito de su hijo y siguió pateando puertas durante años. Hasta que logró que la Universidad Estatal de Luisiana lo editara. La conjura de los necios provocó un sismo en la crítica, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y se convirtió en libro de culto de muchas generaciones.
La madre de John Kennedy se hizo millonaria, aunque el dinero nunca pudo pagar su enorme pena.
Hay algo que esta historia revela sobre la industria editorial que nadie quiere decir en voz alta. Las editoriales no buscan los mejores libros. Buscan los libros más seguros. Los que encajan en lo que ya funcionó antes. Los que no incomodan demasiado. Los que tienen un autor con plataforma, con contactos, con cara conocida.
Al joven García Márquez, cuando envió su primer manuscrito a la Editorial Losada de Buenos Aires, el editor le respondió en carta que se dedicara a cualquier otro oficio diferente de la literatura.
Al mismo Rulfo, mientras escribía Pedro Páramo, sus propios compañeros de taller le decían que no tenía hilo conductor y que no iba a ninguna parte.
Los editores que rechazaron a Toole, a García Márquez y a Rulfo no eran malvados. Eran personas tomando decisiones de negocio con miedo a equivocarse.
El problema es que ese miedo tiene consecuencias reales. Un escritor de 31 años que no pudo aguantar más. Un cajón cerrado. Una madre que tuvo que pelear sola por la obra de su hijo muerto.
La próxima vez que una editorial rechace algo, recuerda que los editores ya rechazaron a Proust, a Joyce, a Kafka, a Rulfo y a Toole. Su criterio no es infalible. Nunca lo fue.

Fuente: ARTE, HISTORIA, FILOSOFÍA, CINE, LITERATURA Y OTROS MENESTERES

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