lunes, enero 26, 2026

Ramón Natera, el honor de los Gavilleros frente a la Bota Invasora

 Los Gavilleros"





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Ramón Natera, el honor de los Gavilleros frente a la Bota Invasora
​La historia oficial, escrita a menudo con la tinta del vencedor o del extraño, intentó durante décadas colgarles el cartel de "bandidos".
Pero el tiempo, que es el mejor juez de la memoria, ha limpiado el fango de los uniformes de aquellos hombres que, en las montañas del Este, prefirieron la intemperie del monte antes que la paz de los esclavos.
Hablar de Ramón Natera, de Vicente Evangelista y de los llamados "Gavilleros" no es hablar de delincuencia; es hablar de la reserva moral de un campesinado que, con sables y caracoles, enfrentó al imperio más poderoso del siglo XX.
​Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional.
Ramón Natera, "el General de los Campos del Este", no solo fue un estratega escurridizo; fue el símbolo de un pueblo que se negaba a ser extranjero en su propia tierra.
Su capacidad para articular redes de espionaje en los ingenios y su maestría en la emboscada no nacían de un manual de West Point, sino del amor al suelo que le vio nacer y del conocimiento profundo de cada vereda de El Jagual o Las Tunas.
​Natera no era el "jefe de bandidos" que describían los partes militares estadounidenses.
Era el hombre que, con dos revólveres al cinto y un sistema de comunicación ancestral de toques de caracol, demostró que la superioridad de fuego no puede contra la lealtad de un pueblo.
Si los marines se desesperaban era porque Natera era aire: estaba en todas partes y en ninguna, protegido por una muralla humana de campesinos que preferían ser torturados antes que delatar su escondite.
​La Infamia del Invasor
​Frente a este patriotismo rústico pero inquebrantable, el invasor mostró su rostro más oscuro. La ocupación de 1916 no trajo "orden", trajo el terror sistemático.
Las figuras de capitanes como Charles Merkel y J.A. Taylor quedan grabadas en nuestra historia no como militares, sino como verdugos.
​Los abusos documentados en "El Suplicio" de El Manchado son una herida abierta en la conciencia nacional.
¿Qué civilización predicaban aquellos que amarraban a hombres por el cuello a la cola de los caballos? ¿Qué justicia defendían los que aplicaban el tormento del agua, la inmersión en pozos y el fusilamiento a plena luz del día de hombres pacíficos como Agapito José?
El ensañamiento de Taylor, quien tras asesinar a Agapito lo rajó con una daga de la garganta al vientre, no fue un "exceso individual", sino el reflejo de una política de desprecio hacia la vida del dominicano.
​La "tierra arrasada" y las reconcentraciones forzosas no fueron más que el reconocimiento del fracaso yanqui: no podían vencer al guerrillero, así que decidieron martirizar al pueblo que lo alimentaba.
​Un Legado de Soberanía
​El asesinato de Natera en 1923, tras una amnistía que prometía respeto a su vida, fue el último acto de traición de un sistema que le temía incluso desarmado.
Querían borrar su carisma, pero lo que hicieron fue sembrar una leyenda.
​Hoy, a más de un siglo de aquellos sucesos, debemos reivindicar la figura del Gavillero. Aquellos hombres no solo defendían un pedazo de tierra frente a la voracidad de los ingenios azucareros; defendían el derecho de esta media isla a decidir su propio destino.
Mientras existan nombres como el de Ramón Natera, la República Dominicana recordará que su libertad no fue un regalo de las cancillerías, sino el fruto del sacrificio de aquellos que, en el espesor del monte, mantuvieron encendida la llama de la resistencia.
Biografía de Ramón Natera
La historia escrita y ancestral lo registra como nativo del municipio de San José de Los Llanos, de San Pedro de Macorís.
Siendo apenas un adolescente se fue a El Jaguar, lugar cerca de Ramón Santana, para unirse a las guerrillas del jefe Guerrillero Vicente Evangelista, que se encontraba en la Loma de la Vaca.
Después de Evangelista fue el líder guerrillero más importante de la región Este.
Adoptó el rango "El General” Ramón Natera, llegando a tener cruentos enfrentamientos con el Yankee Invasor entre los años 1918 y 1922.
En el año 1921, obligó al gobierno militar a reconocer las motivaciones políticas de las guerrillas.
El 28 de Septiembre de 1921, "el general" Ramón Natera incursionó en el Ingenio Angelina y secuestró al administrador, el ciudadano Inglés Thomas J, Steele, después que se negó a darle US$ 5000.OO, (cinco mil dólares), liberándolo dos días después, bajo la condición de que hiciera una reunión de todos los administradores y que junto explicaran a los funcionarios de Estados Unidos en Washington la meta patriótica de las guerrillas y que los Estados Unidos terminen la ocupación en el País, el 4 de Octubre.
Esa proclama de Natera enfureció a las fuerzas militares extranjera y nacionales, que arreciaron su persecución.
Tras su petición fueron enviadas tropas especiales de Santo Domingo, para capturar a Ramón Natera, quien después hizo un alto al fuego con el coronel Lyman se rindió en Cañada del Agua, sección Mata de Palma, en El Seibo, junto a Cabo Gil, otro líder guerrillero el día 5 de mayo de 1922.
Ramón Natera cayó abatido a balazos en una disputa con un guarda campestre del Ingenio Porvenir el 25 de noviembre de 1923, a la edad de 25 años, poco antes de finalizar la ocupación.
Es considerado una figura histórica, clave en la defensa de la soberanía dominicana, a pesar de la campaña de deslegitimación que lo calificaba de bandido por parte de las fuerzas imperialistas.

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