domingo, diciembre 21, 2025

JUAN MARÍA LORA FERNÁNDEZ UN HÉROE CONSTITUCIONALISTA




MORÍA UN HÉROE CONSTITUCIONALISTA MOCANO Y UNA GLORIA PARA NUESTRO PUEBLO........JUAN MARÍA LORA FERNÁNDEZ

El coronel Lora Fernàndez en aquella tarde del 19 de Diciembre de 1965 ascendió a la Gloria Nacional y su nombre y su ímpetu inigualable de luchas revolucionarias, quedarán grabadas en la memoria eterna del valiente pueblo dominicano.
Uno de los líderes militares de las gloriosas páginas de abril
Dirigió con arrojo el asalto a la fortaleza Ozama y estuvo al frente en la defensa del Puente Duarte ante el avance de las tropas que trataron de frustrar el retorno a un régimen constitucional-.
Nació en Ortega, Moca, el 30 de abril de 1929. Se mudaron a la Vega. En la “Ciudad Olímpica” discurrió su primera infancia junto a sus padres Roselia Fernández Malagón y Pedro Lora Veras. La familia se trasladó a San Cristóbal donde se graduó de bachiller en Filosofía y Letras. Ingresó a la Policía Nacional pero al poco tiempo entró al Ejército. Se hizo también bachiller en Ciencias Militares, de la Escuela de Cadetes.
Un servicio en la oficialía civil del Santo Cerro hizo que se interesara por ser abogado y en 1953 se matriculó en la Universidad de Santo Domingo a estudiar Derecho, que concluyó en 1958. Entre sus profesores estuvieron Joaquín Balaguer, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Hipólito Herrera Billini. Fue condiscípulo de “Romero Confesor, Julio Ibarra Ríos, Licelot Marte, Amaro Guzmán, Bidó Medina, Juan Isidro Fondeur Sánchez, Maximilien Montás Aliés y otros”.
A esta promoción siguieron un curso de Estado Mayor y Comando como prerrequisito para el Diplomado en esa rama que realizó en la Escuela de Las Américas en la Zona del Canal de Panamá, y otros de “Orientación, Estado Mayor y Comando” y de “Tiros con pistola, ametralladora y fusil” en el que recibió Medalla de Experto Tirador. Como Oficial de Infantería estuvo de puesto en San Cristóbal, Nagua, Dajabón, Neiba, San Pedro de Macorís, Barahona, Pedernales y Santo Domingo, donde residió en el ensanche Ozama y en Gazcue.
Generoso, sensible, honesto, servicial, responsable, los hijos evocan al padre “amoroso pero recto”, que en la casa se despojaba del uniforme para bajar al piso a jugar con ellos y su perro “Bunker”. El militar, cuyo rasgo físico más sobresaliente eran sus inmensos ojos azules, casó con Yolanda De León Aliés el 22 de diciembre de 1955.
Asumió el patriotismo como un compromiso militar, personal, moral, íntimo. Por eso rehuyó reconocimientos y poses. A esa convicción y a su muerte temprana se debe, probablemente, el olvido en que durante años estuvo sepultado su heroísmo en los caldeados días de la revolución de 1965 cuando se distinguió como uno de los más decididos y valientes soldados por la libertad. El coronel Juan María Lora Fernández no pudo contar el testimonio de sus glorias en el Puente Duarte donde combatió sin retroceso el bombardeo de los tanques, aviones y cañones de las tropas de Elías Wessin. Tampoco tenía voz para relatar el arrojo con que dirigió el asalto y la toma de la Fortaleza Ozama, salvando a la zona constitucionalista del ataque contrario. El proyectil del tanquista que derribó su cuerpo en lucha, le impidió relatar la defensa de los barrios que emprendió durante la contienda en que se expuso, supervisando comandos, supliendo alimentos, protegiendo la propiedad privada, abasteciendo de armas y entrenando civiles en la recién creada Academia 24 de Abril.
Su entrega fue efectiva, pero discreta. Bernard Diederich, el audaz reportero norteamericano que cubrió con su cámara los incidentes de la guerra, confiesa que apreció su intrepidez, pero que apenas logró captarlo. Cuando la historia pudo ser contada sin temores ni mordaza, otros actores se cubrieron de honores. La joven compañera de Lora Fernández estuvo siempre más dispuesta a encauzar a sus pequeños huérfanos que a reclamar homenajes para el esposo caído. Ella también rehusaba aplausos, y como a la acción sobrevivieron tantos titanes, el nombre del Jefe de Estado Mayor del Gobierno Constitucionalista, no recibió la merecida resonancia. Algunos autores apenas lo citan, reservándose el espacio para autoacreditarse honras.
Juan Manuel, Dulce, Dhania y Yolanda eran muy niños cuando ocurrió la tragedia. El primogénito fue quien más estuvo a su lado en los días de abril pero su escasa edad le impedía medir el valor patriótico, comprender las razones de la desgracia de su padre. Hoy sus lágrimas brotan espontáneas y su voz se quiebra al rememorar su entonces diminuta estatura de pie, frente al ataúd, con el papá dormido, apagado, sin poder explicarle el terrible suceso. Sus escasas vivencias y recuerdos son familiares. Los tributos a su padre se iniciaron tarde, como la calle de Los Ríos que rinde honor a su memoria, inaugurada en el 2002, treinta y siete años después de su partida.
Antes estuvieron marginados, aislados de la sociedad que después de la revuelta tomó otro rumbo con el advenimiento de un gobierno arbitrario de intereses distintos a los defendidos por el aguerrido combatiente. La mayoría de los viejos compañeros del luchador tomaron el camino del destierro.
A la denominación de la vía siguieron otras exaltaciones, tardías, pero justicieras. Los muchachos han conocido al coronel más allá del beisbolista del equipo “Cristal”, de La Vega, declarado en 1944 “Champion Bate Primera Base”; del amante del boxeo o del romántico apasionado por las canciones de Fernando Valadez, Lucho Gatica, Roberto Yanés o la orquesta Santa Cecilia, que disfrutaba vehemente la interpretación “Teléfono a larga distancia”.
En la casa de Juan Manuel, ingeniero agrónomo inclinado también por la milicia, el padre está presente en las insignias, diplomas, fotos familiares, vestimenta civil y militar, armas, cuadernos del soldado y otras pertenencias de Lora Fernández que le llegan con la misma frecuencia que las narraciones de su valor contadas por quienes fueron testigos y acompañantes en las batallas cruciales de la guerra.
En la guerra:
En enero de 1965 reclutó militares como parte de un plan para reponer al destituido Presidente Juan Bosch, con misiones específicas que le fueron asignadas por su primo, el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez. Una de ellas consistía en acumular dinamita. Fue cancelado y colocado bajo arresto el 24 de abril. “Lo liberó el capitán Peña Taveras. Ese día nos mandaron para San Cristóbal, a la casa de la abuela”, recuerda Juan Manuel que ya después venía a estar junto a él en la calle Félix Mariano Lluberes.
A través de Radio Santo Domingo, Lora Fernández exhortó al pueblo a la lucha. Luego se distinguió en la batalla del Puente Duarte y en todos los demás combates del movimiento insurreccional. Caamaño lo nombró Jefe de Estado Mayor del Gobierno Constitucionalista y lo ascendió a coronel. Durante los ataques de las tropas norteamericanas que invadieron el país, tuvo a su cargo la defensa de Ciudad Nueva y de la Zona colonial, “estimulando el patriotismo de los combatientes a través de la radio para mantener en alto la dignidad nacional”.
El 19 de diciembre de 1965 cayó abatido en el segundo piso del hotel Matum, de Santiago, donde el coronel Caamaño y su comitiva viajaron a rendir homenaje póstumo al coronel Fernández Domínguez. “Firme en su determinación de impactar al conductor de un tanque, el tanquista disparó primero y él cayó abatido, fusil en mano, como todo un héroe de leyenda”, declaró el general Héctor Lachapelle, testigo de la osadía de Lora.
Su cadáver fue trasladado a la iglesia Las Mercedes y después sepultado en el cementerio de la avenida Independencia de donde fue exhumado el 19 de diciembre de 2004 y llevado al Cristo Redentor. Aquel aciago día de 1965 está latente en la memoria de su hijo que lo recuerda con su traje militar verde y sus insignias. Frente al cuerpo sin vida, con sentimiento infantil, quizá pensando que lo escuchaba, prometió: “Papi, tú te fuiste, pero no te preocupes, yo me quedo para cuidar a mami y a mis hermanitas”.
El ocho de agosto de 2002 fue inaugurada como “Coronel Juan María Lora Fernández” la antigua calle Circunvalación de Los Ríos, atendiendo una moción del legislador Raimundo Tirado. En la avenida George Washington con Palo Hincado una plaza fue bautizada con su nombre y se colocó un busto del héroe, al igual que en el campus de la UASD. El 1 de mayo de 2003, el Presidente Hipólito Mejía lo ascendió póstumamente a General de Brigada. La calle “Coronel Juan María Lora Fernández”, de Santo Domingo, comienza en la avenida República de Colombia y termina en la Avenida de los Próceres..

Tomado de la red.

sábado, diciembre 20, 2025

Matum 1965: la última batalla de la Revolución…

 

60 ANIVERSARIO DE ''LA BATALLA DEL HOTEL MATÚM''.



''Volvamos a esos días felices en los que habían héroes''. La Batalla del Hotel Matum constituye uno de los episodios más significativos de la lucha por la soberanía y la dignidad nacional.
Debemos destacar que éste acto de conspiración no fue mas que un intento fallido de los enemigos del pueblo por aniquilar a los protagonistas de una de las epopeyas históricas mas recordadas por los dominicanos como fue la inolvidable revolución de abril del 1965, no obstante esos macabros intentos quedaron rezagados ante la intrépida valentía de unos hombres que maniobraron como verdaderos guerreros defensores de la nación. La Batalla del Matún, en la que cientos de tropas militares, trataron de aniquilar el reducido grupo de militares constitucionalistas encabezados por el coronel Caamaño Deñó, que habían viajado desde Santo Domingo hasta aquí para rendir homenaje al ideólogo del movimiento constitucionalista Rafael Tomás Fernández Domínguez, muerto el 19 de mayo de 1965.
El 19 de diciembre los constitucionalistas se trasladaron a la ciudad de Santiago para participar en un homenaje a la memoria del Coronel Rafael Fernández Domínguez y otros constitucionalistas que cayeron en combate. Finalizado el homenaje fueron atacados por las tropas leales al desaparecido Gobierno de Reconstrucción Nacional. Este ataque al hotel Matum duró alrededor de 5 horas, perdiendo la vida numerosas personas entre ellos el coronel Juan Maria Lora Fernández, finalmente la Fuerza Interamericana de Paz intervino para restaurar el orden.
El homenaje consistía en hacerle una misa en una iglesia de Santiago y después colocarle una ofrenda floral en su tumba. Después se acordó que se reunirian amigos y familiares en algún lugar en Santiago para departir, comentar, almorzar y luego irse de vuelta a la ciudad capital, que efectivamente se suponía que era lo más sencillo en homenaje que se refiera a una figura de la altura del Coronel Fernández Domínguez y Caamaño le había encargado a Jorge Blanco de los preparativos.
La misa se celebraría en la Iglesia Nuestra Señora de la Altagracia porque estaba ubicada justo a la entrada de la ciudad de Santiago y les permitía a los vehículos un mejor parqueo por la amplia cuadra del Parque Colón. Lo de la misa ya quedó organizado y faltaba el lugar para el refrigerio y el almuerzo y el consenso mayor fue que se escogiera al Hotel Matúm por las condiciones ambientales y por su comodidad de la época.
Llegaron a la Iglesia a las 7:00 acompañando al Coronel de Abril y su gabinete y comitiva entre los cuales estaban Héctor Aristy, los coroneles Monte Arache, Lachapelle Díaz, Lora Fernández, Marte Hernández, el Comandante Diego Bordas y entre toda la gama militar constitucionalista. Pasada la misa se retiramos al camposanto municipal y decidieron hacerlo a pie ya que la mañana estaba muy fresca pero cuando pasamos por el Edificio Rubio de la 30 de Marzo, desde la tercera planta del edificio un grupo de personas entre los que se distinguían viejos calieses santiagueros, les vociferaban agresivamente para provocarlos.
Al llegar al panteón de la familia Fernández Domínguez hicieron guardia de honor y al terminar el panegírico el Dr. Héctor Aristy Pereyra, sorpresivamente sonaron ráfagas de ametralladoras que rompieron la solemnidad de ese momento pero nadie salio herido. Llegaron al hotel Matúm como a las 10:00 AM junto a Marte Hernández y Caamaño y conversamos acerca del incidente y no tomaron el hecho como provocación sino que se conducieron ingenuamente haciéndole honor al viejo refrán de que “hombre prevenido vale por dos”.
Comenzaron a llegar los invitados y había mucha alegría en el ambiente y como a las 11:00 AM sorpresivamente empezaron otra vez a escucharse las ráfagas de ametralladoras. Algunos de los presentes se tiraron a la piscina del hotel y otros se fueron a la segunda planta del hotel donde el fuego continuaba. El área estaba completamente rodeado de fuerzas militares contrarias, un avión de la FAD volaba sobre el hotel mientras esto ocurría cayeron varios, entre los que se contaban José Dolores Bordas, Enriquito Stark y el Jefe de Estado Mayor de las fuerzas constitucionalistas Coronel E.N. Juan María Lora Fernández.
Despues de 4 horas de intercambio de disparos el Dr. Frank Joseph Thomen y Marcos Cabral que conversaron con el entonces Presidente Héctor García Godoy para una salida honorable y segura a esta situación provocada por los enemigos del pueblo. El Presidente García Godoy arregló todo para nuestra salida del Matúm y regresamos todos en helicópteros provistos por los invasores de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP).
El Matum quedó totalmente en ruinas como si un terremoto le hubiera pasado por arriba. Aquel día perdieron la vida hombres memorables, que habían dejado grabado sus resonares nombres en cada una de las hazañas que libraron en el campo de batallas para defender la constitucionalidad nacional, hombres como el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas constitucionalistas Coronel Juan María Lora Fernández, aumentando mas con esta perdida el inmenso dolor y la angustia de haber perdido uno de los bravos que había luchado con extrema gallardía en cada una de las contiendas en contra el adversario.

Tomado de la red.

Emily Dickinson

 La mujer que viajó por todo el universo sin salir de su cuarto: El secreto de Emily Dickinson




Amherst, Massachusetts, 1886. En una casa de ladrillo rojo, vive una mujer vestida siempre de blanco impoluto a la que los vecinos llaman "el mito". Emily Dickinson lleva décadas sin cruzar el umbral de su puerta. No viaja, apenas recibe visitas y habla con la gente a través de una puerta entreabierta. Para la sociedad de su tiempo, es una solterona excéntrica que se marchita en soledad. Pero cuando muere y su hermana Lavinia abre el cofre de cerezo en su habitación, descubre la verdad que dejaría al mundo sin aliento: 1.800 poemas escritos en sobres usados y pedazos de papel, atados con hilo de cocina.
Emily no estaba aislada del mundo; estaba protegiéndose de él para poder contenerlo entero en su mente. Mientras sus contemporáneos buscaban la aventura afuera, ella exploraba los abismos del alma humana con una precisión quirúrgica. Sin haber visto nunca un campo de batalla, describió la muerte mejor que los soldados; sin haber tenido amantes conocidos, escribió sobre la pasión con una intensidad que ruboriza. "El cerebro es más ancho que el cielo", escribió, y lo demostró viviendo mil vidas entre cuatro paredes.
La paradoja de Dickinson es que eligió el anonimato absoluto para ser libre. En el siglo XIX, publicar significaba para una mujer someterse a la corrección de editores hombres que "suavizarían" sus versos salvajes. Emily prefirió la oscuridad del cajón a la luz de la mediocridad. Rechazó la fama en vida para asegurar la inmortalidad de su voz real. Su encierro no fue una prisión, fue un laboratorio de conciencia.
Nos han enseñado que para vivir hay que "hacer cosas", viajar, acumular experiencias externas. Emily Dickinson nos cachetea con un guante blanco desde el pasado y nos dice que la única aventura que importa ocurre dentro. Ella encontró el infinito en una abeja, la eternidad en una tarde de luz sesgada de invierno.
Hoy, en nuestra era de exhibicionismo digital donde si no publicas la foto no sucedió, el silencio de Emily es un trueno. Nos pregunta: ¿Tu vida es rica por lo que muestras o por lo que sientes? ¿Eres capaz de estar a solas en una habitación y encontrar allí el universo entero, o necesitas ruido constante para no escuchar tu propio vacío?
© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de: "The Poems of Emily Dickinson" y biografías de Richard Sewall | Compartir solo con créditos: @Asombroso




En el verano de 1766, cuando los puertos franceses hervían de rumores, madera húmeda y despedidas sin retorno, una joven llamada Jeanne Baret subió a bordo de un barco sin que nadie la mirara dos veces.

No porque fuera irrelevante.
Sino porque, oficialmente, no existía.
En los registros figuraba como Jean Baret, ayudante personal del botánico real Philibert Commerson, integrante de una expedición científica destinada a dar la vuelta al mundo. La corona francesa había sido clara: ningún barco podía zarpar con mujeres a bordo. Traían mala suerte. Desorden. Tentación.
Jeanne sabía eso.
Y aun así subió al barco.
Llevaba el pecho vendado, el cabello corto, ropa amplia y un silencio entrenado durante años. Había aprendido plantas antes que modales, latín antes que sumisión, supervivencia antes que obediencia. Desde niña había trabajado la tierra, recolectado hierbas, curado heridas con conocimiento transmitido de boca en boca.
Commerson lo sabía.
Y por eso la necesitaba.
Durante meses, el engaño funcionó. Jeanne cargaba cajas, clasificaba especímenes, tomaba notas, cruzaba selvas y costas con una resistencia que sorprendía a los marineros. Nadie sospechaba demasiado… aunque algo no encajaba del todo.
No bebía con ellos.
No se desnudaba.
Dormía sola.
Hablaba poco.
Y observaba mucho.
En Brasil, fue ella quien reconoció una planta desconocida para los europeos. La recolectó, la prensó, la describió. Commerson la bautizó Bougainvillea, en honor al capitán del barco. El nombre de Jeanne no apareció en ningún cuaderno.
La expedición siguió avanzando.
Calor. Hambre. Escorbuto. Muerte.
Y entonces, en Tahití, el engaño se rompió.
Los habitantes de la isla la rodearon nada más desembarcar. La señalaron. Rieron. Dijeron una palabra que los franceses no entendieron… hasta que se la tradujeron:
—Es una mujer.
No hubo gritos.
No hubo dramatismo.
Solo una verdad expuesta al sol.
Jeanne fue interrogada. Acusada. Humillada. Ella no negó nada. No pidió perdón. Solo explicó lo necesario: que había hecho lo mismo que cualquier otro allí. Trabajar. Aprender. Sobrevivir.
No la enviaron de vuelta. No podían. El barco ya no regresaba a Francia.
Así que Jeanne continuó el viaje… siendo mujer.
Cruzó el Índico. Llegó a Mauricio. Vio morir a Commerson por enfermedad. Se quedó sola en una colonia extraña, sin salario, sin reconocimiento, sin protección.
Pero viva.
Años después, logró regresar a Francia por sus propios medios. Había dado la vuelta al mundo. La primera mujer en hacerlo.
No hubo celebraciones.
No hubo estatuas.
No hubo libros con su nombre en la portada.
Durante décadas, su historia quedó diluida en notas al pie, confundida con la de hombres que sí tenían permiso para existir. La ciencia avanzó. Los nombres se consolidaron. Y Jeanne quedó fuera.
Hasta que alguien leyó con atención.
Hasta que alguien se preguntó quién había hecho realmente el trabajo invisible.
Hoy se sabe que gran parte de las colecciones botánicas atribuidas a Commerson fueron clasificadas, recolectadas y preservadas por Jeanne Baret. Hoy se sabe que sobrevivió donde muchos hombres no pudieron. Hoy se sabe que engañó a un sistema entero no por ambición… sino por conocimiento.
Nunca pidió reconocimiento.
Nunca escribió memorias.
Nunca reclamó nada.
Pero dejó algo más duradero que un nombre en un libro:
la prueba de que el talento no pide permiso, y que a veces la historia avanza gracias a personas que tuvieron que desaparecer para poder existir.
Jeanne Baret murió en silencio, como había vivido.
Pero el mundo que recorrió ya no puede fingir que no estuvo allí.

MORÍA EDITH PIAF UNA ARTISTA LLENAS DE TRAGEDIAS.

Angel Vladimir Bencosme

 


Édith Piaf,​ fue una de las cantantes francesas más célebres del siglo XX.
El 19 de Diciembre de 1915, cuando su madre estaba por dar a luz, su padre la había abandonado, por lo cual salió a la calle en busca de ayuda, que llegó tarde. Edith nació debajo de una farola frente al número 72 de la calle Belleville en París y fue bautizada con el nombre de “Édith Giovanna Gassion”.
Su madre, Annetta Maillard se la entregó a la abuela, Emma, que cometió desatinos como alimentarla con vino en lugar de leche, esto le traería adicciones y consecuencias físicas irreversibles.
Siendo aún una niña su padre antes de ir a la guerra, se la quita para dársela a la abuela paterna, quien regenteaba un bourdel, Edith fue criada por las prostitutas del lugar hasta los 14 años.
Allí su padre la integró a su espectáculo circense, pero Edith comprendió que ella era la talentosa y se independizó cambiándose el nombre por “La Môme Piaf”.
Actuando en la “Place Pigalle” conoció a Louis Dupont, con quien tuvo su única hija llamada Marcelle, que murió a la edad de dos años de meningitis. Descubierta por PolyDor, graba su primer disco en 1936 “les Mômes de la cloche”.
Cuando el éxito parecía sonreírle, estalló la segunda guerra mundial posponiendo sus sueños, y solo pudo realizar presentaciones a escondidas de los alemanes cambiándose el nombre por el de “Edith Piaf”.
Enrolada en la resistencia francesa ayudó a proteger a artistas judíos arriesgando su propia vida.
En 1944 actúa en el Moulin Rouge junto a Yves Montand, en la vuelta de la alegría a París, al año siguiente graba su mas hermosa canción “La vie en rose”.
En 1948 tiene un romance con el boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdan, pero luego de obtener el campeonato del mundo, muere en un accidente aéreo en camino a encontrarse con ella. Cuando la fama internacional la abrazaba, comenzó un proceso de desintoxicación, pero un grave accidente automovilístico le produjo heridas y operaciones que la hicieron adicta a la morfina.
El público norteamericano la consagró en 1956 en el Carnegie Hall de Nueva York, pero 3 años mas tarde se desploma en un concierto, a partir de allí su salud se deterioró día a día.
En 1961 casi como despedida realizó los más memorables y emotivos conciertos de su carrera, en el Olympia de París. A principios del año 1963, Édith graba su última canción "L'Homme de Berlín".
El 11 de Octubre de 1963 en Plascassier a los 47 años de edad, moría a causa de un cáncer hepático.


Trajes, colorido y diversidad







































































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