jueves, octubre 23, 2025

GASTÓN FERNANDO DELIGNE, Poeta, contador, periodista y escritor.



Nació en Santo Domingo el 23 de octubre de 1861. Fue un destacado poeta y traductor. Su padre, el inmigrante francés Alfred Jules De Ligne, murió de fiebre tifoidea mientras intentaba mejorar su situación económica en Haití, cuando Gastón era apenas un niño..
La situación de pobreza en que quedo su madre conmovió al filántropo Padre Billini , quien lo internó en el Colegio San Luis Gonzaga hasta que obtuvo el grado de Bachiller en 1877.
Una vez concluido el bachillerato, obtuvo un trabajo como tenedor de libros en la Casa Namías, un almacén que era propiedad de Aarón Namías , localizado en la zona colonial de Santo Domingo, donde laboró durante quince años.
En 1891, debido a la aguda crisis económica y al desequilibrio político y social que afectaba la capital dominicana, decidió trasladarse a San Pedro de Macorís, estableciendo su residencia definitiva en dicha ciudad.
A su llegada a Macorís intentó, sin suerte, hacerse comerciante, pues en un período de seis años instaló tres negocios y todos fracasaron.
Ante esa situación retornó a su viejo oficio de tenedor de libros, esta vez en el banco Thesserg Shumacker de capital alemán.
Aunque llegó a ser Encargado de Contabilidad de la referida institución bancaria pasó, como expresa Abelardo Vicioso en su estudio a la Obra Completa de Deligne, "el resto de su vida ante un escritorio del banco alemán".
Sin embargo, nunca abandonó su carrera literaria y periodística iniciada exitosamente en Santo Domingo. Su amor a la lectura y su interés por la filosofía, la sicología y las ciencias le ayudaron a convertirse en el escritor dominicano de finales del siglo XIX y principios del XX que mejor captó la sicología social del pueblo.
A pesar de que sus primeras composiciones poéticas tienen rasgos románticos, simbolistas, impresionistas y modernistas no le tomó mucho tiempo adquirir el estilo propio y original que caracteriza su obra, la cual está marcada por la preocupación social y el incuestionable patriotismo que defendió durante medio siglo de vida.
Se le conoce como el introductor de la poesía de tema psicológico en la literatura nacional. Su obra más importante y la que le confirió, junto con Salomé Ureña de Henríquez y José Joaquín Pérez, el título de "Padre de la Poesía Nacional" es Galaripsos, publicada en 1908.
Aprendió latín, griego, italiano, francés e inglés y tradujo al español textos de los franceses Paul Verlaine y Víctor Hugo y del norteamericano Henry W. Longfellow.
Colaboró en los periódicos petromacorisanos El Cable y Prosa y Versos y en la capital con El Teléfono y El Lápiz y con las revistas La Cuna de América y Letras y Ciencias.
El sábado 18 de enero de 1913 y con 51 años de edad, a las 8:15 de la mañana, después de haber luchado infructuosamente con la lepra que consumió paulatinamente su fortaleza física, Gastón Fernando Deligne se suicidó de un disparo en la cabeza.

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Lozen

   


Ella fue cazada a través del desierto, su gente muriendo de hambre, la caballería se acercaba con rifles y hambre de sangre. Entonces, en 1880, Lozen—guerrera, profeta y hermana de Victorio—hizo lo impensable: lideró al último de los apaches a través de millas de tierra ardiendo, sin comida, sin agua y soldados a cada turno. Nacida cerca de las Montañas de la Cordillera Negra, Lozen era más que una luchadora—era una vidente, se dijo que sentía la dirección del enemigo sólo levantando sus manos al viento. Su coraje no fue forjado en la batalla, sino en la lucha interminable para mantener a su gente viva.

No fue sólo un vuelo de la muerte, fue una marcha de desafío. Lozen montó con madres, niños y heridos, guiándolos a través de cañones y atravesando ríos hinchados por la lluvia. Cuando estaban rodeados, ella luchó junto a los hombres, su rifle firme, su determinación sin que se agitara. Llevaba a un niño en su espalda, rezó entre disparos, y aún así encontró fuerza para liderar. Cada milla que compró con sangre y resistencia, su fe es el único mapa en el que confiaba. Incluso cuando la esperanza se adelgazó hasta el polvo, nunca dejó de montar.
Cuando finalmente fue capturada, el ejército pensó que su espíritu se rompería. Pero la leyenda de Lozen no murió detrás de las paredes de la prisión. Entre su gente, ella se convirtió en el eco de la propia supervivencia, una mujer que desafió al imperio que intentó borrarla, que cabalgó a través del fuego por aquellos que no pudieron. Su historia hace la misma pregunta que atormenta a todos los supervivientes de la frontera: ¿hasta dónde irías para proteger a los que amas?

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