miércoles, octubre 22, 2025

Rafael Tomás Fernández Domínguez




Cuando un joven coronel de 30 años cambió para siempre el significado de ser soldado en la República Dominicana

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Por: Andrés Julio Rivera Bazil
Rafael Tomás Fernández Domínguez nació el 18 de septiembre de 1934 en la comunidad de Damajagua (hoy municipio Esperanza, provincia Valverde).
Fue el primogénito del general Ludovino Fernández Malagón —oficial del Ejército Nacional, que llegó a ser Jefe de la Policía Nacional y Viceministro de Interior y Policía— y de doña Erminda Domínguez Cruz.
Por su línea materna, pertenecía a la familia Domínguez–Grullón de Damajagua–Mao (abuelos Aniceto Domínguez Grullón y Leona Cruz; bisabuelo José Domínguez).
Desde joven mostró una doble vocación: la formación académica civil (bachillerato en Ciencias Físicas y Matemáticas, diciembre de 1952) y la vocación militar.
Ingresó al Ejército en marzo de 1953 como raso, en febrero de 1954 pasó a cadete y en agosto de 1955 fue ascendido a segundo teniente.
En 1957 realizó un curso de Computaciones Geodésicas en la Escuela Cartográfica de Fort Clayton (Zona del Canal de Panamá).
En 1958 fue transferido al arma de Aviación; en 1959 ascendió a primer teniente y luego a capitán.
Se casó en diciembre de 1955 con Arlette Fernández Saba (Letty), quien fue su compañera en la vida y en el ideal patriótico.
Tuvieron cinco hijos: Ludovino, Arlette (Oleka), Ingrid, César y Rafael Tomás.
Entre sus hermanos se mencionan Carlos Alberto, Arcadio, Aurora, Celeste, y otros miembros de una extensa familia que combinó la tradición militar con la formación cívica.
Carrera, ética militar y liderazgo (1958–1965)
Rafael Tomás Fernández Domínguez fue nombrado Director de la Academia Militar “Batalla de Las Carreras” por el presidente Juan Bosch el 15 de junio de 1963, donde instauró una disciplina basada en el respeto al poder civil y al pensamiento democrático.
Rechazó unirse a la maquinaria represiva del régimen de Trujillo y rehusó ser sub-jefe del SIM ofrecido por Ramfis Trujillo, gesto que lo consolidó como un oficial de principios.
Tras el golpe del 25 de septiembre de 1963 contra Bosch, articuló con oficiales jóvenes y civiles la conspiración que más tarde desembocó en la Revolución de Abril de 1965, siendo su principal ideólogo y estratega militar.
La Revolución de Abril y la emboscada del 19 de mayo de 1965
El 14 de mayo de 1965 regresó del exilio y se incorporó de inmediato a la causa constitucionalista. Fue designado Ministro de Interior y Policía del gobierno constitucionalista —cargo que, según la Constitución, lo convertía en el primer sustituto del Presidente.
El 19 de mayo de 1965, lideró personalmente la operación para retomar el Palacio Nacional en Santo Domingo.
A pesar de las advertencias del coronel Montes Arache y otros oficiales sobre el riesgo extremo, Fernández Domínguez decidió seguir adelante, argumentando que debía ganarse el puesto en combate.
La emboscada
La emboscada ocurrió en la intersección de las calles 30 de Marzo y Abreu, barrio San Carlos, donde fueron sorprendidos por fuego cruzado proveniente de posiciones controladas por tropas estadounidenses desplegadas tras la intervención del 28 de abril de 1965.
Testimonios de combatientes y de su hijo Ludovino Fernández señalan que los disparos provinieron desde los techos de edificios cercanos, alcanzando a Fernández Domínguez por la espalda y en el tobillo izquierdo.
En el enfrentamiento cayeron también Juan Miguel Román e Illio Capocci, entre otros combatientes constitucionalistas.
Aquella acción —heroica y desesperada— marcó el sacrificio máximo del movimiento constitucionalista. Su cuerpo fue encontrado en el pavimento, aún con la pistola en mano, símbolo de que murió combatiendo por el retorno de la democracia.
Reconocimientos oficiales y memoria nacional
Ley 58-99 (11 jun 1999): lo declara Héroe Nacional.
Ley 154-08 (22 abr 2008): instituye el 19 de mayo como “Día del Soldado Democrático”.
En 2011, la Autopista de San Isidro fue designada con su nombre.
Sus restos reposan en el Panteón de la Patria, junto a los más grandes héroes de la historia dominicana.
Deportista completo: campeón de tiro y boxeo; ganó la primera carrera de automovilismo oficial en República Dominicana (junio 1960) con un Mercedes-Benz 300 SL “Gullwing” en San Isidro.
Cartas inéditas a Letty: escribió misivas desde el exilio y antes de su retorno, de alto valor humano y literario.
Familia heroica: era primo hermano del coronel Juan María Lora Fernández, caído también en 1965, lo que demuestra la coherencia de un linaje comprometido con el constitucionalismo.
Rafael Tomás Fernández Domínguez representa el modelo del soldado ético, técnico y democrático.
Su muerte, más que una tragedia, fue una lección: las armas no pertenecen al poder personal, sino a la Constitución.
Fue el punto de quiebre entre la vieja oficialidad trujillista y una nueva ética militar republicana, y su sacrificio definió un estándar moral que aún guía a las Fuerzas Armadas modernas.
Su legado sigue vivo en las aulas militares, en los actos cívicos y en la memoria de un pueblo que reconoce en él al soldado que defendió la ley hasta el último aliento.
Cronología esencial
18 sep 1934: Nace en Damajagua, Valverde.
1953-55: Ingreso y ascenso en el Ejército.
1957: Curso en Fort Clayton, Panamá.
15 jun 1963: Director de la Academia Militar “Batalla de Las Carreras”.
25 sep 1963: Golpe de Estado a Bosch; se une al movimiento constitucionalista.
14 may 1965: Regresa del exilio.
19 may 1965: Muere en combate en Santo Domingo.
11 jun 1999: Ley 58-99, declarado Héroe Nacional.
22 abr 2008: Ley 154-08, instituye el Día del Soldado Democrático.
Fuentes y referencias verificadas
José Bujosa Mieses, La caída de Rafael Tomás Fernández Domínguez y Juan Miguel Román (19-M-1965), Acento.
Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, inspirado de amor por su patria, Acento.
Cómo Fernández Domínguez se ganó el respeto y la gloria, Diario Libre.
Vanguardia del Pueblo, artículos conmemorativos (2021-2024).
Leyes 58-99 y 154-08, Gaceta Oficial.
Efemérides Patrias, actos del Panteón Nacional (2024-2025).

Mosquitos en Islandia.

 



Islandia era, junto a la Antártida, uno de los poquísimos lugares del planeta donde no tenías que preocuparte por un piquete. Pero "la última fortaleza cayó," como dicen los científicos...

​Todo comenzó a mediados de octubre cuando un aficionado a los insectos, llamado Björn Hjaltason, se topó con una "mosca rara" pegada en una trampa de vino tinto que usaba para atrapar polillas. Al final, resultó que no era una mosca, sino un mosquito vivo, encontró tres en total (dos hembras y un macho) en su jardín en Kjós, al sur del país, y los envió a los expertos, ​el Instituto de Ciencias Naturales confirmó la peor sospecha, se trataba de la especie Culiseta annulata, la razón principal de que Islandia no tuviera mosquitos era que el agua se congelaba y descongelaba muy rápido, impidiendo que sus huevos y larvas crecieran, ahora, con el calentamiento global, Islandia tiene primaveras y otoños más largos y suaves, dándole a estos bichos el tiempo suficiente para desarrollarse. Es una señal muy clara de cómo el clima está redefiniendo los límites naturales, el Culiseta annulata es un mosquito grande y muy común en Europa, conocido justamente por ser súper resistente al frío. Los científicos creen que puede sobrevivir el invierno islandés escondiéndose en sótanos, graneros o cobertizos, aunque este mosquito en particular no es famoso por transmitir enfermedades graves, el gran temor es que su llegada sea solo la primera. Si esta especie logra establecerse, el clima en el futuro podría permitir que lleguen mosquitos más peligrosos que sí transmiten enfermedades como el dengue o el zika.

​Por ahora, los científicos están pidiendo a los islandeses que estén atentos y les manden fotos o muestras si ven más mosquitos, para saber si estos recién llegados se van a quedar de forma permanente. La Antártida es ahora, oficialmente, el último lugar libre de mosquitos en la Tierra.
CRÉDITOS: MÁS CIENCIA.

martes, octubre 21, 2025

21 de octubre dia nacional del poeta.

 




Día Nacional del Poeta: cuando la palabra se vuelve patria

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Por Abril Peña Abreu

@abrilpenaabreu

El Pregonero, Santo Domingo. – Cada 21 de octubre, República Dominicana celebra el Día Nacional del Poeta, una fecha que coincide con el natalicio de Salomé Ureña de Henríquez, una de las voces más emblemáticas de nuestra literatura, pero que trasciende su figura para rendir homenaje a todos los hombres y mujeres que han hecho de la palabra su trinchera, su refugio o su forma de amar al país.

Ser poeta en República Dominicana —ayer como hoy— no ha sido tarea fácil. En una nación donde el ruido muchas veces ahoga el pensamiento, escribir poesía es casi un acto de resistencia. Es el intento de ordenar el caos del alma, de dar sentido al dolor colectivo y de rescatar la belleza en medio de la prisa.

La poesía como memoria viva

Nuestra historia nacional está profundamente ligada a la palabra poética. Desde los versos patrióticos de José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne, hasta las voces contemporáneas que denuncian, cuestionan y sueñan, la poesía dominicana ha sido testigo y partícipe de los grandes momentos del país.

Poetas como Pedro Mir, Aída Cartagena Portalatín, Franklin Mieses Burgos, Jeannette Miller, José Mármol, León Félix Batista, entre tantos otros, han usado la palabra para construir memoria, identidad y futuro.

Su obra es testimonio de que la poesía no solo embellece, sino que ilumina los rincones más oscuros de nuestra realidad.

El poeta como conciencia del pueblo

En tiempos donde la superficialidad domina los espacios digitales y la velocidad parece vencer al pensamiento, el poeta sigue siendo un testigo incómodo.

Es quien recuerda lo esencial, quien se detiene a observar, quien nombra lo que muchos prefieren callar.

En la República Dominicana, su papel ha sido también político: desde las luchas independentistas y restauradoras, hasta los tiempos de censura o represión, los poetas han sido guardianes de la libertad de expresión.

Una fecha para recuperar la palabra

El Día Nacional del Poeta no solo celebra la literatura: celebra la capacidad de sentir, de pensar y de transformar el lenguaje en conciencia.

Hoy, cuando la palabra se banaliza en titulares fugaces, recordar a nuestros poetas es también un acto de educación cívica.

Es reconocer que un país que pierde el valor de su palabra, pierde también su voz colectiva.

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