En 1943, el gobierno de los Estados Unidos se dio cuenta de que estaba a punto de perder una batalla legal humillante contra una joven mecanógrafa de 22 años. Para evitarlo, le ofrecieron lo único que todos en su posición deseaban desesperadamente: su libertad inmediata.
Ella dijo que no.
Su nombre era Mitsuye Endo de origen Japones, ella no era una activista. Era una joven que trabajaba como mecanógrafa para el estado de California. No hablaba japonés, no tenía conexiones políticas y su hermano estaba en el ejército luchando por los Estados Unidos. Era, en todos los sentidos, una ciudadana estadounidense promedio.
Pero en 1942, nada de eso importó. Tras el ataque a Pearl Harbor, su gobierno la miró por su origen japonés y solo vio "al enemigo". Fue despedida de su trabajo, sacada de su casa y enviada al campo de internamiento de Tule Lake y luego a Topaz, en el desierto de Utah.
Allí, rodeada de alambres de púas y guardias armados, Mitsuye fue seleccionada por un abogado llamado James Purcell. Él no la eligió por su carisma, sino porque su expediente era "perfecto" para ganar un juicio contra los campos de concentración. Pero para esto, Purcell necesitaba demostrar que el gobierno estaba encerrando a personas inocentes sin causa. Y Mitsuye era la prueba viviente de que era imposible acusarla de deslealtad.
El caso comenzó a subir por el sistema judicial que, al enterarse, encendieron las alarmas en Washington quienes se enfrentaban con una situación embarazosa.
Los abogados del gobierno se dieron cuenta que iban a perder la no tener ninguna prueba contra ella. Sabían que, si el caso llegaba a la Corte Suprema, los jueces declararían que encerrar a ciudadanos leales al país era inconstitucional, y tendrían que liberar a todo el mundo.
Entonces, el gobierno ideó una estrategia para evitar un escándalo. Fueron a ver a Mitsuye al campo y le ofrecieron la libertad inmediata. Le dijeron que podía hacer las maletas, salir del desierto y volver a una vida normal, pero aquel acuerdo solo sería para ella.
La trampa era sutil, si Mitsuye aceptaba y salía libre, su demanda legal moriría. Los jueces dirían:
-"No hay caso que juzgar, la demandante ya no está detenida". El juicio se cancelaría, no habría sentencia de la Corte Suprema y las otras 120.000 personas seguirían atrapadas en los campos indefinidamente.
Mitsuye miró en la propuesta y entendió que su libertad personal era el precio de tener a su gente atrapada sin libertad. Así que tomó la decisión de quedarse en prisión junto a todos, negando la propuesta.
Soportó dos años más de encierro voluntario, rechazando una y otra vez la oferta del gobierno, forzándolos a mantener el caso abierto hasta llegar a la instancia final.
El 18 de diciembre de 1944, su resistencia silenciosa rompió el sistema. La Corte Suprema falló unánimemente a su favor. Decretaron que el gobierno no tenía autoridad para detener a ciudadanos que eran leales a los Estados Unidos.
El gobierno, acorralado por una mecanógrafa, anunció apresuradamente que los campos se cerrarían. Ella salió de Topaz sin dar discursos ni buscar fama. Se mudó a Chicago, volvió a trabajar como secretaria y vivió el resto de su vida en el anonimato. Falleció en 2006, y ni siquiera muchos de sus conocidos sabían que esa mujer tranquila había sido la llave que abrió las jaulas de miles de personas.
Mientras que otros casos famosos como el de Fred Korematsu se estudian en las escuelas (a pesar de que él perdió su juicio), Mitsuye Endo, la mujer que ganó, permanece en las sombras. Quizás porque nos cuesta entender que el poder real no siempre necesita un micrófono.
Fuentes de verificación: Washington Post. Artículo detallado sobre la estrategia legal y la negativa de Endo en abandonar el campo. La información presentada en este post está basada en archivos históricos y periodísticos verificados. Universo Sorprendente comparte estas historias con fines educativos y de memoria histórica.
Tomado de la red.
