domingo, enero 11, 2026

BEATRIZ ALLENDE:






Pocos conocen su nombre.
Millones conocen el de su padre.
Beatriz Allende, “Tati”, nació en Chile en 1943 y creció escuchando una frase que la marcaría para siempre:
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“Tati era el hijo hombre de Salvador Allende”.
Como si el coraje y la lucha tuvieran género.
Fue médica, militante y estratega. Se formó en Cuba, trabajó en la clandestinidad y fue pieza clave en los años más intensos del proyecto chileno. Cercana a Fidel Castro y colaboradora leal de su padre en La Moneda.
Ese día no solo cayó un gobierno.
Ese día, la vida de Tati quedó suspendida.
Embarazada, fue obligada a salir del palacio por orden de su propio padre. Quiso quedarse. Quiso resistir. No la dejaron. Desde entonces, nunca volvió a ser la misma.
Exiliada en Cuba, vivió años marcados por el silencio, la soledad y el desencanto. Pidió volver a Chile. Pidió luchar. Pidió no quedar al margen.
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Se lo negaron.
Se sintió desplazada incluso por sus propios compañeros.
Dicen que el día que cruzó Morandé 80, algo dentro de ella se rompió para siempre.
Hay dos imágenes que persiguen su historia:
— El instante en que sale de La Moneda.
— El día en que lleva a sus hijos al colegio por última vez.
Dejó una carta extensa. Nueve páginas. Entregada a Fidel Castro.
Tenía solo 34 años.
Hoy, sus restos descansan en Chile.
Pero su nombre sigue fuera de los homenajes.
Porque recordar a Beatriz Allende es recordar la parte más incómoda de la historia.
La que no cabe en discursos suaves.
La que muchos prefieren no mencionar.
❓
¿La olvidaron por casualidad… o porque su historia sigue incomodando hasta hoy?




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