Nace del vientre fecundo del poeta dominicano Domingo Acevedo, su nuevo poemario “Anatomía de la sangre”. Un libro dividido en siete fases, pero cada fase es un poemario en sí.
Es un libro para leerse despacio, es más para leerse un poema por día. Domingo Acevedo es un alquimista del verso, para sustentar esa opinión me referiré al capítulo I, donde expresa en tan solo doce palabras una reflexión profunda sobre la existencia “Detrás de la noche/un ojo ancestral/llora el dolor del mundo”.
Es un poeta sensiblemente visceral, es un quijote del realismo mágico del verso, porque solamente un poeta como él, tiene las herramientas para la construcción de un poema de esta fuerza: “Esta tarde de invierno/pájaros de oro/ migran a los oscuros rincones del agua”.
También es un poeta de la brevedad, porque ha bebido de la fuente de la poesía Oriental, en especial, la japonesa, por ejemplo, este haiku: “Teje la lluvia/con
sus hilos de plata/la primavera. Es un poeta que ha hecho de la memoria una
trinchera de resistencia contra el olvido, y lo podemos encontrar el capítulo
III, donde los poemas a sus padres, hermanos e hijos, son extremadamente
conmovedores, también es un metapoeta, juega con las imágenes, tiene un manejo
exquisito de los elementos mitológicos.
Ciertamente, Domingo Acevedo es un
poeta de cuerpo y alma, un carpintero de la estética, pero, sobre todo, es un
poeta que conmueve con su quehacer literario. Pues están invitados a leer su
poemario “Anatomía de la sangre”.
Pero le advierto, tiene que prepararse emocionalmente
para hurgar cada página, cada verso de este poeta sensiblemente visceral.
Fausto Aybar.
Enero/2026
