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lunes, enero 12, 2026
Arte y resistencia indigena.
El tiempo oscuro de los leviatanes.
Por Álvaro García Linera
Es catastrófico pero real. El “orden internacional basado en reglas” ha muerto.
El conjunto de normas e instituciones que reglamentaban gran parte de la convivencia entre estados nacionales ha sido enterrado por quien fue su creador: EEUU.
Desde 1945, las relaciones interestatales intentaron regularse por tres principios básicos: a) el respeto mutuo de la soberanía territorial de los estados; b) la aceptación compartida de que cada país debe resolver internamente sus asuntos políticos sin interferencia extranjera; c) la resolución pacífica de controversias entre estados (Carta ONU, art. 2). Ciertamente muchísimas veces no se cumplían, como con las invasiones norteamericana a Vietnam, Puerto Rico, Irak, Libia; rusas a Checoslovaquia, Hungría, o europeas en Yugoslavia, Afganistán, etc. Las grandes potencias, en función de intereses comerciales o geopolíticos, podían violar puntualmente esas reglas, pero era un destino-fuerza en torno a la cual se regulaban los vínculos y legitimidades de las acciones estatales.
Con la caída de la URSS en 1989, el “orden” se vio enriquecido con los soportes de la globalización en marcha: d) libre comercio para mercancías y capitales; e) protección de la inversión extranjera (norteamericana y Europa); d) cadenas de valor mundializadas; e) democracia y valores liberales expansivos. Se trataba de hacer negocios en cualquier lugar del mundo, pero con una dosis de hipocresía teatralizada (los llamados “valores” liberales), en aras de los juegos de legitimación ante las clases subalternas.
Hoy ese orden ha explotado en mil pedazos.
Primero fueron las fallas estructurales del hiperglobalismo que se manifestaron con una contracción sistémica del crecimiento económico y la dramática crisis financiera del 2008-2010. Silenciosamente, los flujos transfronterizos de capital comenzaron a retrotraerse al igual que las tasas de crecimiento del comercio mundial (BIS, 2024). Finalmente, fue el Estado, considerado un “arcaico” artefacto político, el que tuvo que salvar con emisión de dinero público a los “meritorios” inversionistas. En 2020, esta “flexibilización cuantitativa” llegó al 18% del PIB (FMI, 2022).
Y finalmente llego Trump, con su lenguaje básico, pero directo, y su caballería de impuestos a las importaciones, que terminó de trastocar todos los principios y “valores” compartidos. Comenzó a repartir aranceles a todo el mundo como quien reparte cartas marcadas de póker para luego negociar nuevas cartas, igualmente marcadas; hasta abatir uno por uno a todos los participantes.
En corto tiempo, todas las anatemas de la globalización se han puesto de pie y ahora son dominantes. Proteccionismo en vez de libre comercio. Subvenciones en vez competitividad. Endeudamiento público en vez de disciplina fiscal.
Todo ello supone una reorganización de los actores protagónicos de la economía mundial. Si antes eran los mercados anónimos los que redefinían los flujos de inversión, comercio y rentabilidad, subordinando a los estados a esa empresa; ahora serán los estados los que planificaran y utilizaran sus poderes monopólicos para que los capitales actúen y se enriquezcan.
La nueva regla del juego interestatal que hoy se impone es que no existen reglas. En este tiempo de transición liminal todo es lícito, en primer lugar y, sobre todo, la fuerza, la coacción y chantaje entre estados para imponer a los otros lo que los gobiernos, y las empresas cobijadas en él, necesitan.
Se trata de un orden salvaje donde los estados actúan como desenfrenados Leviatanes hobbsianos, lanzados unos contra los otros. La única barrera que se imponen es la que emerge de los límites de sus recursos y poder.
Ya no hay “valores” a los que adherirse o evocar su búsqueda. Ni democracia, ni derechos humanos, ni justicia. Solo el poder de la fuerza. El poder de ocupar. El poder de ganar. El poder de usurpar. El poder rentabilizar. El poder de humillar y someter. Y, el poder preferido de Trump, de infundir miedo a los demás (NYT, 4, II, 2020). “America First”, sin importar los acuerdos, las lealtades, la historia, los pueblos, las personas que son aplastadas, pisoteadas y escupidas en el camino a la grandeza: “drill, baby, drill”.
Por eso al presidente Trump no le importa mantener el paraguas militar en Europa. No gana nada. EEUU pierde dinero. Más rentable es venderles armas y gas a los atemorizados gobiernos europeos.
Por eso no le importa la integridad o adhesión de Ucrania a la OTAN. Rusia no es un adversario a temer para EEUU, y Ucrania importa si se puede apoderar de sus tierras, de sus minerales y, ante todo, recuperar los más de 100.000 millones de dólares que Biden les entregó.
Por eso Alemania desempolva su viejo casco armamentista prusiano, cambia instantáneamente su constitución y libera un “gasto público sin límite” para “hacer grande” a su ejército. Y les dice a todos que ese es el “nuevo” europeísmo.
Por eso cuando EEUU interviene militarmente Venezuela y secuestra al presidente Maduro no simula acudir a ninguna convención internacional. Mucho menos a la ONU que se ha convertido en una oenegé de piadosos debates. Lo ha hecho porque simplemente tiene el aparato militar para hacerlo y lograr con ello que las reservas petroleras venezolana sean asignadas para el usufructo de empresas petroleras norteamericanas. Y punto. No hay hipocresía. No hay justificación. Hay exhibición simple, pura y desvergonzada del poder de Estado para una expropiación económica.
Hemos entrado a un interregno internacional salvaje, regido por la ley de la fuerza de los Estados (económica y militar). No es un extravío temporal de Trump. No terminara cuando EEUU elija un nuevo presidente el 2028. Es la borrascosa transición, hacia un nuevo orden que aún tardara en llegar.
El que esta inflexión tome formas crueles y violentas carente de narrativas legitimadoras puede ser visto como el síntoma del crepúsculo de un régimen de dominación. En este caso del ciclo globalista (40 años) y del ciclo hegemónico norteamericano (100 años). Todo declive de una autoridad exacerba la desesperación de quienes lo usufructuaron, llevándolos a intentar detener lo inevitable de manera violenta. Pero también, la brutalidad es un síntoma del tormentoso nacimiento del orden nuevo. La coacción estatal desnuda es una característica propia de los tiempos liminales.
Y en medio de estas monstruosidades con la que están actuando los grandes estados, es posible distinguir el nacimiento de unos principios de regularidad que, de aquí a un tiempo, cimentarán el nuevo orden internacional:
1.- Los estados ya no son solo el soporte de la acumulación de los capitales, como lo fueron en el neoliberalismo; ahora son también parte del comando y reorganización territorializada de esa acumulación. Ya sea bajo la forma de Estado empresario (China), o como Estado incubador, protector y alimentador de “sus” empresas privadas en sus áreas de influencia (EEUU).
2.- Los estados del mundo se diferenciarán entre estados patrones y estados vasallos, según su capacidad infraestructural, su poderío económico, su cohesión política y logística militar. Los primeros, delimitando áreas de control y autonomía de las empresas que tienen residencia en sus territorios. Los segundos como proveedores de insumos.
3.- La soberanía ya no es un reconocimiento pactado por tratados internacionales. Es fuerza económica, sólida legitimidad interna, capacidad de defenderse y posibilidad de infringir daños a otros estados.
3.- La elasticidad de las fronteras regionales no dependerá de acuerdos comerciales, sino de oleadas de guerras arancelarias, chantajes geopolíticos e intromisiones en la vida interna de los estados.
Es un escenario de estados combatientes y estados sumisos según prioridades geoeconómicas.
*Artículo publicado en simultáneo con Diario Red de España.
(De Página/12)
Ataque. Estados Unidos bombardeó Venezuela. (JOSE ABREU/AFP)
domingo, enero 11, 2026
Encuentro de Poetas Iberoamericanos México
Julia Constancia Burgos García, mejor conocida como Julia de Burgos, nació el 17 de febrero de 1914 en el pueblo de Carolina, en Puerto Rico. Su casa quedaba junto a una quebrada afluente del Río Grande de Loíza. En 1933, obtuvo el grado de maestra normal de la Universidad de Puerto Rico, profesión que ejerció por períodos. En 1934, trabajó en la PRERA (Agencia para la Rehabilitación Económica de Puerto Rico, por sus siglas en inglés). Durante esa época fue amiga de los grandes poetas boricuas Luis Llorens Torres, Luis Palés Matos y Evaristo Ribera Chevremont, entre otros. En 1936 se unió a Hijas de la Libertad, la rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico, donde participó activamente en la lucha política. En 1937, publicó su primer libro titulado Poemas exactos a mí misma. Colaboró con diarios y revistas de Puerto Rico, Cuba y Estados Unidos. En 1938, publica Poema en veinte surcos y, en 1939, su libro Canción de la verdad sencilla fue premiado por el Ateneo Puertorriqueño. A partir de ese momento, Julia de Burgos se establece como una de las voces poéticas más importantes en las letras puertorriqueñas. En 1940, reside alternativamente entre La Habana y Nueva York, y continúa su producción literaria a través de colaboraciones en revistas y periódicos de Puerto Rico y Estados Unidos.
12 de enero,cuando el heroismo es revolucionario.
12 de enero de 1972 en la memoria
Los servicios de inteligencia habían localizado a Amaury Germán Aristy, líder de Los Palmeros, a Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), quienes se habían ocultado en una casa ubicada en el kilómetro catorce y medio de la autopista Las Américas.

Por Etzel Báez

(Este es el texto, e imágenes, narrado en el documental Los Palmeros, de la autoría de Emilia Pereyra, Sagrada Bujosa Mieses y Etzel Báez-Torres)

El gobierno dominicano promulgó la Ley 1-13, que declara el 12 de enero de cada año como “Día de la Resistencia Heroica".
En la mañana del doce de enero de mil novecientos y setenta y dos se anunciaba por radio el cerco militar a Los Palmeros en una zona cercana a la ciudad de Santo Domingo. La población esperaba en vilo el resultado de la desigual confrontación entre las fuerzas militares y los cuatro insurgentes, acusados de protagonizar asaltos a bancos para sustentar la lucha revolucionaria en los doce años del régimen de Joaquín Balaguer.
Todo doce de enero se conmemora el aniversario del cruento enfrentamiento de las fuerzas conjuntas policiaco-militares contra Los Palmeros, uno de los sucesos más estremecedores de las luchas de la izquierda y la derecha ocurridos en la República Dominicana desde el descabezamiento de la tiranía trujillista y especialmente en los doce años de Joaquín Balaguer.
El acontecimiento centró toda la atención mediática y pública de la época y demostró la firme determinación del régimen reformista de eliminar los focos de confrontación protagonizados por revolucionarios. Los servicios de inteligencia habían localizado a Amaury Germán Aristy, líder de Los Palmeros, a Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy (La Chuta), quienes se habían ocultado en una casa ubicada en el kilómetro catorce y medio de la autopista Las Américas, evadiendo una persistente persecución. La vivienda fue sitiada el martes once de enero de mil novecientos 1972, al filo de la medianoche.

En la madrugada un contingente de tropas especiales aumentó el cerco con dos mil quinientos militares y policías, para combatir a los cuatro jóvenes, en lo que se ha considerado como uno de los combates más desiguales del pasado siglo XX. Al empezar el 12 de enero se inició una encarnizada refriega entre los revolucionarios y tropas conjuntas policiales, de la aviación, la marina y ejército. Las fuerzas oficiales eran dirigidas por los generales Neit Nivar Seijas y Ramón Emilio Jiménez hijo, jefes de la Policía y de las Fuerzas Armadas, en ese período.
Los insurrectos fueron repelidos con fusiles, cañones de 105 mm, bazucas, morteros, helicópteros y un avión de bandera estadounidense. Primero cayeron Leal Prandy y Cerón Polanco, el capitán Virgilio Féliz Almánzar y otros dos rasos. Mientras, se mantenían con vida German Aristy y Perdomo Pérez, quienes se refugiaron en una cueva, desde donde resistieron por más de diez horas.
Perdomo Pérez fue ultimado en las primeras horas de la tarde y posteriormente falleció Germán Aristy. Entonces se dijo que Los Palmeros ocasionaron ocho bajas a las fuerzas represivas del régimen de Balaguer. La revista ¡Ahora!, No. 428, del 24 de enero de 1972, narró que los hombres resistieron “hasta horas de la tarde a todo un ejército que se fue haciendo cada vez más grande con refuerzos de la Policía, la Fuerza Aérea Dominicana, el Ejército Nacional y la Marina de Guerra”.

“Aviones, tanques, carros de asalto, helicópteros, cañones, morteros y otras armas pesadas fueron desplazados para enfrentar a las dos jóvenes que finalmente cayeron como cayeron, además del capitán Almánzar Fernández, el teniente José Brito Rodríguez y los rasos Benis Perdomo Ferreras, Héctor Inés Alcalá, José Rodríguez Liriano, Daniel Pérez Corporán, Martín de Jesús Ortiz y Cristo del Rosario Pérez Cuesta”, relató la publicación. Los medios, especialmente Radio Mil, Radio Comercial y Radio Cristal que hacían transmisiones en “vivo desde el lugar del hecho”, daban cuenta de los sucesos y de las armas pesadas que se encontraban en el lugar, mientras la población se mantenía en vilo esperando el desenlace. Paralelamente se producían manifestaciones estudiantiles y movilizaciones populares en repudio al operativo oficial y en apoyo a Los Palmeros, en los barrios capitalinos de Ciudad Nueva, San Lázaro, San Miguel, San Carlos, Villa Francisca y en Villa Consuelo. La Universidad Autónoma de Santo Domingo también fue escenario de movilizaciones, y la policía rodeó el campus universitario.
Pese a que el gobierno de Balaguer se negaba a entregar los cadáveres, finalmente fueron sepultados por los familiares de los caídos, luego de que finalizarán las marchas fúnebres en medio de tensiones, lloros, lanzamientos de bombas lacrimógenas y disparos. Posteriormente, la policía publicó documentos que habría incautado en el escondite del grupo que demostrarían que el asalto a The Royal Bank of Canadá fue cometido porque el patrocinador extranjero les había abandonado.
Origen de Los Palmeros

Los comandos de la resistencia dominicana, mejor conocido como Los Palmeros, se fundaron el 23 de diciembre 1967 en Cuba, en una reunión encabezada por el coronel Francisco Alberto Caamaño, héroe de la revolución de abril y líder del desembarco guerrillero por playa Caracoles de 1973.
La misión del grupo era fungir de avanzada del proyecto insurreccional de Caamaño. Tuvo el apoyo del gobierno cubano y de revolucionarios dominicanos vinculados al movimiento 14 de junio, cuyo objetivo era combatir al régimen balaguerista. Los Palmeros procedían de las filas estudiantiles y habían participado en la disputa contra los remanentes del trujillismo, en las movilizaciones contra el Triunvirato, en la guerra del 1965 y en otros episodios de la postguerra.
El grupo era liderado por Amaury Germán Aristy, nacido el 13 de abril de 1947, en Padre Las Casas, Azua. Tras mudarse a Santo Domingo con 14 años, el sureño se involucró en las actividades políticas de la Unión de Estudiantes Revolucionarios. Posteriormente, en la guerra de abril de 1965 fue jefe del comando de la calle José Gabriel García esquina Espaillat, en Zona Colonial del distrito nacional de Santo Domingo. Encabezó la delegación dominicana a la Conferencia Latinoamericana de Solidaridad, efectuada en La Habana en 1967.

En la noche del 15 de julio de 1970, mientras se encontraba en la clandestinidad, Germán Aristy escapó de la vivienda en que se encontraba, bajo fuego de metralla, y disparando en defensa propia. En su huida quebró el cerco e hirió al sargento apodado Chichí Bolón, que luego se haría famoso por sus desmanes.
El 8 de noviembre de 1970 se produjo el asalto al The Royal Bank of Canadá y la Policía acusó del hecho a Germán Aristy, Plinio Matos Moquete, Harry Jiménez, Virgilio Eugenio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta) entre otros.
En noviembre de 1971, la uniformada ofreció 5,000 pesos de recompensa para quien ofreciera informaciones que permitieran capturar al grupo e hizo innumerables allanamientos y operativos en Santo Domingo y otras localidades. También se le acusaba del asalto a un camión que transportaba valores de la Lotería Nacional. “… en el peor de los casos demostraremos que no es lo mismo asesinar a revolucionarios desarmados que se entregan, que enfrentarse a combatientes revolucionarios armados. No es lo mismo”.

Mientras eran perseguidos, German Aristy le dirigió una carta al periodista Ercilio Veloz Burgos, quien había sugerido a los jóvenes que se entreguen para salvarles la vida. En cuanto a la recompensa ofrecida por la Policía, dijo que esta pretendía comerciar con la sangre de sus hijos y enfatizó su determinación de combatir hasta el final. En la misiva también le expresó que no creía en las garantías que les ofrecía el gobierno balaguerista y ni en que les fueran a hacer un juicio imparcial.
El general Neit Nivar Seijas negó que en el operativo efectuado contra Los Palmeros hubiesen intervenido fuerzas extranjeras. Al ser preguntado al respecto por el periodista Orlando Martínez, jefe de redacción de la revista ¡Ahora! (No. 428) respondió: “No. Porque las Fuerzas Armadas Dominicanas se basta por sí mismas y sin necesidad de ayuda exterior alguna, para imponer el orden y para garantizar el mantenimiento del sistema constitucional dominicano”. Además, agregó: “Quiero que se sepa que nunca, para resolver un problema doméstico solicitaré la intervención de ninguna ayuda extranjera; y que solamente admitiremos ayuda de materiales y en el sentido de la tecnificación al personal nativo”.































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