Richard Sorge fue uno de los agentes de inteligencia más influyentes del siglo XX, cuya labor de espionaje para la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial alteró significativamente el curso del conflicto en el frente oriental. De nacionalidad alemana y con una sólida formación académica en ciencias políticas, Sorge utilizó su carisma y su afiliación al partido nazi para infiltrarse en los círculos diplomáticos y periodísticos de élite. Tras operar en diversos países europeos, fue enviado a Tokio en 1933 bajo la cobertura de corresponsal para el diario alemán Frankfurter Zeitung, logrando establecer una estrecha amistad con el embajador alemán Eugen Ott y convirtiéndose en un asesor de confianza dentro de la embajada, lo que le proporcionó acceso directo a documentos de alto secreto sobre las intenciones militares de las potencias del Eje.
La contribución más crítica de Sorge a la causa soviética se produjo en 1941, cuando logró obtener información precisa sobre los planes de invasión alemana a la Unión Soviética, conocida como
Operación Barbarroja. Aunque
Stalin desconfió inicialmente de sus advertencias sobre la fecha exacta del ataque, Sorge proporcionó posteriormente una pieza de inteligencia aún más vital: la confirmación de que
Japón no atacaría a la Unión Soviética desde el este, prefiriendo expandirse hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Esta información estratégica permitió al alto mando soviético trasladar divisiones de refresco estacionadas en
Siberia hacia el frente de Moscú en un momento desesperado, resultando fundamental para detener el avance alemán durante el crudo invierno de ese año y salvar la capital de la ocupación nazi.
A pesar de sus éxitos, la red de espionaje de Sorge, conocida como
la red Ramsay, fue finalmente detectada por el
contraespionaje japonés debido a la interceptación de mensajes de radio y a la vigilancia de sus colaboradores locales. Fue arrestado en octubre de 1941 y, tras años de cautiverio en los que la Unión Soviética no reconoció oficialmente su estatus de agente, fue ejecutado en la
prisión de Sugamo en noviembre de 1944. Su figura permaneció en la sombra hasta la década de 1960, cuando fue rehabilitado póstumamente por el gobierno soviético y reconocido como
Héroe de la Unión Soviética. Su legado es estudiado hoy como un ejemplo maestro de
inteligencia humana, donde la capacidad de análisis político y la infiltración social resultaron más determinantes que cualquier tecnología de la época.