He observado que más allá del karategui, del grado y del conocimiento que podamos adquirir a través de años de duro entrenamiento físico y mental, existe algo más profundo dentro de nosotros que nos hace merecedores de llevar la estirpe de un verdadero artista marcial.
Es esa fortaleza espiritual adquirida con los años, la que nos permite vencer nuestros egos, miedos, debilidades y bajas pasiones.
Es esa misma fuerza la que nos faculta para enfrentar nuestras derrotas emocionales, salir airosos de ellas y seguir adelante; más fortalecidos y convencidos de que somos guerreros capaces de transformar las derrotas en victorias.
Enero, 2026
