María Cristina Hernández Aguilar*

José Juan Tablada (1871/1945)
La fascinación por lo oriental ha estado presente en la literatura hispanoamericana, sobre todo en la mexicana, pues ya en la novela Los infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora nos ofrece el insólito viaje hacia Oriente de su protagonista Alonso Ramírez; un joven pícaro español que no pudo hacer fortuna en la Nueva España y se embarca en una “nao” que lo lleva de Acapulco a Manila en el año de 1682. Más adelante, en El periquillo sarniento (1816), José Joaquín Fernández de Lizardi, retoma el tema del viaje y del pícaro, y nos relata las peripecias de su protagonista Pedro Sarmiento “Periquillo”, en un viaje similar al de Alonso Ramírez: Periquillo al igual que Alonso, sale de Acapulco rumbo a Manila, tras un naufragio llega a una isla de la China En suma, El periquillo sarniento, marca la apertura de las letras hispanoamericanas y ya desde ahí se hace patente el carácter cosmopolita de la literatura, rasgos que más adelante los modernistas perfeccionarán a través de la renovación del lenguaje.
Lo anterior lo apunto como contexto cultural y desde mis lecturas, probablemente otros escritores hayan incursionado en el tema referido anteriormente. En cuanto a la modernidad, se hace patente a partir de la mirada “modernista” al leer los relatos de viaje de Tablada y que sin pronunciar un Manifiesto, sin alardear en su movimiento curativo (caligrafía) e introducir el “Haikú” en nuestra lengua, influye en los poetas contemporáneos como Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y el propio Octavio Paz, quien señala: “Gracias a su admirable espíritu de aventura, es uno de los padres de la poesía contemporánea en lengua castellana” (En: Tablada, 2000. P.14).

Octavio Paz
En el ensayo Octavio Paz y la poesía japonesa de Enrique Eguiarte Berdimez, nos dice que José Juan Tablada fue el primer poeta mexicano en introducir y escribir Haikús dentro de los libros: Un día… (poemas sintéticos) (1920) y El jarro de flores (disociaciones líricas) (1922), donde rescata la imagen infundiendo “el colorido y el sabor del paisaje y de la naturaleza mexicana dentro de los moldes japoneses” (En: Visiones de Octavio Paz, 2008, p.83). Pero, ¿cuáles son esos moldes japoneses de los que nos habla Eguiarte? Parafraseando al autor del ensayo quien apunta que los Haikús, constan en su estructura de 17 sílabas en tres versos de 5, 7 y 5, con temas burlescos, juegos de palabras y bromas ligeras aplicados en las composiciones antes de Bashoo, quien utilizó términos del budismo zen, y los elementos representados son extraídos de la naturaleza o de la experiencia cotidiana, tomando de ellos la primera impresión o instante equiparable a la capacidad de asombro de un niño para expresar la experiencia estética. (cfr. P.p. 83-101).
Sin embargo, Tablada no respeta la métrica original de 17 sílabas en casi ninguno de sus Haikús, probablemente no lo cree necesario, ya que se trata de una recreación del espíritu y no de las formas específicas de la métrica japonesa, de hecho, agrega un elemento más, también ausente en el Haikú japonés: el título. En este sentido, Tablada introduce el Haikú rescatando la imagen -como lo ha señalado Paz- de las retóricas argumentales del uso, como las del modernismo. El poeta se adelanta en las innovaciones de la vanguardia, traduce y le da interpretación; hace sus “propios” Haikús y los catectiza; les da nueva envestidura, participa del fragmento, de lo discontinuo, de lo calidoscópico y prismático. Por ejemplo; en Un día…, cada Haikú va acompañado por un dibujo de su propia mano, articulando poesía e imagen visual (probablemente inspirado en las pinturas japonesas) dentro de un mismo plano expresivo. Pero para acercarnos a su poética, veamos algunos ejemplos:
1.- De: Un día…:
EL SAUZ
Tierno saúz
Casi oro,
casi ámbar
Casi luz…
En este Haikú de 15 sílabas (4, 8 y 3), Tablada recurre a la re- duplicación con la palabra “casi” y la repite tres veces, sustantivando la ternura, la condición de temprano desarrollo, de estar aún en proceso de algo: cocinándose. Casi nada se dice del árbol, sin embargo, esos tres atributos —oro, ámbar, luz— son suficientes para construir su presencia. Una presencia que se impone por sutileza y transparencia, hay una sensación de ingravidez o de querer desaparecer como un relámpago. Veamos otro ejemplo:
LA PAJARERA
Distintos cantos a la vez; La pajarera musical Es una torre de Babel.
Sólo un occidental podría escribir un Haikú con temática bíblica, para ofrecernos esa imagen de voces confundidas; una pajarera con aves distintas probablemente, y aunque sean aves no todas pían de la misma forma. Además, habría que agregar la reiteración de la palabra “pajarera” en el título y en el segundo verso, lo mismo sucede con el haikú del sauz, esto en la estética condensada del kaikú japonés no es bien visto y en general, de todo el arte japonés. Tablada en ese sentido, sigue siendo un poeta muy hispanoamericano, a veces demasiado explicativo como también se ejemplifica con este poema:
PAVO REAL
Pavo real, largo fulgor, Por el gallinero demócrata Pasas como precesión…
La imagen del pavo real es una imagen hermosa, no sólo por la belleza y elegancia del ave sino porque dentro del orden de las aves gallináceas el pavo real es el más enigmático, sin embargo Tablada nos muestra su humor catalogando a la realeza con el pavo y a la democracia con la gallina. Recordemos que este sesgo humorístico era característico del haikú anterior a Bashoo como apunto en líneas anteriores, pero Tablada le da un giro moderno e indudablemente occidental al género.
MARIPOSA NOCTURNA
Mariposa nocturna A la niña que lee “María” Tu vuelo pone taciturna…
Aquí es evidente el elemento temático occidental, específicamente hispanoamericano, al introducir la novela María, de Jorge Isaacs como recurso narrativo, y sobre todo, al recurrir a la rima entre el primer y el tercer verso que a mi juicio, en la época cuando Isaacs escribe su novela los poetas cuidaban de la rima en su poesía. Sin embargo en la poseía japonesa, se desconoce el verso rimado. En otro sentido, hago énfasis sobre la eficacia del poema en términos de síntesis y de atmósfera; la noche, la niña sola leyendo y la inquietante presencia de la mariposa que, en su cíclico vuelo sobre la luz —aunque no aparece pero que se intuye entre líneas—, logra despertar un sentimiento de tristeza en la protagonista. Este elemento, el de la protagonista también es un agregado propio de Tablada, porque según Eguiarte en su ensayo sobre Octavio Paz antes referido, nos dice que en los Haikús japoneses no existe ni protagonista, ni sujeto lírico, ni autor. El elemento lúdico, humorístico y de gran frescura poética que caracteriza estos Haikús de Tablada, reaparece en el célebre poema Un Mono:
UN MONO
El pequeño mono me mira… ¡Quisiera decirme Algo que se le olvida!
De pronto uno mira con cierto miedo lo que Tablada nos quiere transmitir en su Haikú, pues en esos tres versos todo un mundo se nos revela, insinúa la posibilidad de que sea el mono quien se reconoce en nosotros y él —y no el hombre— quien recuerda su pasado. Más allá del escalofrío y de las cargas de insinuación que podamos observar en el poema, está la frescura, la ingenuidad de un encuentro de miradas entre el animal y el hombre, y la juguetona humanización del simio realizada por el poeta al fantasear en ese hipotético olvido. Un mono, es tal vez el poema más recordado de Tablada, no por la escalofriante profundidad y su interrogación sobre la condición humana, sino por su música y su eficacia sintética que remeda o se homologa con los refranes. Esa frescura infantil, la encontramos también el el haikú Sandía
2.- De: El jarro de flores:
¡Del verano, roja y fría carcajada, rebanada de sandía!
Aparte de lo fresco del verso, vemos un cambio en la estructura del haikú, en otras palabras, se compone de cuatro versos cuando el tradicional japonés es de sólo tres. Sin embargo, justifico la estrategia de Tablada porque observamos el uso de la rima pareada; el verso uno con el cuatro y el dos con el tres rica en aliteraciones. Con respecto a la ingenuidad, bueno, pienso que Tablada lo quiere manifestar así, aun cuando sepamos que la sandía es una fruta propia del verano, que la pulpa y casi el ochenta por ciento de la misma tiene el color rojo, además, fría se disfruta más y efectivamente como dice, nos provoca una carcajada pero no sonora sino visual.
Hasta aquí vemos ejemplos sobre los haikús que Tablada adopta y adapta a nuestra lengua, a nuestro ambiente natural, a nuestra flora y fauna y eso queda comprendido, por lo menos en mi caso. En otro sentido, para realizar un ensayo sobre la poesía oriental aplicada a cualquier autor hispanoamericano y más si se trata de alguien como Tablada quien fuera estudioso fiel de esa cultura, se necesita tener más lecturas, ya que al momento de querer nombrar alguna cosa a fuerza debe uno empaparse sobre las características estructurales y terminológicas de la literatura japonesa y en ese sentido me falta mucho. Este ensayo resulta de mi capacidad de observación en algunos haikús de Tablada vistos en la Maestría de literatura y de la lectura del libro Visiones de Octavio Paz, además de buscar términos sobre algunas palabras y autores dentro de mi humilde acervo bibliográfico y mi memoria los cuales cito a pie de página.
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Bibliografía
Diccionario de Literatura Universal. (2004). En: Matzuo, Basho. España: Océano.
Fernández de Lizardi, José Joaquín. (2006). El periquillo sarniento. México: S.E.P:
Sigüenza y Góngora, Carlos. (2002). Infortunios de Alonso Ramírez. México: Planeta/CONACULTA.
Tablada, José Juan. (2000). Tres libros. Un día… (poemas sintéticos). Li-Po y otros poemas. El jarro de flores (disociaciones líricas). Madrid: Hipeirón.
Vergara, Gloria. (Comp. Y prol.) (2008). Visiones de Octavio Paz, en: Octavio Paz y la poesía japonesa de Enrique Eguiarte Bendímez. México: Porrúa.
Voces de Oriente. (1982). México: Porrúa.
*Actualmente la autora cursa la maestría en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Colima.
Diario de Cplima.