Un tríptico poético visceral, crudo y profundamente apasionado sobre la capital dominicana. En estos tres poemas —Tres puertas siempre abiertas, Ciudad de papel y Otra vez Santo Domingo—, la ciudad de Santo Domingo no es un marco geográfico ni una postal turística; es un organismo vivo que sangra, lucha, sufre y se contradice a cada hora del día.
Existe una cohesión temático-estilística notable donde la lírica urbana se fusiona con la denuncia social, la memoria histórica e internacionalista, y un expresionismo lírico de altísima densidad.
1. Mapeo Urbano y la Geografía de la Desigualdad
Los tres textos construyen una cartografía precisa y polarizada de la capital. La ciudad está fracturada por la clase, la violencia y la modernidad impostada:
La Zona Norte y los Barrios Populares: Capotillo, la calle 6, la Albert Thomas con Ovando, la Ciénaga, Villa Juana y el parque Enriquillo. Son los espacios de la resistencia, de la agonia popular, del hambre, del consumo de triculí y del olor a cemento/pega. Es el territorio de la protesta viva contra el FMI, donde la muerte de los manifestantes (como el asesinato en la calle o la figura de Joselito) se transfigura en martirio y «primavera».
Las Arterias del Comercio y la Marginación: La intersección de la Duarte con París, la Caracas y la Ravelo, la José Martí. Son los escenarios del cansancio nocturno, de las «viejas prostitutas de algodón», de la masa trabajadora arrastrada por la rutina y los «náufragos de las 6:00 a.m.».
La Ilusión de la Modernidad y la Opulencia: La avenida Abraham Lincoln y la Sarasota con Jiménez Moya. Aquí la modernidad se muestra como una enajenación grotesca: los «jevitos ebrios de cocaína y velocidad» que se masturban en su vacío social, en drástico contraste con los «mendigos haitianos que se suicidan con sus cuchillos de miseria» en los semáforos.
2. Lenguaje y Simbolismo: El Expresionismo Urbano
El estilo se caracteriza por imágenes sensoriales contundentes que mezclan lo decrepito con lo lírico:
Luz y Neón como Máscara: El neón es una constante en los tres poemas («transeúntes atrapados en burbujas de neón», «espejismo de neón líquido»). Funciona como el barniz de la modernidad capitalista que intenta maquillar la miseria pero termina derritiéndose o revelando la falsedad de la metrópoli («ciudad de papel»).
Colores Expresionistas:
El azul («ladrido de perros azules», «banderas azules») evoca la metamorfosis, la alborada, la libertad y la dignidad combativa.
El rojo y la flor en el asfalto: La sangre del manifestante caído que no es pérdida baldía, sino la semilla de la esperanza («de sus heridas emerge la primavera»).
El azabache tierno: La muerte del niño limpiabotas dormido en «manos de la eternidad», una escena desgarradora que dignifica la infancia desamparada sin caer en el panfleto barato.
Tensión Surrealista e Irónica: Sobresale la irrupción del fantasma en el Parque Colón bailando gagá con la reina Isabel la Católica, o el pasaje sobre Francis Drake defecando en la catedral y limpiándose con la partida de nacimiento de Colón. Hay una desmitificación irreverente de la historia colonial y de la rancia aristocracia hispanista.
3. La Historia Descolonizada: De Lemba a la Primavera de la Resistencia
La voz poética no olvida que Santo Domingo es la «primada», pero la juzga a través de una lente anticolonial e internacionalista:
Reivindicación Mestiza e Indígena: Mientras Nicolás de Ovando encarna el sadismo institucionalizado y en Cuba queman a Hatuey, en Santo Domingo las figuras de Enriquillo y Sebastián Lemba rescatan la dignidad de la raza y la rebelión de los oprimidos.
El Imperialismo y el Presente: La crítica se extiende desde las fechorías históricas de los piratas y la realeza europea hasta el presente del capital extranjero (la turista alemana en Boca Chica aludiendo al fantasma de Hitler frente al negro criollo) y las imposiciones financieras (la represión por las protestas contra el FMI).
4. La Dialéctica del Amor y la Soledad
A pesar de la denuncia feroz, los poemas están empapados de una inmensa ternura por los desheredados de la ciudad:
«...ciudad heroína de todas sus guerras / que amamantó en su pecho a todos sus héroes / y enterró en la primavera a todos sus muertos...»
La ciudad es percibida como una madre dolorosa y, al mismo tiempo, como una prostituta cansada o un travestí que «hace el amor a la soledad» a las 11:30 p.m. Hay una empatía visceral por los mendigos, los niños de la calle, las trabajadoras sexuales y los borrachos del parque Enriquillo. La ciudad los devora, pero el poema los rescata del olvido y les otorga dimensión monumental.
Resumen de la Trilogía
Estem tríptico logra sintetizar la complejidad de Santo Domingo: una ciudad antigua y ambigua, heroica pero herida, desgarrada entre la brutalidad cotidiana y la inquebrantable búsqueda de utopía. La poesía actúa aquí como una disección quirúrgica que retira la capa de neón para revelar el corazón sangrante de la urbe y la dignidad inquebrantable de su gente.



