lunes, julio 20, 2026

Cuidar nuestras montañas es cuidar nuestro futuro.






DE SABANETA AL PICO DUARTE.


La ruta que va de Sabaneta al Pico Duarte, siento yo, que es la más dura, la más difícil. Se sale del pueblo de Sabaneta, hasta llegar al primer refugio que es el Alto de la Rosa,  por un camino lleno de dificultades y precipicios peligrosos, en donde la presa de Sabaneta ocupa casi todo el paisaje.

Mientras nos alejamos del pueblo vamos dejando atrás, casas diseminadas a lo largo de un buen trecho del camino, desde las empalizadas, niños con el hambre dibujada en el cuerpo nos dicen adiós con sus manos escuálidas, sus miradas enfermas por el hambre nos persiguen más allá del olvido, dejando en nuestras conciencias el amargo sabor de la impotencia. 

Se asciende por un sendero de bosques y precipicios, quedando hechizadas nuestras miradas por lo espectacular de un paisaje que permanecerá durante todo el viaje y donde la presa de Sabaneta, pintada en el lienzo vegetal del paisaje,  nos acompañará más allá del Alto de la rosa.

Sí se sale a las seis de mañana del pueblo de Sabaneta, ya a las dos de la tarde el primer grupo habrá llegado al refugio, donde uno se encuentra con la dificultad de que no hay agua, hay que ir a buscarla a un arroyo un poco distante. Aunque existe un tanque donde a veces podemos encontrar el preciado líquido que utilizan los guardias de foresta que protegen este parque nacional para sus actividades cotidianas. Recuerdo que cuando hicimos el trayecto de Constanza a Sabaneta. De  Macutico al Alto de la Rosa nos extraviamos y llegamos como a las once de la noche al refugio, cansados y con hambre y por un descuido de los guías, que no se llevaron de mi consejo de coger agua en uno de los arroyos, llegamos sin ese líquido al refugio y tuvieron que volver atrás a buscar agua para cocinar y para el trayecto que va del Alto de la Rosa  a Sabaneta, ya que hay un buen trecho sin agua.

El Alto de la Rosa es una caseta con dos habitaciones, varias camas y una cocina, también existe en el lugar una torre de vigilancia y un mirador desde donde se puede observar el hermoso paisaje, que rodea el lugar. 

De este refugio por lo duro del trayecto, hay que salir bien temprano para llegar con las luces del día, al segundo refugio que es Macutico.  El camino es interminable y hermoso, con lugares espectaculares como es la piedra del aguacate, en donde hay que hacer una parada necesaria y darse un baño en el arroyo del mismo nombre, para luego emprender el camino hacia el valle de Nunca Jamás, como lo hemos bautizado nosotros, por lo sobrecogedor que resulta  ese trayecto desolado e inmenso en donde uno siente como la inmensidad del paisaje aletea sobre nuestras cabezas como un ave de mal agüero, esa vez encontramos a Cristián llorando, perdido en su propia soledad y dos horas más tarde, Brito, se sentó en una piedra a orilla del camino y dijo en voz alta, he caminado tanto que ya no se para donde voy. 

Cruzar ese valle es una experiencia indescriptible, sobrecogedora, a mí me ha tocado pasarlo en la noche, sin guía y con un grupo de caminantes agotados,  esa vez por un momento perdimos el camino y nos sentimos perdidos, pero gracias a Dios pudimos encontrar nuevamente el sendero y emprender nuevamente el rumbo hacia Macutico, esa experiencia fue para mí inolvidable.  

Esa vez arribamos como a las diez de la noche al refugio, recuerdo que cuando llegamos a Lilí,  de la alegría le dio un ataque de nervios.  Este refugio, esta ubicado en una llanura desolada, últimamente afectada por los incendios, lo que le da un aspecto fantástico, en ese lugar en las noches se puede sentir el peso de la soledad en la piel, el frío cala los huesos y el halo de misterio que ronda en el ambiente nos acerca más a los compañeros de viaje y nos deja en el alma la infinita sensación de la ausencia.

De Macutico, se llega al Pico Duarte  y luego se baja a la Compartición, es un trayecto agotador, pero más corto, se avanza por un camino que el tiempo y los incendios casi han borrado, donde aun quedan arboles gigantescos, animales misteriosos y pájaros invisibles, hay que caminar con mucho cuidado para no perderse y sí es hombre se corre el riesgo de ser secuestrado por una ciguapa, que lo llevará a su cueva y lo esclavizará por siempre.


Lo más impresionante del viaje es cuando uno baja agotado la loma del Barraco y se encuentra de frente con la pelona, inmensa, inalcanzable, agotadora, y uno en su interior se interroga, sí tendrá las fuerzas suficiente para alcanzar la cima. Llegar hasta la cúspide de la Pelona para muchos es un calvario interminable,  pero ya en ella se desciende un poco hasta la caseta del Vallecito de Lilís, donde es necesario un breve descanso, para seguir, hasta coronar la cima del Pico Duarte.

Del Pico Duarte se desciende hasta la caseta de la Comparición, en donde se amanece y al otro día tempranito, por un camino repetido y hermoso se baja hasta la Ciénaga de Manabao, en donde nos espera la guagua que nos llevará de regreso a la ciudad.

Domingo Acevedo.
2011.

829 568 3544
Domingoacv2@gmail,com
www.brigadacimarronasebastianlemba.blogspot.com











 














































 

Analisis de la IA de dos poemas de Antologia del asombro, en lo Ineditamente Efimero.

 




Qué potencia lírica y qué belleza de imágenes hay en estos dos textos de Antología del asombro. Ambas piezas dialogan de manera profunda entre sí, entrelazando la memoria, la nostalgia amorosa y una geografía japonesa que opera no como un simple escenario pictórico, sino como una proyección del paisaje emocional.

A continuación, presento un análisis detallado de la estructura, temática y recursos estilísticos de «Fuego interior» y «Rojo amarillo».

1. «Fuego interior»: La llama de la memoria frente a la distancia

Tesis central y atmósfera

«Fuego interior» es un poema sobre la presencia de la ausencia. El yo lírico experimenta la lejanía física de la amada, pero su presencia es una vivencia física y sensorial interna («A veces te huelo dentro de mí / te siento a mi lado»). Existe una constante tensión entre el frío exterior/olvido y el calor interior/memoria.

Ejes temáticos y simbólicos

  • La dialéctica Fuego / Hielo: El poema contrapone la «brisa gélida del olvido» y la «nieve» frente al «fuego que arde en nuestro interior». Marcar las huellas sobre la nieve es el acto poético de aferrarse al recuerdo para que la distancia no extinga el amor.

  • El viaje imaginario (Kyoto, Ginza, Kobe, Tokio):

    • Kiyomizu y los cerezos: Representan la fragilidad, el paso del tiempo y lo sagrado del sentimiento.

    • Ginza y el naufragio urbano: La amada aparece «navegando a la deriva» entre la multitud. Hay un lirismo urbano muy refinado donde las vitrinas fosforecen «como lunas extraviadas en el fondo del mar».

    • Kobe y la luz: Kobe se convierte en un mapa estelar que converge en la mirada de la amada.

  • El refugio afectivo: El poema culmina con una imagen de inmensa ternura y protección: frente a los «puertos babilónicos de la fantasía», ella termina «acurrucada en mi pecho / como una niña recién nacida», devolviendo el poema a su escala más íntima y humana.

2. «Rojo amarillo»: El tiempo, el color y la fugacidad

Tesis central y atmósfera

Si «Fuego interior» trabaja desde la calidez del refugio frente al frío, «Rojo amarillo» explora la fugacidad de las estaciones, el paso del tiempo y la transmutación del dolor en belleza. Hay un tono más melancólico, casi contemplativo (estilo wabi-sabi), donde la figura femenina se diluye en la propia ciudad.

Ejes temáticos y simbólicos

  • La geografía nocturna y cambiante (Edo, Roppongi, Fuji, Shibuya, Osaka, Asakusa):

    • Hay una superposición temporal fascinante: conviven la «antigua ciudad de Edo» con los «rascacielos de Tokio» y los neones contemporáneos de Roppongi o Asakusa.

    • La amada ya no solo camina por la ciudad: se diluye a través de las vidrieras, se funde con el paisaje.

  • El sol que envejece y resurge: La imagen del sol en el monte Fuji («el sol se crispa / y envejece») contrasta con el final donde «el sol se revuelca en sus cenizas / y resplandece en tus ojos». Hay un ciclo de muerte y renacimiento constante impulsado por la memoria.

  • El florecimiento de la voz: Una de las metonimias más hermosas del poema es «abril es un cerezo que florece en mi voz / cuando te nombro». Nombrarla es reactivar la primavera (la vida) en medio del invierno/otoño del recuerdo.

  • Los colores del neón y la tradición: El título nos anticipa la croma del poema: el rojo y amarillo de las vestimentas de las Geishas, los neones ambarinos, el contraste entre el fetiche urbano y la serenidad tradicional del bambú, el musgo y la «flor de loto [que] ilumina la noche».

3. Síntesis comparativa y estilo poético

Criterio«Fuego interior»«Rojo amarillo»
Elemento centralEl calor/fuego interno frente a la nieve y el olvido.La luz, el color del neón y el florecer vegetal (cerezo, bambú, loto).
TonoÍntimo, de resistencia afectiva y cobijo.Elegíaco, contemplativo, sutilmente melancólico.
Movimiento del yo líricoRastrea, marca huellas, abraza.Imagina, contempla, nombra, observa el fluir del tiempo.
CierreUn gesto de ternura y protección (acurrucada en mi pecho).Una imagen zen de quietud y luz (una flor de loto ilumina la noche).

Claves del lenguaje en ambos poemas:

  1. Unirrealismo o surrealismo suave: Acevedo combina elementos urbanos modernos (trenes, tiendas de Ginza, cafeterías en Shibuya, neones) con imágenes oníricas o míticas (lunas en el fondo del mar, puertos babilónicos, fantasmas luminosos).

  2. Geografía afectiva: Japón no es una postal exótica pasiva; se convierte en el lenguaje del alma del poeta. La masa urbana de Tokio o la quietud de los templos son extensiones del estado de ánimo.

  3. Música y ritmo: El uso del verso libre mantiene una cadencia envolvente, sostenida por encabalgamientos delicados que obligan al lector a "navegar" el texto al mismo ritmo que la deriva de los personajes.


Fuego interior

 

A veces te huelo dentro de mí

te presento a mi lado

trepando por las paredes de mis sueños

y sigo tu rastro a través del invierno

voy marcando mis huellas sobre la nieve

para que la brisa gélida del olvido

no apague el fuego que arde en nuestro interior

a veces te imagino en las antiguas terrazas

del templo Kyomizu

mirando los cerezos que florecen

en las manos del viento

o disfrazada de geisha navegando a la deriva

entre la multitud que naufraga

tras los cristales de las tiendas

que en la exclusiva zona de Ginza fosforecen

como lunas extraviadas en el fondo del mar

o simplemente parada

en la estación del tren hacia Tokio

Kobe me parece desde aquí

una ciudad fantástica

con luces y estrellas que en las noches

se agrupan en tus ojos

como veleros que navegan

hacia los puertos babilónicos de la fantasía

donde tú permaneces frente al mar

acurrucada en mi pecho

como una niña recién nacida

 

           Rojo amarillo

 

Te imagino

navegando a la deriva

entre la nebulosa marea de la antigua

ciudad de Edo

salpicada por las voces de los noctámbulos

transeúntes del barrio Roppongi

luminosos fantasmas que danzan sin fin

alrededor de las últimas hogueras

que iluminan el verano

en noviembre

en lo más alto del monte Fuji el sol se crispa

y envejece

y te imagino

bajo las sombras congeladas

de los rascacielos de la parte alta de Tokio

diluyéndote a través de las tibias vidrieras

de las tiendas

mirando a través de los recuerdos

sentada en un café en Shibuya

o simplemente contemplando a través

de la ventana de tu apartamento  

en Osaka

como las sombras de la noche aletean

en la distancia y mueren

abril es un cerezo que florece en mi voz

cuando te nombro

es la hora del té

las calles de Asakusha

se perfuman con los colores rojo amarillo

de las Geishas que se eternizan

en el ambarino reflejo del neón

y más allá de la pena

el sol se revuelca en sus cenizas

y resplandece en tus ojos

mientras por un sendero de bambú

el musgo y el olvido crecen

y en el estanque

una flor de loto ilumina la noche


Domingo Acevedo.

Dos poemas del libro Antologia del asombro.





Analisis de la IA del primer capitulo de Antologia del asombro, en lo Ineditamente Efimero.




Este primer capítulo de Antología del asombro despliega una potencia lírica donde el dolor, la mitología, la naturaleza y el erotismo convergen con una sobriedad magistral. A través de composiciones breves —casi como destellos o estancias poéticas—, construyes un universo poético que evoca tanto la brevedad del haiku como el simbolismo profundo de la poesía caribeña e hispanoamericana.

Aquí analizo los ejes temáticos, los símbolos clave y los aciertos estéticos de este Capítulo I: Derrota Ancestral:

1. La poética del instante y la brevedad

Las piezas funcionan como fotogramas del alma. Hay una síntesis métrica y conceptual muy cuidada: no hay adorno innecesario, sino una búsqueda precisa de la imagen visual.

  • El eco y el paisaje: En "Sonido de caracoles" y "Humareda de sal", el mar no es solo geografía, es un naufragio interior. La sal actúa como elemento sutilmente corrosivo y místico a la vez.

  • El tiempo y lo fugaz: En "Tatuaje de mariposas" ("en la piel amanecida del otoño") y "Atardece" ("mayo agoniza / llovizna / los flamboyanes sueñan"), logras plasmar el trance entre estaciones y la melancolía del paso del tiempo con apenas unas pocas palabras.

2. Los grandes ejes simbólicos

A. La mitología y la condición humana ("Derrota Ancestral" y "Rayo de eternidad")

  • El centauro: Figura híbrida, atrapada entre el instinto y la razón, la naturaleza y lo divino. El lamento en el árbol de la vida por "su derrota ancestral de no ser" habla de la frustración ontológica: la imposibilidad de alcanzar la plenitud existencial o la pérdida de las raíces primordiales.

  • El ángel herido: Dialoga perfectamente con el imaginario que ya asoma en tu universo literario (como en tu relato "Ángel"). La eternidad se vuelve una herida, y la quimera —lo inalcanzable— es el único consuelo para ese ser caído.

B. El drama del tiempo, la muerte y la memoria ("Árbol de lágrimas" y "Árbol de pájaros azules")

  • El juego de ajedrez: La imagen de la muerte y el luto jugando al ajedrez bajo el árbol de lágrimas en "los límites de la sangre" es desgarradora y de un dramatismo lírico bellísimo.

  • Los tres ruiseñores de sal: En "Árbol de pájaros azules", el acto de estampar el nombre en las paredes del olvido resuena como una resistencia poética. La sal, que antes era humareda, aquí fija la memoria frente a la nada.

C. La dimensión erótica y sensitiva ("Tibias palomas" y "Surcos de agua")

  • El poema rompe la tensión trágica introduciendo el cuerpo deseado como refugio.

  • "Tibias palomas" convierte la intimidad en nido, mientras que en "Surcos de agua" la luna se personifica: una luna "ebria de soledad" que traza el deseo sobre la piel.

D. La metamorfosis del tiempo y la luz ("Vendaval de sangre" y "Los latidos del viento")

  • El vendaval de sangre: Este poema posee un tono telúrico, épico y trágico. La luz sepultada en el "útero de la noche" evoca tanto un duelo cósmico como las heridas históricas o personales que laten en la sangre.

  • El caracol y el tiempo: En "Los latidos del viento", el cierre del capítulo logra una atmósfera de contemplación sumamente serena. El tiempo "no tiene prisa", y el silencio roba la claridad para interiorizarla en la mirada.

3. Cuadro resumido de elementos poéticos

Poema / EstanciaElemento CentralCarga Emocional / Clave
Derrota AncestralEl centauro y el árbolFrustración existencial, pérdida del origen.
Árbol de lágrimasEl ajedrez con la muerteFatalidad, finitud y consciencia del dolor.
Tibias palomas / Surcos de aguaEl cuerpo, la luna y los labiosTernura, erotismo y consuelo en la belleza.
Vendaval de sangreOcaso, horizonte y útero nocturnoTragedia, densidad histórica y renacimiento en sombras.
Los latidos del vientoCaracol, terciopelo y silencioMisticismo, aceptación y luz interior.

Apreciación general

Este capítulo inaugural establece el tono de la obra: el asombro no nace únicamente de la belleza, sino de la grieta por donde entra la sombra. Tienes una capacidad notable para vincular la naturaleza caribeña (el mar, los flamboyanes, la sal) con metáforas de calado filosófico e histórico.


Capítulo I

 

Derrota Ancestral.

 

          Sonido de caracoles

 

Hondo sonido de caracoles

donde naufraga el mar

 

Humareda de sal

 

Densa humareda de sal

la noche

 

Tatuaje de mariposas

 

La luna dejó un tatuaje de mariposas efímeras

en la piel amanecida del otoño

 

Derrota Ancestral

 

Un centauro llora desconsolado

en el tronco del árbol de la vida

su derrota ancestral de no ser

 

Árbol de lágrimas

 

En los límites de la sangre

un árbol de lágrimas crece

bajo su sombra la muerte y el luto

juegan una partida interminable de ajedrez

 

Una gota de sombra

 

Una gota de sombra en la distancia

es la tarde

 

Pájaros de oro

 

Esta tarde de invierno

pájaros de oro migran

hacia los oscuros rincones del agua

 

Rayo de eternidad

 

Un ángel herido por un rayo de eternidad

solloza en brazos de la quimera

 

Árbol de pájaros azules

 

Árbol de pájaros azules

atrapados en los recintos de las sombras

tres ruiseñores de sal

estampan en las paredes del olvido

tu nombre

 

Atardece

 

Atardece

mayo agoniza

llovizna

los flamboyanes sueñan

 

Tibias palomas

 

Son tus senos

dos tibias palomas que anidan en mis labios

 

Espejo de agua

 

Es un espejo donde el viento se mira y rejuvenece

la distancia

 

Ausencia

 

Un pájaro herido de distancia

el horizonte

 

Surcos de agua

 

Ebria de soledad

hace surcos de agua en tu ombligo

la luna

 

Trébol de agua.

 

Trébol de agua

el sonido de la sangre

se ahueca en la mirada del viento

 

Vendaval de sangre

 

Por el camino hueco que todas las tardes

deja la brisa en el horizonte

un vendaval de sangre sepultó

en el útero de la noche

la luz

 

Los latidos del viento

 

Caracol perdido en los latidos del viento

en su lentitud el tiempo no tiene prisa

y en el pulso del agua

la luz de la luna tritura las sombras

cuando por el sendero

la noche lo arropa en sus sábanas de terciopelo

y en el sueño

el silencio roba la claridad al día

para ponerla en sus ojos


Domingo Acevedo.

Capitulo primer de Antologia del asombro.

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