sábado, enero 31, 2026

De Abril a Caracoles la patria herida espera por cada uno de nosostros para curra sus heridas.

 

























FEBRERO ERA GRIS ENTONCES.

FEBRERO ERA GRIS ENTONCES

Playa lejana
silencio de olas y espumas
silencio de polvo y arena
silencio de Caracoles
Barcarola de sueños y de ternura
uniformes
botas y fusiles
mochilas cargadas de ilusiones
guerrilleros que se alejan de la playa
rumbo a las montañas
donde el frío muerde la noche
y la muerte cabalga en el viento
y se esconde entre los árboles trémulos
y acecha uniformada
y sigue el rastro húmedo
de sus pasos sobre la hierba mojada
febrero era gris entonces
y los días
se trasnocharon borrachos
en el silencio de los cobardes
que tenían las manos temblorosas
y la boca llena de baba
y en la sangre la angustia
y la desesperación
por haber anidado en el alma la traición
ellos Coronel
inexplicablemente callaron
la presencia de ustedes en Caracoles
pero hoy después de tantos años
hacen de tus sueños un afiche
y de febrero un escenario de flores y aplausos
cobardes
que todas sus vidas han hablado
de revolución
pero nunca han tenido el valor de empuñar un fusil
y hacer patria
seudo revolucionarios
que menstruaron de temor
blasfemos
que hacen delirar a la multitud
con sus discursos enérgicos
efímeros astros
que brillan un opaco
firmamento de sangre
frívolos camaleones
hiedras venenosas
que van dejando tras de sí
las huellas indelebles
de la muerte y el luto
ellos te vendieron Coronel
a los vampiros
que ahogan en sangre
las más mínimas aspiraciones de libertad
de los pueblos que como el nuestro
luchan por alcanzar la luz
a los monstruos pálidos y crueles
que habitan en el norte de la tierra nueva
y quienes se creen con el derecho
de regir el destino del mundo
febrero era gris entonces
y tu piel un rastro en la arena
que se alejaba de la playa
rumbo a las montañas
donde tu voz de fusil
aún truena lejana
y hace temblar
a esos Generales indecentes
que se cagaron en los pantalones
cuando supieron de tu presencia
en Caracoles
porque ellos
nunca tuvieron tu estatura
ni tu valor
ni tu heroísmo
por eso llamaron
a sus amigos del Pentágono
quienes precisaron
la necesidad de tu muerte
y ordenaron
que enviaran la jauría tras de ti
que ávida y sedienta de tu sangre
temerosa
te buscaba incesante
entre el hambre y la fatiga de los días
eternos de febrero
donde la muerte
se escondía entre los árboles trémulos
y acechaba uniformada
la muerte
hacía su ronda cotidiana
febrero era gris entonces
y la tarde entristecida
mezcla de pólvora y sangre
se despedía furiosa
entre el ruido de los fusiles
y los gritos de los hombres
que no podían concebir
la ternura de las flores
porque menos que las bestias
no tenían noción del amor
ellos nacieron para matar
y disparaban ráfagas interminables
contra el tiempo y los árboles
contra el viento y las flores
contra la aves y las piedras
cautelosos seguían tus huellas
que ya no iban a ninguna parte
sabían que en algún lugar
te encontrarían vencido
y te arrancarían del pecho la ternura
para entregársela al tirano
como trofeo por la hazaña
de tu crimen inútil
al tirano sumiso y leal
ante los que lejos
de nuestras fronteras
propiciaron tu muerte
hoy
los encuentro en cualquier lugar
mostrando sus medallas y ascensos
e inventándose historias fantásticas
sobre tu muerte
hay hasta quienes han escrito libros
pero ellos ignoran
que tienen una deuda de sangre
que más temprano que tarde
la historia les cobrará con creces
porque yo sé Comandante Román
que tu crimen no quedará impune
rumor de plenilunio
en un aserradero abandonado
quedó el coronel herido
cuidando de su amigo moribundo
- seguid vosotros
romped el cerco tendido
venced la muerte
que airada nos busca
la muerte que no descansará
hasta encontrarnos
y destrozar con su odio nuestra carne
nuestros sueños
y no les importe el hambre
ni la fatiga
ni el frío
ni lo largo del camino
ni que la noche sea oscura
seguid inexorables
hacia la aurora
y construid sobre las cenizas
de nuestros huesos la esperanza
andad seguid sin mí
y sed cautos
que la muerte está ahí
escondida entre los dientes afilados
de las piedras
entre las hojas pálidas
la muerte
mecánica
absurda
fría
ciega
uniformada
la muerte
mezcla de sangre y lodo
vomitando su pus nauseabundo
su pus amarillento y hediondo
vomitando cuajarones de odio
la muerte esta ahí violenta
amarga
real
febrero era gris entonces
y entre sueños
y promesas inútiles
te hicieron prisionero
y te ataron
eran hombres crueles
asesinos por convicción
y te llevaron ante los Generales
que complacidos te observaron
y gozaron impotentes
torturando tu carne
y después trituraron tus huesos
y un General
con su odio repugnante
te disparó cobarde
y la bala ciega
cumplió la orden de muerte
de aquel canalla
y después
quemaron tu cadáver pero tu carne
resistió el odio y el fuego
y te enterraron
en un valle lejano y sombrío
donde la angustia irrevocable
de tus huesos
dejó un rastro amargo de sangre
sobre la tierra
boquiabierta y sedienta
y
hoy
después de tantos años
ellos les temen
al silencio retorcido de tus huesos
a tu nombre
porque ellos saben que un día
el pueblo se levantará
con tu ejemplo
y hará justicia
y entonces
necesariamente
no habrá lugar en esta tierra
ni para los canallas que vendieron tus sueños
ni para los criminales
que cobardemente te asesinaron


Al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, y a los que junto a él murieron en las frías montañas 
de la Cordillera Central, tratando de alcanzar una estrella.

viernes, enero 30, 2026

JUAN RODRÍGUEZ: EL DOMINICANO QUE SE ADELANTÓ A NUEVA YORK




Hablar de Rodríguez sin apellido completo no es un descuido: es un reflejo de cómo la historia oficial ha minimizado a ciertos protagonistas incómodos. Nos referimos a Juan Rodríguez, un negro libre nacido en Santo Domingo, entonces parte del Imperio Español, que se estableció en Manhattan en 1613, un año antes de la llegada formal de los holandeses a

 


Desde una perspectiva de investigación histórica rigurosa, su figura es incuestionable, aunque deliberadamente invisibilizada durante siglos.


Juan Rodríguez llegó a la isla de Manhattan como tripulante de una expedición comercial holandesa. No era esclavo. No era indígena. Era un hombre libre, afrodescendiente, hispanohablante y caribeño, con experiencia como intérprete y mediador cultural entre europeos y pueblos nativos.


Cuando el barco regresó a Europa, Rodríguez decidió quedarse, estableciéndose en la zona hoy conocida como Inwood, al norte de Manhattan. Este hecho lo convierte, según los registros disponibles, en:

El primer residente no indígena permanente de Manhattan

El primer dominicano documentado en lo que hoy es Nueva York

El primer afrodescendiente libre asentado en la futura Nueva Ámsterdam


La existencia de Juan Rodríguez no es mito ni tradición oral. Aparece en documentos legales holandeses del siglo XVII, donde se le menciona como “Jan Rodrigues” o “Juan Rodrigues”, involucrado en disputas comerciales con comerciantes europeos, lo cual confirma:

Su estatus legal como hombre libre

Su actividad económica autónoma

Su integración temprana en la red comercial del Atlántico Norte

Estos documentos han sido estudiados por historiadores como Nell Irvin Painter y difundidos por instituciones académicas de Nueva York.

¿POR QUÉ FUE BORRADO?

Aquí es donde el análisis crítico es inevitable:

No encajaba en el relato anglosajón fundacional de Nueva York

Era negro, libre y español en una narrativa que privilegió lo blanco, lo protestante y lo anglo

Antecedía cronológicamente a los colonos holandeses, lo cual incomodaba el mito fundacional

El silencio sobre Juan Rodríguez no es casual: es estructural.


SIGNIFICADO PARA LA COMUNIDAD DOMINICANA DE NUEVA YORK

Para la diáspora dominicana —especialmente en Washington Heights y el norte de Manhattan— Juan Rodríguez es un símbolo histórico poderoso:

Demuestra que la presencia dominicana en Nueva York no comienza en el siglo XX

Reivindica el legado hispano-afrocaribeño en la génesis misma de la ciudad

Rompe la idea de que los latinos llegaron “después” a la historia estadounidense

No es identidad inventada: es memoria recuperada.


Juan Rodríguez debería ocupar un lugar central en la historia oficial de Nueva York.

No como gesto multicultural simbólico, sino por estricto rigor histórico.

Su omisión empobrece la comprensión real del origen de la ciudad y perpetúa una visión incompleta y sesgada del pasado.

Reconocer a Juan Rodríguez no reescribe la historia.

La corrige.


FUENTES Y REFERENCIAS

Archivos judiciales holandeses del siglo XVII (Nueva Ámsterdam)

Investigaciones del New York Historical Society

Estudios de Nell Irvin Painter

Documentación académica sobre afrodescendientes libres en el Caribe español

Pregunta abierta para el debate:

👉 ¿Por qué seguimos enseñando una historia de Nueva York que empieza en 1624 y no en 1613?

👉 ¿A quién beneficia ese silencio?


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EL ASESINATO DE LOS PANFLETEROS DE SANTIAGO





Los Panfleteros eran humildes jóvenes, estudiantes artesanos y obreros que representaron el granudo de la masa trabajadora de la época viéndose tronchado sus sueño antes los caprichos vulgares y homicidas de la tiranía de casi 30 años en ese entonces de Rafael Leonidas Trujillo
Estos sueños que ellos entendieron no se verían consumidos mientras los destinos del pueblo estuvieran en las manos del sangriento tirano de quitar todo aquello que no se reverenciara ante él y su sed de poder.
Así decidieron constituirse en grupos de células, como lo hicieron los trinitarios con el fin de hacer desaparecer la fuerte dictadura.
Los panfleteros decidieron luchar y prefirieron abandonar con sangre la tierra de Duarte, Sánchez y Mella ante de arrodillarse a los designios y caprichos del tirano.
El encuentro con Wenceslao Guillén, el día sábado 2 de marzo de 1957, me permitió comenzar a llevar a la práctica mis ideas y sentimientos contra la dictadura de Trujillo.
Una primera reunión de tipo político el día lunes 04 de marzo de 1957, me vinculó estrechamente con Wenceslao Guillén.
Las acciones de propaganda clandestinas en firme la llevamos a cabo, ya como Unión de Grupos Revolucionarios Independiente (UGRI), el día 24 de octubre de 1959, y consistió en la repartición de grapas para bloquear el tránsito de vehículos y así quitarle brillo a la inauguración del campeonato de béisbol profesional.
La acción de las grapas motivó a la UGRI a elaborar los panfletos los cuales fueron hechos por Manuel Bueno, debajo de la casa de Wenceslao Guillén, ubicada en la calle General Valverde No.38 de Santiago.
Los panfletos fueron entregados por Wenceslao Guillén a los encargados de la repartición la tarde del 5 de enero del año 1960, en la parte de atrás del Cementerio de Santiago. La distribución se llevó a cabo ese mismo día en Santiago entre 8 y 9 de la noche. El panfleto decía en la parte frontal así:
¡VIVA LA REVOLUCION! ¡ABAJO EL TIRANO! LIBERTAD O MUERTE (UGRI)
En la parte de atrás el mismo panfleto decía así:
“CON PERDON DE LA EXPRESION, TRUJILLO ES UNA MIERDA”
El 29 de enero de 1960 fueron vil asesinados Los Panfleteros de Santiago en la tenebrosa carcel de La Cuarenta (LA 40).
Presidiarios, que fueron testigos de la matanza, han reseñado que Los Panfleteros de Santiago fueron ahorcados, electrocutados en silla electrica, y acuchillados.
Sus cadaveres fueron trasladados desde La 40 a lugares desconocidos y aun se ignora donde fueron sepultados estos valientes patriotas que se opusieron a la sangrienta satrapía de Trujillo.
En el libro CRIMENES CONTRA LA SEGURIDAD INTERIOR Y EXTERIOR DEL ESTADO DOMINICANO, de Editorial La Nacion, C. por A., Ciudad Trujillo. 1960, se recogen las declaraciones de algunos PANFLETEROS DE SANTIAGO, en los diferentes interrogatorios y juicios a que fueron sometidos. Ademas de los interrogatorios llevados a cabo por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM).
De esas declaraciones la de Enrique Almanzar Nuñez, Jose Camilo Disla Ramirez, Domingo Antonio Cepeda Cruz (A) Mingo, Miguel Mauricio Luna Estrella, demuestran claramente que los volantes fueron regados en Santiago el 16 DE DICIEMBRE DEL 1959.
Enrique Almanzar Nuñez, declaró que fue WENCESLAO MARCIAL GUILLEN GOMEZ (WEN), quien le entrego los volantes y "me propuso formar parte de un movimiento subersivo, que tenia como fin el derrocamiento del Gobierno.... y ...me entregó ademas 50 volantes...
PANFLETEROS ASESINADOS:
Wenceslao Marcial Guillen Gómez (Wen) Fundador de UGRI
Napoleón Sánchez Cabreja
Mariano García (Marién)
Luís Ramón Roque Peña (Papilín)
Víctor González Party
Pedro Jaime Tineo (Profesor)
Francisco Manuel González Party (Manolito)
Avelino Fernández Bisonó
Ramón Ulises Liz (Ule)
Herminio Espinal (Polanco)
José Armando Díaz Hernández (Chichí)
Antonio Rafael Díaz Hernández (Simón)
Manuel Ramón Liriano (Chino)
José Ramón Osorio (Monguito)
Enrique Perelló (Enriquito)
Luís Prud-Homme (El Negrito)
Henriech Johanne Stresse Cepeda (El Alemán)
Jorge Marín
Jorge Khoury
Guarino Jiminián
Pedro Montás
José Oliva Espertin (Chivirico)
Ramón Mejía
Julio Cesar Encarnación Casado
Rafael Castro Portorreal
Denzil Castro Portorreal
Porfirio Gómez
Rafael Noble
Eugenio Perdomo Ramírez
Pedro Fuentes
Gilberto Fuentes
Ucho Capri
Eusebio Villamán, desaparecido posteriormente
Manuel Fernández Florentino
José Contreras (Chepe)
Domingo Russo
Samuel Dincey Torres
José Camilo Disla
SOBREVIVIENTES:
Domingo Cepeda (Fallecido)
Pedro Francisco Sánchez Buerdier
Ramón Antonio Veras (Negro)
Francisco Benedicto Rodríguez (Frank)
Homero García (Fallecido)
Rafael Colón (Fellito) (El Analfabeto)
Regino Pepín
Manuel Armando Bueno Pérez (Fallecido)
Juan Rafael Fermín, Fello, (Fallecido)
Miguel Luna (Fallecido)
Homero Herrera Velásquez

Tomado de la red.

CARTA DE UNA MADRE CUBANA A UNA MADRE NORTEAMERICANA:

 



A TODAS LAS MADRES NORTEAMERICANAS LES DEDICO ESTE POEMA DEL CUBANO JESÚS ORTA RUIZ (EL INDIO NABORÍ).1962


CARTA DE UNA MADRE CUBANA A UNA MADRE NORTEAMERICANA:


Madre de ojos azules,

madre de Norteamérica:

mis hijos son pacíficos,

trabajan, cantan, sueñan,

aman bajo la verde

sombra de sus palmeras.


Robert, tu joven rubio,

¡ qué feliz se sintiera

jugando al béisbol con mi alegre Juan de cabellera negra !


Sin embargo, los turbios mercaderes

que a tu pueblo gobiernan,

quieren que Robert asesine a Juan

bajo su propio cielo, sobre su propia tierra.

Mi Juan es noble,

pero cuando le ofenden su bandera

salta como un león, y sus palomas

luchan como las fieras.


De madre a madre te lo digo:

dile a tu hijo que no venga.

Los piratas que tocan esta Isla

se quedan en sus costas, y vivos no se quedan.


Tú llorarías sin orgullo

lágrimas de vergüenza.

Por el contrario yo,

si Juan muriera,

como la madre de un patriota

tendría una orgullosa pena.


Pero es mejor, querida mother Mary,

que Juan y Robert vivan cada uno en su tierra, y que sólo en estudios, en deportes y en arte entablen amorosas competencias.


Te prometo que Juan jamás será agresor.

Lo enseñé a respetar soberanas enseñas.

Pero si Robert viene y le dispara,

Juan tiene, mother Mary, derecho a su defensa.


Madre de ojos azules,

madre de Norteamérica,

por la vida de Robert de cabellera de oro

y la vida de Juan de cabellera negra,

cantemos a la paz

dulce canción fraterna.


Y no dejes que turbios mercaderes

que piensan en el oro y en tus hijos no piensan, manden a Robert, a tu joven rubio, a matar y a morir en mis palmeras.


DE  MADRE A MADRE TE LO ADVIERTO:

DILE A TU HIJO QUE NO VENGA.

✍️ Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí),1962

jueves, enero 29, 2026

Robin Wood, el “paragua muerto de hambre” que estudiaba a la civilización sumeria - por Andrés Colmán Gutiérrez





(Fragmento del libro “Robin Wood: el escritor paraguayo más leído en el mundo” - Podés leer el capítulo completo siguiendo el enlace al pie del texto)
-¿Qué carajo haces, leyendo un libro sobre la antigua Sumeria?
La voz seca y estruendosa sobresaltó a Robin. Se encontraba sentado a una mesa, en la cafetería de la Escuela Panamericana de Arte, muy concentrado leyendo un libro titulado La historia empieza en Sumer, mientras esperaba el horario de la clase siguiente, cuando alguien lo interrumpió.
Se fijó en la persona que le había hablado. Ya lo conocía. Uno de sus compañeros le había contado que se llamaba Luis Lucho Olivera, que era un muy buen dibujante correntino, que ya publicaba sus dibujos en la revista Vea y Lea y en las publicaciones de historietas de la Editorial Columba.
A Robin le extrañaba que, siendo ya todo un profesional, asistiera como alumno a la misma escuela de dibujo a la que él se había matriculado para intentar tener un oficio, a pesar de que uno de sus profesores le había dicho que dibujaba horriblemente mal y que mejor debía hacerle un favor al arte, dejando de acudir a clases.
-Me apasiona mucho todo lo que tiene que ver con la primera civilización humana, donde se escribió el primer poema sobre el rey inmortal Gilgamesh -le respondió Robin.
-¡Qué curioso! -le respondió Lucho-. Probablemente sos el único otro boludo en toda Buenos Aires a quien le atrae la civilización sumeria.
-¿Por qué? ¿Hay otro boludo a quien también le atrae este tema? ¿Quién es?
-Soy yo. También soy un fanático de la antigua Sumeria.
-Me llamo Robin Wood.
-Yo soy Lucho Olivera.
-Encantado. Sos el correntino que dibuja historietas en las revistas de Columba. ¿Qué hacés en esta escuela?
-Y vos sos el paragua que dibuja horrible... pero dicen que escribís muy bien.
Desde entonces, todas las tardes se juntaron a charlar sobre la sumeriología, los antiguos guerreros, las primeras formas de gobierno, las primeras escrituras en arcilla, Gilgamesh, Upnapistim, las blancas ciudades de piedra llamadas Uruk, Lagash, Nippur.
Robin vivía en un cuartucho alquilado en Retiro, con su amigo Juan el Negro y otros tres obreros, en donde preparaban lo que podían comer en una cocinita a alcohol. El paragua había conseguido empleo en una fábrica de cintas adhesivas, en donde trabajaba entre ocho a diez horas por día, ganaba una miseria y el queroseno que usaban en las impresiones le quemaba el rostro. Con lo poco que pudo ahorrar se pagaba las cuotas de la escuela de dibujo, pero a veces no le alcanzaba y pasaba semanas sin poder asistir.
-¿Sabés, Robin? Estoy cansado de los guiones mediocres que me dan en Columba -le dijo Lucho una tarde-. ¿Por qué no me escribís algo bueno? Hacé una historia de un guerrero en Sumeria.
-No sé cómo se hace un guion de historieta -le respondió Robin.
-Ah, yo te muestro.
Lucho le explicó cómo hacer los textos, los diálogos, las indicaciones para los dibujantes.
A la noche, en la mísera pensión, mientras sus amigos dormían, a la luz de una lamparita, el paraguayo escribió tres relatos en un cuaderno. Primero, la historia de un pelotón alemán en la Segunda Guerra Mundial, al que tituló Aquí la retirada. Luego, una historia de espionaje en la guerra fría, El espía maestro y yo. La otra historia, mucho más extensa, era la que le había pedido especialmente Lucho, la de un guerrero en la antigua Sumeria, general al servicio de un Rey que sufre una traición y es desterrado de su ciudad.
¿Qué nombre ponerle? “Ah, ya sé. Lo hago nacer en la ciudad llamada Nippur, donde nació su padre, de la que toma el nombre y lo hago vivir en otra, Lagash. Se llamará Nippur de Lagash”, se dijo a sí mismo. Finalmente eligió el título: Historia para Lagash.
Al día siguiente pidió prestada una máquina de escribir a Roberto Zappetti, el ex amante de su madre y pasó en limpio los tres guiones. Esa noche fue a la escuela y se los entregó a Lucho.
-Perfecto. Se los mostraré a los capos de la Editorial. No te prometo nada. Son ellos los que deciden si se publican o no -le dijo el dibujante, sin darle muchas esperanzas.
A las pocas semanas, Robin se quedó sin dinero para seguir pagando las cuotas y se vio forzado a abandonar las clases. Lucho preguntó por él, pero nadie sabía dónde ubicarlo. Su amigo no le había dejado ninguna dirección en donde contactarlo.
-¿Dónde diablos te metiste, Robin Wood?
Un día de lluvia y sin pasaje para el ómnibus
Una lluviosa mañana de abril de 1967, Robin Wood llegó tarde a la fábrica de cintas adhesivas en Martínez, en donde trabajaba, y Simón, el capataz, se negó a dejarlo pasar.
-Por favor, no tengo plata ni para el pasaje de regreso -reclamó el paraguayo.
-No es mi problema. Mañana, llegá más temprano. ¡Chau!
Sin más opción, Robin echó a caminar bajo la lluvia, con actitud de tristeza y derrota. Era una distancia enorme hasta el cuartucho que compartía con otros cuatro compañeros, en la mísera pensión de Retiro. Le iba a llevar muchas horas poder llegar hasta allí. Bajo el brazo, envuelto en papel diario y atado con un piolín, llevaba el uniforme de la fábrica, convertido en un estropajo que chorreaba agua.
Cuando la lluvia se hizo más fuerte, Robin buscó refugio bajo el toldo de un puesto de libros y revistas, localizado en una vereda. Allí, mientras aguardaba que escampe, se fijó en una de las revistas que estaban ofrecidas a la venta y se puso a hojearla. Un detalle le llamó la atención. Se trataba de la revista D'artagnan número 151 y en el índice se anunciaba: “Historia para Lagash, por Robin Wood”.
-Pero... ese es mi nombre. ¡Publicaron mi relato!
Al verlo tan entusiasmado, el dueño del local le reclamó:
-¡Che, pibe! ¡Esto no es una biblioteca pública! Si no vas a comprar la revista, dejala. No se permite leer gratis.
-¡Es que publicaron una obra mía! -explicó Robin.
-¡Andá a inventar otra excusa!
-Solo déjeme anotar la dirección de la editorial. ¿Tiene un lápiz? Sarmiento 1889, ¿sabe dónde queda?
-¡Qué sé yo! ¡Rajá de aquí!
Con el paquete de su uniforme chorreando agua bajo el brazo, Robin se puso a caminar, preguntando dónde quedaba la calle Sarmiento. Esta vez, las gotas de agua ya no tenían un sabor a tristeza y derrota, sino a estallidos de feliz curiosidad.
Un largo rato después, llegó hasta un edificio en Sarmiento 1889, a pocas cuadras del local del Congreso Nacional. Un cartel indicaba que la Editorial Columba ocupaba cinco pisos. Subió al primer piso y le dijeron que debía acudir hasta la administración, en el quinto. El paquete con su uniforme seguía chorreando agua por todo el trayecto. Al verlo aparecer, la recepcionista, Teresita Murray, se alarmó. Por la facha del recién llegado, temió que se trate de un mendigo que venía a pedir comida y que podía robar algo.
-Señor... ¿qué necesita?
-Me llamo Robin Wood.
-Sí, ¿y...?
-Es que publicaron una obra mía en una de sus revistas y quisiera ver qué debo hacer.
-¿En serio...? A ver, espere un momento.
Ella guardó las cosas de valor que había sobre el escritorio y fue hasta una oficina contigua. Luego regresó, seguido de un hombre trajeado, con pinta de ejecutivo. Era uno de los jefes, Jorge Vasallo.
-Disculpe, ¿usted dice que se llama Robin Wood?
-No lo digo. Ese es mi nombre.
-¿Tiene algún documento?
Robin le pasó su cédula de identidad. El hombre lo examinó detalladamente.
-¡Caramba...! Entonces, usted es Robin Wood.
-Es lo que les estoy diciendo, hace rato.
-Por favor, sígame.
En su oficina, Vasallo lo invitó a sentarse. Robin dejó el paquete de su uniforme mojado sobre una mesita.
-Caramba, no creíamos que usted exista realmente -le explicó el ejecutivo-. Creímos que Robin Wood era solo un seudónimo que inventó Lucho Olivera para sus nuevas historietas, ya que él nos dijo que no sabía en dónde encontrarlo a usted. ¿Se llama así, realmente?
-Ha visto mi documento.
-Sí, sí. Es increíble. Es que parece un seudónimo. Los tres relatos ya los hemos publicado. Nos han gustado mucho. Especialmente ese del guerrero sumerio. Dígame, ¿piensa seguir escribiendo guiones de historietas?
-No lo había pensado, pero sí, puedo hacerlo. Sobre todo, si me van a pagar.
-Por los que ya hemos publicado, le pagaremos doscientos pesos.
“Es mucho más de lo que gano en un mes”, pensó Robin.
-¿Doscientos pesos por los tres guiones?
-No, por cada uno.
-¡Wow...! ¿Quiere que escriba otros más? ¿Cómo los quiere?
-Siga con ese guerrero sumerio y tráigame los que se le ocurra. Le compraremos todo.
-Perfecto, mañana le traigo más.
-¿Tan rápido? Está bien, le espero.
-Muchas gracias... ¿y cómo hago para cobrar por los ya publicados?
-Ah, baje al tercer piso y muestre su documento. Le estarán esperando para pagarle.
-Muchas gracias. Entonces, me voy.
-Señor Wood, no olvide su paquete.
Se estrecharon las manos y Robin bajó a la caja, tras recoger el paquete mojado. Un empleado le pidió su cédula y le dijo que espere.
-¡Robin Hood!
-Eh, no... Wood, Robin Wood.
-Firme aquí. Le entrego su cheque.
Robin miró el papel, extrañado.
-¿Nunca cobraste un cheque? -le preguntó el empleado-. Mirá, es fácil. Salí afuera, cruzá la calle y verás el Banco de Londres. Acercate a la caja, mostrale al cajero tu documento y dale el cheque, él te dará el dinero.
-¡Ah, muchas gracias!
-¡Y no te olvides de llevar tu paquete, que está chorreando por toda la oficina!
Robin pudo cobrar el cheque. El cajero le puso los billetes en una bolsa de papel. Al salir, lo primero que hizo fue dejar el paquete del uniforme mojado en un cubo de basura. Era un simbólico adiós a la fábrica. Luego, se dirigió al afamado restaurante El Tropezón, que quedaba en las cercanías. Tenía mucha hambre, hacía días que comía muy poco y mal.
Los mozos que lo vieron entrar se alarmaron.
-¡Cuidado, Jorge! Está entrando un linyera -alertó uno de ellos.
El paraguayo pidió “mesa para uno, por favor”.
-Esteee... ¿Cómo pagará la cuenta, señor? -le preguntó uno de los mozos, con desconfianza.
Robin le mostró un fajo de billetes. Fueron tres mozos los que se desvivieron por atenderle. Desde entonces, cada vez que cobraba por sus guiones, el escritor iba a almorzar en El Tropezón, como un ritual.
El éxito que le cambió la vida
Aquel fue el inicio de un radical cambio. El “paragua muerto de hambre” descubrió que los relatos que escribía eran apreciados y bien pagados. Dejó la mísera pensión, alquiló un departamento, consiguió una máquina de escribir y empezó a crear historias y personajes, a entregar guiones unos tras otros.
Dio continuidad a la historia del guerrero sumerio Nippur de Lagash, con dibujos de su amigo Lucho Olivera. Creó su propia versión del agente James Bond, el romántico espía irlandés Dennis Martin, con dibujos de Lito Fernández; el duro detective Big Norman con dibujos de Horacio Altuna; Jackaroe, el cowboy taciturno criado por los apaches, con dibujos de Dalfiume, y la serie humorística que fue un verdadero suceso, Mi novia y yo, con dibujos de Carlos Vogt, en donde Robin se caricaturizaba a sí mismo en el personaje de Tino Espinoza y su entonces novia Poppy Andersen, además de incluir también como personajes a su recordado perro Tom, al dibujante Vogt y a todos los integrantes de la Editorial Columba.
Las cuatro revistas de la editorial Columba (El Tony, D'artagnan, Fantasía, Intervalo) empezaron a incrementar sus ventas con las obras del paraguayo. Tanto era el éxito en calidad y cantidad de su producción, que los directivos de la empresa le pidieron que se invente seudónimos para que los lectores no crean que era el único autor. Entonces, Robin empezó a firmar también como Mateo Fussari, Robert O'Neill, Noel McLeod, Roberto Monti, Joe Trigger, Carlos Ruiz, Cristina Rudlinger, Tino Espinoza.
Al cabo de dos años, tras ganar una buena cantidad de dinero con sus guiones, Robin decidió viajar y conocer el mundo.
-¿Te vas de viaje...? ¿Cómo...? ¡Si estás en el mejor momento de tu carrera! -le reclamó el jefe de arte, Antonio Presas.
-Estuve todos estos años preso en una fábrica -le explicó Wood-. Quiero conocer el mundo. Me compré una máquina de escribir portátil y mandaré guiones por correo, desde cualquier lugar. ¡Ustedes me enviarán el dinero!
-Nunca hemos aceptado una situación así. Necesitamos tener a nuestros escritores cerca.
-Si quieren seguir contando con mis guiones, tendrán que aceptarlo. ¡Yo me voy...!
El paraguayo compró un pasaje en el carguero italiano Calasetta, que partía rumbo a Nápoles, desde Buenos Aires. Extasiado ante el horizonte de mar y cielo, escribía sus guiones a mano, con un bolígrafo, en un cuaderno escolar, luego los pasaba a máquina para despacharlos por correo a Buenos Aires, desde el primer puerto.
Desde Italia viajó por toda Europa, para luego seguir a otros continentes. Escribía en los hoteles, en los bares, en los cafés, en los parques, siempre a mano en un cuaderno, para luego pasarlos en limpio y despacharlos a Columba, avisando en qué ciudad próxima iba a estar, para que le giren el dinero.
Islas Canarias, Marsella, Nápoles, Lucerna, Ginebra, Milán, Roma, París, Madrid, Barcelona, Marbella, Moscú, Siberia, Hong Kong, Pekín, Hiroshima, Tel Aviv, Jerusalén. Cada rincón del mundo era un territorio de aventuras. Romances fugaces. Historias que inspiraban nuevos relatos, nuevos personajes. Así llegan el monje karateca Harry White (dibujado por Mangiarotti), Los amigos (con Macagno), Los aventureros (con Gómez Sierra), una nueva versión de Big Norman (con Haupt), el disparatado agente secreto Pepe Sánchez (con Vogt), Aquí, la Legión (con García Durán).
En 1974, la periodista Helena Goñi, de la revista argentina Gente, se puso en contacto con directivos de la Editorial Columba, con un pedido:
-Quiero entrevistar a los tres escritores de historietas más exitosos que publican con ustedes: Robin Wood, Robert O'Neill y Roberto Monti.
El jefe de arte, Jorge Vasallo, le respondió:
-Tengo para usted una buena y una mala noticia, señorita. La buena es que le ahorraremos trabajo, ya que los tres autores son una sola persona: Robin Wood. La mala noticia es que no sabemos en qué parte del mundo se encuentra actualmente.
Meses después, Robin regresó a Buenos Aires y Helena pudo hacer su gran reportaje, el primero que revelaba a los lectores el gran éxito de un escritor de historietas.
* Andrés Colmán Gutiérrez es periodista, escritor, guionista. Fue presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP).
FUENTE
Robin Wood, el “paragua muerto de hambre” que estudiaba a la civilización sumeria - por Andrés Colmán Gutiérrez
(Fragmento del libro “Robin Wood: el escritor paraguayo más leído en el mundo”)

- Podés leer el capítulo completo en su sitio de publicación original siguiendo este enlace:

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