domingo, junio 28, 2026

Aída Cartagena Portalatín





 Más que el nombre de una sala, un ejemplo para la nación

Por Cesáreo Silvestre Peguero
La puesta en circulación de mi más reciente libro, El documental como memoria y voz, en el salón de actos de la Biblioteca Nacional que lleva el nombre de Aída Cartagena Portalatín, despertó en mí una inquietud que considero natural: conocer la vida y la obra de la mujer cuyo nombre identifica uno de los espacios culturales más importantes del país.
Aquella curiosidad terminó convirtiéndose en admiración. Descubrí a una dominicana excepcional, cuya trayectoria intelectual y humana justifica plenamente el honor que hoy recibe al dar nombre a esa distinguida sala. Por ello, deseo compartir este breve enfoque biográfico como un reconocimiento a una figura cuya existencia continúa iluminando el camino de las nuevas generaciones.
Las mujeres de otras épocas hicieron de la dignidad un estilo de vida. Sus principios, su conducta y sus aportes a la sociedad fueron el verdadero fundamento de su prestigio. Aída Cartagena Portalatín pertenece a ese grupo de mujeres que trascendieron las limitaciones de su tiempo para convertirse en patrimonio de la nación.
Su legado no enaltece únicamente a su natal Moca ni a la provincia Espaillat. Su obra pertenece a toda la República Dominicana y constituye una referencia para el género femenino en su conjunto. Hoy, más que nunca, el país necesita que mujeres de su estatura moral e intelectual sean conocidas y asumidas como modelos de superación, compromiso y servicio.
En tiempos en que el descuido hacia la cultura parece abrirse paso en muchos espacios, resulta esperanzador encontrar que la Biblioteca Nacional preserve su memoria mediante la exhibición de su imagen y el reconocimiento permanente de su nombre. Quien entra a ese salón no solo observa el retrato de una destacada escritora; también recibe una invitación silenciosa a reflexionar sobre el propósito de la vida y sobre la huella que cada ser humano decide dejar en la sociedad.
Nadie debería pasar por este mundo sin procurar que su existencia aporte algo al bienestar colectivo. Cada generación tiene el deber de honrar a quienes hicieron posible el patrimonio intelectual y moral del que hoy disfrutamos.
Aída Cartagena Portalatín fue mecanógrafa, poeta, escritora, periodista, pintora, escultora, novelista, ensayista, antropóloga, profesora de Historia, profesora de Arte e intelectual comprometida con su tiempo.
Nació el 18 de junio de 1913 en el municipio de Moca, provincia Espaillat. Fue la primogénita de los cuatro hijos del matrimonio formado por Felipe Cartagena Estrella y Olimpia del Rosario Portalatín Gómez.
Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal y desde muy joven colaboró como secretaria de su padre, reconocido abogado. Más tarde se trasladó a Santo Domingo para continuar su formación en el colegio Luisa Ozema Pellerano y posteriormente concluyó el bachillerato en la Escuela Normal de Señoritas de Santiago.
De regreso a la entonces Ciudad Trujillo obtuvo el doctorado en Filosofía en la Universidad de Santo Domingo. Su deseo permanente de ampliar sus conocimientos la llevó a París, donde se diplomó en Museología y Teoría de las Artes Plásticas en la prestigiosa Escuela del Louvre.
Su intensa actividad intelectual la convirtió en fundadora de las revistas Brigadas Dominicanas y Baluarte; cofundadora y codirectora de La Isla Necesaria; creadora de la Colección Montesinos; directora del boletín de la Facultad de Humanidades de la UASD y editora de la revista Anales, órgano de esa facultad.
Su producción literaria fue amplia y diversa. Entre sus principales obras figuran Escalera para Electra, Víspera del sueño, Del sueño al mundo, Llámale verde, Mi mundo el mar, José Vela Zanetti, Una mujer está sola, La tierra escrita, Elegías, Tablero, Yania Tierra, Narradores dominicanos, La tarde en que murió Estefanía, En la casa del tiempo, Las culturas africanas: rebeldes con causa y Galería de Bellas Artes.
Aída Cartagena Portalatín mantuvo una postura crítica frente a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Aunque las circunstancias familiares la obligaban a actuar con prudencia, nunca renunció a sus convicciones. Su compromiso con la libertad quedó reflejado en Cantos para el hombre nuevo y en otros poemas escritos durante los años más difíciles del régimen, textos donde la denuncia aparece con la cautela que imponía el clima de persecución política.
Se cuenta que, mientras permanecía enferma, emisarios del régimen intentaron obligarla a escribir una alabanza al dictador. Aquella exigencia representó para ella una verdadera tortura moral, pues significaba traicionar los principios que habían guiado toda su vida.
Tras la caída de la dictadura amplió aún más su compromiso social mediante publicaciones como La voz desatada, obra en la que cuestionó con firmeza la realidad política y social dominicana.
Uno de los rasgos más sobresalientes de su pensamiento fue la constante preocupación por la condición de la mujer. Sus escritos reivindican el papel femenino en la construcción de la sociedad y denuncian la falta de reconocimiento que históricamente ha enfrentado. Por ello, puede afirmarse que fue una feminista auténtica, comprometida con la igualdad desde la reflexión intelectual y la creación literaria.
Su obra ha sido rescatada y difundida mediante una edición antológica auspiciada por la Fundación Corripio y la UNESCO, permitiendo que nuevas generaciones descubran el inmenso valor de su legado.
Aída Cartagena Portalatín falleció el 3 de junio de 1994, en Gazcue, Distrito Nacional, a los 80 años de edad. Aunque la enfermedad terminó apagando su vida, vivió lo suficiente para entregar a la República Dominicana una obra que continúa inspirando a quienes creen en el poder transformador de la cultura.
Su nombre en la Biblioteca Nacional no constituye únicamente un homenaje institucional. Es un recordatorio permanente de que el conocimiento, la ética y el compromiso con la sociedad son capaces de vencer el paso del tiempo. Esa es la herencia que las nuevas generaciones están llamadas a conocer, valorar y continuar.

Salón Literario “Juan Bosch”. La Vega, Rep. Dom.

El sepulturero.

 

Foto tomada de la red.

​El sepulturero

​Entonces
el sepulturero se sintió solo
en medio de todos los muertos que había enterrado.
Sintió cómo el silencio aplastaba su conciencia;
miró al cielo,
sintió frío,
calor,
inquietud,
ansiedad.
​Pensó:
«Es que ya estoy viejo,
cansado
y solo».
​Miró la puerta del cementerio,
el sendero alargándose en el horizonte.
Empezó a andar
y se perdió para siempre en el olvido.
​Domingo Acevedo
Junio, 2026


Hay oficios que parecen invisibles hasta que la literatura los ilumina. Uno de ellos es el del sepulturero: un hombre cuya vida transcurre acompañando la muerte de los demás, hasta que un día descubre que la muerte más cercana es la suya, no como hecho biológico, sino como experiencia de la soledad.


Me gusta mucho lo que has logrado con esta breve narración. El sepulturero no abandona el cementerio porque renuncie a su trabajo; lo abandona porque comprende que ha sobrevivido a todos. Y ahí aparece la paradoja más poderosa del texto: si quisiera seguir ejerciendo su oficio, tendría que sepultarse a sí mismo.


Creo que esa es la gran metáfora del poema. No habla únicamente de un sepulturero; habla de todos aquellos que dedican la vida a servir, cuidar, construir o sostener a otros, hasta que un día descubren que nadie ha quedado para acompañarlos a ellos. Entonces el sendero que conduce fuera del cementerio deja de ser un camino físico y se convierte en el tránsito definitivo hacia el olvido.


Un poema breve, pero con una resonancia profundamente humana.

José González Rossi.

EL ÚNICO DOMINICANO QUE PELEÓ EN LAS CUATRO GUERRAS DE LIBERACIÓN NACIONAL


Andres Julio Rivera Bazil.


No fue un héroe de una sola batalla.
No defendió la patria una sola vez.
Cuando la República Dominicana necesitó hombres capaces de empuñar la espada por su libertad, José María Cabral y Luna siempre estuvo presente.
Combatió contra Haití. Combatió contra España. Combatió contra quienes pretendían entregar nuevamente la nación a una potencia extranjera.
Por eso muchos historiadores lo consideran el soldado más completo de la historia dominicana.
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GENERAL JOSÉ MARÍA CABRAL Y LUNA
Hijo de San Cristóbal — Ingenio Nuevo (1816/1819) – Santo Domingo, 28 de febrero de 1899
El historiador Roberto Cassá resumió su legado con palabras memorables:
"Probablemente en todas las guerras que se sucedieron a lo largo del siglo XIX no se encuentre otro jefe militar que superara el coraje de Cabral... Estaba revestido de un sentido estricto de honradez... Nunca temió quedarse solo defendiendo la libertad de la patria."
Y la historia demuestra que ese juicio está plenamente justificado.
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PRIMERA GUERRA
La Independencia Nacional (1844)
Su bautismo de fuego ocurrió el 19 de marzo de 1844 durante la Batalla de Azua, apenas veinte días después de proclamarse la Independencia.
El ejército dominicano, con unos 2,500 hombres, enfrentó a cerca de 10,000 soldados haitianos dirigidos por el general Alphonse Souffrant.
Cabral combatió junto a figuras legendarias como Antonio Duvergé, Bernardino Pérez, Valentín Alcántara y Gabino Puello, defendiendo la naciente República.
También participó en campañas posteriores de la guerra dominico-haitiana, incluyendo La Estrelleta (1849) y las campañas finales de 1855-1856.
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SEGUNDA GUERRA
Las invasiones de Soulouque (1855-1856)
Aquí nació definitivamente el héroe.
El 22 de diciembre de 1855, en la histórica Batalla de Santomé, Cabral dirigió al ejército dominicano frente a una poderosa invasión encabezada por el emperador haitiano Faustino Soulouque.
La tradición histórica recoge uno de los episodios más impresionantes de nuestra historia militar: durante un combate cuerpo a cuerpo a caballo, Cabral abatió con un sablazo al general haitiano Antoine Pierre, conocido como el Duque de Tiburón.
La victoria fue absoluta.
Dos días después llegaría Cambronal, y semanas más tarde Sabana Larga, sellando definitivamente la defensa de la Independencia Dominicana.
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TERCERA GUERRA
La Restauración contra España (1861-1865)
Cuando Pedro Santana anexó la República Dominicana a España, José María Cabral fue uno de los primeros dominicanos en levantar públicamente su voz de protesta.
Fue deportado.
Lejos de rendirse, regresó al país para incorporarse a la Guerra Restauradora, convirtiéndose en el gran jefe militar del frente sur.
El 4 de diciembre de 1864 obtuvo una importante victoria en la Batalla de La Canela, debilitando aún más la presencia española.
Concluida la Restauración, fue proclamado Protector de la República y luego Presidente.
Durante su gobierno abolió la pena de muerte y estableció el sufragio universal masculino.
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CUARTA GUERRA
La Guerra de los Seis Años (1868-1874)
Muchos la consideran una guerra civil.
Sin embargo, el intelectual Sócrates Nolasco sostuvo que debía verse como otra verdadera guerra por la Independencia Nacional, ya que enfrentó el intento del presidente Buenaventura Báez de anexar el país a los Estados Unidos.
Cabral encabezó la resistencia armada del Partido Azul, colocando nuevamente la soberanía nacional por encima de cualquier interés político o personal.
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EL VEREDICTO DE LA HISTORIA
El gran historiador Emilio Rodríguez Demorizi escribió:
"Modesto y abnegado como pocos, sin ambiciones de gloria, poder ni riqueza."
Murió el 28 de febrero de 1899, rodeado del respeto de sus contemporáneos.
En 1974, sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional, donde descansan junto a los grandes héroes de la República Dominicana.
Su memoria permanece viva en el municipio de Cabral, en Barahona, y en una de las principales calles históricas de San Cristóbal, ciudad que orgullosamente lo vio nacer.
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LAS CUATRO GUERRAS EN LAS QUE LUCHÓ
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1844 – Guerra de Independencia contra Haití.
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1855-1856 – Campañas contra las invasiones de Soulouque.
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1863-1865 – Guerra Restauradora contra España.
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1868-1874 – Guerra de los Seis Años contra los intentos anexionistas de Buenaventura Báez.
José María Cabral y Luna no fue solamente un presidente ni únicamente un brillante estratega militar.
Fue un hombre que dedicó prácticamente toda su vida adulta a defender la libertad, la soberanía y la existencia misma de la República Dominicana.
Por esa razón, la historia lo recuerda como el único dominicano que combatió en las cuatro grandes guerras de liberación nacional del siglo XIX.
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FUENTES Y REFERENCIAS
• Roberto Cassá. Historia Social y Económica de la República Dominicana. • José Gabriel García. Compendio de la Historia de Santo Domingo. • Emilio Rodríguez Demorizi. Papeles de Cabral y estudios biográficos. • Academia Dominicana de la Historia. • Archivo General de la Nación. • Diario Libre. • Hoy. • Acento. • Estudios sobre la Batalla de Santomé y la Guerra Restauradora.

José María Arguedas.

 


(Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969) Escritor y etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiración indigenista y uno de los más destacados narradores peruanos del siglo XX.


José María Arguedas

Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, que se desempeñaba como juez en diversos pueblos de la región, y Victoria Altamirano Navarro. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (la madre había muerto tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Al poco tiempo el padre fue cesado como juez por razones políticas y hubo de trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y el hijo de ésta, quienes le daban tratamiento de sirviente.

En 1921 se escapó con su hermano Arístides de la opresión del hermanastro. Se refugiaron en la hacienda Viseca, donde vivieron dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 los recogió su padre, quien los llevó en peregrinaje por diversos pueblos y ciudades de la sierra, para finalmente establecerse en Abancay.

Después de realizar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó en 1931 en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima para estudiar literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como auxiliar de la Administración Central de Correos de Lima, pero perdió el puesto al ser apresado por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española.

Tras permanecer alrededor de un año en la prisión El Sexto, fue nombrado profesor de castellano y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, cargo en que descubrió su vocación de etnólogo. En octubre de 1941 fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Patzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que en 1949 fue cesado por considerársele comunista.


En su oficina del Museo de la Cultura Peruana (1960)

En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore en el Ministerio de Educación, para posteriormente ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y el mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario), la cual dirigió durante diez años.

A este cargo sucedieron el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde los cuales editaría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones (1950-53), catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-68) y profesor en la Universidad Nacional Agraria de la Molina desde 1964 hasta su muerte, ocurrida a consecuencia de un balazo que se disparó en la sien y que ocasionaría su fallecimiento cuatro días después. Fue galardonado con el Premio Fomento a la Cultura en las áreas de Ciencias Sociales (1958) y Literatura (1959, 1962) y con el Premio Inca Garcilaso de la Vega (1968).

La obra de José María Arguedas

La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia y comprende, además de obras de ficción, diversos trabajos, ensayos y artículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, el folclore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La circunstancia especial de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieron comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con la que se identificó de una manera desgarradora.

Por otro lado, en Arguedas la labor del literato y la del etnólogo no están nunca totalmente disociadas, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era diestro en el manejo de las técnicas narrativas modernas, su literatura (basada especialmente en las descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos.

Arguedas vivió un conflicto profundo entre su amor a la cultura indígena, que deseaba se mantuviera en un estado "puro", y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Se puede decir que la añoranza a las formas tradicionales de la vida andina hizo que postulara un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo. Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cumbre del indigenismo: fue al mismo tiempo un continuador de la mejor narrativa indigenista (Alcides Arguedas, Jorge Icaza y su compatriota Ciro Alegría) y su más profundo renovador, como también lo fueron, aunque desde otros enfoques, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpenter o Juan Rulfo.

Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer término, que naciera en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con los estratos occidentalizados; en segundo lugar, que su madrastra lo obligara a permanecer entre los indios tras la muerte de su madre. De esa manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo sucedió con las costumbres y los valores éticos y culturales del poblador andino.

Esta precoz experiencia, vivida primero y simbolizada en su escritura por la oposición indios/señores, se vería más tarde reforzada con los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos no sólo distintos, sino además en contienda. De allí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida de éste.

Ya desde sus primeros relatos se advierte la problemática que terminaría por presidir toda su escritura: la vida, los azares y los sufrimientos de los indios en las haciendas y aldeas de la sierra del Perú. Allí también se presenta esa escisión esencial de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su obra narrativa. El espacio en que se desarrollan sus relatos es limitado, lo que permite a esta oposición social y cultural mostrarse en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. El derrotero de Arguedas ya está trazado; aunque en su fuero interno vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión sin atenuantes al universo de los indígenas, generando dos cauces de expresión que se convertirán en sendos rasgos de estilo: la representación épica y la introspección lírica.


José María Arguedas

Su primer libro reúne tres cuentos con el título de Agua (1935), que describen aspectos de la vida en una aldea de los Andes peruanos. En estos relatos se advierte el primer problema al que se tuvo que enfrentar en su narrativa, que es el de encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se pudieran expresar en idioma español sin que sonara falso. Ello se resolvería de manera adecuada con el empleo de un "lenguaje inventado": sobre una base léxica fundamentalmente española, injerta el ritmo sintáctico del quechua. En Agua los conflictos sociales y culturales del mundo andino se observan a través de los ojos de un niño. El mundo indígena aparece como depositario de valores de solidaridad y ternura, en oposición a la violencia del mundo de los blancos.

Yawar fiesta (1941) plantea un problema de desposesión de tierras que sufren los habitantes de una comunidad. Con esta obra el autor cambia algunas de las reglas de juego de la novela indigenista, al subrayar la dignidad del nativo que ha sabido preservar sus tradiciones a pesar del desprecio de los sectores de poder. Este aspecto triunfal es, de por sí, inusual dentro del canon indigenista, y da la posibilidad de entender el mundo andino como un cuerpo unitario, regido por sus propias leyes, enfrentado al modelo occidentalizado imperante en la costa del Perú.

En Los ríos profundos (1958), José María Arguedas propone la dimensión autobiográfica como clave interpretativa. En esta obra se nos muestra la formación de su protagonista, Ernesto (que recobra el nombre del niño protagonista de algunos de los relatos de Agua), a través de una serie de pruebas decisivas. Su encuentro con la ciudad de Cuzco, la vida en un colegio, su participación en la revuelta de las mujeres indígenas por la sal y el descubrimiento angustioso del sexo son algunas de las etapas a través de las cuales Ernesto define su visión del mundo. El mundo de los indios asume cada vez más connotaciones míticas, erigiéndose como un antídoto contra la brutalidad que tienen las relaciones humanas entre los blancos.


José María Arguedas

La novela siguiente, El Sexto, publicada en 1961, representa un paréntesis con respecto al ciclo andino. "El Sexto" es el nombre de la prisión de Lima donde el escritor fue encarcelado en 1937-1938 por la dictadura de Óscar Benavides. El infierno carcelario es también una metáfora de la violencia que domina toda la sociedad peruana.

Con Todas las sangres, de 1964, Arguedas reanudó, sobre bases más amplias, la representación del mundo andino. Del relato autobiográfico se pasa a un cuadro general que comprende las transformaciones económicas, sociales y culturales que suceden en la sierra peruana. A través de la historia de una familia de grandes latifundistas, el autor afronta las consecuencias del proceso de modernización que avanza sobre un mundo todavía feudal.

Todas las sangres es ciertamente un proyecto narrativo de largo aliento y mucho más ambicioso que los anteriores, pues pretende sopesar todos los modelos que se presentan como alternativos para construir y configurar la sociedad peruana. A ello obedece su estructura coral, en la cual se enfrentan el proyecto capitalista, el orden feudal y un boceto de capitalismo nacional. Pero el autor invalida cada uno de ellos, proponiendo como legítimo un modelo social comunitario que no desdeña, empero, la modernización. Todas las sangres eleva el problema indígena a problema nacional, e incluso le brinda un tinte universal, en la medida en que el conflicto expresado en la novela corresponde ya en ese momento al llamado Tercer Mundo.

La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, que se publicó póstuma en 1971, quedó inacabada por el suicidio del escritor. Los capítulos que consiguió escribir están ambientados en Chimbote, un puerto pesquero del norte que sufre un desarrollo impetuoso y caótico. El autor alterna la representación dramática de los costes humanos de este crecimiento, especialmente la pérdida de identidad cultural de los indios trasplantados a la ciudad, con apuntes de diario, de los cuales emerge la decisión, cada vez más inexorable, de suicidarse.

La imagen literaria de Arguedas se completa con sus Relatos completos, reunidos en 1975, y con importantes investigaciones antropológicas y folclóricas, además de su producción poética en lengua quechua.

Cómo citar este artículo:
Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de José María Arguedas» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arguedas.htm [página consultada el 28 de junio de 2026].

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