Espejismo de Luna Llena
Un espacio para compartir ideas, imágenes, propuestas, versos y la esperanza de un mundo mejor... Tel. 849 637 3922.
domingo, febrero 22, 2026
Fuera Yankee, go home, fuera Yankee.
Marcha 22 de febrero por la defensa de la soberanía y la patria, viva la necesaria unidad de la izquierda.
Tocamos fondo hace tiempo.
Tocamos fondo hace tiempo, desde que en el 1996 el PLD asumió el poder y entendió dos cosas:
primero: que había que destruir la educación
y segundo: que había que corromper a la sociedad, para.poder perpetuarse en el poder.
Eso se manifiesta en la terrible descomposicion social que vivimos hoy, que se traduce en la perdida de nuestra identidad como nación y el auge de la violencia y la delincuencia generalizada por todo el país .
La inseguridad, el irrespeto y las constantes agresiones de estudiantes a profesores es consecuencia de esa política aplicada por el partido de la Liberación Dominicana, asumida y aplicada por los gobiernos subsiguientes PRD/PRM.
Domingo Ant. Acevedo.
Feb/2026.
Escribió una de las novelas más brillantes del siglo XX
Se suic*dó sin verla impresa.
Once años después ganó el Pulitzer.
John Kennedy Toole escribió La conjura de los necios en 1962, cuando tenía 24 años. Pasó los siguientes años enviando el manuscrito a todas las editoriales que pudo. Una tras otra, todas lo rechazaron. Sin explicaciones de peso. Sin reconocer lo que tenían en las manos.
A los 31 años, sin haber conseguido publicarlo, se suic*dó. Y ahí podría haber terminado todo. Un escritor más que el sistema trituró en silencio. Un manuscrito más en un cajón.
Pero entonces entró su madre.Thelma Toole tomó el manuscrito de su hijo y siguió pateando puertas durante años. Hasta que logró que la Universidad Estatal de Luisiana lo editara. La conjura de los necios provocó un sismo en la crítica, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y se convirtió en libro de culto de muchas generaciones.
La madre de John Kennedy se hizo millonaria, aunque el dinero nunca pudo pagar su enorme pena.
Hay algo que esta historia revela sobre la industria editorial que nadie quiere decir en voz alta. Las editoriales no buscan los mejores libros. Buscan los libros más seguros. Los que encajan en lo que ya funcionó antes. Los que no incomodan demasiado. Los que tienen un autor con plataforma, con contactos, con cara conocida.
Al joven García Márquez, cuando envió su primer manuscrito a la Editorial Losada de Buenos Aires, el editor le respondió en carta que se dedicara a cualquier otro oficio diferente de la literatura.
Al mismo Rulfo, mientras escribía Pedro Páramo, sus propios compañeros de taller le decían que no tenía hilo conductor y que no iba a ninguna parte.
Los editores que rechazaron a Toole, a García Márquez y a Rulfo no eran malvados. Eran personas tomando decisiones de negocio con miedo a equivocarse.
El problema es que ese miedo tiene consecuencias reales. Un escritor de 31 años que no pudo aguantar más. Un cajón cerrado. Una madre que tuvo que pelear sola por la obra de su hijo muerto.
La próxima vez que una editorial rechace algo, recuerda que los editores ya rechazaron a Proust, a Joyce, a Kafka, a Rulfo y a Toole. Su criterio no es infalible. Nunca lo fue.
Fuente: ARTE, HISTORIA, FILOSOFÍA, CINE, LITERATURA Y OTROS MENESTERES
sábado, febrero 21, 2026
Apuntes sobre el libro de poesía, Anatomía de la sangre de Domingo Acevedo.
Prof. Sixto Gabin, escritor, poeta y ensayista de San Francisco de Macoris.
Apuntes sobre el libro de poesía, Anatomía de la sangre de Domimgo Ant. Acevedo/.
Anatomía de la sangre se presenta como un poema-evocación que entrelaza memoria personal, historia nacional y militancia revolucionaria. Su economía verbal es quirúrgica: versos breves, imágenes potentes y un tono que oscila entre la desesperación y la esperanza, entre el compromiso político y la intimidad familiar.
Este libro funciona como un archivo lírico de dolor y resistencia, donde la sangre —metonimia central— no es solo la vida física, sino el testimonio de una comunidad que ha sufrido y, a la vez, continúa soñando, que recorre un tejido temático: la violencia histórica, la memoria de mártires y luchadores, la experiencia de la diáspora y el exilio, y la consigna de reconstrucción colectiva. Esta arquitectura refuerza la idea de “anatomía” en doble sentido: anatomía del cuerpo social y anatomía de la memoria. Acevedo entreteje nombres de figuras históricas revolucionarias con víctimas contemporáneas del propio país y de la región. Este palimpsesto refuerza una identidad continental de la lucha y sitúa al lector en una genealogía compartida.
La insistencia en los motivos (la ciudad, el monte, la sangre, la luz, la alborada) crea un pulso musical que sostiene la lectura.
La forma de los títulos y subtítulos (“Espejo de agua”, “Noche póstuma”, “Profecía”) funcionan como consignas que preparan al lector para los clímax emocionales de cada sección.
El libro despliega imágenes multiplicadas (sirenas, centauros, ciénagas, barcos, águilas) que combinan lo político con lo poético.
Las imágenes violentas y sensoriales (sangre, ferocidad, guerras, muerte) conviven con escenas afectivas (madre, hijos, esposa) que humanizan la lucha. La sangre es la materia del testimonio y de la memoria. En cada poema, la sangre funciona como recordatorio de sacrificio, resistencia y vida compartida. Sin embargo, la sangre también puede interpretarse como lodo, herida y memoria que no se limpia; en este sentido, el poema advierte sobre la placidez de la reconciliación fácil y exige una verdad que no se curará sin dolor.
El yo lírico alterna entre una voz colectiva (el pueblo, la nación) y una voz singular (padre, madre, hermano). Esta alternancia intensifica la sensación de que lo personal es político y viceversa: la vida doméstica se convierte en escena de la memoria histórica y la historia, en un remedo de la casa.
El libro es un registro de pérdidas —desaparecidos, asesinados, exiliados— que se convierten en motor de identidad colectiva. La memoria no es pasiva: se convoca para sostener la lucha y para “hacer justicia” en el sentido ético y poético.
Los pasajes dedicados a líderes y combatientes insisten en la dignidad de la lucha popular frente a la opresión. El tono es reverente, a veces casi litúrgico, pero nunca dogmático.
Hay una clara desaprobación de dictaduras y agresiones imperiales. Los pasajes que mencionan Gaza, Palestina, Irak, Colombia, y Nanjing revelan una mirada internacionalista; la sangre, aquí, no respira solo por los nuestros sino por la sangre de todos los oprimidos.
La geografía del Caribe y de América Latina funciona como espejo de la memoria histórica y del deseo de justicia social. El paisaje se humaniza en la voz de quien lo habita y lo transforma en testimonio.
La obra no recurre a la hiperbolización gratuita; la emoción se construye a través de imágenes codificadas de dolor y de esperanza. El lector es conducido a un catarsis que se siente colectiva y, a la vez, profundamente humana.
La poesía se hace “praxis” (compromiso activo) cuando denuncia el abuso, recuerda a los mártires y convoca al lector a la acción moral. No hay consuelo fácil: la esperanza nace de la memoria de quienes dieron la vida por un ideal.
El libro es un llamado, desde el más profundo aliento poético, a la solidaridad y a la reflexión sobre la violencia histórica en América y el mundo.
Anatomía de la sangre es una obra que transforma la memoria dolorosa en una fuerza creativa y política. A través de una imaginería rica, un pulso rítmico constante y un marco memorialístico. Domingo Acevedo ofrece una poesía que no sólo describe la sangre derramada sino que la convierte en semilla de renovación y esperanza. Es una lectura que exige reflexión ética y social, y que, al hacerlo, revela la capacidad de la poesía para sostener la dignidad humana frente a la violencia histórica.
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