sábado, octubre 31, 2026

Tras las huellas de Miguel Hernández, con el Guadalquivir y el Segura como compañeros de viaje.

 JAÉN


Ruta por las dos patrias del poeta, Alicante y Jaén, por el 116º aniversario de su nacimiento

La casa museo de Miguel Hernández en Orihuela, donde vivió con su familia entre 1914 y 1934.
TEO MORENO MORENO ( ALAMY / CORDON PRESS )

Este viernes 30 de octubre se cumplen 116 años del nacimiento de Miguel Hernández, un poeta universal al que dejaron morir en la cárcel de Alicante al acabar la Guerra Civil cuando apenas tenía 31 años. La obra hernandiana tiene dos referentes geográficos: su cuna e infancia oriolanas y alicantinas, de un lado, y, de otro, la provincia de Jaén, adonde llegó destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. De allí era su esposa, Josefina Manresa, y aquí fue nombrado en 2024 Hijo Adoptivo de la provincia a título póstumo.

Estas dos patrias del poeta son el argumento de una ruta turística que tiene a los ríos Guadalquivir y Segura como compañeros de viaje. El Guadalquivir por nacer en el municipio de Quesada, donde se encuentra el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, y el Segura por ser el río que, desde su nacimiento en Pontones, en la jiennense sierra de Segura, mejor vertebra a los dos territorios hernandianos por excelencia.

La Senda del Poeta, o camino hernandiano, es una ruta que conecta los lugares que marcaron la vida y la obra de Miguel Hernández (1910-1942), un itinerario que arranca en Jaén, donde se encuentra actualmente el legado que conservó su mujer, y que sigue el curso del río Segura hasta llegar a su desembocadura, en Guardamar del Segura (Alicante). A través del sendero GR-125 el itinerario atraviesa varios pueblos levantinos por donde transcurrió la infancia y también los últimos años de vida de Miguel Hernández.

Iniciamos el viaje en Jaén, donde la Diputación adquirió en 2012 el legado personal del poeta, que está compuesto por 5.819 registros bibliográficos y 26.684 imágenes, entre los que se encuentran documentos personales, manuscritos y correspondencia, borradores de sus obras; recortes de prensa, libros, grabaciones sonoras; dibujos, grabados y carteles; y objetos representativos como su máquina de escribir, la maleta o la lechera en la que le pasaba a su esposa Josefina cartas y poemas desde la cárcel. Este legado está repartido entre el Instituto de Estudios Giennenses y el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa de Quesada.

El Instituto de Estudios Giennenses (IEG) es una de las tres patas de un triángulo monumental que forman el Antiguo Hospital de San Juan de Dios (donde se encuentra su sede), los Baños Árabes del Palacio de Villardompardo y la iglesia de Santa Catalina Mártir, junto al antiguo convento de Santo Domingo.

Santo Domingo es el resultado de un proceso constructivo prolongado entre finales del siglo XV y el último tercio del siglo XVI. Sobre algunos de los palacios islámicos previos se comenzó a levantar una iglesia tardogótica de la que aún perviven elementos como la capilla mayor y algunas bóvedas. Entre 1575 y 1582 continuaron las obras del templo y se siguió un nuevo proyecto manierista, configurando la nave, el coro y la portada actual.

La conexión del poeta alicantino con Jaén se inició cuando fue destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. Coincidiendo con el 84º aniversario de su muerte, la ciudad de Jaén estrenó una ruta literaria que recorre los lugares de su estancia en tierras jiennenses, desde la plaza de los Naranjos, bautizada también como plaza de Miguel Hernández, y que continúa por el refugio antiaéreo de la plaza de Santiago, donde se rememora el bombardeo de Jaén del 1 de abril de 1937 que se saldó con 159 muertos y decenas de heridos. Cuando el bombardeo de Jaén, Miguel Hernández se encontraba fuera cubriendo la batalla de Peñarroya o en la defensa de Medellín, pero Josefina Manresa sí que fue testigo directo.

El otro pilar clave fue su esposa, que era natural de Quesada, localidad que es la cuna del río Guadalquivir y donde desde el año 2015 hay un museo en memoria de los dos. Tras convertirse en la viuda de un poeta maldito, Josefina guardó celosamente los escritos de Miguel, como centinela de su memoria, para que nadie pudiera arrebatarle ese tesoro; documentos de su marido que durante años mantuvo escondidos en costales de los que se utilizaban para llenar el trigo. En el museo quesadeño, que comparte instalaciones con el dedicado al pintor Rafael Zabaleta, se hace un recorrido por la obra y la vida del poeta y su esposa, una historia de amor llena de pasiones y emociones. Como esta carta en la que ella relata sus primeros encuentros: “Me estuvo pretendiendo desde el año 1933 hasta el 27 de septiembre del 34. Pasaba varias veces por la puerta del taller de la calle Mayor, en Orihuela, donde yo trabajaba de modista. Miraba hacia dentro del taller y me di cuenta que me miraba a mí”.

Su estancia en Jaén fue la que inspiró otro de sus poemas más célebres, Aceituneros, que pone letra al himno de la provincia. La coral Encina Hermosa, de Castillo de Locubín, lo ha versionado ahora en clave feminista:

Andaluzas de Jaén

aceituneras comprometidas

decidme en el alma: ¿quién

recogió las olivas?

No las recogió la nada,

ni el dinero, ni el señor

sino la mujer arrastrada,

el cariño y el tesón

Conectada a la luna

y a la rociá de la mañana

las tres dieron la vida

a ese olivo y a sus ramas

Levántate aceitunera de plata

decimos al pie del viento

la aceitunera alzó su mano

poderosa de miramiento

Andaluzas de Jaén

aceituneras comprometidas

decidme en el alma: ¿quién

amamantó los olivos?

Nuestra sangre, nuestro cuerpo

no sólo la del hombre

que se llevó el mérito

de nuestro sufrimiento

Andaluzas, levantémonos

reclamemos nuestro lugar

Siguiendo la Senda del Poeta

Ya en la provincia de Alicante, y con el río Segura como compañero de viaje, nos adentramos en la llamada Senda del Poeta creada por varias instituciones levantinas en homenaje al escritor, natural de Orihuela. Este itinerario, que puede realizarse en cualquier época del año, se efectúa a pie durante tres días desde la Casa Museo de Miguel Hernández en Orihuela hasta su tumba en el cementerio de Alicante.

Esta ruta, que atraviesa el sendero de gran recorrido GR-125, está dividida en tres etapas. Arranca en Orihuela, ciudad donde nació Miguel Hernández el 30 de octubre de 1910. Orihuela marcó su infancia y juventud de forma decisiva, ya que aquí fue donde inició sus estudios escolares en el colegio Santo Domingo, ayudó a su padre en los trabajos de pastoreo, participó en las reuniones literarias de la tahona de los hermanos Fenoll, publicó sus primeros poemas y conoció a Josefina Manresa. A continuación, se pasa por Redován, donde nació su progenitor, por Callosa del Segura, se llega a Cox, donde Hernández y Manresa vivieron varios años; por Elche, donde murieron su mujer e hijo, y concluye en Alicante.

La primera etapa transcurre también por Granja de Rocamora y finaliza en Albatera, en cuyo término se encontraba el campo de concentración donde perecieron muchos compañeros de Hernández tras la Guerra Civil. Todo ello por caminos con numerosos huertos de naranjos y limoneros que ofrecen al caminante el penetrante olor del azahar, característico de la primavera en la vega baja del río Segura.

La segunda etapa del sendero, entre caminos donde predominan las palmeras, transcurre entre Albatera y Elche, adonde se trasladó Josefina Manresa con su hijo Manuel Miguel tras la muerte del poeta. En el Archivo Municipal de Elche se encuentran depositados un buen número de manuscritos del poeta y aquí también se encuentra la Universidad pública Miguel Hernández que, en 1998, nombró al poeta Doctor Honoris Causa a título póstumo.

Finalmente, la tercera y última etapa discurre entre Elche y Alicante, en cuya cárcel falleció el 28 de marzo de 1942. Aquí redactó sus últimos poemas de Cancionero y romancero de ausencias, y en las dependencias de la enfermería carcelaria contrajo matrimonio canónico con Josefina Manresa días antes de morir.

En el cementerio de Alicante, entre campos de almendros, reposan los restos del poeta en una tumba en donde también se encuentran enterrados su mujer y su hijo.

El País.

Las lecciones de la Gran Marcha son universales



Los descendientes de quienes entregaron sus vidas en las montañas, los ríos y los pantanos de la provincia de Sichuan hoy cosechan los frutos de la paz y el desarrollo


La provincia de Sichuan, ubicada en el suroeste de China, ha conquistado las redes sociales con su tradicional olla caliente, sus impresionantes paisajes y tiernos pandas gigantes. Más allá de sus atractivos, estos referentes culturales y turísticos también han servido como un puente para el intercambio entre los pueblos, especialmente en un mundo marcado por los conflictos y la incertidumbre.


Sin embargo, la provincia de Sichuan también ocupa un lugar destacado en la memoria histórica del gigante asiático. Sus colinas, ríos y montañas nevadas fueron testigos de algunos de los episodios más decisivos de la Gran Marcha, un acontecimiento que marcó profundamente el rumbo de China. Noventa años después, recorrer estos paisajes no solo permite descubrir su belleza natural, sino invita a mirar al pasado y reflexionar sobre las lecciones que aquella experiencia puede ofrecernos hoy.

En 1934, el Ejército Rojo emprendió una hazaña de dimensiones monumentales y que es conocida en los libros de historia como la Gran Marcha. Durante dos años, sus combatientes rompieron el cerco de las fuerzas enemigas en el sur de China y recorrieron más de 12.500 kilómetros a través de un territorio inmenso y hostil, impulsados por los ideales revolucionarios. Fueron 24 meses de sacrificios extremos, en los que avanzaron sin apenas recursos ni apoyo externo, cargando lo indispensable y encontrando, en muchos lugares, el respaldo solidario del pueblo.

Las colinas, ríos y montañas nevadas de la provincia de Sichuan fueron testigos de algunos de los episodios más decisivos de la Gran Marcha, un acontecimiento que marcó profundamente el rumbo de China

Hace poco tuve la oportunidad de recorrer algunas de las rutas del Ejército Rojo. No seguí el trayecto completo, pero sí visité escenarios claves de su paso por la provincia de Sichuan. Fue en esta región, durante su avance hacia el norte, donde los combatientes enfrentaron algunos de los tramos más difíciles de la travesía, atravesando montañas cubiertas de nieve y extensos pantanos, en un contexto marcado por la defensa del país frente a la invasión japonesa. Como extranjero, conocía los grandes hitos de aquella historia; no obstante, experimentar de cerca la geografía de la Gran Marcha me permitió comprenderla desde una perspectiva completamente distinta.

En el camino comprendí algo fundamental sobre la infinita capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad, una lección profundamente inspiradora para el Sur Global, especialmente en una época marcada por la intensificación de las guerras y las sanciones contra los países que deciden seguir un rumbo independiente. Una lección que cobra aún más relevancia en América Latina, una región que vuelve a ser tratada abiertamente como el "patio trasero" de Estados Unidos, en una reedición de la Doctrina Monroe que reafirma las pretensiones colonialistas de Washington.  

Ante este escenario, algunos reaccionan con resignación o se dejan dominar por el temor. La Gran Marcha, sin embargo, nos invita a afrontar la adversidad con determinación, a defender el derecho de nuestros pueblos, a decidir su propio destino y a comprender que, por difícil que parezca el camino, no hay cima inalcanzable.

Cerros de unidad 

Nuestro punto de partida fue la prefectura autónoma Yi de Liangshan, en el sur de la provincia de Sichuan. Allí fue donde el Ejército Rojo se enfrentó a uno de los desafíos más decisivos para el éxito de la Gran Marcha. 

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

En estas tierras habitan diversos grupos étnicos, entre los que destaca el pueblo yi. Al conversar con las autoridades de locales, estas recordaban que la llegada de un ejército desconocido despertó inicialmente desconfianza y temor, entre las comunidades yi. Durante años, habían sufrido la opresión de los caudillos militares de la región, quienes obligaban a sus jóvenes a sumarse a guerras ajenas, condenando a sus pueblos a la miseria o exponiéndolos a terribles masacres. 

En 1934, el Ejército Rojo emprendió una hazaña de dimensiones monumentales y que es conocida en los libros de historia como la Gran Marcha. Durante dos años, sus combatientes rompieron el cerco de las fuerzas enemigas en el sur de China y recorrieron más de 12.500 kilómetros a través de un territorio inmenso y hostil, impulsados por los ideales revolucionarios

El Ejército Rojo fue el primero en respetar sus costumbres y tratarlos con dignidad. Les explicó su proyecto político y les hizo comprender que su lucha aspiraba a la liberación de todo el pueblo chino, incluido sus 56 grupos étnicos. A través de sus acciones y palabras, logró ganarse la confianza y el aprecio de estas comunidades, que finalmente sellaron un pacto de alianza conforme a las costumbres locales y se sumaron en masa a las filas revolucionarias. Este episodio pasó a la historia como la Alianza de Yihai, un acuerdo que, además de estrechar los vínculos entre ambas partes, permitió al Ejército Rojo contar con guías locales y adquirir conocimientos indispensables para atravesar el difícil terreno montañoso de la región.

Construir un propósito común y alcanzar la prosperidad compartida no es cuestión de sermones ni de imposiciones, sino de liderar con el ejemplo y tratar a los aliados como iguales. Esta lección mantiene hoy toda su vigencia en un mundo que necesita fortalecer la cooperación y el multilateralismo frente al desgastado modelo unipolar, basado en la prepotencia y el amedrentamiento.

La hora de la verdad 

Avanzamos luego hacia el norte, en dirección al río Dadu, escenario de uno de los episodios más emblemáticos de toda la epopeya. Su cruce, poco conocido fuera de China, constituye un testimonio de la capacidad humana para superar obstáculos que parecen insalvables. Todo el esfuerzo dedicado a forjar alianzas y ganarse la confianza del pueblo resultó fundamental para que el Ejército Rojo pudiera resistir en uno de los momentos más críticos de su travesía, cuando parecía encontrarse contra las cuerdas.

Hay momentos en la vida en que todo parece ponerse en nuestra contra; momentos en que nos sentimos acorralados, sin una salida a la vista y con la adversidad cerrándose a nuestro alrededor. Para el Ejército Rojo, cruzar el Dadu y continuar su avance hacia el norte era una necesidad imperiosa. Sin embargo, las fuerzas enemigas lo mantenían cercado por todas partes.

A la dificultad se sumaba el peso de la historia. En ese mismo río había sucumbido parte de la Rebelión Taiping, uno de los mayores levantamientos campesinos del siglo XIX. Convencidas de que la historia estaba a punto de repetirse, las fuerzas nacionalistas presumían con arrogancia que el Ejército Rojo correría la misma suerte y acabaría derrotado.

Esta lección mantiene hoy toda su vigencia en un mundo que necesita fortalecer la cooperación y el multilateralismo frente al desgastado modelo unipolar, basado en la prepotencia y el amedrentamiento

En lugar de rendirse, los líderes revolucionarios analizaron la situación con frialdad y emplearon tácticas militares para desorientar al enemigo y abrir una brecha que permitiera a una avanzada cruzar el precario puente colgante, suspendido sobre cadenas de hierro. Las célebres pinturas de aquella gesta inmortalizan a los soldados avanzando sobre los eslabones, bajo el fuego enemigo. Cuando todo parecía perdido, redoblaron sus esfuerzos, vencieron la resistencia y lograron tomar el puente de Luding.

Cuando la situación se torna crítica, ¿estamos preparados para actuar? El Ejército Rojo demostró rotundamente que sí. Por poderosa que parezca una fuerza y por acorralado que uno llegue a sentirse, siempre hay una salida. ¿Qué nos enseña este episodio sobre cómo afrontar las acciones de quienes hoy recurren a la presión y la intimidación para imponer su voluntad? ¿Y qué nos dice sobre los momentos difíciles que cada uno de nosotros debe enfrentar en su propia vida? A mi juicio, la lección es clara. La determinación marca la diferencia a la hora de superar la adversidad.

La historia de nuestra América, con sus luchas por la soberanía, ha sido un vaivén interminable de victorias, derrotas, masacres y renacimientos. Pero el futuro no pertenece a quienes pierden los estribos tras verse acorralados. Pertenece a quienes, incluso en las circunstancias más adversas, conservan la lucidez para evaluar la situación, la voluntad de resistir y la capacidad de trazar una estrategia para alcanzar sus objetivos. Comprendí la verdadera dimensión de esta enseñanza precisamente allí, de pie sobre las cadenas del puente de Luding, donde la geografía y la historia convergen para recordar que, incluso cuando todo parece perdido, todavía es posible encontrar un camino. 

Conquistando el cerro Jiajin 

El último tramo de nuestro viaje nos llevó a las tierras altas de la provincia de Sichuan, el terreno más exigente y desgastante de todo el recorrido. Nos adentramos en el distrito de Baoxing, donde se erige el imponente cerro Jiajin con sus bellas cumbres nevadas. Posteriormente, atravesamos el altiplano de Hongyuan y Zoige, todos situados a más de 3.600 metros de altura sobre el nivel del mar: la altitud exacta de mí querida ciudad de La Paz.

Tras marchar desde el sudeste hacia el sudoeste bajo el hostigamiento constante y brutal del enemigo, y sin los recursos ni el equipamiento propios de un ejército regular, el Ejército Rojo solo tenía una opción para sostener su avance: internarse en territorios inhóspitos, allí donde la presencia del Estado no llegaba, con la firme determinación de alcanzar el norte para hacer frente a la invasión japonesa.

Fue entonces cuando realizaron lo imposible, abrieron camino a través de parajes prácticamente intransitables. El costo humano fue desgarrador, muchos murieron congelados en el altiplano; otros, tras sobrevivir al frío extremo de las montañas, acabaron tragados por el barro de las ciénagas. Las provisiones eran insuficientes y hubo soldados que, azotados por el hambre, llegaron a hervir y masticar sus propios cinturones de cuero para sobrevivir. Los relatos de aquella travesía también evocan a quienes murieron en los pantanos con hierba en la boca, intentando mitigar el hambre hasta el último aliento.

Parecía imposible, pero lo hicieron realidad. El Ejército Rojo logró abrirse paso hasta la provincia de Gansu y, posteriormente, consolidar su presencia en la provincia de Shaanxi. Allí, las distintas unidades militares fueron convergiendo y sentaron las bases para la victoria final.

Conclusión 

Todos hemos escuchado relatos de sacrificio y heroísmo, y podemos comprender su significado en abstracto. Sin embargo, recorrer estos escenarios y experimentar de cerca la geografía que marcó aquella epopeya me dejó una convicción mucho más profunda: los pueblos pueden vencer. Cuando se organizan, permanecen unidos y perseveran frente a la adversidad, son capaces de superar obstáculos que parecían insalvables.

Nada estaba escrito en piedra ni respondía a un destino inevitable. A cada paso, aquellos hombres y mujeres se jugaban la vida, sin garantías de victoria y enfrentándose a circunstancias extremas. El triunfo de 1949 fue el resultado de un largo proceso, marcado por innumerables sacrificios, una voluntad colectiva inquebrantable y la convicción de que el futuro no está predeterminado.

Los descendientes de quienes entregaron sus vidas en las montañas, los ríos y los pantanos de la provincia de Sichuan hoy cosechan los frutos de la paz y el desarrollo. Si sus valientes antepasados fueron capaces de superar lo que parecía imposible, ¿cómo no encontrar en su legado la inspiración y la fuerza para seguir marchando?

Diario Red.

viernes, octubre 30, 2026

Las pandillas haitianas enfrentan barreras para huir del país.




Las pandillas haitianas enfrentan barreras para huir del país y coalición de “Barbecue” muestra fracturas, según boletín informativo

Un documento sobre la situación de Haití advierte que las bandas no tendrían opciones reales de establecerse en Cuba u otras islas del Caribe, mientras la ONU documenta divisiones internas en la coalición Viv Ansanm.
Un boletín informativo difundido sobre la situación de Haití sostiene que las principales pandillas del país enfrentan serias dificultades para huir hacia Cuba u otras islas del Caribe debido a controles militares, barreras geográficas y políticas de seguridad regional. El documento también advierte sobre la circulación de noticias falsas en El Salvador que presentan videos de conflictos en África o de operativos en favelas de Brasil como si fueran combates de pandillas haitianas contra el ejército salvadoreño.
Según el texto, las pandillas haitianas no podrían establecerse libremente en Cuba porque la isla mantiene un control militar y de inteligencia estricto sobre sus fronteras marítimas. Si una embarcación lograra cruzar el Paso de los Vientos —unos 390 kilómetros—, sería interceptada por las Tropas Guardafronteras y sus ocupantes arrestados y deportados, señala. Respecto a República Dominicana, indica que el gobierno mantiene un fuerte despliegue militar, vigilancia tecnológica y un muro fronterizo, con controles y deportaciones constantes. Hacia Bahamas, Jamaica o Turcas y Caicos, los flujos marítimos ilegales estarían compuestos casi totalmente por civiles y refugiados, y las fuerzas de defensa patrullan activamente en colaboración con la Guardia Costera de Estados Unidos.
El boletín identifica a seis pandillas como las más “poderosas” de Haití: Viv Ansanm, 400 Mawozo, Kraze Baryè, Gran Grif, 5 Segond y Grand Ravine. Precisa que Jimmy Chérizier, alias “Barbecue”, es uno de los principales portavoces de Viv Ansanm, pero no el líder único de toda la coalición. Los otros nombres mencionados son Wilson Joseph (“Lanmò San Jou”), Vitelhomme Innocent, Luckson Elan, Johnson André (“Izo”) y Renel Destina (“Ti Lapli”).
Sobre “Barbecue”, el documento señala que es ex policía, creó la federación G9 y se convirtió en una de las figuras visibles de Viv Ansanm. Añade que Estados Unidos lo sancionó y que en agosto de 2025 anunció una acusación penal relacionada con presuntas operaciones para financiar actividades criminales. Sin embargo, aclara que su poder tiene límites: un informe de expertos de la ONU publicado en septiembre de 2026 documentó fracturas internas en Viv Ansanm y enfrentamientos por territorios e ingresos.
El texto concluye recomendando seguir la información de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de medios de comunicación de República Dominicana para entender la situación de Haití, y advierte que la mayoría de las noticias sobre supuestos combates entre pandillas haitianas y el ejército de El Salvador son falsas.

Dashrath Manjhi.




Durante 22 años, los habitantes de una aldea de la India escucharon los golpes de un martillo contra una montaña. El hombre que los producía era un jornalero sin estudios de ingeniería ni maquinaria. Trabajaba con un cincel, retirando pequeños fragmentos de roca mientras sus vecinos se preguntaban si había perdido la razón.


Se llamaba Dashrath Manjhi y estaba intentando abrir un camino por el lugar donde su esposa había sufrido un accidente que cambió su vida.


Vivía en Gehlaur, una pequeña aldea del estado de Bihar, rodeada de colinas rocosas. Para llegar a determinadas poblaciones, mercados y servicios médicos, los habitantes debían dar enormes rodeos o arriesgarse a cruzar las laderas por senderos peligrosos.


En 1959, su esposa, Falguni Devi, sufrió una caída mientras atravesaba aquellas rocas.


Manjhi contó años después que ella había resultado herida cuando intentaba llevarle comida al lugar donde trabajaba. La falta de un acceso rápido a la atención médica era uno de los problemas más graves de la aldea.


Falguni murió aquel año. Según relató su esposo, cuando enfermó no pudieron trasladarla a tiempo hasta un hospital.


Su muerte lo llevó a tomar una decisión que parecía imposible.


En 1960 consiguió un martillo y un cincel y comenzó a golpear la montaña.


La idea era abrir una vía directa entre las poblaciones que aquella barrera natural mantenía separadas.


Al principio, los vecinos se burlaban de él. Un hombre solo, sin recursos económicos y armado únicamente con herramientas manuales, pretendía atravesar una enorme formación rocosa.


Manjhi continuó trabajando.


Durante el día debía ganarse la vida como jornalero. En las horas que le quedaban regresaba a la montaña para golpear, desprender piedras y retirar escombros.


Había jornadas en las que el avance apenas resultaba visible.


Pasaron los meses. Después, los años.


Mientras otros caminos seguían siendo difíciles de recorrer, en aquella ladera comenzó a formarse una abertura.


Algunos habitantes, que inicialmente habían considerado absurda su decisión, terminaron ayudándolo con alimentos y dinero para comprar herramientas.


Manjhi siguió excavando.


Finalmente, en 1982, completó el trabajo que había comenzado 22 años antes.


Había abierto un paso de aproximadamente 110 metros de longitud, nueve metros de anchura y casi ocho metros de profundidad en algunos puntos.


El nuevo camino redujo de unos 55 a 15 kilómetros el recorrido entre las zonas de Atri y Wazirganj.


Las personas que antes debían rodear la montaña encontraron una conexión mucho más corta para llegar a los mercados, las escuelas y los servicios médicos.


Con el tiempo, la prensa india comenzó a llamarlo «el hombre de la montaña».


Su trabajo también atrajo la atención de las autoridades.


En 2006, cuando Manjhi se presentó ante el jefe del Gobierno de Bihar, Nitish Kumar, este le cedió su silla frente a los periodistas y lo invitó a explicar personalmente su historia.


Pero el jornalero todavía tenía peticiones pendientes.


Quería que su camino fuera mejorado para permitir el paso de vehículos y que se construyera un hospital cerca de la aldea.


En agosto de 2007, mientras recibía tratamiento por un cáncer, habló nuevamente de aquellos proyectos. Esperaba recuperarse para poder verlos terminados.


Murió el 17 de agosto de ese año, a los 73 años.


Su esposa nunca llegó a recorrer el camino que él abrió después de perderla.


Pero durante las décadas siguientes, miles de habitantes de aquella región pudieron atravesar la montaña por el lugar donde Dashrath Manjhi había trabajado durante 22 años.

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