Espejismo de Luna Llena
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jueves, abril 23, 2026
Abril, eternamente abril.
Análisis de la IA en lo Ineditamente Efímero del capitulo cuarto de Apologia del tiempo.
Foto tomada de la red.
Este cuarto capítulo de Apología del tiempo, titulado "Recuerdos memorables", funciona como el núcleo emocional y biográfico de la obra. Si en capítulos anteriores la voz de Domingo Acevedo se proyectaba hacia lo universal y lo histórico, aquí se repliega hacia la memoria íntima, el territorio de la infancia y la genealogía del dolor y la esperanza.
A continuación, un análisis detallado de los ejes temáticos y estilísticos que definen esta sección:
1. La Mitología de la Infancia y la "Fragua del Hambre"
El autor no recuerda su niñez como una época idílica de cristal, sino como un proceso de endurecimiento y crecimiento forjado en la carencia.
La estética de la pobreza: En poemas como "Retrato" y "Recuerdos memorables", la descripción es cruda: la "carita sucia", la "barriga grande llena de lombrices". Sin embargo, esta precariedad no se presenta como una derrota, sino como la materia prima del ser humano que es hoy ("esculpido en clorofila y barro").
La figura de la Abuela (Mamá Tita): Ella es la deidad tutelar. Representa la transición de la carencia a la fecundidad. Es quien, a pesar de ser "analfabeta", posee la sabiduría de la tierra para enseñar que del hambre también puede nacer la poesía y la ternura.
2. El Paisaje Familiar: Retratos del Desarraigo
Acevedo utiliza a sus figuras familiares para personificar la tristeza histórica del pueblo dominicano y caribeño:
Tía Aurora y Tía Agustina: Ambas representan la espera y la pérdida. Aurora, con su "cachimbo de barro", encarna el silencio del que se va yendo en vida hacia el olvido. Agustina, mirando hacia el sur (el Caribe), simboliza la conexión con lo infinito y lo inalcanzable, una mirada "petrificada en ámbar".
El Mar como Espejismo: Es fascinante el poema "El mar", donde explica que para los antepasados el océano era una "leyenda" o una "referencia absurda". Esto subraya el aislamiento del campesino o del habitante del interior, para quien la inmensidad azul era una fantasía, a pesar de vivir en una isla.
3. Identidad Afro-Dominicana y Resistencia
El capítulo conecta la memoria personal con la memoria histórica de la libertad:
Sebastián Lemba: Al invocar al líder rebelde, el autor dignifica la herencia negra y el cimarronaje. El repique de las tamboras en los "manieles" (asentamientos de esclavos libertos) no es solo un recuerdo, es un presente latente de orgullo y ruptura de cadenas.
Pájaros de Marfil: La imagen del batey y la zafra introduce la realidad del trabajador cañero, mezclando la sensualidad de la danza con la melancolía de la explotación.
4. Compromiso Político y "Héroes de los Nadie"
El autor dedica poemas a figuras de la lucha social dominicana, elevando lo cotidiano a lo heroico:
Abril (1965): La Revolución de Abril se presenta como el momento en que "el valor encarnó en los hombres y mujeres comunes". Es la lucha de "los nadie" contra el invasor, transformando la sangre en "libertad".
Terca Josefina (Josefina Clark): Un homenaje a la mujer combatiente, enfermera y obrera. La palabra "terca" se convierte aquí en un elogio de la persistencia ideológica y humana.
Joaquín (Joaquín Aracena): La muerte del camarada no se ve como un fin, sino como una "utopía" que sobrevive en la "revolucionaria tozudez" de seguir construyendo patria.
5. La Figura del Poeta ante la Modernidad
El poema final, "Poeta", es un manifiesto existencial. Acevedo establece un contraste violento entre:
El Poeta: Un ser de "edad prehistórica" que guarda sueños, mariposas y silencio.
El Hombre Moderno: Descrito como "excremento de un desarrollo que apesta a muerte", un esclavo de las máquinas, una cifra estadística viciada por el odio y la prisa.
El consejo final del capítulo es la resistencia a través de la ternura. A pesar de que el mundo moderno agoniza en su propia deshumanización, el poeta debe caminar hacia la "aurora" para que la esperanza germine.
Síntesis Simbólica
Este capítulo es una anatomía de la identidad. Domingo Acevedo logra amalgamar sus recuerdos personales (el moco en la nariz, el humo del cachimbo de la tía) con los hitos colectivos (Lemba, la Revolución de Abril).
Símbolos predominantes:
La Luciérnaga: La luz pequeña que resiste en la oscuridad de la noche histórica.
La Tambora: El latido de la vida y el anuncio de la libertad.
La Clorofila y el Barro: La unión indisoluble entre el hombre y su naturaleza.
En conclusión, el Capítulo IV no es solo una mirada al pasado, sino una explicación de por qué el autor escribe: escribe para que "la vida renazca en el tibio destello de las luciérnagas" y para que el olvido no gane la batalla.
Capítulo
IV
Recuerdos memorables
Los primeros días de mayo
Antiguos rinocerontes
se pasean orondos
por las praderas fabulosas
del olvido
se alejan de la primavera
ya no volverán a abrevar
bajo las estrellas
se van perdiendo
por los caminos polvorientos
del verano
hacia la inmensa soledad del tiempo
donde agonizan
tirados sobre las cenizas de su origen
segados por las manos
imperiosas del odio
un odio que espanta
a las luciérnagas petrificadas
en el silencio súbito
de las mañanas vegetales
de los primeros días de mayo
La ciudad a esta hora parece abandonada
Bajo los escombros de la noche
a esta hora la ciudad
parece abandonada
sólo algunos autos veloces
se pierden en la oscuridad
antiguas prostitutas
solitarias y sombrías
naufragan bajo las luces últimas
del amanecer
sus cadáveres angustiados
flotan sobre los altos edificios
espejismo de un mundo absurdo
en el que habito
Más allá
Más allá de un sonoro horizonte
de luciérnagas
las tamboras anuncian la alborada
Pájaros de marfil
Tiene la mirada larga y hueca
sumergida en una gota
amarga de rocío
en su pecho una tambora
anuncia la vida
y entre sus labios
prisioneros pájaros de marfil
sonoros y fugaces
muerden el horizonte
en su cabellera llena de alambres
una corona hecha de retazos
de melancolía y sueños
por el camino no se sabe
si viene o se va
siempre alegre en el batey
después de la zafra
bajo las estrellas
en una danza milenaria y sensual
rompe sus cadenas
Navidad
Navidad
sangre de distancia
muerta
sueños de luces
fantasía de colores
ruidos
y risas
y aquí
en nuestra mesa
tú
y
yo
simplemente
compartimos
la desnudez
del hambre
Desnudo y triste
Retrato
Sale de mi voz
descalzo
con el paso cansado
el cabello ensortijado
la mirada triste
la carita sucia
la nariz llena de moco
la barriga grande
llena de lombrices
endeble
solitario
y desnudo
un niño
Recuerdos memorables
Estoy lleno de recuerdos memorables de mi infancia
de nombre de personas que forman parte del imaginario
donde se forjó mi vida en la fragua del hambre
sin ellos no hubiese podido crecer tanto
hasta llegar a ser
el ser humano que soy
esculpido en clorofila y barro
por las manos analfabetas y tiernas
de la abuela Mamá tita
que nos cobijó a todos
bajo la sombra del amor y la ternura
y puso entre mis manos
la fecundidad
Para que la lluvia
con sus hilos de plata teja de mariposas y flores la tierra
para que en mi voz resplandezca por siempre
en el canto alegre de los pájaros del bosque
para que el cielo entre mis ojos
todas las noches se llena de lunas y estrellas
para que iluminen de colores y fantasía
los sueños en los que habito
desde mucho antes
de haber sido una gota de semen en el tiempo
óvulo cristalino fecundado en la noche
cósmica del olvido
La tía Aurora
La tía Aurora
con su cachimbo de barro
entre sus labios
sentada en medio de la tarde
mirando el camino
que se pierde en el olvido
por donde ella
hace tiempo en silencio empezó a irse
dejando sus huellas de sudor
y sangre
en nuestra memoria
que guarda intacta toda la tristeza
del desarraigo
la inmensa soledad de la distancia
y el olvido
el dolor de todo lo que hemos perdido
la tierra
los sueños
y también la vida
y aunque a ratos
intentamos juntar los pedazos
de nuestras ilusiones rotas
ella sabe que se nos hizo tarde
para volver al lugar
de donde nunca quisimos partir
Sebastián Lemba
Ven aquí negra mía
y deja que la luna
de seda y ternura
te vista la piel
vamos
que en los manieles
repican las tamboras
anuncian que Sebastián Lemba
las cadenas rompió
y los negros en América
libres ya son
Pájaros de otoño
Pájaros de otoño arrastran en su vuelo
los residuos de un sol
que se crispa en la distancia y se aleja
dejando en las manos vegetales del viento
el resplandor mineral de la noche
La tía Agustina
La tía Agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando hacia el sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de su imaginación
salpicando sus ojos de nubes fugaces
y remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte
Una flor en el pecho
Hijo
ven a los brazos de tu padre
que hoy está solo
no huyas
ven abrígalo
pon una flor en su pecho
haz florecer en su mejilla
el candor de la aurora
cobíjalo bajo la sombra
del árbol del amor
protégelo del frío
y la soledad
hoy que viejo y cansado
tendido sobre un lecho
de hojas amarillas agoniza
A Randor mi hijo
El mar
Del mar lejano e inalcanzable
sólo tuvimos referencias absurdas
que según la leyenda dejaron a los abuelos hace siglos
extraños viajeros azules como el color líquido del mar
que pasaron presurosos por nuestras tierras
huyendo nunca supimos de quien ni de que
dejando todo el camino un rastro indefinido y húmedo
que salpicaba de rocío las mañanitas amarillas del otoño
cuyo encanto de luna nueva
todavía nos endulza el alma de una rara sensación
que nunca pesar del tiempo hemos podido explicarnos
aun cuando todavía sentimos la necesidad
de hablar con alguien de ella
de buscar evidencias
de querer compartir ese raro sentimiento con los demás
de seguir el rastro que dejaron esos viajeros en nuestros corazones
que marca la ruta más lejana hacia la fantasía
donde ellos no son más que un espejismo
que tuvieron los abuelos
que se murieron anhelando ver el mar
sin saber que lo tenían tan cerca
que si querían con el alma lo podían tocar
Abril
Abril
Glorificado el pueblo en su heroísmo
el valor encarnó en los hombres y las mujeres
comunes de la patria
que regaron con su sangre a la primavera
para que esta floreciera libertad
la patria invadida
se acurrucaba en el pecho tibio de los nadie
en el pecho de los hombres y las mujeres
que atrincherados detrás de la aurora
disparaban ráfagas de luz contra el invasor
que no tuvo tiempo para entender
como un pueblo
en la brevedad de la ciudad amurallada
desde las precarias trincheras del honor
alcanzó la inmarcesible estatura
del honor y la gloria
Terca Josefina
Terca Josefina
en tus afanes
en tus ideales tejidos a golpe de dolor y ternur,
terca en tu amor proletario por la humanidad
terca en tu inclaudicable postura ante las injusticias
terca en tu lento y seguro caminar a través de la patria herida
heroína anónima de todos los días
enfermera
boticaria
obrera
mujer
combatiente que no aprendió a rendirse,
mujer que renace victoriosa todos los días del olvido
en mi voz
estandarte de luz,
árbol,
hoja
flor
raíz
semilla
eres bosque
río
montaña
brisa
horizonte
eres vida
que la muerte no puede segar
Poema dedicado a Josefina Clarck
Una corona de sangre
hay una
en la frente de la muchedumbre herida
por tu partida
lágrimas coaguladas
en el dolor pertinaz de tu ausencia
camarada
y aunque te has ido para siempre
aquí vives en nosotros
habitas en nuestras palabras
en nuestras cotidianidades
en nuestros afanes
en esta
de querer torcer el rumbo de las cosas
Para construir a fuerza de amor y ternura
una patria
en donde la vida renazca
en el tibio destello de las luciérnagas
en el canto de los gallos cada mañana
en el matutino aletear de las mariposas
en un estallido de luces
y colores
eual primavera que dibuje
tu rostro en el claro amanecer
de la
Poema dedicado a Joaquín Aracena.
Poeta
Nadie entiende tu soledad
poeta
esa soledad que pregona tu silencio
cuando caminas despacio por las calles
dejando huellas inconclusas y fatigadas en tu alma
esa soledad que destila tu mirada
cuando el viento en tu interior abre puertas
por donde se escapan los hombres
proscritos del tiempo
viejos violinistas encantados
que con su sonido de flautas
llenan tu sangre de prostitutas
y mendigos
de molinos de vientos
y quijotes
de alondras
y luciérnagas remotas
que viajan en tu mente
hacia un secreto universo de bitácoras
donde es un espejismo
tu soledad
un espacio vacío
un abismo cósmico
de fosforescentes longitudes verticales
que ahondan la angustia de las estatuas colosales
que impávidas miran al cielo
con un silencio de salitre y olvido en sus labios
petrificados por el tiempo
ellas lloran
poeta
inadvertidas suplican y sus lágrimas de rocío
sobre la hierba reseca
cada mañana guardan prisioneras las estrellas australes
nadie sabe de dónde vinieron
pero están ahí
mudo testimonio de una civilización de cíclopes
que se marcharon dejándolas como evidencias
y aunque posiblemente no volverán
ellas aún esperan la llegada de los secretos visitantes del cielo
es en esa rígida actitud de melancolía
que ellas se parecen a ti
poeta
a ti que tienes una herida
por donde cada tarde se cuelan pájaros
y mariposas
a llenar de alas y flores tu mirada
que vuela tranquila hasta alcanzar la frontera
más lejana del universo
ellas
poeta
se parecen a ti
que tienes una edad prehistórica
que guarda relojes minerales
que esconden sueños de arena
que hablan de una historia diluida en un tiempo
que tiene dedos amargos que se aferran con dolor
al delirio de los arácnidos que tejen pausadamente
sus telarañas lumínicas donde atrapan los insectos
que pueblan el pensamiento putrefacto
del hombre moderno
que no vive
que agoniza
enloquecido por el espanto cotidiano de la muerte
intoxicado por el humo
abrumado por la prisa
y en su delirio sólo vive para el odio y la guerra
vociferando que la paz es sólo un sueño
de guitarras y palomas
una canción que los niños olvidaron antes de nacer
un discurso hueco
una palabra fría
nada
y olvida que él como tal
es simplemente excremento
de un desarrollo que apesta a muerte
un esclavo de las máquinas
una cifra estadística
un número
que se maneja sin ningún valor humano
con desprecio
sin ninguna identidad
ese es el hombre moderno
viciado
prostituido
deshumanizado
el que agoniza acorralado por la prisa
en que el tiempo desvanece los sueños
y diluye la esperanza entre espejos rotos
el que no admite que al final del siglo XX
tu puedas soñar con la paz
y vestirte de ternura y solidaridad
para construir con las palabras el amor
para que la alegría perdure más allá de la profecía
para que la primavera estremecida
por un vuelo horizontal de golondrinas
sea eterna bajo este cielo infinitamente breve
y si al final del poema él persiste y se obstina
en su actitud oscura hacia la vida arrojando
al hombre común al vacío
donde la muchedumbre amotinada
es triturada por la incertidumbre de un futuro incierto
míralo despacio y con desprecio
y en silencio guarda tu soledad en un bolsillo
y luego sigue tu camino sin prisa hacia la aurora
para que cuando amanezca tu tristeza sólo sea
un pájaro que se escapa de tus ojos hacia el olvido
y para que entre tus manos repletas de sueños
germine la vida
y se multiplique la esperanza
Domingo Acevedo.
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