Guadi Calvo.
El grupo yemení Ansar Allah (Partidarios de Dios), mejor conocido mediáticamente como houthies, con una extensa trayectoria surcada de monumentales victorias, como por ejemplo la guerra civil de su país, o en la guerra que iniciaron Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en 2015, junto a un importante número de países musulmanes como Marruecos, Pakistán, Sudán y Egipto, en la que además participaron pilotos del régimen sionista y agentes de inteligencia norteamericanos, franceses y británicos. Semejante entente no logró en cinco años de guerra horadar su resistencia, por lo que sauditas y emiratíes, tras sufrir importantes bajas y daños como los producidos contra la principal instalación petrolera de la Saudi Aramco. Por lo que se vieron obligados a desactivar ese frente y dejar la guerra en manos del tiempo, que en ese caso no ha curado nada. Ver: Yemen, la guerra que perdió Occidente.
A partir de la profundización del genocidio que los judíos perpetran en Palestina desde hace casi ochenta años, el mando houthi dispuso en noviembre del 2023 la prohibición del tránsito por el mar Rojo de cualquier tipo de embarcación que de alguna manera tuviera intereses comunes con los de la ocupación sionista. Aquello provocó interminables rondas de ataques contra territorio yemení por parte de la aviación sionista, junto a la norteamericana y la británica. La que finalmente se terminaron estrellando sin suerte contra la invicta convicción houthi. Mar Rojo, navegación con mal tiempo.
A partir de la guerra en que Netanyahu embarcó a Trump contra la República Islámica de Irán, con el consiguiente cierre de Ormuz y todo lo que ello conlleva para el comercio mundial de combustibles, el mundo volvió a poner la mirada sobre la decisión que podrían tomar los hutíes respecto al cierre del Bab al-Mandab, el estrecho que vincula el golfo de Adén con el mar Rojo y por donde pasa entre el 25 y el 40 por ciento del comercio mundial. Para contener esto, Riad anunció la creación de una de diez naciones para proteger el transporte marítimo de los misiles houthies en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb. Mientras que la resistencia yemení que controla Saná y gran parte de la costa sobre el mar Rojo, el mes pasado dispuso el bloqueo naval contra Bab al-Mandeb y áreas circundantes, lo que (mar Rojo y el golfo de Adén).
Es en este contexto en el que hay que leer el novísimo acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca que acaban de firmar Arabia Saudí, Pakistán y Turquía (miembro de la OTAN), los tres de los estados más influyentes del mundo musulmán sunita, bajo el pretexto de la defensa mutua y la lucha contra el terrorismo.
No es casual que esto haya sucedido mientras una nueva fase de la guerra sionista-norteamericana contra Irán se estaba desarrollando, y que los houthies una vez más vuelvan a ajustar a Riad con su potente capacidad misilística.
El grupo de resistencia yemenita, una vez más, ha contestado con efectividad a las provocaciones sauditas del último mes, por lo que se espera que el tratado de la Meca se ponga en funcionamiento de inmediato contra Yemen y, de alguna manera, también contra Irán.
El pasado jueves seis, los ataques hutíes mataron a unos menos de 60 mercenarios que responden al sector yemenita subordinado a Riad, además de haber atacado posiciones del reino en el sur de ese país.
El acuerdo de La Meca estipula que “un ataque contra un país miembro será considerado un ataque contra todos”, sin especificar si ese compromiso está atado a alguna otra condición, más allá de que claramente fue impulsado por el temor de los tres firmantes a la escalada que podría tener el conflicto entre Teherán y el eje Washington-Tel Aviv, aunque en verdad había que verlo como una continuación de este eje.
Más allá de las declaraciones del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, acerca de que la alianza estaba abierta a otros países, en la que sí, posiblemente limando algunas asperezas, podrían involucrarse los Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y alguna de las maltrechas monarquías del Golfo que estuvieran sujetas a la puntería de los Fateh, Zolfaghar y Dezful, que vulneraron a su antojo los costosos sistemas de defensa norteamericanos. Es por esto mismo que muchos analistas coinciden en que esa alianza urgente está íntimamente ligada al estruendoso fracaso de las defensas judío-norteamericanas. Intentando crear un nuevo y efectivo paraguas de seguridad.
Es difícil que, como dicen algunos, esto signifique la intención de crear una arquitectura defensiva propia independiente de la asistencia norteamericana. Ya que ni Riad, y mucho menos Islamabad, pueden tener una política independiente y, si se quiere, hasta rebelde a los intereses norteamericanos. Ya que tanto el gobierno de los Saud como el del primer ministro Shehbaz Sharif, más allá de la imagen setentista, nunca han dejado de ser “títeres”, en el caso de Pakistán, a excepción del brevísimo intermedio del primer ministro Imran Khan (2018-2022), osadía que ha pagado con su vida, encerrado en una prisión del régimen de Sharif.
El eje de la resistencia.
Algunas informaciones mencionan que la inteligencia saudita habría detectado la posibilidad de ataques contra intereses del reino, por parte de milicias iraquíes proiraníes. Lo que posiblemente desbarataría las intenciones de Riad de atacar posiciones hutíes con una importante ofensiva militar por mar y también posiblemente con un avance terrestre por la región central de Yemen. Recordemos que la frontera sur de Arabia Saudita se extiende por cerca de 1300 kilómetros desde el mar Rojo hasta la frontera con Omán, lindando con la parte más montañosa de Yemen, lo que impidió que en la guerra de 2015-2020 pudiera ejecutar grandes maniobras.
Por otra parte, el colapso del Consejo de Transición del Sur (CTS), un grupo separatista yemení financiado por los Emiratos Árabes Unidos, el pasado en enero, Riad, debió responsabilizarse de la financiación y organización del gobierno reconocido por las Naciones Unidas, con sede provisional en la ciudad de Adén, que obviamente no considera los intereses del pueblo yemení y está allí colocado para impedir la unificación del país, con la posibilidad del mando houthi, antioccidental e iraní.
La cara victoria de Irán sobre la embestida norteamericana ha fortalecido el eje de la resistencia que, además de los hutíes, conforman el Hezbollah libanés, que, a pesar de los ataques demoledores de Estados Unidos y los sionistas, ha conseguido impedir el avance de las tropas de Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), las que no solo se ven en figurillas para controlar los pocos kilómetros que han logrado penetrar en el sur del Líbano, sino que deben mentir y hacer cada vez más maniobras mediáticas para ocultar sus bajas y las consecuencias de los ataques que a diario reciben las poblaciones judías en el norte de los territorios palestinos usurpados. La mayoría de esos pueblos hace meses que han sido abandonados y solo sirven como retaguardia a las FDI.
Mientras que otro vértice del eje de la resistencia, las milicias proiraníes de Irak, fogueadas en la guerra contra el Daesh en Irak y Siria, consiguieron instalarse en el sistema de seguridad estatal de Irak, apuntalando al gobierno, lo que les da un perfil oficial a la hora de la toma de decisiones y la ejecución de las operaciones tanto contra los terroristas del Daesh y al-Qaeda, siempre articulados según las necesidades de los Estados Unidos e Israel, sino también como la de los grupos árabes sunitas que intentan infiltrarse en el norte de Irán, hecho que ha impedido a los norteamericanos la posibilidad de una invasión terrestre, ya que no tienen puntos donde establecer una cabecera de playa.
La derrota total de Irán y sus aliados del Eje de la Resistencia, de no mediar un cambio drástico en la estrategia norteamericana, en lo que tendría que incluir armas nucleares, con todo lo que eso significa, ya que, como se ha analizado, sus consecuencias podrían llegar a las riberas del Mediterráneo oriental, es improbable que se pueda alcanzar, por lo que a Donald Trump, o quien lo suceda, no le quedarán más opciones que desarrollar un camino no bélico, para poder mantener el flujo del comercio por los pasos desde el Golfo al Mediterráneo, además de cortar los hilos de sus títeres.
