1 de noviembre de 1974: Muere asesinada Mamá Tingó. Los hechos de ese año ocurrieron así: A principios de 1974, el terrateniente Pablo Díaz Hernández reclamó las tierras que ocupaban desde hace más de medio siglo los campesinos de Hato Viejo. Díaz Hernández alegaba que había comprado las tierras. Mama Tingó era líder de la Federación de Ligas Agrarias Cristianas (FEDELAC); encabeza la lucha en beneficio de los campesinos de Hato Viejo que trabajaban allí durante más de medio siglo. A pesar de su avanzada edad, encabezó la lucha participando con calor en la dirección de las movilizaciones realizadas por los campesinos. El terrateniente cerca con alambres de púas más de 8,000 tareas de tierras y con tractores arranca la cosecha de los campesinos. El 1ro. El 15 de noviembre de 1974, los campesinos de Hato Viejo se presentan ante el Tribunal de Monte Plata, donde se conocía el caso, pero el terrateniente Pablo Díaz no asiste a la audiencia. Al regreso de Mama Tingó a su finca, se encuentra con la información de que el capataz Ernesto Díaz (Durín), empleado del terrateniente Pablo Díaz, había soltado a los cerdos de Mama Tingó. Ella va a amarrarlos, pero el capataz permanecía escondido en el lugar y aprovecha el momento donde le dispara con una escopeta. Mama Tingó intenta defenderse con un machete, pero dos disparos más, uno en la cabeza y otro en el pecho, la dejan sin vida.
Espejismo de Luna Llena
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domingo, noviembre 01, 2026
1 de noviembre de 1974: Muere asesinada Mamá Tingó.
LOS APACHES 🪶JICARILLAS QUE VENCIERON AL EJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS — 1854 🇺🇸
La victoria ocurrió el 30 de marzo de 1854, cerca de Cieneguilla, en un territorio que los apaches conocían desde generaciones y que Estados Unidos había incorporado apenas seis años antes.
Mucho antes de que existiera la frontera estadounidense en Nuevo México, los apaches jicarillas habitaban extensas regiones montañosas y llanuras del actual norte de Nuevo México y sur de Colorado.
Sus comunidades mantenían una economía basada en la caza, la recolección, el comercio y el aprovechamiento de los recursos de distintos territorios.
Entre ellos existían grupos históricamente conocidos como olleros y llaneros, cuyas actividades y formas de vida estaban relacionadas con las montañas y las grandes llanuras.
Los jicarillas conocían los pasos entre las montañas, los barrancos, las fuentes de agua y los caminos que permitían desplazarse por aquellas regiones.
Ese conocimiento sería decisivo durante la batalla.
En 1846, durante la guerra entre México y Estados Unidos, las tropas estadounidenses ocuparon Santa Fe.
Dos años después, el Tratado de Guadalupe Hidalgo formalizó la incorporación de Nuevo México a Estados Unidos.
Sin embargo, los apaches jicarillas no habían participado como nación firmante de aquel acuerdo.
Para ellos, el cambio de soberanía no significaba que sus territorios tradicionales hubieran dejado de pertenecer a sus comunidades.
La expansión de los asentamientos, la presencia de soldados y las restricciones sobre los espacios de caza aumentaron las tensiones.
Durante los primeros años de la década de 1850, los enfrentamientos entre grupos jicarillas y fuerzas estadounidenses se hicieron cada vez más frecuentes.
El Ejército estadounidense organizó operaciones para perseguir a los grupos apaches considerados responsables de distintos ataques en la región.
Una de aquellas expediciones quedó bajo el mando del teniente John W. Davidson, oficial del Primer Regimiento de Dragones.
Davidson dirigía aproximadamente 60 soldados.
Los dragones eran militares entrenados para desplazarse a caballo y combatir también a pie. Disponían de armas de fuego y equipo militar reglamentario.
Pero estaban entrando en un territorio donde los guerreros jicarillas tenían una ventaja importante: conocían las montañas y podían aprovechar sus elevaciones para combatir.
Aquella mañana, cerca de Cieneguilla, en el norte de Nuevo México, las tropas de Davidson se encontraron con un grupo de guerreros apaches jicarillas, acompañados por aliados utes según diversas reconstrucciones históricas.
El enfrentamiento se desarrolló en un terreno accidentado, entre pendientes, elevaciones rocosas y barrancos.
Los soldados intentaron combatir a los guerreros, pero pronto descubrieron que las condiciones del terreno limitaban sus movimientos.
Los jicarillas aprovecharon las posiciones elevadas para atacar.
Desde las rocas y las laderas, sus guerreros podían disparar y cambiar de posición, mientras los estadounidenses tenían dificultades para organizar una respuesta efectiva.
La caballería no podía maniobrar con facilidad entre las pendientes.
Los guerreros apaches no dependían de grandes formaciones militares ni de combatir en campo abierto.
Su ventaja estaba en el conocimiento del territorio, la movilidad y la capacidad para aprovechar posiciones defensivas.
Durante varias horas, los soldados estadounidenses intentaron resistir los ataques.
El combate fue especialmente duro para la unidad de Davidson.
Los hombres caían muertos o heridos, mientras los sobrevivientes trataban de reorganizarse y encontrar una salida de aquel terreno.
Las fuentes históricas describen el uso de armas de fuego y armamento tradicional entre los guerreros indígenas, aunque no existe un inventario completo y confirmado de las armas utilizadas por cada combatiente.
La presión sobre los dragones aumentó hasta hacer imposible mantener la posición.
La expedición terminó en una derrota devastadora.
Las cifras más repetidas en los relatos históricos señalan aproximadamente 22 soldados muertos y 36 heridos, aunque el recuento exacto requiere contrastarse con los partes militares originales.
Lo que sí está documentado es que la unidad estadounidense sufrió pérdidas muy elevadas y tuvo que retirarse.
Davidson sobrevivió al enfrentamiento.
Los guerreros jicarillas habían conseguido derrotar a una fuerza militar profesional en una batalla donde el conocimiento del terreno resultó fundamental.
Fue una victoria importante para los apaches, aunque no significó el final de las operaciones militares contra sus comunidades.
A diferencia de Davidson, cuyo nombre quedó registrado en los informes militares estadounidenses, la identificación de los dirigentes indígenas que participaron directamente en Cieneguilla no está igualmente establecida.
En las historias de los conflictos jicarillas de aquellos años aparecen nombres como Chacón y Lobo Blanco.
Sin embargo, su participación personal como comandantes de esta batalla no debe darse por confirmada sin documentación adicional.
La victoria pertenece a los guerreros jicarillas y sus aliados que combatieron aquel día, aunque los registros conservados no permitan reconstruir todos sus nombres.
La derrota de Cieneguilla provocó nuevas operaciones militares.
El Ejército estadounidense envió fuerzas contra los jicarillas y continuó persiguiendo a los grupos que consideraba responsables de los enfrentamientos.
El 8 de abril de 1854 se produjo otro combate en la región de Ojo Caliente.
La campaña militar aumentó la presión sobre las comunidades apaches, que enfrentaban crecientes dificultades para mantener sus territorios, sus rutas de desplazamiento y sus formas tradicionales de subsistencia.
Con el paso de las décadas, las políticas de reservas transformaron profundamente la vida de la nación jicarilla.
Cieneguilla demostró que la superioridad del armamento y la organización militar estadounidense no garantizaba la victoria en todos los enfrentamientos.
Los guerreros jicarillas aprovecharon su conocimiento de las montañas para derrotar a una unidad que contaba con entrenamiento y equipo militar profesional.
Aunque la batalla quedó registrada principalmente en documentos del Ejército estadounidense, su resultado forma parte de la historia de resistencia de los apaches del suroeste.
La memoria de Cieneguilla también pertenece a las comunidades jicarillas que conservaron su identidad pese a las campañas militares y a la pérdida de extensos territorios tradicionales.
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Ellos nos convocan a la urgente unidad para salvar al pais.
Aun no es tarde para que la unidad nos convoque en una explosión
patriótica y revolucionaria, para caminar hacia la victoria definitiva, sobre
los que destruyen nuestra patria, la derecha y la burguesía criolla, que nos
vende al capital extranjero.
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