Aún la Tía Tatín
barre el patio de su utopía
con su escoba arrincona contra las tardes
los recuerdos más lejanos de nuestra memoria
y enciende junto al camino real
las hogueras de nuestra ira ancestral
la tía Tatín
menuda frágil leve
sus pasos cansados por los años
se pierden en el tiempo
entre los limoncillos y los mamones florecidos
sus pasos no volverán del olvido
porque una tarde se murió de pena
cuando sintió la aguda ausencia
de los pájaros y el trueno
y preguntó por la lluvia
y le dijeron que Mamá Tita
casi muerta
se había ido envuelta en un manto de lágrimas
a otras tierras lejanas y extrañas
-¿y las flores?
Preguntó
-la primavera agoniza
le contestaron
-con razón la tarde huele a sangre-
dijo
y se vistió de tristeza
y por la ventana abierta del crepúsculo
miró con ternura por última vez
las anacahuitas gemelas
que junto al camino real arañaban el cielo
y que ella amaba tanto
porque en la oquedad de sus troncos
junto a sus hijos
ella sobrevivió a la furia
del ciclón San Zenón
fue aquella tarde
cuando por primera vez
sintió el ruido macabro de los tractores
destruyendo el bosque
y sintió sobre sus hombros
el peso de la primavera que moría
2/CATÓ
A Cató la guardo en mi corazón
todavía la imagino en las mañanas
distantes y grises
junto a los fogones encendidos
haciendo café como siempre
fabricando arepas de sueños
y conconetes de ternura
no olvido la expresión de sus ojos
siempre llenos de flores azules
y mariposas amarillas
creando el alba de mi infancia
en que yo iba hacia su casa
sembrando en todo el camino mis sueños
iba feliz
a buscar la leche
donde el tío Juan de la Rosa
su compañero en la senda del amor
recuerdo cuando yo llegaba a la cocina
con mi traje de neblina y rocío
y la encontraba intacta
entre el fuego de los fogones
y las flores del crepúsculo
fabricando con sus manos colores
con que se visten los amaneceres
en el horizonte lejano de nuestra utopía
y le decía
-madrinita madrinita
y ella con una sonrisa enigmática
me respondía
--mi ahijaito mi ahijaito
y me daba un poco de café
para ahuyentar los duendes del frío
y entonces yo me iba al potrero
donde el tío Juan
junto a Chobolo Guancho y Mañé
ordeñaba las vacas
de regreso a casa
el recuerdo de Cató
ponía alas mis pies
3/LAS COSAS MÁS SENCILLAS
Esta noche
hemos tomado el camino
hacia Borronoso
allá la tía Eufemia
siempre nos espera
con los brazos abiertos
Pipí nos contará un cuento
y seremos felices
contaremos las estrellas
y nos sentaremos
junto a la hoguera
y hablaremos como siempre
de las cosas más sencillas
tomaremos café
y volveremos a casa
seguro que allá
en Borronoso
la tía Eufemia
siempre nos esperará
con los brazos abiertos
4/EL ABUELO ISMAEL
El abuelo Ismael
el padre de mi padre
venía todos los días a casa
venía de lejos
Julia lo traía sobre su lomo
con todo el peso de su edad
venía de tan cerca del mar
que podíamos sentir el olor de las olas
en su mirada salpicada de cielo
que nos envolvía
en su amor ancestral
él siempre llegaba alegre
con la piel manchada
de los colores recientes
del amanecer insular
y con una sonrisa de rocío
entraba a la cocina
donde mamá hacía café de pilón
y nosotros felices
corríamos hacia él
gritando
- abuelo abuelo
y él abría sus brazos infinitos
y nos apretaba contra su pecho
florecido de ternura
nosotros sabíamos que en su macuto
él siempre nos traía regalos de amor
y una historia distinta
que antes de irse al conuco
nos contaba
así era el abuelo Ismael
sus manos
hacedoras de la lluvia y la primavera
hacían florecer
sobre la tierra la esperanza
de la casa al conuco
sus huellas son eternas
en mi memoria que recolecta
los residuos de nuestro pasado
nublado de olvido
para que la yuca la batata el maíz
las habichuelas y el maní congo
se llenen de flores
en el alma de los fantasmas
que nos visitan cada noche
al caer la tarde
como todos los días
el abuelo Ismael partía
al trotecito apacible de Julia
y nosotros nos quedábamos
parados en el patio del crepúsculo
hasta que él se perdía
en la azul sinuosidad del camino
de regreso a su casa
ya las piedras y los pájaros
lo conocen
y los árboles saben su nombre
que el viento lleva entre sus labios
5/LA TÍA AURORA
Cuando empezaba a caer la tarde
la tía Aurora solía sentarse
junto a la puerta de su casa
que daba al camino real
su mirada anochecida
se llenaba del rumor de los pájaros fugaces
y del vuelo de las mariposas
que salpicaban el broque de colores
que perecían navegar
en un océano espectral de girasoles
espigados contra la bruma del ocaso
su mirada se perdía más allá
de los límites transitorios de las tardes
prisionera del tiempo
nunca la vi sonreír
su tristeza insular
había marcado su vida
con la angustia residual
de la impotencia de ver morir
irremediablemente la primavera
sin que sus manos pudieran hacer nada
por salvar las flores de la furia de los tractores
que a su paso por nuestras tierras
lo arruinaban todo
allí en un rincón de la tarde
ella permanecía largo tiempo
con su cachimbo de barro antiguo
entre sus labios
fumando
mirando hacia atrás
hacia el olvido
tratando de encontrar
una salida en el tiempo
a lo que ella sabía inevitable
"pero caramba
esta vida de pobre
siempre ha sido una falsa"
decía
y su tristeza se fue haciendo grande
y con sus manos fabricaba
adioses de nostalgias
que guardaba en un rincón de su corazón
de su corazón que a ratos se cansaba
y por momentos dejaba de latir
y ella sentía sofocada el alma
de una ansiedad de muerte
que ya no le asustaba tanto
porque más allá de la vida
otra primavera
llenaría sus ojos
de una paz de flores y lunas
perfumadas sin prisa
en las noches tibias de las añoranzas
ella no temía ya a la muerte
todo lo contrario
hacía tiempo
que se había detenido a esperar
la llegada de la hora suprema
de dejar para siempre
este mundo del carajo
sin embargo
se entristecía
cuando miraba el camino
que lleva sin prisa al cementerio
a aquel lugar de sombras y misterios
donde algunas flores exhaustas
por el tiempo
crecen descuidadas y tristes
junto al mármol y las cruces
que marcan severas
la última morada del ser humano
la tía Aurora
nació y envejeció con el siglo
y danzó con él
la danza amarga del hambre
en noches calientes
bajo el asombro suspicaz del arcturus
el siglo la marcó
con su trauma de sangre y miseria
incrementando en ella
la tristeza secular de los de su raza
y sus huellas de agua
se alejan lentamente por el camino
hacia donde la tarde no es más
que espejismo horizontal de luces y colores
donde a pesar del tiempo
ella permanece intacta
como efigie faraónica
esculpida en oro viejo
eterna y sencilla
como una flor silvestre
inadvertida en medio del monte
6/MEMORIAS DEL VIENTO
De los días lluviosos de mayo
recuerdo a los huéspedes secretos que desesperados tocaban
las puertas que el tiempo había cerrado para siempre
para que no se escaparan los sueños que entre las cenizas
de tanta sangre derramada guardábamos en el alma
como evidencia de que en América a pesar del horror
África palpita en nuestros corazones
cuando en las noches de luna llena el sonido de las tamboras
nos junta alrededor de la hoguera en una danza milenaria y sensual
mientras en una esquina del tiempo los abuelos juntan estrellas entre sus ojos
y cuentan al viento las hazañas de las guerras antiguas
que ellos libraron contra el hombre blanco
para que el viento las guarde en su memoria como testimonio al heroísmo
de los negros cimarrones que en los manieles
hicieron posible la esperanza de una raza por sobrevivir
al horror de la esclavitud
7/FELIPE Y PIMPA
Felipe y Pimpa llegaron a la esperilla como de un largo viaje
cuando el camino como un cristal de soles florecidos
se perdía en el horizonte
donde los duendes fabricaban colores
con los que pintan en mis pupilas los crepúsculos de rutina
no recuerdo si era mañana o tarde sólo recuerdo
que llegaron con tantas mariposas en el corazón
que florecían entre sus dedos las estrellas
todo su equipaje era la nada
todos sus sueños era la tierra
llegaron desamparados sin mas cobija que el cielo
desnudos como el rocío
cargando sobre sus hombros todo el peso de su destino
escapaban de un tiempo tan amargo y antiguo
que doblegaba los sentidos llenando la memoria de cruces
junto al camino que se pierde entre los siglos
por eso al verlo la abuela Mamá Tita
tristes y desamparados en su regazo le dio abrigo
y con tablas de palma y yagua
bajo el sol les construyó un tibio bohío
8/DIEGO Y CANINA
Diego y Canina llegaban por la mañanita a casa
todavía con el olor del rocío en la piel
y en la mirada el fulgor plateado de las últimas estrellas
que aún permanecían intactas
en el cielo anaranjado del amanecer
trazando el camino perdido de la noche
que agonizaba despacio entre la maleza
y los árboles lejanos
dejando tras de sí un rastro sonoro de pájaros fugaces
y mariposas encantadas en la memoria del tiempo
ellos siempre nos encontraban en la cocina
calentándonos junto a los fogones encendidos
tratando de ahuyentar a los duendes del frío
que nos mordían la piel con sus huecos y afilados dientes de plata
siempre nos traían algún recuerdo de nostalgia entre sus manos
y tenían la mágica virtud de calentarnos la piel con tan sólo mirarnos
y nosotros desentumecidos y felices los llevábamos de las manos
por el sendero de flores eternas hasta el camino real
por donde después de beberse una taza de café caliente
seguían su camino hacia los conucos lejanos
donde el tiempo se había detenido
para que la primavera floreciera por siempre
más allá de la fantasía alucinante de nuestros sueños
que era la materia prima con la que fabricábamos los recuerdos
9/EL TÍO JUAN Y EL TÍO ALBERTO
Todavía el tío Juan y el tío Alberto
cabalgan paralelos hacia los pastos
de las distantes regiones del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
arrean a prisa su ganado
hacia los esplendorosos amaneceres de abril
antes que mayo con sus días fatigados bajo la lluvia los alcance
y tienda sobre el mundo su red cristalina y transparente
atrapando en sus delgados hilos de plata el curso inefable del tiempo
entumecido por el hielo reciente del invierno
que bajo el sol implacable de abril se derrite
después de un siglo de olvido
todavía el tío Juan y el tío Alberto cabalgan en el tiempo
erguidos sobre sus monturas van marcando sus huellas
sobre las horas trémulas de estos amaneceres recién hechos
de rocíos y estrellas
van reventando el aire con la furia de sus foetes
cuyo sonido arrincona al ganado en un galope desenfrenado
hacia los pastos de las regiones distantes del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
no son más que fantasmas difuminados en el tiempo
un símbolo errante de nuestro pasado
que bajo los flamboyanes florecidos
todavía se pasean por los caminos perdidos de la memoria
10/LA TÍA AGUSTINA
La tía agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando al sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de la imaginación
salpicando sus ojos de cielo y rocío
de remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte
Domingo Acevedo