Hizo surcos
Mi padre labró la tierra
hizo surcos
plantó semillas
invocó la lluvia
esperó la primavera
y cosechó sus frutos
Domingo Acevedo.
Junio/2026
Un espacio para compartir ideas, imágenes, propuestas, versos y la esperanza de un mundo mejor... Tel. 849 637 3922.
Hizo surcos
Mi padre labró la tierra
hizo surcos
plantó semillas
invocó la lluvia
esperó la primavera
y cosechó sus frutos
Domingo Acevedo.
Junio/2026
Sabías que muchas personas confunden a República Dominicana
La casa de tabla de palma
y yagua
el piso de tierra
el camino
la lluvia
el charco
el bosque
la tarde
la leve melancolía de la soledad
ese verde olor a clorofila petrificado
en la brisa fresca de mayo
el vuelo horizontalmente fugaz de los pájaros
el estridente canto de las guineas despidiéndose
como todas las tardes
desde lo alto de la mata de mango
el fogón encendido en la cocina
el olor atardecido del café
mamá en la cocina quitándole
las cáscaras a los plátanos
para la cena
son las siete de la noche
es hora de cerrar la puerta de enfrente
ya nadie pasará por el camino hacia ninguna parte
y nosotros como todas las noches
mientras esperamos la cena
nos juntaremos en la cocina a escuchar
de labios de nuestro padre
historias inventadas sobre difuntos y fantasmas
que hará que nos acurruquemos uno junto al otro
Domingo Acevedo
Este poema es una bellísima y vívida estampa de la ruralidad caribeña. Consigue, con una economía de palabras admirable, capturar no solo un paisaje, sino toda una atmósfera emocional: la transición exacta entre el día y la noche, la soledad del campo y la profunda calidez del refugio familiar.
Tiene el ritmo de la respiración y la cadencia de la memoria. Aquí te comparto un análisis de los elementos que lo hacen tan poderoso:
El poema funciona como el lente de una cámara que se va cerrando lentamente para buscar calor:
El plano general: Comienza afuera, en el camino, la lluvia, el bosque y el charco. Establece el escenario físico con materiales identitarios muy claros: la palma, la yagua y el piso de tierra.
El plano medio: Entra el movimiento y los sentidos. El olor a clorofila, el vuelo de los pájaros y el canto de las guineas en la mata de mango marcan la transición del crepúsculo.
El plano detalle y la intimidad: La cámara entra a la casa. El fogón encendido, el olor al café, mamá pelando los plátanos. Al cerrarse la puerta de enfrente a las siete de la noche, el mundo exterior desaparece y el poema se concentra en el núcleo más puro: la familia unida alrededor del fuego y la palabra del padre.
El poema no solo se lee, se huele y se escucha. Hay una genialidad lírica en frases como:
"Ese verde olor a clorofila petrificado": Logra que el olor de la naturaleza caribeña tras la lluvia se sienta espeso, permanente en el aire de mayo.
"El olor atardecido del café": El café no solo huele a café; huele a una hora específica del día. El tiempo adquiere aroma.
El contraste acústico: Pasa del silencio "de la soledad" y el "vuelo horizontalmente fugaz", al grito "estridente" de las guineas, para luego caer en el susurro de los cuentos de fantasmas.
Hay un eco directo de esa dualidad que define tu voz poética: la crudeza y la dignidad de la pobreza material frente a la inmensa riqueza del hogar.
La casa tiene "piso de tierra" y el camino va "hacia ninguna parte" (un recordatorio del aislamiento o del olvido social), pero dentro de esa casa no hay desamparo.
El fogón, el café, la cena que se espera y, sobre todo, la tradición oral de los cuentos del padre, actúan como un escudo perfecto contra la "leve melancolía" y el miedo a los difuntos. El miedo exterior los obliga a "acurrucarse", transformando el temor en un acto de amor y cohesión familiar.
El poema es un homenaje a la memoria, al origen y a la identidad. Consigue dignificar la cotidianidad del campo y transformar una rutina nocturna en un espacio sagrado, donde la palabra del padre y la presencia de la madre suspenden el tiempo.
He vuelto a leerme
“Las historias indígenas no se cuentan, se heredan con la sangre y la memoria.”
Tal día como hoy, 7 de junio de 1954, nacía en Minnesota Louise Erdrich, una de las voces más importantes y poderosas de la literatura indígena contemporánea de Estados Unidos.
Con esta frase, Erdrich resume la esencia de su obra y de su herencia: para los pueblos originarios, las historias no son simples relatos que se narran, son parte viva de la identidad, se transmiten a través de la sangre, la memoria ancestral y la experiencia colectiva. Sus novelas (La casa redonda, El último informe sobre los milagros en Little No Horse, El amor medicinal) son un puente entre el mundo indígena y el lector, llenas de espiritualidad, dolor, humor y resiliencia.
De ascendencia ojibwe y alemana, Erdrich ha dedicado su vida a dar voz a las comunidades nativas, sus luchas, su cosmogonía y su profunda conexión con la tierra y los antepasados.
Gracias por recordarnos que las verdaderas historias no se leen… se sienten en la sangre.
Tomado de la red.
Manfredo Casado Villar, otra víctima de los 12 años de Balaguer. En su fecha natalicia
Manfredo Casado Villar nació en el Distrito Municipal de El Pinar en la provincia San José de Ocoa.
Desde muy joven se integró a la lucha que libraban los campesinos por reivindicar su derecho a una vida digna.
Se incorporó a los grupos que luchaban contra la dictadura ilustrada que encabezó el Dr. Joaquín Balaguer Ricardo en el tenebroso período de los 12 años.
Trabajó con los campesinos y formó parte de las unidades de resistencia armada que se desarrollaron en las comunidades de San José de Ocoa. Se radicó en la zona de los Martínez, un lugar de difícil acceso donde desarrolló una intensa labor de orientación política y trabajo comunitario.
Los Martínez se han caracterizado por ser, conjuntamente con la comunidad de Parra luchadores por la distribución de la tierra y la organización social de los comunitarios.
Salió del país con destino a Cuba y se integró a los grupos en el exilio. La tierra de Martí, de Maceo y de Fidel le cobijó y en ella se integró a la unidad guerrillera que dirigió Claudio Caamaño Grullón con quien llegó al país en 1975, conjuntamente con Toribio Peña Jáquez.
Este destacamento guerrillero se internó en las montañas y tras una tenaz persecución de las fuerza balagueristas, dos de los expedicionarios fueron apresados sin oponer resistencia en la zona de San Cristóbal.
La oficialización de la noticia por parte de las Fuerzas Armadas a principios de junio sobre la presencia en suelo patrio de Claudio Caamaño, Toribio Peña Jáquez y Manfredo Casado Villar activó los cuerpos represivos. Se agudizó la represión y se inició la cacería de los expedicionarios. Tanto Claudio como Peña Jáquez eran veteranos de la Guerra de Abril de 1965 y de la Guerrilla de Caracoles de 1973, comandada por el coronel Fracisco Alberto Caamaño Deñó. Manfredo era un experimentado dirigente revolucionario de San José de Ocoa.
Los revolucionarios fueron transportados al país por tres puertoriqueños que fueron apresados y condenados a 5 años de trabajo público. Balaguer los indultó en noviembre del mismo año,(Listín Diario 18-12-1975). Queda pendiente aclarar los vínculos de los guerrilleros en el país, así como las fuerzas políticas que los apoyaron.
Cabe aclarar que ninguna fuerza se atribuyó el patrocinio de la expedición y los principales líderes negaron cualquier vinculación con los guerrilleros. Una vez más.
Fernándo Infante, citando en la prensa de la época, refiere que el 3 de octubre , Claudio y Toribio fueron capturados en forma pacífica en un campo de San Cristóbal, luego de movilizarse en esos lugares desde su desembarco.
Según reseña El Nacional del 6 de octubre de 2009, Casado Villar cayó abatido el 8 de octubre de 1975, luego que la Policía le tendiera una emboscada donde también cayeron su hermano Milcíades, José Antonio Beato, y Francisco Antonio Estrella, choferes afiliados al desaparecido Unión Nacional de Choferes Independientes (Unachosín).
La muerte de Manfredo y sus acompañantes se produjo el 10 de octubre en la sección de Lucaz Díaz, en San Cristóbal. Según versiónes el guerrillero olvidado se había roto varias costillas en las montañas y se refugió en la zona de Sabana Buey en Peravia ,desde donde se planeó su entrega, bajo garantía de respetarle la vida. Traicionados, según algunos testimonios, fueron interceptados por las fuerzas represivas y asesinados
Conforme a los medios de la época, los agentes del Servicio Secreto de la Policía que dirigieron la operación , ocupaban el carro placa 04737 de Radio Patrulla, y los cuatro cadáveres fueron levantados ante la presencia del doctor Rafael Encarnación Uribe, Fiscal de San Cristóbal, en compañía del médico legista quienes ordenaron que fueran trasladados a la morgue del hospital Juan Pablo Pina , pero los cuerpos de los tres acompañantes de Manfredo fueron llevados al hospital militar Litghow Ceara y posteriormente entregados a sus familiares, mientras que el cadáver del ex guerillero fue retenido por las autoridades policiales y nunca revelaron su destino final. (El Nacional, 6/10/2009)
Hasta la fecha no se tiene certeza del paradero de los restos de este aguerrido revolucionario. Olvidado por la historia, su pueblo, su país, sus amigos. Sus restos descansan en algún lugar ignorado de la tierra que le vio nacer, abonando con su cuerpo el espíritu rebelde de su amada Quisqueya.
Algún día levanteremos las rocas que resguardan los restos , del heroico patriota ocoeño.
Texto: Fabián Diaz