Este conjunto de poemas y reflexiones, escritos entre febrero y julio de 2026, constituye una radiografía íntima, lúcida y melancólica de tu propia voz. Al analizar el corpus de tu obra reciente, emerge un eje conductor muy claro: la conciencia del tiempo, el cuerpo que cede, la memoria histórica y la resistencia poética frente al olvido.
Tu escritura no es una queja, sino una constatación digna. Es una "anatomía" del ser humano que se sabe finito, pero cuyas convicciones permanecen intactas.
A continuación, desglose de los grandes núcleos temáticos y estilísticos que definen estos textos:
1. La vejez, el cuerpo y la soledad del creador
La transición entre la primavera y el verano de 2026 parece estar marcada en tu obra por una profunda conciencia de la decadencia física y la cercanía del final.
La fragilidad de la carne: En la contundente cita de julio («Pronto mis manos no podrán agarrar con firmeza la vida...»), el cuerpo es descrito como un "armazón de carne, sangre y huesos". Hay una distancia poética y casi clínica entre el "espíritu" y la estructura biológica que se desploma.
La alegoría del sepulturero: En el poema de junio, utilizas la figura del sepulturero para explorar una paradoja existencial: el hombre que ha lidiado toda su vida con la muerte de los demás se descubre a sí mismo viejo, cansado y, sobre todo, solo. Su desaparición en el horizonte es la metáfora perfecta del tránsito hacia el olvido que tanto te inquieta.
El repliegue meditativo: Frente a quienes creen que duermes, tu respuesta en julio es tajante: «no estoy dormido / estoy pensando / meditando / rebuscando las palabras». La aparente inactividad física es, en realidad, una intensa actividad volcánica interior, un hilvanar con hilos dorados la memoria antes de que el alfabeto se disuelva.
2. El mapa internacionalista, el horror y la memoria histórica
Tu voz poética rehúsa quedarse en el lamento puramente individual. Eres un poeta con los ojos abiertos al dolor del mundo y a las deudas de la historia.
El mar como fosa y memoria: En el díptico sobre el mar («El mar en su delirio...»), recuperas la memoria de los esclavos africanos lanzados al océano. El dolor no desaparece, queda "momificado en los recintos azules del agua". Aquí el agua no es un elemento puramente estético; es el testimonio geológico y místico del horror colonial. Conectas directamente el Caribe con el dolor global.
La Zona Colonial y los fantasmas de "La Cafetera": En el texto de mayo, realizas una crónica cruda, bohemia y visceral del Santo Domingo nocturno. La yuxtaposición de los poetas de La Cafetera, la disidencia sexual leyendo el Manifiesto Comunista y el fantasma indiferente de un héroe de la Guerra de Abril dibuja una crítica punzante a la contemporaneidad. Denuncias cómo las ideas fascistas y el discurso de la derecha "se llevaron de raíz los sueños", dejando solo espectros en la calle El Conde.
3. La herencia de la tierra y la brevedad cósmica
Hay un contraste hermoso entre la inmensidad del universo y la humilde escala de la vida humana en tus escritos.
El homenaje al padre: En «Mi padre labró la tierra», utilizas una estructura de verbos limpios y directos (labró, hizo, plantó, invocó, esperó, cosechó). Es un poema que dignifica el trabajo manual, el ciclo de la naturaleza y el legado familiar. La constancia del agricultor es el reverso perfecto de la volatilidad del poeta.
El equilibrio cósmico: En tu apunte de mayo, recuerdas la fragilidad de nuestra existencia en este planeta "sin vecinos aparentes, a través de la vastedad inalcanzable del cosmos". Esta perspectiva te permite ver los problemas humanos con una distancia casi filosófica.
4. El minimalismo del paisaje (Los Haikus de Febrero)
La serie numerada de febrero (de la I a la V) funciona como una suite de estampas minimalistas que recuerdan al haiku japonés. Aquí la palabra se depura. No hay espacio para la queja social ni el dolor histórico; solo hay atención pura al entorno:
La neblina en los arrozales.
El rumor del río desde la casa (el hogar como refugio).
El vuelo suave de la lechuza en la noche lunar.
Los pasos lentos orientados hacia un horizonte lejano.
Las estrellas que brillan sobre el monte dormido.
Esta sección demuestra tu versatilidad: eres capaz del grito político, de la reflexión metafísica sobre la vejez y, también, del silencio contemplativo de la naturaleza.
5. El destino de los libros y la auto-ironía
En «He vuelto a leerme», abordas uno de los mayores temores del escritor con una maravillosa dosis de ironía oscura: las polillas que se intoxican devorando las páginas enmohecidas de tus libros guardados. Esos libros donde quedaron sepultados los sueños de un mundo acorralado por la injusticia. Hay una profunda melancólica justicia poética en que la sabiduría (o el "veneno" de tus palabras comprometidas) termine alimentando o destruyendo a los insectos del tiempo.
Conclusión del análisis: Tus escritos de 2026 muestran a un Domingo Acevedo en la plenitud de su madurez lírica. Estás habitando con valentía la paradoja del poeta: saber que un día serás "solo un recuerdo que se desvanece", pero seguir hilvanando versos con hilos dorados. Escribes bajo tus propios principios y convicciones, asegurándote de que, cuando llegue el momento de irte al lugar de donde no se regresa, tus palabras permanezcan como testigas indomables de tu paso por la tierra. Tu denuncia sigue siendo quirúrgica; tu sensibilidad, hondamente humana.
«Pronto mis manos no podrán agarrar con firmeza la vida que se me escapa, ni mis piernas podrán sostener este armazón de carne, sangre y huesos que porta mi espíritu y que el tiempo desploma».
— Domingo Acevedo, julio de 2026
El destino de cada poeta está escrito en los pergaminos de su voz, sus palabras lapidan su destino, muchos terminan laureados en la profunda fosa de la indiferencia y el olvido.
Domingo Acevedo.
Julio/2026.
El tiempo se ha ido
envejecido debajo del almendro
un mendigo duerme
Domingo Acevedo
Julio./2026
El sepulturero
Entonces
el sepulturero se sintió solo
en medio de todos los muertos que había enterrado.
Sintió cómo el silencio aplastaba su conciencia;
miró al cielo,
sintió frío,
calor,
inquietud,
ansiedad.
Pensó:
«Es que ya estoy viejo,
cansado
y solo».
Miró la puerta del cementerio,
el sendero alargándose en el horizonte.
Empezó a andar
y se perdió para siempre en el olvido.
Domingo Acevedo
Junio, 2026
El mar en su delirio
en lasAtrapada la luz
petrificada en el ambar
una luciérnaga.
Domingo Acevedo
Junio/2026
noches
cuando la luna no está
bosteza los nombres de los esclavos
lanzados en el océano profundo del olvido
donde el dolor No estoy dormido
Cuando cierro los ojos
la gente cree que duermo
pero no estoy dormido
estoy pensando
meditando
rebuscando las palabras
perdidas en el alfabeto de la memoria
para con ellas
hilvanar con hilos dorados
los sueños en un poema.
Julio/2026
Los humanos llevamos acuñada
en las entrañas de nuestro ADN
la maldad
la maldad
progenitora de la muerte
que persigue por todos lados
frenética a la vida
la muerte esa que edificó su nombre
en las paredes del miedo
para que no olvidemos
que de ella nadie se escapa
Domingo Acevedo.
Junio/2026.
quedó momificado
en los recintos azules del agua
como evidencia del horror
Domingo Acevedo.
Junio/2026.
Me gusta leer en voz alta
dibujar con palabras tu recuerdo en mi memoria
acostarme desnudo a soñar contigo
recorrer los caminos mojados después de la lluvia
y en las noches
perEl mar en su delirio
en las noches
cuando la luna no está
bosteza los nombres de los esclavos
lanzados en el océano profundo del olvido
donde el dolor quedó momificado
en los recintos azules del agua
como evidencia del horror
Domingo Acevedo.
Junio/2026.
derme en la ciudad
andar sus calles oscuras buscando ese imposible lugar donde se que no estas
Domingo Acevedo
Junio/2026
Hizo surcos
Mi padre labró la tierra
hizo surcos
plantó semillas
invocó la lluvia
esperó la primavera
y cosechó sus frutos
Domingo Acevedo.
Junio/2026
He vuelto a leerme
A veces vuelvo a leerme
vuelvo a recorrer mis palabras
aquellas que se quedaron olvidadas en los libros
almacenados en el tiempo
y que ya nadie lee
excepto las polillas
que buscando el secreto de la sabiduría
se intoxican con el veneno de mis palabras
escritas en las páginas enmohecidas
de alguno de mis libros
donde quedaron sepultados los sueños
de un mundo acorralado por las injusticias
Domingo Acevedo
Junio/2026
Nosotros existimos en el inimaginable, perfecto y frágil equilibrio donde la tierra fue colocada para que gire y se desplace, sin vecinos aparentes, a través de la vastedad inalcanzable del cosmos.
Domingo Acevedo.
Mayo/2026.
Los poetas de la Cafetera son los fantasmas de la Zona Colonial de la Ciudad de Santo Domingo, que deambulan por la calle el Conde, en busca del verso perdido en la perfección de la bohemia nocturna que se diluye entre la oscuridad y el tufo a brugal, que termina en vomito en el parque Colón, donde lesbianas y maricones trasnochados, leen en voz alta a nadie, el manifiesto comunista.
Nadie lo vió, pero el fantasma de un héroe de la guerra de abril pasó indiferente a tan atrevida proclama, en una época donde las ideas fascista y el discurso de la derecha se llevó de raíz los sueños
Domingo Acevedo.
Mayo/2026
Se, estoy consciente de que un día solo seré un recuerdo que se desvanece en el pensamiento de los que me conocieron, me amaron y entre los que quizás me odiaron, pero lo más importante es que vivo de acuerdo a mis principios, creencias y convicciones.
Para que cuando ese momento llegue, porque se que irrevocablemente tiene que llegar, irme tranquilo y sin remordimientos al lugar de donde no se regresa jamás.
Domingo Acevedo.
Abril/2026
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En los arrozales
al amanecer
neblina y rocío
Il
Desde la casa
el rumor del río
suave se escucha
lll
En la noche lunar
una lechuza
suave aletea
IV
Largo camino
lejos el horizonte
lentos mis pasos
V
Oscuridad y silencio
el monte duerme
las estrellas brillan
Domingo Acevedo.
Feb/2026.
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