viernes, septiembre 18, 2026

Me niego a perder la fe en la humanidad




Me niego a perder la fe en la humanidad, me niego a sentirme derrotado, me niego a dejar de luchar, me niego a quedarme tranquilo en casa y ver en la tele en tiempo real como Israel  asesina al pueblo palestino con la complicidad y el apoyo de Estados Unidos y Occidente.


Domingo Acevedo.

Sept/2026.

Oye patria.

 







Por René Del Risco Bermúdez

Patria, no sé por que,

pero se me hace

como que estas medio bronca a veces,

que te disgusta esto

que dejarte vivir gratuitamente

(48 mil kilómetros de nombre)

para que un día,

el menos pensado, quizás,

alguien se ajuste el keppis y diga,

como si tu no fueras de carne y hueso, patria:

 

“aquí mandamos yo y los que como yo

sepan leer como les venga en ganas,

al revés o al derecho”.

 

Y en ese instante no cuenta nadie más,

ni el hombre del burro carbonero,

ni la freidora de empanadillas,

ni el morenito limpiabotas,

ni la costurera, ni el tamborero,

ni yo patria,

que a fuerza de no contar me estoy quedando

casi fuera del censo

por completo.

 

Y a mi se me hace como que no estas a gusto,

que eso de la sequía unas veces,

o de las inundaciones con muchisimos muertos,

o de la fiebre aftosa,

o esa gripe que cunde alguna vez

dejando a todo el mundo en cama cuatro días

con dolor en el pecho,

no es mas que tu malhumor

cobrándose una parte de lo que hacen contigo

desde mil cuatrocientos noventa y dos,

cuando tu lomo arqueado,

ese que lavas en aguas del Atlántico,

lo rascó la Santa María

antes de que te embanderillaran con una cruz

“¡ y olé”, dijo Colón,

realmente quiso decir: ” Amén…”

Después de eso, patria

todo ha sido vivirte de regalo,

agarraron tu viento

y con el primer arcabuz

te hicieron el primer agujero,

hoy, patria, es francamente un espectáculo

ver como se cuelan

bandas de mosquitos y rumores

entre los huecos de tu viento!

 

Ha habido gente

muy pesada contigo, eso es lo cierto.

Gente que te ha dividido y repartido,

quemando a fogonazos tus cabellos, te han

ofrecido en venta, en souvenir, en préstamo,

¿qué le parece este pedacito de Quisqueya ?

¡ Pruebalo !

se la regalo entera por un titulo,

por un golpe de estado,

por un puesto,

por una execración en las aduanas,

¡vaya le doy en territorio integro !”

 

Y, en efecto,

te han empeñado cantidad de veces

y a tan módico precio

que se lo han repartido diez familias

que todos conocemos…

 

se habla de ti muchisimo,

en los periódicos, en la televisión,

en el congreso

en el Baluarte cuando conmemoran

aquel bautizo tuyo en febrero.

 

Se dice “patria”, con un traje blanco,

con un grueso cigarro entre los dedos,

con un contrato a punto de firmarse

con unos inversionistas extranjeros,

se dice “patria”, se repite “patria”,

y otra vez “patria” se dice

con un celo

que hasta ti misma, patria,

te han dormido

más de una vez con ese mismo cuento.

“¡Como se salva un pueblo”, se lamentan,

lo criollo no sirve, por supuesto.

 

Por eso es vago el campesino criollo,

borracho y jugador es el obrero,

tus cantantes son pésimos,

tus jóvenes, una bandada de malcriados y turberos

“¡ Aqui no sirve nada, amigo! -asi sentencian-

Ni la bauxita, ni el cafe, ni el azucar,

ni el merengue liniero,

aquí Las Casas la metió hasta el codo,

hay que viajar y ver que diferente

resulta el extranjero

¿ y qué sucede? que de eso viven

de decir que no sirves,

que es un paisaje esto,

y hay que ver la cara con que fingen

que, en realidad, les duele comprenderlo.

 

Por eso, patria, se me hace a veces

que tú, que tienes carne y hueso,

que estas cansada de que te repartan

entre latifundistas y usureros,

vas a salir un día con tu rostro

mas plebe, mas grave, mas paupérrimo,

para decir entonces solamente,

” ¡señores, ya esta bueno!”.

La memoria como resistencia en tiempos de olvido: 'Anatomía de la sangre', de Domingo Acevedo.

 Literatura

La memoria como resistencia en tiempos de olvido: 'Anatomía de la sangre', de Domingo Acevedo

"Anatomía de la sangre" apuesta a insistir. Insistir en la memoria, en la palabra, en la necesidad de nombrar lo que ha ocurrido, incluso cuando incomoda.

María Isabel Echavarría

Por María Isabel Echavarría

La memoria como resistencia en tiempos de olvido: 'Anatomía de la sangre', de Domingo Acevedo
"Anatomía de la sangre", de Domingo Acevedo.

Hay una forma de olvido que no es inocente: la que convierte la historia en fechas, en nombres repetidos, en discursos que ya no se sienten. En una época que avanza con prisa y consume incluso la memoria, recordar se ha vuelto casi una disonancia en el ruido del presente. En ese contexto, la escritura de Domingo Acevedo, quien ha dedicado su trayectoria a resguardar la memoria histórica dominicana y la realidad social, se erige como un testimonio imprescindible. No para repetir la historia, sino para devolverle su peso humano.

Publicado a inicios de 2026, Anatomía de la sangre de Domingo Acevedo propone una voz poética que no se limita a narrar la historia, sino que la convierte en experiencia viva. El poemario se organiza en siete capítulos que recorren la memoria, la historia, el patriotismo y la identidad, hasta desembocar en lo más personal; donde la sangre deja de ser una imagen retórica para convertirse en un espacio donde se acumula lo vivido: la violencia, la lucha y los nombres que no deberían desaparecer. Esta visión se hace evidente cuando Acevedo asume la palabra como un compromiso ético para rescatar lo que el silencio ha intentado sepultar:

     Hoy la patria se me antoja / un buen lugar / tribuna / desde donde pueda levantarme / de mi silencio / y elevar mi voz / por los que sufren… (p. 62)

Al romper ese silencio, Acevedo nos revela que la sangre no es solo un símbolo patrio, sino el rastro de una violencia que no se ha ido; una herida que sigue ahí, filtrada en el subsuelo de nuestra cotidianidad. Para Acevedo, elevar la voz es un acto de disección: es hurgar en la historia para decir que lo ocurrido permanece latente, aunque el tiempo intente disolverlo.

En una primera dimensión, el libro se sitúa en la memoria compartida. Aparecen la lucha, los caídos, la represión y las huellas de una historia marcada por la resistencia. Figuras como Manolo Tavárez Justo, Olivorio Mateo u Orlando Martínez emergen como parte de una memoria que se niega a desaparecer. La voz poética no se restringe a recordar estas figuras, sino que las invoca para denunciar que su sangre aún reclama justicia. Este rastro se plasma con fuerza en el poema “Guerrero de ébano”:

Las huellas heridas de un centauro / se pierden entre la espesura del bosque / dejando un rastro de sangre / en la mirada azorada de sol / que triste se esconde detrás de las montañas… (p. 61).

Acevedo sugiere que la entrega de estos héroes no ha desaparecido, sino que ha quedado marcada en el paisaje mismo de la nación. Acevedo aborda la rebeldía no como un concepto abstracto, sino como un tejido humano compuesto por nombres, apellidos y sacrificios que el presente, en su prisa tecnológica y desmemoriada, parece haber archivado. Leer este libro en pleno 2026 es entender que la libertad que hoy respiramos es, literalmente, el resultado de una anatomía de sacrificios que aún laten bajo la piel de la isla.

Pero esta misma mirada no se encierra en lo insular. El libro traza vínculos entre la historia dominicana y otras geografías marcadas por la violencia, sugiriendo que la herida de un pueblo no es un hecho aislado, sino una experiencia universal donde la injusticia se repite con distintos rostros, pero con el mismo color de sangre. En el poema “Presagio de la muerte” se evidencia su intención:  

 Sobre el cielo de Iraq / las águilas imperiales / se esconden tras las nubes / con un presagio de muerte / invisibles avanzan / dejando a su paso destrucción / y muerte […] ya la alegría no corre por las calles / de la ciudad de las mil y una noches / […] hoy es Iraq / mañana posiblemente sea Afganistán / Libia / Siria / Irán / Palestina / Cuba / Corea del Norte / o tal vez Venezuela / los países que caerán / en las garras del águila imperial / y rapaz (p. 96-97)

En medio de esta cartografía del dolor, hay una afirmación que late en el texto: “excepto mi voz”. Esta frase, que da nombre a una de las secciones del poemario, funciona como el último refugio de la soberanía humana.

Las llamas envejecen

son cenizas disecadas en el viento

blanco perfil del humo

esqueleto dormido al filo del silencio

todo lo consume el fuego

todo

excepto mi voz.

"Anatomía de la sangre", de Domingo Acevedo.

Es la certeza de que, ante las llamas que todo lo consumen, la palabra es el único territorio que el poder no puede colonizar. Es el recordatorio de que mientras exista una voz capaz de nombrar la historia, el fuego de la injusticia no habrá ganado la batalla final.

Sin embargo, uno de los mayores aciertos del poemario ocurre cuando ese recorrido se desplaza hacia lo íntimo. Traslada la historia desde los grandes eventos hasta la intimidad de la casa. Aquí lo épico se rinde ante lo cotidiano: la madre que empieza a perder sus recuerdos, como se evidencia en el verso “ya no se acuerda de mí, hace tiempo perdió la memoria” (p. 131), la infancia y la precariedad vivida sin adornos. Nos muestra que la verdadera anatomía de un país no está solo en los héroes de las plazas públicas, sino en los silencios de una cocina o en los hilos que nos mantienen unidos cuando la memoria biológica comienza a fragmentarse.

Esa tensión entre la memoria compartida y lo íntimo es la que sostiene el poemario. No se trata de dos dimensiones separadas, sino de una misma experiencia que se manifiesta de distintas formas. La historia no se limita a los grandes acontecimientos: se filtra en la vida cotidiana, en la manera en que se construyen los afectos, en lo que se pierde y en lo que se intenta conservar. Ahí es donde también se configura la identidad.

En ese sentido, Anatomía de la sangre apuesta a insistir. Insistir en la memoria, en la palabra, en la necesidad de nombrar lo que ha ocurrido, incluso cuando incomoda. Por eso, este libro es una invitación a mirar hacia adentro. A reconocer las raíces que sostienen lo que somos. A entender que la historia no vive únicamente en los libros, sino en la forma en que recordamos, en lo que conservamos y también en lo que dejamos ir.

En definitiva, esta obra es un careo directo con nuestra identidad, donde el verso es la única herramienta capaz de tocar la fibra del recuerdo. Domingo Acevedo nos recuerda que la sangre no solo circula para mantenernos vivos; irriga nuestra memoria para evitar que el tiempo nos desdibuje. En un presente que nos empuja a la amnesia, este poemario nos devuelve el sentido de pertenencia. Porque mientras exista una voz dispuesta a nombrar lo perdido, el pasado no será una herida abierta, sino una raíz que nos sostiene.

María Isabel Echavarría

María Isabel Echavarría

Estudiante de letras

María Isabel Echavarría Montero, es estudiante de Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Se interesa por la crítica literaria y el análisis de los clásicos desde su vigencia en la sociedad contemporánea.


Acento.com

La falsa percepción de que el karate es violencia.





Algunas personas tienen la falsa percepción de que el karate es violencia y bajo ese falso concepto muchos padres no inscriben sus hijos en escuela de Karate, ya que creen que su práctica los hará más violentos, no entienden que más allá de los ejercicios, bloqueos, golpes y patadas, el karate tiene una parte filosófica importante que marca la diferencia entre otras formas de combate y el karate, es en esa parte filosófica donde descansan los fundamentos éticos y humanos de este milenario arte marcial.
Su filosofía nos hace ver y entender al karate más allá de una simple forma de ejercitarse y aprender a pelear, nos despierta la humanidad y nos hace ver que la mejor forma de resolver los problemas es a través del diálogo, de la palabra y el entendimiento pacifico, que la paz es mejor, mucho mejor que la violencia.
Por lo que recomiendo a los padres a inscribir a sus hijos a aprender karate en escuelas reconocidas con maestros calificados y verán que no se arrepentirán, ya que en la medida que sus hijos avancen en el aprendizaje del Karate tendrán hijos con más confianza en ellos mismos y con un comportamiento más equilibrado y correcto.
Domingo Acevedo.
‌Junio/2024.

Coronel Fernández Domínguez: defensor de la democracia y la soberanía.

 


En diciembre de 1955, siendo segundo teniente del Ejército Nacional, Fernández Domínguez contrajo matrimonio con la señora Arlette Fernández Saba, con quien procreó cinco de sus seis hijos.

Héctor Luis Martínez

Por Héctor Luis Martínez

Coronel Fernández Domínguez: defensor de la democracia y la soberanía
Rafael Tomás Fernández Domínguez, ideólogo del movimiento militar constitucionalista que surgió tras el golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch en septiembre de 1963

Rafael Tomás Fernández Domínguez nació el 18 de septiembre de 1934 en Damajagua, poblado de Santiago que hoy pertenece a la provincia Valverde. Hijo del general Ludovino Fernández Malagón y Erminda Domínguez Cruz. En diciembre de 1952 fue investido como Bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas, y cuatro meses después ingresó como raso al Ejército Nacional, pasando a la categoría de cadete en febrero de 1954. Cursó estudios en Ciencias Militares, curso básico de Infantería y de Infantería Avanzada y, en Panamá, aprobó los cursos:  Computaciones Geodésicas y de Comando y Plana Mayor.

En diciembre de 1955, siendo segundo teniente del Ejército Nacional, Fernández Domínguez contrajo matrimonio con la señora Arlette Fernández Saba, con quien procreó cinco de sus seis hijos. Su lucha por una patria mejor fue acompañada por el compromiso de ser esposo y padre ejemplar.

Arlette Fernández y Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Más que la participación directa en las actividades políticas, contempló la idea de trabajar por la institucionalización de las Fuerzas Armadas dominicanas. Sus   convicciones sus fueron probadas en julio de 1961, cuando, siendo mayor de la Aviación Militar Dominicana, fue designado subdirector de la Agencia Central de Información, especie de segunda versión del ´tristemente´ recordado Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Como en esta institución se perseguía y torturaba hasta la muerte a los defensores de la democracia, dos días después de su designación, con el valor que le caracterizaba, renunció y logró que el general Ramfis Trujillo lo relevara del cargo.

Los últimos meses de 1961 se caracterizaron por la presión ejercida por el pueblo contra la presencia de Joaquín Balaguer y el general Ramfis Trujillo en la conducción del país. Sus intentos de recomponer el trujillismo contó con la resistencia de la oposición liderada por la Unión Cívica Nacional, seguida de agrupaciones política emergentes, asociaciones de trabajadores y profesionales, promotores de una huelga que duró once días.

El primer resultado de esta lucha consistió en la salida del país de la familia Trujillo, pero persistía la incidencia de Balaguer, quien logró presidir el gobierno conocido como el Consejo de Estado, instituido el 1 de enero de 1962, y sustituido con su anuencia dos semanas después por una Junta Cívico Militar compuesta por los civiles Humberto Bogaert, Luis Amiama Tio,  Armando Oscar Pacheco, y los altos oficiales Enrique Valdez Vidaurre, Antonio Imbert Barrera, Neit Rafael Nivar Seijas, Hipólito Wilfredo Medina Natalio… Aparentemente, era presidida por el secretario de las Fuerzas Armadas, general Rodríguez Echavarría.

En esta jugada Balaguer intentaba ser el poder detrás del trono, pero su deseo fue frustrada por el mayor Fernández Domínguez, autor y director, en solo 48 horas, del plan que apresó al general golpista, liberó a los apresados e instaló un segundo Consejo de Estado presidido por Rafael F. Bonelly, que contó con los doctores Donald Reid Cabral y Fernández Caminero como nuevos miembros. En provecho de la amistad que cultivaban, Fernández Domínguez logró neutralizar al general Elías Wessin y Wessin, integrándolo a última hora al complot.

Libre del ego que espera recompensa, señaló que había actuado de esta manera por el bien del pueblo y de las Fuerzas Armadas. No obstante, tras los hechos del 18 de enero, fue ascendido a teniente coronel y designado subjefe de Estado Mayor de la Aviación Militar Dominicana, siendo trasladado al Ejército Nacional seis meses después. Su próxima misión consistió en velar por el progreso del proceso electoral convocado para diciembre de 1962, y contribuir a que se respetaran sus resultados.

El presidente Juan Bosch, en su discurso de toma de posesión el 27 de febrero de 1962.

Fruto de las referidas elecciones, Juan Bosch, postulado por el Partido Revolucionario Dominicano, juró como presidente de la República el 27 de febrero de 1963. A pesar de su mayoría considerable en el Congreso y en los municipios, el Presidente era consciente de que iniciaba un gobierno rechazado por los sectores económicos y sociales más influyentes del país. Su percepción fue confirmada por el ambiente de conspiración estimulado por las medidas que contempló a favor de la instauración de la democracia económica y social en el país.

En el opúsculo “Cronología del coronel Fernández Domínguez”, preparado por Arlette Fernández, se establece que este, nombrado días antes director de la Academia Militar de las Fuerzas Armadas Batalla de las Carreras, se había enterado el 15 de junio que se pretendía derrocar el Gobierno constitucional, lo que calificó como un crimen contra la democracia, la Constitución y las Fuerzas Armadas. Sostiene la autora que un mes después, convocó a sus compañeros de armas más cercanos para anunciarles la organización del Movimiento Militar Constitucionalista dirigido a impedir la interrupción del orden constitucional. Adelantado a sus planes, el golpe fue dado el 25 de septiembre, y al día siguiente se instaló el Gobierno del Triunvirato, que le relevó del cargo sin perder tiempo y designó en Madrid como agregado militar. Mientras que, sus compañeros más cercanos: mayor Roberto Cabrera, capitán Héctor Lachapelle Díaz primeros tenientes Lorenzo Sención Silverio, Ernesto González, René Jiménez Germán y Gerardo Antonio Brito y Brito fueron los primeros en ser cancelados.

Al salir en octubre de 1963 con destino a Madrid, dejó al coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez a cargo del Movimiento. De esta capital viajó a Puerto Rico a mediados de 1964 para entrevistarse con este y con el presidente Bosch. Al ser relevado del cargo diplomático militar en diciembre de 1964, permaneció en dicha isla con impedimento de entrar al país hasta que se le concedió un permiso de entrada por 72 horas. Durante ese tiempo, no solo presentó a sus colaboradores el plan conocido como Movimiento Restaurador Democrático o Movimiento Enriquillo, dirigido a derrocar al gobierno del Triunvirato, sino que logró la incorporación del coronel Francisco Alberto Caamaño Denó a sus planes.

Agotada esta jornada de trabajo, retornó y permaneció en Puerto Rico hasta asumir a finales de enero de 1965 el cargo de agregado militar en Chile, donde se enteró que la acción contra el Triunvirato había comenzado el 24 de abril comandada por el coronel Hernando Ramírez. Para incorporarse a la insurrección, viajó a Santo Domingo vía Puerto Rico, donde debió permanecer por tener impedimento de entrada a su país.

Su estancia forzada en Puerto Rico duró hasta el 14 de mayo, de modo que acompañó a Juan Bosch en el seguimiento de los acontecimientos y en las discusiones por la superación de la crisis de Santo Domingo. Quizá en esos encuentros nació en Bosch la reflexión que luego llevó a considerarlo “como un oficial que llevaba dentro un manantial de luz”.

Por disciplina, aceptó entrar al país el 14 de mayo en condiciones no deseadas. Su finalidad era comunicar instrucciones de Juan Bosch al coronel Caamaño, aunque se infiere que su incorporación al mando constitucionalista era lo primario. De manera directa, percibió que a su lucha por la democracia se sumaba la defensa de la soberanía mancillada con la invasión militar de los Estados Unidos ejecutada el 28 de abril. En rechazo a esta ofensa, y sin el visto bueno del alto mando constitucionalista, se dispuso la toma del Palacio Nacional, controlado por miembros del Gobierno de Reconstrucción Nacional y soldados estadounidenses.  Sorprendido por una emboscada en la calle 30 de Marzo con la Abreu, tendida por soldados invasores, junto a Illio Capocci, Juan Miguel Román y Euclides Morillo, cayó abatido el 19 de mayo de 1965. Murió convencido de que la muerte por ofrenda a los sanos intereses de la patria, nunca será en vano.

Los hombres y mujeres de reconocida capacidad de lucha por las causas nobles siempre llevan en su interior las ideales que inspiran sus metas. Algunos, solo las llevan en sí como brújulas orientadoras, otros hacen lo mismo, pero con el complemento de registros que, sin proponérselo, dejan a la posteridad las huellas de sus fuerzas impulsoras. El coronel Fernández Domínguez ocupa un lugar destacado en este nivel. Así lo muestra la revisión más simple del libro Ideario del coronel Fernández Domínguez (1934-1965), de la autoría de uno de sus compañeros de armas y de luchas de mayor confianza, el general (r) Héctor Lachapelle Díaz. Tomadas de sus cartas dirigidas al autor, a su esposa, al coronel Hernando Ramírez, al presidente Bosch y otros actores de los hechos reseñados, en este libro destacan máximas que sitúan al coronel Fernández Domínguez como un hombre ajeno al lucro personal, de manos inmaculadas; esclavo del deber, la ley, la libertad, el honor y el trabajo; alimentado por la fe, la esperanza y el sentido del devenir histórico.

 El coronel constitucionalista Francisco Alberto Caamaño Deñó durante la revolución de abril, ahogada en sangre por la invasión estadounidense. Fotos: (Foto: Archivo). Fecha: Abril del 1965
El coronel constitucionalista Francisco Alberto Caamaño Deñó durante la revolución de abril, ahogada en sangre por la invasión estadounidense. Fotos: (Foto: Archivo). Fecha: Abril del 1965

Por sus méritos, junto al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, fue reconocido como Héroe Nacional, mediante decreto presidencial del 11 de junio de 1999, y en 2008, mediante la Ley 154-08, se establece el 19 de mayo, fecha en que cayó en combate, como el Día del Soldado Democrático. Vale mucho este reconocimiento de la historia oficial a las jornadas patrióticas que hicieron de Abril una trinchera de honor. Queda pendiente, para mayor complacencia, su discusión y exaltación en la escuela, en las aulas universitarias, agrupaciones sociales y en la formación y el comportamiento ciudadano en sentido general. Hagamos patria.

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