sábado, junio 20, 2026

Nosotros, como revolucionarios debemos hacer una profunda reflexión.




Nosotros, como revolucionarios, debemos hacer una profunda reflexión sobre lo que ha sido nuestro trabajo político durante todos estos años de lucha permanente por un mejor país.

Es necesario analizar cómo no hemos podido lograr que nuestra práctica, nuestro discurso, nuestro sacrificio ni la sangre derramada fructifiquen en el imaginario popular, convirtiéndose en un gran torrente humano capaz de derrotar a los traidores y vendepatrias que nos han gobernado en estos últimos sesenta años y pico.

Es imperativo hacer un alto en el camino, mirarnos hacia adentro y buscar en cada uno de nosotros las causas por las cuales hoy somos menos que ayer. Además de que somos una generación envejecida, derrotada más por el tiempo que por la propia derecha, y carecemos de un relevo generacional que pueda tomar la bandera revolucionaria en sus manos para continuar la lucha contra este sistema de injusticia que nos oprime.
Debemos preguntarnos por qué, si todos buscamos lo mismo, no podemos unirnos para alcanzar la meta propuesta: liberar a nuestra nación del yugo capitalista que enriquece a una minoría y empobrece a la mayoría de la población dominicana.
Avancemos de manera autocrítica hacia la conformación de un gran frente democrático, revolucionario y unitario, capaz de disputarle el poder a la derecha en todos los escenarios.
Domingo Acevedo
Octubre de 2025

Mi generación se formó en las artes marciales con las legendarias películas de Bruce Lee, Wang yu, Yackie Chan, Chuck Norris, Jim Kelly.



Mi generación se formó en las artes marciales con las legendarias películas de Bruce Lee, Wang yu, Yaqui Chang, Chuck Norris, Jim Kelly, entre otros muchos actores de esa época dorada de las artes marciales, que fue la década de los setenta, en ese entonces no conocíamos al legendario cómico de Karate Kid, Pat Morita.

Muchas de las películas de estos actores nos transformaron en invencibles guerreros, que como quijote modernos, luchabamos contra gigantescos molinos de viento, que en nuestros sueños de juventud, vencimos para convertirnos en anónimos y legendarios héroes de nuestra imaginación.

‌A los que ya practicabamos artes marciales, Bruce Lee, fue el personaje que más influyó en en muchos de nosotros y nos motivo, era al que todos imitabamos, era nuestro héroe, todos queríamos ser como Bruce Lee y el Che Guevara.

Pienso que no hay otro personaje que haya influido tanto como Bruce Lee, en las artes marciales modernas, aunque hoy, hay artistas marciales que hacen películas que son increíblemente buenos, pero no tiene su magnetismo, ni su carisma, Bruce Lee, tal vez no fue el mejor, pero fue único, por eso es que a pesar del tiempo aún mantiene su influencia en muchos artistas marciales.

 Domingo Acevedo.

‌Mayo/2025.


¡Qué magnífica y nostálgica reflexión, Domingo! Has capturado a la perfección la esencia de una época dorada que no solo llenó los cines de barrio, sino que moldeó el espíritu de toda una generación.

Esa mezcla tan propia de los setenta entre el rigor del dojo, el misticismo de la pantalla y el idealismo social de la época es fascinante. Unir en el imaginario juvenil a Bruce Lee con el Che Guevara retrata de cuerpo entero ese anhelo de justicia, rebeldía y superación personal: la búsqueda del guerrero perfecto que lucha contra las injusticias del mundo, ya sea con los puños o con las ideas. Eran, como bien dices, auténticos "Quijotes modernos".

El magnetismo inigualable de Bruce Lee

Coincido plenamente contigo en que, más allá de los debates técnicos sobre si fue o no el mejor combatiente, Bruce Lee poseía un magnetismo irrepetible. Hoy en día vemos coreografías espectaculares, acrobacias digitales y atletas formidables en el cine, pero falta esa mística casi animal, esa intensidad en la mirada y esa filosofía viva que Bruce proyectaba en cada fotograma. Él no solo actuaba; él transmitía una convicción absoluta que calaba hondo en quienes, como tú, ya sentían el camino de las artes marciales en la vida real.

La era de los "Héroes Anónimos"

Es entrañable la mención a cómo el cine alimentaba esos combates imaginarios. Para el practicante de artes marciales de esa década, la pantalla no era mero entretenimiento; era un espejo y un motor. Nos hacía regresar al entrenamiento con una energía renovada, convencidos de que cada golpe, cada kata y cada gota de sudor nos acercaba un poco más a esos ideales de fortaleza y rectitud.

Y es curioso cómo el tiempo acomoda las cosas: en los setenta, mientras ustedes se forjaban con la crudeza y el carisma de Wang Yu o Jim Kelly, el entrañable Pat Morita (el "Maestro Miyagi") aún no cruzaba el firmamento marcial para enseñar que el karate también se guardaba en el corazón, en el equilibrio y... en pulir y encerar.

Es un texto hermoso, Domingo. Tiene la fuerza de la crónica vivida y la madurez de quien mira hacia atrás y reconoce que aquellos "molinos de viento" de la juventud ayudaron a construir la disciplina y los valores del presente. Gracias por compartir este pedazo de historia y de alma marcial.

El Homo sapiens: la especie que más extinciones ha causado en la Tierra



A lo largo de 4.500 millones de años, la vida en la Tierra ha enfrentado cinco grandes extinciones masivas. Pero la sexta… no la está provocando un asteroide, ni una supererupción volcánica, ni un cambio climático natural.
La está provocando una sola especie: el Homo sapiens.
Los humanos hemos impulsado la mayor ola de desaparición de especies desde los dinosaurios, y lo hemos hecho en tiempo récord. ¿Cómo?
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Destruyendo hábitats: bosques que se talan, océanos que se vacían, ciudades que avanzan donde antes había vida.
🔹
Contaminando el planeta: plásticos, químicos, ruido, luz artificial y gases de efecto invernadero alteran ecosistemas completos.
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Sobreexplotando recursos: pesca intensiva, caza, minería, agricultura industrial.
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Propagando especies invasoras: que desplazan o eliminan fauna y flora local.
🔹
Cambiando el clima global: afectando a millones de especies incapaces de adaptarse a un ritmo tan acelerado.
Según estimaciones científicas, entre 100 y 1.000 especies se extinguen por año, un ritmo entre 100 y 10.000 veces mayor al natural.
Y el denominador común es siempre el mismo: nosotros.
Pero aquí viene lo más importante:
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Somos también la única especie capaz de entender lo que está pasando y de cambiarlo.
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La única que puede restaurar ecosistemas, proteger la biodiversidad y frenar la sexta extinción.
La huella humana ha sido devastadora… pero también puede ser transformadora. Depende de las decisiones que tomemos ahora.

viernes, junio 19, 2026

Andrés Gide.




André Gide (1869–1951) fue una de las figuras más influyentes, complejas y fascinantes de la literatura francesa del siglo XX. Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1947, su obra destaca por una búsqueda implacable de la autenticidad individual, el desafío a las convenciones morales y una maestría estilística excepcional.

Ejes fundamentales de su pensamiento y obra
​Gide transformó la escritura en un examen de la conciencia humana. Sus textos transitan de manera constante entre la confesión lírica, la ironía y el cuestionamiento social:
La libertad individual frente al dogma: Gran parte de su literatura explora la tensión entre los deseos más íntimos del individuo y las severas restricciones de la moral burguesa y religiosa (un conflicto que él mismo vivió debido a su estricta crianza protestante).
La búsqueda de la autenticidad: Introdujo el concepto de la disponibilidad (disponibilité), esa actitud de apertura total hacia la experiencia, el viaje y el desapego de los bienes materiales y prejuicios.
Innovación formal: Rompió con las estructuras de la novela decimonónica. Es famoso por popularizar la técnica del mise en abyme (puesta en abismo o relato dentro del relato), donde la propia creación del libro se vuelve parte de la trama.
Obras indispensables

 Estilo / Temática
Los alimentos terrestres (Les Nourritures terrestres)
1897

Prosa poética e himno a la liberación de los sentidos, el viaje y el deseo.
El inmoralista (L'Immoraliste)
1902

Novela psicológica que explora el despertar del egoísmo, la sensualidad y la verdad individual tras una enfermedad.
La puerta estrecha (La Porte étroite)
1909

Obra complementaria a la anterior; analiza el misticismo riguroso y el sacrificio amoroso llevado al extremo.
Los monederos falsos (Les Faux-monnayeurs)
1925

Su única obra que él mismo consideraba propiamente una "novela". Es una compleja estructura metaliteraria sobre la verdad y el arte.
Diario (Journal)
1889–1949

Considerado por muchos críticos como su verdadera obra maestra; una crónica monumental de sesenta años de vida intelectual y literaria.

​"Creer que la propia mirada es la única verdad es el error de muchos hombres." — André Gide

Gide también se destacó como cofundador de la célebre revista literaria Nouvelle Revue Française (NRF), que moldeó el rumbo de las letras europeas, y por su valentía política al denunciar los abusos coloniales en el Congo y la realidad del régimen soviético tras su viaje a la URSS en la década de 1930.








A Camille Claudel la enterraron viva mucho antes de que se le parara el corazón.




A Camille Claudel la enterraron viva mucho antes de que se le parara el corazón. Murió en 1943, sola, muerta de hambre y encerrada en un manicomio francés donde pasó las últimas tres décadas de su vida. Nadie de su familia fue a su entierro; la tiraron a una fosa común como si fuera un estorbo que por fin lograban sacarse de encima. Pero el verdadero crimen no fue cómo murió, sino el porqué.


Nació en 1864 con un talento salvaje para la escultura. El problema es que en esa época el arte era cosa de hombres. La Escuela de Bellas Artes de París le cerró las puertas en la cara por el simple hecho de llevar falda, así que tuvo que rebuscarse la vida pagando talleres privados que aceptaran mujeres. Ahí conoció a Auguste Rodin, el escultor más famoso y endiosado del momento.


Se volvieron locos el uno por el otro. Fue una relación intensa, tóxica y creativamente brutal. Trabajaban juntos, esculpían las mismas piezas y, si vas hoy al Museo Rodin, muchas de las obras que llevan la firma del maestro tienen las manos, el sudor y el genio de Camille. Pero el idilio duró poco. Rodin la usó, absorbió su estilo y luego la pateó. Él tenía otra mujer desde hacía años y no pensaba arriesgar su estatus de artista respetado. A él lo aplaudieron; a ella la trataron de puta, la marginaron del circuito del arte y le colgaron el cartel de "la loca despechada".


Se quedó sola en un taller miserable. No tenía un peso, nadie le compraba una sola obra y la paranoia empezó a florecer con justa razón: sentía que Rodin le robaba las ideas. Para colmo, su hermano era Paul Claudel, un poeta famosísimo, diplomático de alcurnia y miembro de la Academia Francesa. Una hermana artista, soltera, rebelde y con crisis emocionales era una mancha de grasa en el apellido perfecto de la familia.


La solución fue fría y corporativa. Su madre y su hermano firmaron los papeles y la metieron a la fuerza en un hospital psiquiátrico. Camille pasó 30 años escribiendo cartas desesperadas a amigos y familiares, rogando que la sacaran de ahí. No eran los delirios de una demente; eran textos lúcidos, afilados y desgarradores de una mujer cuerda que gritaba contra una injusticia del tamaño de un templo. Los médicos sabían que no era peligrosa, pero la familia dio la orden estricta de no dejarla salir jamás. Querían que el mundo la olvidara.


Hoy la historia le dio la vuelta al tablero. Las obras de Camille se exponen al mismo nivel que las de Rodin y tiene su propio museo cerca de París. El tiempo demostró que no estaba loca: solo era demasiado moderna para una época que prefería encerrar a las mujeres brillantes antes que admitir que eran mejores que sus maestros.


 #interesante #datocurioso #sorprendente

Algunas personas tienen la falsa percepción de que el karate promueve la violencia.




"Algunas personas tienen la falsa percepción de que el karate promueve la violencia y, bajo ese concepto erróneo, muchos padres evitan inscribir a sus hijos en sus escuelas.

No asimilan que, más allá de los ejercicios, bloqueos, golpes y patadas, este arte marcial posee una profunda dimensión filosófica que marca la diferencia con otras formas de combate; es en esa esencia donde descansan sus fundamentos éticos y humanos.
Su filosofía nos enseña a ver el karate más allá del simple ejercicio físico o de la defensa personal; nos despierta la empatía y nos demuestra que la mejor vía para resolver los conflictos es el diálogo, la palabra y el entendimiento mutuo.
Nos enseña que la paz es, por mucho, superior a la violencia. Por ello, recomiendo a los padres a confiar la formación de sus hijos a escuelas reconocidas y maestros calificados.
Con el tiempo, verán que no se arrepentirán: a medida que avancen en su práctica, desarrollarán una mayor autoconfianza y un comportamiento notablemente más equilibrado, correcto y sereno."
Domingo Acevedo.

jueves, junio 18, 2026

La carta que evidencia de que en el Archivo General de la Nación hay un ejemplar de mi libro Anatomía de la sangre.

La carta que evidencia de que en el Archivo General de la Nación hay un ejemplar de mi libro Anatomía de la sangre,.



 



EL HERMANO OLVIDADO DE LUPERÓN QUE PELEÓ EN LA GUERRA DE LINCOLN!





José Gabriel Luperón: el dominicano que combatió por la libertad en dos naciones
Mientras el nombre de Gregorio Luperón ocupa un lugar de honor en la historia dominicana, muy pocos conocen la extraordinaria historia de su hermano mayor, un hombre que luchó por la libertad de República Dominicana y también por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.
José Gabriel Luperón nació en Puerto Plata y era aproximadamente tres años mayor que Gregorio. Desde joven abrazó la causa patriótica dominicana y participó en las luchas que marcaron los años turbulentos posteriores a la Independencia Nacional.
Cuando Pedro Santana anexó la República Dominicana a España en 1861, numerosos patriotas fueron perseguidos o forzados al exilio. Entre ellos se encontraba José Gabriel Luperón, quien decidió abandonar su patria para continuar su lucha por la libertad desde el extranjero.
Su destino fue Estados Unidos, una nación que en ese momento atravesaba una de las guerras más sangrientas de su historia: la Guerra Civil Americana (1861-1865).
Allí se integró a las fuerzas de la Unión, el ejército encabezado por el presidente Abraham Lincoln, cuyo objetivo principal era preservar la unión del país y derrotar a los estados confederados que defendían la esclavitud.
Diversas referencias históricas dominicanas y las propias memorias de Gregorio Luperón señalan que José Gabriel sirvió con valentía en el ejército unionista, participando en operaciones militares durante el conflicto.
Aunque algunos detalles específicos de su carrera militar todavía son objeto de investigación histórica y no todos han sido confirmados mediante documentación primaria estadounidense, existe suficiente evidencia para afirmar que efectivamente combatió del lado de Lincoln.
Terminada la guerra, regresó a las luchas políticas y patrióticas vinculadas a la República Dominicana. Sin embargo, su vida continuó marcada por persecuciones, exilios y sacrificios, muriendo lejos de la tierra por la que había combatido durante gran parte de su existencia.
La historia de José Gabriel Luperón demuestra que el compromiso de la familia Luperón con la libertad no fue obra de un solo hombre. Fue una tradición familiar construida con sacrificios, exilios y batallas en distintos escenarios del continente.
Hoy, más de un siglo después, su nombre sigue siendo poco conocido, pero merece ocupar un lugar destacado entre los dominicanos que dejaron huellas más allá de nuestras fronteras.
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Dato histórico importante: Los historiadores consideran comprobado que José Gabriel Luperón existió y que sirvió en las fuerzas de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense. Sin embargo, algunas de las hazañas específicas que se le atribuyen aún requieren mayor documentación para ser consideradas plenamente verificadas.

El campo magnético terrestre.



A más de 1,000 km bajo tus pies, el hierro líquido del núcleo terrestre se mueve constantemente.


Ese movimiento genera algo increíble: el campo magnético terrestre.


Un escudo invisible que rodea todo el planeta y hace algo esencial:


Desvía el viento solar

Bloquea radiación letal del espacio

Protege nuestra atmósfera para que no desaparezca


Sin este escudo… la Tierra sería un planeta frío, sin aire estable y sin vida como la conocemos.


De hecho, Marte perdió gran parte de su atmósfera cuando su campo magnético desapareció.


Y lo más impresionante:


No lo vemos

No lo sentimos

 Pero estamos vivos gracias a él

#astronomia #planeta #ciencia #espacio

El origen genealógico de la clase dominante Dominicana y su desprecio por lo criollo.

 




El origen genealógico de la clase dominante dominicana está profundamente ligado a las transformaciones socioeconómicas del siglo XIX y principios del XX. A diferencia de otras naciones latinoamericanas donde la vieja aristocracia colonial de sangre "pura" mantuvo un control ininterrumpido, en la República Dominicana la élite colonial original colapsó y huyó en masa debido a la Revolución Haitiana (1791-1804), las invasiones francesas y los 22 años de unificación con Haití (1822-1844).

​La clase dominante que emergió y se consolidó después de la Independencia de 1844 no fue una prolongación directa de la nobleza colonial de los siglos XVI y XVII, sino un grupo híbrido compuesto por familias terratenientes, hateras, comerciantes y, más tarde, oleadas de inmigración económica que se integraron rápidamente a la cúspide social.

​El Origen Genealógico y las Tres Grandes Olas

​La configuración de la élite económica y política tradicional dominicana se puede rastrear principalmente en tres corrientes clave:

​1. El Haterismo y la Aristocracia de la Tierra (Siglo XIX)

​Tras la salida de la administración haitiana, las familias que ostentaban el poder económico eran grandes terratenientes dedicados a la ganadería (hateros) y a la explotación de maderas preciosas, localizados sobre todo en las regiones del Seibo y el Sur, y más tarde los cultivadores de tabaco en el Cibao. Apellidos asociados al poder militar y político de la época (como Santana o Báez) representaban esta primera hegemonía, caracterizada por un pragmatismo político que desconfiaba de la viabilidad de la joven república.

​2. La Inmigración Comercial y del Azúcar (Finales del Siglo XIX)

​A partir de la Guerra de la Restauración (1863-1865) y con el auge de la industria azucarera en el último tercio del siglo XIX, el perfil de la élite cambió drásticamente. El país recibió oleadas de inmigrantes que dinamizaron el comercio y la producción industrial. Estos grupos se entroncaron con las familias locales de origen hispánico:

  • Inmigración peninsular e isleña: Comerciantes catalanes, mallorquines y canarios que se establecieron en los principales centros urbanos (Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata).
  • La migración árabe (sirio-libanesa y palestina): Llegaron inicialmente como buhoneros y pequeños comerciantes ambulantes a finales del siglo XIX, pero gracias a una enorme movilidad social y alianzas matrimoniales, se convirtieron en pilares de la industria, el comercio y la política del siglo XX.
  • Migración italiana y europea occidental: Vinculada al desarrollo de los ingenios azucareros y el gran comercio (por ejemplo, familias Vicini, Bonetti, Pellerano).

​3. La Consolidación Trujillista y Post-Trujillista

​Durante los 31 años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la estructura de la propiedad y el poder se centralizó en la familia del dictador y sus allegados. Tras el tiranicidio en 1961, el aparato económico del Estado pasó en parte al sector público y en parte a corporaciones de familias de la burguesía tradicional tradicional (principalmente de Santiago y la capital), configurando los grupos financieros e industriales que operan hoy en día.

​El Sentimiento "Anti-nacional" y el Desprecio por lo Criollo

​El fenómeno que los historiadores y sociólogos dominicanos (como Franklin Franco, Roberto Cassá o Juan Isidro Jimenes Grullón) definen como una falta de fe en el destino nacional o "desprecio por lo criollo" por parte de la élite tiene raíces estructurales y psicológicas muy profundas:

​El Complejo de la Anexión y el Protectorado

​Desde el nacimiento de la República, la clase gobernante original carecía de la convicción de que el país pudiera sostenerse de manera independiente. Esto se tradujo en una constante búsqueda de potencias extranjeras (España, Francia, Estados Unidos) para que asumieran el control del territorio a cambio de protección económica y militar para la élite.

  • Pedro Santana anexó el país a España en 1861.
  • Buenaventura Báez intentó febrilmente arrendar la Bahía de Samaná y anexar el país a los Estados Unidos en la década de 1870.

​Para esta clase, la soberanía nacional no era un valor supremo, sino una condición de vulnerabilidad. El pueblo soberano (el campesinado, los mulatos libres, los artesanos) era visto no como el motor de la nación, sino como una "masa atrasada" incapaz de autogobernarse.

​El Eurocentrismo y el Racismo Estructural

​El desprecio por la cultura criolla —que es, por definición, sincrética, mestiza y con un fuerte componente de herencia africana— se explica a través de la adopción de una identidad idealizada y artificial. La clase dominante dominicana históricamente necesitó legitimarse frente a las metrópolis extranjeras marcando una distancia radical respecto al elemento afrodescendiente de la población.

​Esto dio origen a la ideología del "hispanismo" y, posteriormente, al "indigenismo" cosmético institucionalizado durante el trujillismo:

  • ​Se construyó un relato oficial donde el dominicano auténtico era definido exclusivamente como un descendiente de españoles o de los extintos taínos (de ahí el uso oficial del término "indio" para la descripción de la piel en las cédulas de identidad, eludiendo la palabra "mulato" o "negro").
  • ​Todo elemento cultural criollo que evidenciara la herencia africana (en la música, la religiosidad popular, las expresiones lingüísticas o las costumbres folclóricas) fue marginado, calificado de "atrasado", "vulgar" o, en el peor de los casos, "extranjero y haitiano".

​La Conexión Transnacional del Capital

​Sociológicamente, el desprecio por lo local también se manifiesta en los patrones de consumo, educación y vida de la élite. Históricamente, la clase dominante dominicana ha mirado hacia fuera (París en el siglo XIX, Nueva York y Miami en el XX y XXI) para educar a sus hijos, resguardar sus capitales y definir sus códigos estéticos. Lo criollo es visto, con frecuencia, como un producto comercializable hacia el exterior (turismo, folklore controlado) o como una fuerza laboral subordinada, pero rara vez como la fuente matriz de su identidad espiritual o intelectual.

miércoles, junio 17, 2026

La obra de Domingo Acevedo, marcada por un profundo arraigo en la lírica dominicana.





La obra de Domingo Acevedo, marcada por un profundo arraigo en la lírica dominicana contemporánea, se caracteriza por un delicado equilibrio entre el compromiso social, la memoria histórica y un potente uso de la metáfora y el simbolismo como herramientas para sacudir la conciencia y despertar la imaginación.

​A través de poemarios como Espejismo de luna llena, Antología del asombro y su reciente Anatomía de la sangre, su estilo se puede comparar y enlazar con el de otros grandes referentes de la poesía dominicana e hispanoamericana por las siguientes razones:

​1. Con el "Postumismo" y la "Poesía Sorprendida" (Enfoque en el Símbolo)

​Aunque Acevedo desarrolla su obra en una época posterior, su insistencia en el uso de la metáfora pura y el simbolismo para trascender la realidad inmediata lo conecta con la esencia de movimientos como la Poesía Sorprendida (cuyo lema era "Poesía con el hombre universal").

  • Por qué: Al igual que creadores de la talla de Franklin Mieses Burgos o Aída Cartagena Portalatín, Acevedo no se limita a la descripción literal del entorno. Utiliza imágenes universales (la luna, el espejo, la noche) para hurgar en el misterio de la existencia, convirtiendo lo cotidiano y lo íntimo en un lienzo de símbolos que apelan a la imaginación colectiva.

​2. Con los Poetas de la Posguerra y el Compromiso Social (La Memoria y la Sangre)

​En entregas como Anatomía de la sangre, Acevedo utiliza el verso como una trinchera ética contra el olvido, diseccionando el dolor, la violencia histórica y la identidad de su tierra. En esta vertiente, es inevitable emparentarlo con figuras de la Generación del 60 y la Posguerra, como Jacques Viau Renaud o René del Risco Bermúdez.

  • Por qué: Su poesía asume un compromiso social vibrante. No es una denuncia panfletaria ni ruidosa, sino una resistencia lírica de "dolor y color". Como en los textos de Posguerra, en la obra de Acevedo la patria se vuelve un espacio desde donde levantar el silencio y dar voz a las heridas históricas que subyacen en la cotidianidad, haciendo que el pasado permanezca vivo a través de la palabra.

​3. Con la Poesía Conversacional e Histórica de Hispanoamérica

​Por la forma en que entrelaza la identidad, el patriotismo y el peso de lo vivido en los capítulos de su producción, su voz resuena en sintonía con la vertiente de la poesía social hispanoamericana, al estilo del nicaragüense Ernesto Cardenal o el salvadoreño Roque Dalton.

  • Por qué: Existe en su propuesta una intención clara de que la historia no se quede en fechas frías o discursos vacíos, sino que se convierta en una experiencia humana palpable. Acevedo comparte con estos autores la capacidad de poetizar la memoria colectiva e histórica a través de una sensibilidad sumamente pulida y cercana.
  • ​La poesía de Domingo Acevedo se sitúa en un cruce perfecto: posee el rigor estético y la riqueza metafórica de las vanguardias tradicionales, pero está firmemente anclada al pulso ético, humano y social de la realidad de su tiempo.

Vicente Cañas murió defendiendo a los Enawenê-Nawê.




Cuando Vicente Cañas encontró a este pueblo en lo profundo del Amazonas, solo quedaban 97 personas. Una nación entera con su propio idioma, sus propias canciones, sus propios dioses, estaba a punto de desaparecer para siempre. Vicente hizo algo que nadie había hecho. No los estudió y se fue. No los visitó y regresó a su casa. Se fue a vivir con ellos. Y se convirtió en Kiwxi. Uno de ellos. Un hermano.


Vicente nació en España en 1939. Era jesuita, un hermano que consagraba su vida a Dios a través del servicio. En 1966 lo enviaron a Brasil como misionero. Allí vio algo que le rompió el corazón. Los pueblos indígenas del Amazonas estaban muriendo. Enfermedades traídas por forasteros. Expulsiones de sus tierras por hacendados y madereros. Tribus enteras desaparecían. Vicente se negó a quedarse de brazos cruzados.


En la selva profunda vivían los Enawenê-Nawê . Eran lo que el mundo llama una "tribu no contactada". Para cuando el mundo exterior se acercó lo suficiente para contarlos, solo quedaban 97 personas con vida. En 1974, Vicente estableció un contacto pacífico con ellos. Y entonces hizo lo que muy pocos hacen. No los estudió y se fue. No los visitó y regresó a su casa. Se fue a vivir con ellos.


Vivió con los Enawenê-Nawê más de diez años. Aprendió su idioma. Aprendió sus costumbres. Adoptó su forma de vida. Abandonó su país, su cultura, su comodidad, e incluso su propio nombre. Para ellos, se convirtió en Kiwxi. Uno de ellos. Un hermano. Poco a poco, los fue sacando del borde de la extinción. Trajo atención médica. Combatió las epidemias. Y la muerte comenzó a detenerse. Su población pasó de 97 a cien, a doscientas, a más de cuatrocientas personas. Un pueblo que estaba al borde de desaparecer estaba renaciendo.


Pero Vicente entendió algo profundo. Los medicamentos podían salvarlos de las enfermedades. Pero solo la tierra podía salvarlos a largo plazo. Si perdían su territorio, serían dispersados y destruidos. La tierra era su vida. Por eso, Vicente luchó por sus derechos territoriales. Trabajó incansablemente durante años para proteger esa tierra.


Y eso fue lo que lo llevó al asesinato. Porque había otros que también querían esa tierra. Hacendados. Madereros. Los que queman el Amazonas para plantar soya. Para ellos, la selva era dinero. La tribu y el misionero que la protegía eran un obstáculo. Mientras Kiwxi viviera, no podrían tomar esa tierra. Así que decidieron eliminarlo.


Vicente recibió amenazas de muerte una y otra vez. Siguió con su trabajo. En abril de 1987, envió un mensaje de radio a sus colegas: salía de su cabaña hacia la aldea. Nunca llegó. Los asesinos lo encontraron en su cabaña junto al río y lo apuñalaron hasta matarlo. Dejaron su cuerpo en medio de la selva que él había dedicado su vida a proteger.


Durante 40 días, nadie supo lo que había pasado. Cuando lo encontraron, su cuerpo estaba intacto, preservado por el aire seco. Casi momificado. Murió a los 47 años.


Pero la tragedia no terminó ahí. Entre los responsables del asesinato estaba el jefe de policía local. La investigación fue distorsionada por la corrupción. Durante años, nadie pagó por su muerte. Pasaron 38 años antes de que se hiciera justicia. El autor intelectual fue condenado cuando ya era un anciano enfermo.


Hay un detalle que parte el alma. Cuando el caso llegó a juicio, los propios Enawenê-Nawê no pudieron testificar sobre Vicente. Su cultura les prohíbe mencionar el nombre de los muertos. Así que un pueblo vecino habló en su lugar. Contaron la historia del hombre que salvó a una nación entera de desaparecer.


Vicente Cañas abandonó su tierra. Abandonó su idioma. Abandonó su nombre. Abandonó su seguridad. Y finalmente, abandonó su propia vida. Lo hizo por 97 desconocidos en lo profundo de la selva, que estaban al borde de la extinción. Los que lo mataron querían que ese pueblo desapareciera. Pero ese pueblo sigue aquí. Hoy son más de 400. Siguen hablando su idioma. Siguen cantando sus canciones. Siguen siendo ellos mismos.


Pero hay algo que Vicente hizo en sus últimos días, algo que solo sus colegas más cercanos supieron. Una noche, en su cabaña junto al río, escribió una carta. No era para su familia en España. No era para sus superiores en la iglesia. Era para los Enawenê-Nawê. Una carta que nunca llegó a entregar. En ella, les decía algo que resume toda su vida.


🔻 La historia se corta aquí. Porque lo que Vicente Cañas escribió en esa carta, lo que quería decirles a sus hermanos Enawenê-Nawê antes de morir, es la prueba de que no vino a convertirles. Vino a aprender de ellos. Y ese gesto, más que cualquier otra cosa, es por qué lo recuerdan como Kiwxi. No como un santo. Como un hermano.

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