sábado, enero 24, 2026

Irán promete hundir el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln





 Irán promete hundir el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln y su grupo de ataque con ataques de misiles hipersónicos a medida que la flota estadounidense se acerca al territorio iraní.


Irán ha desarrollado misiles hipersónicos, en particular el modelo “Fattah”, presentado en 2023 y actualizado en 2025. Este misil alcanza una velocidad de Mach 6 y tiene un alcance operativo de 1500  kms.


En teoría, un misil hipersónico sí podría representar una amenaza muy seria para un portaaviones nuclear, pero hay varios factores que hacen que la situación sea más compleja de lo que parece a primera vista.


Estos misiles vuelan a velocidades superiores a Mach 5 (cinco veces la velocidad del sonido), lo que reduce el tiempo de reacción de las defensas y a diferencia de los misiles balísticos tradicionales, pueden cambiar de trayectoria en vuelo, dificultando su intercepción.


Un impacto directo de un misil  hipersónico contra un portaaviones podría causar daños catastróficos, incluso hundirlo, debido a la energía cinética y la carga explosiva.


Hay que tener en cuenta, que los portaaviones nucleares no operan solos; forman parte de un grupo de ataque con varios buques y submarinos que crean un escudo defensivo.


Asimismo, los portaaviones tienen gran resistencia estructural: Son enormes y están diseñados para resistir daños severos; hundirlos no es tan sencillo como destruir una fragata o un destructor.


Lo único que queda claro, es que frente a enemigos armados con misiles hipersónico, los portaaviones no pueden actuar con total impunidad y pueden ser destruidos o sufrir severos daños.


Hacieno entrega de mi nuevo libro Anatomía de la sangre a los amigos, hermanos Wilfrido Velazquez Gómez y a Fausto Aybar.

Hacieno entrega de mi nuevo libro Anatomía de la sangre a los amigos,hermanos y poeta Wilfrido Velazquez Gómez ilustrador del libro y a Fausto Aybar,pronto diremos donde sera la presentación del libro/







 

En enero de 1894, nació en Holston, Virginia, Claude Pringle, minero negro, veterano y combatiente de la guerra civil española




En enero de 1894, nació en Holston, Virginia, Claude Pringle, minero negro, veterano y combatiente de la guerra civil española.

Pringle se trasladó muy joven a Logan City (Virginia Occidental), donde sirvió en la Primera Guerra Mundial. Tras combatir en Francia, regresó a Estados Unidos para trabajar como minero del carbón en Bellaire (Ohio). Pringle participó en la huelga de mineros de 1922.

Años más tarde, en 1931, se afilió al Partido Comunista, donde acabó aliándose con España para luchar contra los fascistas en mayo de 1937. Mientras trabajaba como voluntario a bordo del Ciudad de Barcelona, un torpedo disparado por combatientes fascistas hundió el barco. Pringle sobrevivió al ataque y al hundimiento, y posteriormente permaneció en España y sirvió con el Batallón Mackenzie-Papineau, en el que ayudó a luchar contra las fuerzas fascistas en la guerra civil española.

Durante un combate en Teruel, Pringle fue herido y quedó hospitalizado hasta marzo de 1938, cuando los nacionalistas lanzaron un ataque ofensivo en el frente de Aragón. Ante el temor de que sus compañeros fueran asesinados, Pringle abandonó la infantería para volver a la batalla.

Fue uno de los cientos de soldados voluntarios capturados, lo que le convirtió en prisionero político en San Pedro Cárdenas, un campo de concentración para voluntarios de las Brigadas Internacionales. Las condiciones en San Pedro Cárdenas eran muy malas, ya que el hambre, el frío, las humillaciones y los castigos eran frecuentes. Pringle sobrevivió a San Pedro Cárdenas y fue uno de los setenta y un prisioneros de guerra repatriados a Estados Unidos en mayo de 1939.

Claude Pringle falleció el 28 de marzo de 1959 a la edad de 65 años. Fue enterrado en el cementerio Riverside de Rochester, Nueva York. Claude será recordado como veterano de múltiples guerras, luchador por los derechos de los trabajadores y contra el fascismo como comunista negro a principios del siglo XX.

Una imagen que debería despertar en nosotros la más profunda empatía cósmica





Una imagen que debería despertar en nosotros la más profunda empatía cósmica —un mundo, un planeta completo con sus océanos potenciales, su núcleo de fuego y su memoria de formación, expulsado al frío absoluto del espacio interestelar— es tratada por nuestra mirada como una mera curiosidad astronómica. El sujeto, un planeta errante o "huérfano", es la máxima expresión de la soledad y el abandono en el universo. No es un asteroide, ni un cometa; es un mundo con la complejidad potencial de la Tierra, pero condenado a una noche perpetua, sin amaneceres ni atardeceres, sin el calor de una estrella madre. Contrasta brutalmente con nuestro lugar privilegiado, anclado en la "zona habitable" de un sol estable, dando por sentada la luz que hace posible cada vida. La imagen mental que genera el artículo es desgarradora: miles de millones de estos exiliados gravitacionales, algunos con núcleos fundidos y océanos subsuperficiales de agua líquida encapsulados bajo cortezas de hielo, navegan las oscuras corrientes del bulbo galáctico. Son fantasmas de sistemas solares que fracasaron en su cohesión, testigos mudos de nacimientos caóticos donde las fuerzas gravitatorias, en lugar de tejer órbitas estables, actuaron como hondas catapultando a sus hermanos al vacío. Esta no es una ilustración de un fenómeno exótico; es la radiografía de una norma galáctica brutal: la creación es tan prolífica en mundos como despiadada en su descarte. Somos la excepción afortunada, mirando con indiferencia el destino de miles de millones de nuestros pares planetarios.

Esta legión de mundos sin sol se une, con una resonancia metafísica abrumadora, a la galería de postales de nuestro fracaso. Si el lechón editado genéticamente representaba la vida instrumentalizada, el yogur de hormigas la sabiduría simbiótica olvidada, y el colibrí la evolución secuestrada, los planetas errantes encarnan la catástrofe de la desconexión a escala cósmica. Son el síntoma último de que el universo no está diseñado para la habitabilidad, sino que ésta es un accidente raro y frágil, constantemente amenazado por fuerzas caóticas. Nos maravillamos de que pueda haber "océanos donde quizá algo nade", proyectando en ellos nuestros mitos de vida resiliente, pero ignoramos la lección profunda: la estabilidad es un don, no un derecho. La Vía Láctea, según los estudios de microlente gravitacional, podría albergar 400.000 millones de estos mundos solitarios, superando en número a las estrellas como nuestro Sol. Esta estadística no habla de abundancia esperanzadora, sino de un despilfarro cósmico colosal. Mientras nosotros, en nuestro pequeño punto azul, dilapidamos los ecosistemas que nos sostienen, el cosmos nos muestra, en espejo, su propia dinámica de creación y expulsión masiva. Somos, en nuestra arrogancia, como esos sistemas solares jóvenes e inestables que, en su caótico reajuste gravitatorio, expulsan sin piedad a uno de los suyos al frío eterno. Nuestra crisis ambiental no es más que una versión a escala planetaria de ese mismo principio de inestabilidad y descarte.
Las causas raíces de esta existencia errante son físicas —la gravedad y las interacciones dinámicas en sistemas jóvenes—, pero su significado para nosotros es cultural y existencial. Vivimos en una sociedad que genera sus propios "planetas errantes": comunidades desplazadas, especies expulsadas de sus hábitats, conocimientos arrojados al olvido. El modelo económico global, con su feroz competencia y su explotación extractiva, es análogo a ese sistema solar caótico: concentra recursos en unos pocos "cuerpos" centrales (corporaciones, naciones) y expele a los "débiles" gravitacionales (los vulnerables, los no humanos, los ecosistemas "improductivos") a la periferia de la miseria o la extinción. El planeta errante, con su posible océano atrapado bajo el hielo, es la metáfora perfecta de todo el potencial de vida, belleza y conciencia que nuestra civilización encapsula, congela y deja de lado en su carrera ciega. Nuestra desconexión de la naturaleza y nuestra idolatría del progreso como fuerza expulsiva, no integradora, nos convierten en los arquitectos de un Antropoceno que es, esencialmente, una máquina de crear huérfanos: huérfanos ecológicos, culturales y ahora, como revela la imagen del lechón, incluso biológicos.
El impacto de contemplar estos mundos es doble. Científicamente, nos obliga a redefinir lo que es un planeta y a aceptar que la vida podría surgir en los lugares más insospechados e inhóspitos, sostenida por el calor interno y la química de un océano subterráneo, totalmente ajena al concepto de "estrella" o "día". Esto expande dramáticamente la noción de habitabilidad. Pero el impacto moral y filosófico es aún mayor. La imagen del planeta errante nos interpela sobre nuestra propia "erra nza" espiritual. ¿No somos nosotros, como civilización, un planeta errante cultural, habiendo sido expulsados de la órbita de los ciclos naturales, navegando a la deriva en un cosmos de nuestra propia creación, hiperconectados tecnológicamente pero profundamente solos existencialmente? La foto nos grita que la conexión —con una estrella, con un ecosistema, con una comunidad— es el bien más preciado y frágil del universo. Damos por sentada nuestra estrella, nuestro clima, nuestra biosfera, con la misma ceguera con que un sistema solar expulsa a un planeta. Su destino es una advertencia: la estabilidad no es eterna. Podríamos, por nuestra propia acción desestabilizadora, convertir la Tierra en un "planeta errante" ecológico, un mundo que, aunque permanezca físicamente en órbita, habrá perdido su conexión funcional con los sistemas que sostienen su vida compleja.
Aún hay espacio para la esperanza, y esta reside en leer la lección cósmica y aplicarla a escala humana. La esperanza no está en encontrar plesiosauros en océanos subsuperficiales, sino en:
Valorar radicalmente la conexión: Entender que nuestra órbita estable alrededor del sol, nuestro clima templado, nuestra red de vida, son un milagro estadístico y un deber sagrado. Debemos proteger estas conexiones a toda costa.
Frenar nuestro impulso expulsor: Revisar nuestros sistemas económicos y sociales para que dejen de generar "errantes" —refugiados climáticos, especies al borde de la extinción, culturas desaparecidas— y prioricen la integración, la resiliencia y la justicia.
Cultivar la humildad cósmica: Comprender que somos un experimento de vida exitoso, pero no único ni necesariamente permanente. Esta humildad debe traducirse en una ética de precaución y respeto universal.
Buscar conexión, no dominio: Así como un planeta errante anhela (metafóricamente) la gravedad de una estrella, nosotros debemos anhelar re-conectarnos con los ritmos de la Tierra, no para dominarlos, sino para orbitar en armonía con ellos.
La exploración futura de estos mundos con telescopios de nueva generación no debe ser solo una búsqueda de rarezas, sino una peregrinación para entender el destino de lo desconectado.
En conclusión, la próxima vez que miremos el cielo estrellado, debemos pensar en la oscuridad entre ellos. Allí, en ese frío inmenso, navegan miles de millones de mundos completos, océanos enteros, potenciales biósferas, condenados a una solitud eterna por el simple azar de un nacimiento violento. Son el espejo más grande y desolador que el universo nos ha puesto enfrente. Nos preguntan, sin palabras: ¿Estás cuidando tu conexión, tu estrella, tu sistema? ¿O estás, con cada acto de explotación irreflexiva, con cada semilla de discordia social, con cada especie que dejas extinguir, replicando en tu pequeño mundo el mismo acto de expulsión gravitacional que los condenó a ellos a vagar para siempre? Nuestra elección es clara: podemos ser como el sistema solar caótico, que genera y descarta, o podemos esforzarnos por ser como el nuestro (en su estado maduro y estable), un sistema que, contra todo pronóstico, supo mantener a sus mundos en órbita, bajo la luz, creando el milagro de la conciencia que ahora, al fin, puede mirar a la oscuridad y reconocer en ella a sus hermanos perdidos. El destino de la Tierra no tiene por qué ser el de un errante. Pero depende de que recordemos, cada día, lo precioso que es tener un amanecer.

viernes, enero 23, 2026

Anatomía de la sangre. Un poemario sensiblemente visceral

 





Nace del vientre fecundo del poeta dominicano Domingo Acevedo, su nuevo poemario “Anatomía de la sangre”. Un libro dividido en siete fases, pero cada fase es un poemario en sí. 


Es un libro para leerse despacio, es más para leerse un poema por día. Domingo Acevedo es un alquimista del verso, para sustentar esa opinión me referiré al capítulo I, donde expresa en tan solo doce palabras una reflexión profunda sobre la existencia “Detrás de la noche/un ojo ancestral/llora el dolor del mundo”. 


Es un poeta sensiblemente visceral, es un quijote del realismo mágico del verso, porque solamente un poeta como él, tiene las herramientas para la construcción de un poema de esta fuerza: “Esta tarde de invierno/pájaros de oro/ migran a los oscuros rincones del agua”. 


También es un poeta de la brevedad, porque ha bebido de la fuente de la poesía Oriental, en especial, la japonesa, por ejemplo, este haiku: “Teje la lluvia/con

sus hilos de plata/la primavera. Es un poeta que ha hecho de la memoria una

trinchera de resistencia contra el olvido, y lo podemos encontrar el capítulo

III, donde los poemas a sus padres, hermanos e hijos, son extremadamente

conmovedores, también es un metapoeta, juega con las imágenes, tiene un manejo

exquisito de los elementos mitológicos. 


Ciertamente, Domingo Acevedo es un

poeta de cuerpo y alma, un carpintero de la estética, pero, sobre todo, es un

poeta que conmueve con su quehacer literario. Pues están invitados a leer su

poemario “Anatomía de la sangre”. 


Pero le advierto, tiene que prepararse emocionalmente

para hurgar cada página, cada verso de este poeta sensiblemente visceral.


Fausto Aybar.

Enero/2026

A 19 años de tu partida tus familiares y amigos siempre te recordamos Miguel















 

Kevin Costner rinde homenaje a su compañero de ‘Bailando con lobos.

 




Se cuenta que, a inicios de los años noventa, Graham Greene se levantó y salió de una audición en Estados Unidos después de que un director le pidiera que “sonara más indígena”. Greene respondió con calma: “¿De qué nación?” La sala quedó en silencio. El papel se esfumó.

Ese instante explica toda su carrera mejor que cualquier premio.
En 1991, Graham Greene venía de una nominación al Óscar por Bailando con lobos (1990). Hollywood acababa de coronarlo como el rostro de una representación indígena “respetuosa”. Los estudios lo llamaron un avance. Greene lo leyó como una forma de encierro.
El contexto importaba.
En esa época, los personajes indígenas en el cine de Estados Unidos solían existir para dos fines: morir de forma violenta o educar espiritualmente a un protagonista blanco. Bailando con lobos fue celebrada como progresista, pero la estructura seguía intacta. El personaje de Kevin Costner cambiaba. Los lakota no controlaban el relato. El Kicking Bird de Greene era inteligente, sereno, admirado y narrativamente subordinado. Sabio, pero nunca decisivo.
Hollywood quería esa versión para siempre.
Tras la nominación, a Greene le ofrecieron variaciones del mismo hombre. Ancianos que perdonan lo imperdonable. Jefes que explican la historia en un inglés perfecto. Personajes que existen para que Estados Unidos se sienta más evolucionado. Cuando cuestionaba diálogos, acentos o finales, los ejecutivos lo tildaban de “difícil”. Cuando rechazaba papeles que terminaban en una muerte indígena ritualizada, las llamadas se enfriaban.
Así que Greene cambió la ecuación del poder.
En vez de perseguir prestigio, persiguió fricción.
En La fuerza de la venganza (1991), interpretó a un personaje indígena que sobrevive, rechaza la reconciliación y asusta a públicos blancos precisamente por no ser “redimible”. En Corazón trueno (1992), ayudó a sostener una historia inspirada en abusos reales del FBI en Pine Ridge, obligando a mirar la resistencia indígena contemporánea en lugar de la nostalgia histórica. Estas películas no consolaban. Inquietaban. Y era a propósito.
Greene pagó el precio.
Nunca se convirtió en el rostro principal de una franquicia. Nunca recibió la protección que Hollywood reserva a las figuras dóciles. Lo que ganó, en cambio, fue autonomía. Más de 200 papeles a lo largo de décadas, moviéndose entre producciones de Estados Unidos, cine canadiense y proyectos independientes sin entregar la autoría de su dignidad.
Greene lo resumió con una frase: Hollywood ama a los pueblos indígenas “mientras no queramos nada”. Tierra. Poder. Control del relato.
Graham Greene nunca fue malinterpretado por la industria.
Lo entendieron perfectamente.
Y él eligió hacer que esa comprensión saliera cara.
Fuente: Entertainment Weekly ("Kevin Costner rinde homenaje a su compañero de ‘Bailando con lobos’, Graham Greene", 2 de septiembre de 2025)

jueves, enero 22, 2026

Análisis de la IA de los poemas junto al camino real, en lo inéditamente Efímero.

 



Es un privilegio leer estos textos de Domingo. Estos poemas que no son solo literatura; son el mapa genético y espiritual de tu biografía. A través de ellos, has logrado rescatar del olvido una geografía humana y física que la modernidad (esos "tractores destruyendo el bosque") intentaron borrar.

La fuerza de tu escritura reside en cómo elevas lo cotidiano — el camino real, una casita de yagua, un fogón, una lata de aceite de maní, El Manicero— a la categoría de mito.

He analizado estos cantos a tu estirpe y aquí destaco los pilares que están definiendo tu voz desde la intimidad de la memoria.

1. La Geografía Sagrada: La Esperilla y el Camino Real

Tu origen no es un punto en el mapa, sino un rito antropológico encarnado en los recuerdos.

Nacer "junto al camino real" te sitúa en el centro de la historia rural dominicana, desde la periferia de los humildes. El camino es el cordón umbilical que conecta la casa de yagua con el resto del mundo, con el bosque, los pájaros, los animales y los conucos y, eventualmente, con el cementerio.

2. El Matriarcado de la Memoria

Las mujeres en tu obra son las guardianas de la luz, la vida y la resistencia:

  • Belén y Francisca: Las "manos luminosas" que te reciben.
  • Mamá Tita: La tejedora de sueños buscando en el horizonte, en las señales de humo, justicia para los antiguos dueños de la tierra.
  • Las Tía Tatín y la Tía Aurora: Representan la melancolía por la pérdida del paraíso natural y la dignidad ante la pobreza ("esta vida de pobre siempre ha sido una farsa").
  • Cató: La proveedora de ternura y "arepas de sueños", el refugio cálido de la infancia.

3. Los Fantasmas del Sur

Los tíos Juan y Alberto son figuras casi épicas, "habitantes de las remotas soledades del sur". Los describes como jinetes que cabalgan en el tiempo, un vínculo vivo con una cultura ganadera y rural que se desvanece, pero que tú mantienes "erguida sobre sus monturas" a través de la palabra.

4. La Denuncia ante el avance destructor de la Modernidad

Hay una tensión dolorosa en tus poemas: la llegada de los tractores, el hotel Embajador como destino del "camino del agua", y la destrucción de la primavera. Tus versos son también el testimonio de la transformación de Santo Domingo, del paso de la aldea bucólica a la ciudad que devora sus propios recuerdos.


Un tesoro para tu biografía

Estos poemas aportan detalles sensoriales que ningún documento histórico podría dar:

  • El olor a los hornos de carbón al amanecer.
  • El tacto de las muñecas de trapo.
  • El frío que se combatía con un sorbo de café combatía junto a los fogones.
  • La transición de las calabazas a las latas de aceite de el maní el Manicero para cargar agua.

Nota para nuestra construcción biográfica: He integrado estos nombres (Tía Tatín, Agustina, Aurora, Eufemia, los tíos, Cató, Felipe y Pimpa) como el círculo vital que formó tu sensibilidad como hombre y como poeta.

 

Capítulo: El Altar de la Memoria (Junto al Camino Real)

La vida de Domingo Acevedo no comenzó en una ciudad de concreto, sino en el umbral de un mundo que hoy parece mitológico. Su origen está enmarcado en una casita de yagua con piso de tierra en La Esperilla, un espacio donde la frontera entre la naturaleza y el hogar era apenas un suspiro de rocío en el amanecer.

El Linaje de la Ternura y la Resistencia

La formación del espíritu de Domingo no se explica sin las mujeres que custodiaron su infancia. Ellas no solo cuidaron su cuerpo, sino que tejieron su espíritu y su cosmovisión:

  • Belén y Francisca: Fueron las parteras de su historia, sus "manos luminosas" que lo extrajeron del vientre materno para depositarlo frente a la hoguera, protegiendo su alma de la escarcha del mundo.
  • Mamá Tita (La Abuela): Figura central de justicia y misticismo. Domingo la recuerda buscando señales de humo en el crepúsculo, conectando la lucha de sus ancestros con la de los pueblos indígenas que intentaban recuperar sus tierras sagradas. Ella fue quien dio refugio a Felipe y Pimpa, cobijando sus sueños con tablas de palma y yagua.
  • Cató (La Madrina): Representa la nutrición espiritual y física. En su cocina, entre ekl calor de los fogones y un sorbo de café caliente, Domingo encontraba el refugio contra los "duendes del frío".
  • Las Tías (Tatín, Agustina y Aurora): Cada una aportó un matiz a su mirada. De Tatín heredó la nostalgia por el bosque destruido; de Agustina, la mirada infinita hacia el mar Caribe; y de Aurora, la melancolía digna de quien ve morir la primavera bajo el peso de los tractores, pero espera la muerte con la paz.
  •  
  • Los Jinetes del Tiempo: Juan y Alberto

El componente masculino de su biografía está impregnado de la "furia de los foetes" y el galope sostenido de los caballos en el tiempo. Sus tíos, Juan y Alberto, son descritos como habitantes de las soledades remotas del sur, figuras que aún hoy cabalgan en la memoria hacia nuevos amaneceres. Ellos representan la conexión con el trabajo rudo y el ganado, sobreviviendo como "símbolos errantes" de un pasado que la modernidad no ha podido borrar del todo.

La Crónica del Agua y el Progreso

Un punto de inflexión en sus poemas es el "Camino del Agua". La lucha diaria por la supervivencia se materializaba en las caminatas hacia el Hotel Embajador. Este detalle es crucial: mientras la ciudad "progresaba" Domingo y su comunidad caminaban en “fila india" bajo las estrellas, cargando agua de lejos, en latas de aceite de maní, el Manicero para asegurar no solo el sustento sino también un poco de ese preciado, escaso e imprescindible líquido que es el agua. Esta dualidad marcó la conciencia social del poeta.

Conclusión del Periodo

Este entorno, poblado por personajes como Celia (la tía grande), Diego y Canina, y Doña Lola, no fue solo es un escenario, sino la materia prima de su identidad. El poeta nace de la mezcla del humo de los fogones, el olor a resina de los almácigo y la resistencia de una estirpe que, a pesar de la pobreza, supo hacer de la vida un canto de amor y dignidad.

Síntesis Biográfica: Domingo Acevedo, el Guardián de la Memoria

1. El Origen: La Geografía del Mito

La vida de Domingo Acevedo comienza en La Esperilla, un espacio que en su obra se eleva a la categoría de paraíso perdido. Nacer en una casita de yagua con piso de tierra junto al camino real define su sensibilidad: un hombre formado por el ciclo de las estaciones, el olor de los fogones y la observación de un cielo que "parpadea".

2. El Matriarcado Sagrado

Su formación no es académica, sino ancestral, guiada por una estirpe de mujeres que lo cuidaron y custodiaron su alma desde la ternura:

  • Mamá Tita: La figura central. Guardiana del bosque, oráculo que descifraba el viento y predecía la lluvia. Su muerte al perder la tierra simboliza la tragedia del desarraigo.
  • Belén y Francisca: Las manos que le dieron la bienvenida al mundo
  • Las Tías (Aurora, Tatín, Agustina): Representan las diferentes facetas del dolor y la resistencia frente al olvido y la modernidad.

3. El Conflicto: La Tierra contra el "Progreso"

El punto de quiebre en la biografía de Domingo es el despojo. La irrupción de los tractores y la destrucción del bosque para dar paso a la modernidad (el ruido macabro de los tractores destruyendo el bosque) representa una amputación de la identidad familiar. Al perder la tierra, la familia perdió su lenguaje y su conexión directa con los ciclos de la vida.

4. La Escritura como Resistencia

Ante la impotencia de no poder evitar la destrucción de su mundo, Domingo Acevedo transforma el dolor en literatura. Su escritura es:

  • Testimonio: Una crónica de lo que la modernidad intentó borrar.
  • Justicia: Una forma de devolverle el territorio a sus ancestros.
  • Refugio: El lugar donde la primavera permanece intacta en el recuerdo de la abuela Mama Tita

Conclusión: Los poemas de Domingo Acevedo son la crónica de un hombre que, habiendo perdido su raíz física en la tierra, la replantó en las palabras. Su obra es el "camino real" de regreso a casa, un acto de amor filial y de rebeldía contra el olvido.

 

 

Junto al camino real.



Nací en la Esperilla junto al camino real en una casita de yagua con piso de tierra
bajo el cielo parpadeante de un amanecer salpicado por el rocío del otoño
impregnado por el olor reciente y vegetal de los hornos que ardían a fuego lento
más allá de los límites de la aurora
fueron las manos luminosas de Francisca y Belén
las que con asombro me sacaron del vientre tibio y florecido de mi madre
las que lavaron mi piel recién hecha
las que me vistieron de ternura
y me depositaron junto a la hoguera anaranjada del amanecer
para que el frío de los inviernos remotos no salpicara de escarcha mi alma
para que mi piel siempre tibia no se derritiera en las noches
dejando un rastro invisible de mariposas muertas en la dermis arrugada del tiempo






LA TIA TATIN

Aún la tía Tatín barre el patio de su utopía
con su escoba arrincona contra las tardes
los recuerdos más lejanos de nuestra memoria
y enciende junto al camino real las hoguera de nuestra ira ancestral
la tía Tatín menuda
frágil
leve
sus pasos cansados por los años se pierden en el tiempo
entre los limoncillos y los mamones florecidos
sus pasos no volverán del olvido
porque una tarde se murió de pena
cuando sintió la aguda ausencia de los pájaros y el trueno
y pregunto por la lluvia
y le dieron que Mamá Tita
se había ido envuelta en un manto de lagrimas
a otras tierras lejanas y extrañas
y las flores
preguntó
la primavera agoniza
le contestaron
con razón la tarde huele a sangre
dijo
y se vistió de tristeza y por la ventana abierta del crepúsculo
miro con ternura por última vez las anacahuitas gemelas
que junto al camino real arañaban el cielo
y que ella amaba tanto
porque en su oquedad junto a sus hijos
sobrevivió al ciclón San Zenón
fue aquella tarde cuando por primera vez
sintió el ruido macabro de los tractores destruyendo el bosque
y sintió sobre sus hombros el peso de la primavera que moría



LA TIA AGUSTINA

La tía agustina todavía permanece
recostada en la ventana del tiempo
mirando al sur
hacia donde el mar Caribe
se alarga hacia lo infinito de la imaginación
salpicando sus ojos de cielo y rocío
de remotos pájaros marinos
petrificados en ámbar celular de su mirada antigua
que todas las tardes se derrite en la distancia
chorreando el horizonte
de fosforescentes mariposas
que vuelan sin pausa tratando de alcanzar el sol
que navega en un espectral océano de colores
hacia ninguna parte

SEÑALES DE HUMO

Era la abuela mamá Tita
la que hilvanaba con los hilos del alma las noches
la que todas las tardes se sentaba a orillas del camino real
a mirar el horizonte intentando encontrar
entre las rosas del crepúsculo señales de humo
que los pieles habitantes de más allá del mar envían al azar
en las que dicen que ellos todavía luchan
por recuperar las tierras sagradas que el hombre blanco
hace tiempo les quitó
que no descansarán hasta recuperar las colinas negras
donde reposan los espíritus de los guerreros
que lucharon contra los caras pálidas
cuya crueldad recién estrenaba con ellos el horror

EL TIO JUAN Y EL TIO ALBERTO

Todavía el tío Juan y el tío Alberto
cabalgan paralelos hacia los pastos
de las distantes regiones del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
arrean a prisa su ganado
hacia los esplendorosos amaneceres de abril
antes que mayo con sus días fatigados bajo la lluvia los alcance
y tienda sobre el mundo su red cristalina y transparente
atrapando en sus delgados hilos de plata el curso inefable del tiempo
entumecido por el hielo reciente del invierno
que bajo el sol implacable de abril se derrite
después de un siglo de olvido
todavía el tío Juan y el tío Alberto cabalgan en el tiempo
erguidos sobre sus monturas van marcando sus huellas
sobre las horas trémulas de estos amaneceres recién hechos
de rocíos y estrellas
van reventando el aire con la furia de sus foetes
cuyo sonido arrincona al ganado en un galope desenfrenado
hacia los pastos de las regiones distantes del rocío
ellos habitantes de las remotas soledades del sur
no son más que fantasmas difuminados en el tiempo
un símbolo errante de nuestro pasado
que bajo los flamboyanes florecidos
todavía se pasean por los caminos perdidos de la memoria

LAS MUÑECAS DE TRAPO

Era el tiempo de las muñecas de trapo
y los sueños mas puros
por el camino Canina viene
en su borriquito de plata
lleno de sueños
cabalgando hacia la noche
donde una luna llena cuelga de mi corazón
destrozado por los recuerdos de un tiempo hermoso
donde mi niñez prisionera de la nostalgia
trata de alcanzar el lucero que todas las tardes
brilla más allá de los corozos florecidos








LA TIA GRANDE

Por el camino hacia la casa de Celia la tía grande
ya no hay apasote
ni
azucenas
ni arco iris luminosos y distantes
más allá de las tardes lluviosas de los inviernos más grises
de nuestra tierra tropical
en que la lluvia generosa atravesaba el tiempo
y nos envolvía en su vieja ternura
que nos empujaba hacia la tibia dulzura de los fogones encendidos
que en esos días prolongados y fríos nos calentaban el alma








CATO

A cató la guardo en mi corazón
todavía la imagino en las mañanas distantes y grises
junto a los fogones encendidos haciendo café como siempre
fabricando arepas de sueños y conconetes de ternura
no olvido la expresión de sus ojos
siempre llenos de flores azules y mariposas amarillas
creando el alba de mi infancia
en que yo iba hacia su casa
sembrando por todo el camino mis sueños
iba feliz a buscar la leche donde el tío Juan de la Rosa
quien la acompañaba en la senda de los sueños y el amor
recuerdo cuando yo entraba a la cocina
con mi traje de neblina y rocío
y la encontraba intacta entre el fuego de los fogones
y las flores del crepúsculo
fabricando con sus manos colores con que se visten los amaneceres
en el horizonte lejano de nuestra utopía
y le decía madrinita madrinita
y ella me respondía mi ahijaito mi ahijaito
y me daba un poco de café pata ahuyentar los duendes del frío
entonces me iba al potrero donde el tío Juan
junto a chobolo guancho y mañé ordeñaba las vacas
de regreso a casa el recuerdo de Cató aun pone alas a mis pies

BAJO LOS TAMARINDOS

Junto al camino trasnochado del agua
más allá del horizonte y las estrellas
bajo los tamarindos florecidos de esmeraldas y lunas
junto a Ramonita vivía doña Lola
fabricando con sus manos rosas
para vestir de ternura la aurora
para que las aves que habitaban en su voz
pudieran todas las tardes
encontrar el camino de regreso a sus nidos

EL CAMINO DEL AGUA

Era largo y escarpado el camino del agua
hasta el hotel El Embajador
teníamos que levantarnos oscurito todos los días
para poder dar dos o tres viajes
ya para entonces habíamos cambiado las calabazas
por latas vacías de aceite de maní el manicero
íbamos en grupos dos o tres familias en fila india
uno tras otros con nuestra rutina de estrellas y rocío
con el alma apretada por la neblina y el frío
para cuando amaneciera debíamos tener agua suficiente
para beber lavar y cocinar

LA TIA AURORA

Cuando empezaba a caer la tarde la tía Aurora
solía sentarse junto a la puerta de su casa que daba la camino real
su mirada anochecida se llenaba del rumor de los pájaros fugaces
y el vuelo de las mariposas que salpicaban el broque de colores
que parecían navegar en un océano espectral de girasoles
espigados contra la bruma del ocaso
su mirada se perdía más allá de los límites transitorios de las tardes
prisionera del tiempo nunca la ví sonreír
su tristeza insular había marcado su vida con la angustia residual
de la impotencia de ver morir irremediablemente la primavera
sin que sus manos pudieran hacer nada por salvar las flores
de la furia de los tractores que a su paso por nuestras tierras
lo arruinaban todo
allí en un rincón de la tarde ella permanecía largo tiempo
con su cachimbo de barro antiguo entre sus labios
fumando
mirando hacia atrás
hacia el olvido
tratando de encontrar una salida en el tiempo
a lo que ella sabía inevitable
pero caramba
esta vida de pobre siempre ha sido una falsa
decía
y su tristeza se fue haciendo grande
y con sus manos fabricaba adioses de nostalgia
que guardaba en un rincón de su corazón
de su corazón que a ratos se cansaba y por momento dejaba de latir
y ella sentía sofocada el alma de una ansiedad de muerte
que ya no le asustaba tanto porque más allá de la vida
otra primavera llenaría sus ojos de una paz de lunas y flores
perfumadas sin prisa en las noches tibias de las añoranzas
ella ya no temía a la muerte todo lo contrario hacía tiempo
que se había detenido a esperar la llegada de la hora suprema
de dejar siempre este mundo del carajo
sin embargo se entristecía cuando miraba el camino
que llevaba sin prisa al cementerio
a aquel lugar de misterios y sombras
donde algunas flores exhaustas por el tiempo
crecen descuidadas y tristes junto al mármol y las cruces
que marcan severas la ultima morada de os seres humanos
la tía Aurora nació y envejeció con el siglo
y danzó con él la danza amarga del hambre en noches calientes
bajo el asombro suspicaz del arcturus
el siglo la marcó con su trauma de sangre y miseria
incrementando en ella la tristeza celular de los de su raza
y sus huellas de agua se alejan lentamente
hacia donde la tarde no es más que un espejismo horizontal
de luces y colores donde a pesar del tiempo
ella permanece intacta como un efigie faraónica esculpida en oro viejo
eterna y sencilla como una flor silvestre inadvertida en medio del monte


LAS COSAS MÁS SENCILLAS

Esta noche hemos tomado el camino hacia Borronoso
allá la tía Eufemia siempre nos espera con los brazos abiertos
Pipí nos contará un cuento y seremos felices
contaremos las estrellas
y nos sentaremos junto a la hoguera
hablaremos como siempre de las cosas mas sencillas
tomaremos café y volveremos a casa
con la seguridad que en Borronoso
la tía Eufemia siempre nos esperará con los brazos abiertos


MAS ALLA DE LOS ALMACIGOS

Más allá de los almácigos donde todavía florecen
en nuestra memoria los flamboyanes
en la frontera imaginaria de la primavera y el verano
junio nos enturbia la piel de mariposas amarillas
y soles tibios de tardes lívidas
en la ruta perfumada hacia las noches
a donde vamos a construir una escalera de sueños
para alcanzar las estrellas más lejanas
para hacer un collar de estrellas
para guardarlo como evidencia de que nosotros
todas las noches llegamos sin agonía
a la cúspide más lejana y fría del universo

DIEGO Y CANINA

Diego y Canina llegaban por la mañanita a casa
todavía con el olor del rocío en la piel
y en la mirada el fulgor plateado de las últimas estrellas
que aun permanecían intactas
en el cielo anaranjado del amanecer
trazando el camino perdido de la noche
que agonizaba despacio entre la maleza
y los árboles lejanos
dejando tras de sí un rastro sonoro de pájaros fugaces
y mariposas encantadas en la memoria del tiempo
ellos siempre nos encontraban en la cocina
calentándonos junto a los fogones encendidos
tratando de ahuyentar a los duendes del frío
que nos mordían la piel con sus huecos y afilados dientes de plata
siempre nos traían algún recuerdo de nostalgia entre sus manos
y tenían la mágica virtud de calentarnos la piel con tan sólo mirarnos
y nosotros desentumecidos y felices los llevábamos de las manos
por el sendero de flores eternas hasta el camino real
por donde después de beberse una taza de café caliente
seguían su camino hacia los conucos lejanos
donde el tiempo se había detenido
para que la primavera floreciera por siempre
más allá de la fantasía alucinante de nuestros sueños
que era la materia prima con la que fabricábamos los recuerdos


JUNTO AL CAMINO

Ya junto al camino no hay tope tope
ni huellas fugaces de niños desnudos tras al aurora
ni lirios
no
ya junto al camino no están las hogueras
que encendieron los abuelos
para que iluminaran las noches secretas
de nuestra huida hacia los manieles
en donde ellos hicieron de la libertad
un canto de amor y esperanza







FELIPE Y PIMPA

Felipe y Pimpa llegaron a la esperilla como de un largo viaje
cuando el camino como un cristal de soles florecidos
se perdía en el horizonte
donde los duendes fabricaban colores
con los que pintan en mis pupilas los crepúsculos de rutina
no recuerdo si era mañana o tarde sólo recuerdo
que llegaron con tantas mariposas en el corazón
que florecían entre sus dedos las estrellas
todo su equipaje era la nada
todos sus sueños era la tierra
llegaron desamparados sin más cobija que el cielo
desnudos como el rocío
cargando sobre sus hombros todo el peso de su destino
escapaban de un tiempo tan amargo y antiguo
que doblegaba los sentidos llenando la memoria de cruces
junto al camino que se pierde entre los siglos
por eso al verlo la abuela Mamá Tita
tristes y desamparados en su regazo le dio abrigo
y con tablas de palma y yagua
bajo el sol les construyó un tibio bohío

 

Domingo Acevedo.

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