jueves, agosto 16, 2018

La guáyiga, alimento del pasado


Carol Hoffman - 8 de agosto de 2012 - 4:31 am -  2
Cada vez que regresamos a la República Dominicana, tratamos de visitar diferentes sitios del país. Hace unos años, en nuestro camino hacia La Romana, paramos en una cueva recientemente abierta al público, la Cueva de las maravillas, en las cercanías de Juan Dolio y San Pedro de Macorís. Esta cueva tiene más de 500 pictografías, petroglifos y grabados taínos que están excepcionalmente bien conservados. Se la considera como una muestra de las más ricas de arte sobre roca en las Antillas. Esta cueva también posee una impresionante colección de estalactitas, estalagmitas y columnas.
En la entrada de la cueva hay un pequeño jardín de plantas nativas en las que unas eran de uso y otras servían de alimento a los taínos. Nuestro guía orgullosamente nos mostró una planta, la guáyiga, que según él solo se encontraba en República Dominicana y en las Bahamas. Mencionó que los taínos usaban la raíz de esta planta para hacer harina.
Al mirar de cerca la planta quise decirle: “No, no, usted está equivocado. Tenemos esta planta también en la Florida”. Se trataba de la misma planta que en la Florida se conoce con el nombre de coontie que la comían los habitantes prehistóricos de Glades pueblo conocido también como  tequesta. Fue uno de esos momentos para decir: ¡Ajá!, cuando uno comienza a darse cuenta de que existe  mucha similitud entre las plantas que hay en la Florida y las que se encuentran en varias islas del Caribe.
(Este incidente relatado me recuerda una historia de dos jóvenes muchachas en una escuela de Chicago, donde ambas llevaron su “comida típica” para un festival. Cuando ellas descubrieron que habían llevado el mismo plato, la dominicana dijo, “Ése es mi quipe”. No, ese es mi kibe, dijo la muchacha libanesa”. Muchas veces el orgullo nacional no tiene en cuenta la fertilización cruzada.)
Pictografías de la cueva Jose MaríaLo que es intrigante acerca de la guáyiga y el coontie, en la República Dominicana y la Florida, es que dos plantas similares fueron usadas por dos grupos indígenas diferentes para tipos parecidos de comidas. Las dos especies de plantas de cierta manera son venenosas en su estado crudo (algunas personas afirman que los taínos hasta usaron esta planta como veneno de ratones), y los dos grupos indígenas desarrollaron una manera complicada y procesos similares para extraer el veneno de las raíces, después de rallarla y molerla. De modo semejante, algunos tipos de yuca también son venenosos y tienen que ser tratados de modo parecido y, es lo que hacían algunas tribus del Amazonas y otros pueblos de América.
La guáyiga y el coontie son “parientes cercanos” (Zamia debilis y Zamia pumila) de la misma familia zamiaceae. Las plantas de la familia Zamia son llamadas también guayra en La Española y guayará o guayaros (Cuba, Z. integrifolia); estas variaciones en los nombres probablemente proviene de la palabra española “guayar”.
La primera relación escrita acerca de la Zamia la hizo Bartolomé de Las Casas en 1550 en Cuba cuando escribió “hay en los montes otras raíces, que llamaban los indios guayaros”. En Cuba hay otros nombres para la Zamia integriflora, “yuquilla de paredón” y “yuquilla de ratón”; ambos nombres son alusivos a la naturaleza venenosa de estas plantas.
En Puerto Rico la planta recibe el nombre “marunquey” que es un vocablo taíno que se refiere al islote al este de Puerto Rico y tiene que ver con “raíz de una planta que da fécula”. En el inglés de las islas del Caribe, las plantas son denominadas bay-rush(Bahamas) y bulrush en las Islas Caimán.
La primera noticia de la Zamia en la Florida es de Hernando de Escalante Fontaneda, quien escribió acerca del “pan de raises” entre los pobladores de Glades. Fontaneda fue un sobreviviente de un naufragio que vivió como sirviente/esclavo durante 17 años entre los indígenas de la Florida. Sus memorias fueron escritas en 1575 y son un valioso recuento contemporáneo de la cultura indígena de la Florida durante ese período.
Aun cuando la mayoría de las informaciones acerca de la guáyiga se refiere a los usos que se hacían de esta durante la época precolombina, hay algunas referencias históricas modernas sobre el uso de la guáyiga en la República Dominicana.
Foto de la guáyiga  dominicana o Zamia debilisA mediados de 1990, Charles D. Beeker, un arqueólogo submarinista de la Universidad de Indiana, dirigió un equipo de americanos y dominicanos que exploró varias cuevas en el Parque Nacional del Este, entre ellas la Cueva José María, a varios kilómetros del Manantial de la Aleta. En esta cueva hay muchas pictografías arregladas a modo de paneles que representan la vida, mitología, cosmología y el calendario del pueblo taíno en la provincia de Higüey.
Uno de los paneles parece que representa un trato de 1503 entre los taínos y los españoles, dice Beeker. El tributo taíno se paga a los españoles en pan de guáyiga y en esa representación consta el rallador de alimento, la plancha, un cacique y el pan entregado a los españoles. En cambio el español consiente en no molestar y esclavizar al taíno. Beeker llama este acontecimiento como “el primer trato del Nuevo Mundo”. Un año después de convenido el trato, un oficial español azuzó un perro contra un cacique taíno. El perro desentrañó al indio. Lo que dio comienzo a una guerra que terminó en la masacre de por lo menos 700 taínos.
En tiempos modernos, 1952 y 1953, en el pueblito costero de Guayacanes cerca de Juan Dolio, las plantas de zamias todavía se cosechaban y se preparaban variedades de productos alimenticios. Esta información la recogió Emile de Boyrie Moya et al y se publicó en la revista Florida Anthropologist en 1957. Las plantas de zamia crecían en abundancia en los bosques de los alrededores y se sacaban del suelo rocoso con una coa de metal, trabajo que hacían las mujeres de la familia.
Las raíces eran peladas y ralladas en un guayo de metal confeccionado sobre una plancha de metal con orificios hechos en esta con clavos y amarrados a un palo de guayo hecho de almácigo o madera de jabilla. Lo rallado caía en una batea. Luego la pulpa de lo rallado se lavaba varias veces, para quitarle el veneno, usando una arpillera y luego con una tela más fina. Finalmente una bola de fécula se extraía que se dejaba secar y más tarde se dividía en pedazos para un secado adicional. Más tarde como parte del proceso con esto se hacían varios productos.
Hojaldras– la fécula mezclada con un jarabe de azúcar con coco, canela, clavos dulces, coco rallado y leche de coco. La masa que resultaba de esto se cortaba en forma de diamante o pequeños rollos y se horneaba.
Chollas o bollos– La fécula se mezclaba con coco, agua y sal, se hacían rollos que luego se cocían al horno.
Arepas– con la misma masa de las chollas se hacían galletas que más adelante eran cocinadas en grandes recipientes de hierro.
Majablanco– la masa se mezclaba con leche, leche de coco, azúcar, especias y un poco de sal, luego se cocían en forma de copos de avena.
Chichueca – con la masa del mismo tipo de las chollas, se tiraban en cucharadas llenas en manteca de cerdo caliente para freírlas.
De Boyrie Moya informó de procesos similares con las raíces de la yuca que se hacían en tiempos posteriores en la República Dominicana. Además estos procesos de pelado, rallado y extracción del veneno fue usado en Puerto Rico en el siglo XVIII y XIX. Según una receta puertorriqueña, las bolas de fécula se dejaban fermentar hasta que los gusanos aparecieran en ellas. Luego la fécula con los gusanos se aplastaban y se freían. (¡Esto añadía sabor y proteína a la fórmula!).
En esos mismos años en la Florida los indios seminolas preparaban las zamias o coonties de una manera parecida que incluía pelarla, machacarla, rallarla y lavarla, junto con el secado. Este proceso fue adoptado de las tradiciones de los indígenas de Georgia y de otras áreas del sur de los Estados Unidos, áreas de las cuales los indios seminolas procedían cuando escaparon de los soldados americanos después del 1700.
Es sorprendente que después de presentar todas estas informaciones vaciadas más arriba, de Boyrie Moya concluyera que esta similitud en las técnicas entre dominicanos y seminolas fuera mera coincidencia y que no indicara ninguna conexión histórica entre las dos zonas. Por mi parte difiero y a mi vez sugiero que el uso de las mencionadas plantas con el proceso parecido con certeza indica que hubo contacto entre las dos áreas. Es pertinente añadir que hasta en años recientes se creyó que la expansión y exploración de América ocurrió solo después del contacto europeo. ¡Esto constituye un error infortunado de etnocentrismo y prejuicio!
En otro orden de ideas uno pudiera preguntarse porqué una persona “primitiva” en la selva osaría probar las raíces amargas de una planta desconocida y luego desarrollar un largo proceso para hacer que las raíces no fueran tóxicas. Quizá la respuesta sea “el hambre, aderezada con la precaución”. Una vez que el procedimiento se creó, quizá entonces este conocimiento se compartió por encima de las fronteras tribales, aun entre tribus que estaban separadas por montañas, ríos, desiertos y grandes porciones de agua.
Foto del coontie de la Florida o Zamia pumilaDigno de mencionarse también es que los pobladores angloamericanos  en Miami y Fort-Lauderdale en Florida aprendieron de los seminolas a procesar el coontie y como resultado de eso construyeron varios molinos de fécula a lo largo de los ríos y allí procesaron toneladas de raíz de coontie cada mes, hasta que el último molino cerró en el año 1925.
En una escala menor y más personal, un buen amigo me ha dicho que su tía ocasionalmente preparaba para él una fécula dulce en forma de gachas de avena para el desayuno y que él no sabe qué cosa era. La pregunta que uno se hace es: ¿Pudo este plato ser guáyiga?
Es una pena que haya que admitir que es demasiado tarde para él para hacer esa pregunta a su tía. Esta anécdota es un recordatorio de que deberíamos tratar de hacer más preguntas acerca del pasado, preguntas dirigidas a nuestros padres, abuelos y a nuestros familiares más viejos antes de que nos dejen y de que sea demasiado tarde.
Refrencias: “Zamia starch in Santo Domingoa contribution to the ethnobotany of the Dominican Republic”, por Emile de Boyrie Moya, Marguerita K. Krestensen y John M. Goggin, Florida Anthropologist, nov. 1957, vol. 1, 3-4.  “Organic artifacts from the Manantial de la Aleta, Dominican Republic: Preliminary observations and interpretations”, por Charles D. Beeker, Geoffrey W. Conrad y John W. Foster, Journal of Caribbean Archaeology, 2, 2001. Florida Ethnobotany de Daniel F. Austin, CRC Press, Boca Raton. Florida, 2004.



Tomadas de la red.

miércoles, agosto 15, 2018

La Guerra de la Restauración


La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia, el 3 de marzo de 1865.
La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra Revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia. La base social de ese movimiento estaba constituida, fundamentalmente por campesinos, la gurgucia urbana. Estas clases enarbolaron la bandera del Republicanismo democrático como representantes del progreso económico Social y Político en su época histórica.
La Restauración fue además el mayor movimiento armado que conoció el país en toda su existencia, a partir incluso de los tiempos coloniales.
El 16 de agosto, los dominicanos conmemoran otro aniversario del inicio de los actos bélicos, que desataron la guerra domínico-española, por la restauración de la República Dominicana, que había sido proclamada el 27 de febrero de 1844, pero desde su fundación estuvo amenazada por las luchas intestinas de sus fundadores y otros que aún siendo acabados de llegar, ejercieron un protagonismo y una presión tan deliberante, que terminaron desplazando a los más sacrificados por la patria.
A estas luchas de intereses entre los dominicanos, se sumaron las constantes invasiones, amenazas y presiones de los haitianos, quienes alegaban que desde el tratado de Basilea en 1795, la isla era una sola e indivisible y por lo tanto se oponían a la independencia del territorio que ellos siempre habían reclamado y que habían gobernado desde el 9 de febrero de 1822, hasta el 27 de febrero de 1844.
También presionaban e instigaban potencias como Francia, España, Inglaterra y el naciente imperio del norte, como llamara José Martí a los Estados Unidos de América. Estas potencias no tenían ningún interés real en el territorio dominicano, sino tenerlo como base para sus defensas o para atacar a otras potencias, por eso el desenfrenado interés por la estratégica bahía de Samaná.
En el caso de los haitianos, ya que ellos sólo querían esa parte de la isla para evitar que cayera en manos de alguna de esas potencias y en caso de verse atacados, dar a Quisqueya como botín de guerra, en un eventual acuerdo de paz.
En este estado de efervescencia, intranquilidad e inestabilidad social, política y económica, así como los constantes cambios de gobernantes y el revanchismo político, el país pasó sus primeros trece años de vida republicana, hasta que el 7 de julio de 1857, estalló un movimiento en todo el Cibao, que es conocido en la historia dominicana como la Revolución de Julio y terminó con el derrocamiento del segundo gobierno de Buenaventura Báez y abriendo el camino para el tercer y último gobierno de Pedro Santana.
El proceso de la anexión a España fue largo, ya que se acompañó de proyectos y gestiones como las que encabezaron Buenaventura Báez en 1846 y 1857, Mella y Felipe Alfaú en 1853.
Ya para 1860 la anexión a España comienza a germinar, a raíz de una larga exposición que escribió Pedro Santana a la reina Isabel II.
En esa carta Santana fundamenta la solicitud, señalando entre otras cosas, que el hecho de tener el mismo origen, religión y costumbres “nos inclinan a desear encontrar esa estabilidad en una más perfecta unión con la que fue nuestra madre patria que la que existe y seguramente nos presentará mejor oportunidad que las que ofrecen hoy las circunstancias”.
Como resultado de esta solicitud, llegó a Santo Domingo el general español Gutiérrez de Rubalcaba para estudiar la situación y rendir un informe, el cual fue favorable a la petición de anexión y Santana procedió a someter las bases en que debía apoyarse la anexión, las cuales especificaban lo siguiente:
  1. El respeto a la libertad individual y al principio de no esclavitud.
  2. Que el territorio dominicano fuera considerado como una provincia española y como tal, disfrutará de los derechos correspondientes.
  3. La utilización del mayor número de hombres, especialmente los del ejército, que desde 1844 habían prestado importantes servicios a la patria.
  4. La amortización del papel moneda circulante, como una de las primeras medidas.
  5. El reconocimiento y validez de los actos gubernamentales, ocurridos en el país desde 1844.
Al comenzar el año 1861, los anexionistas se apoyaban en todo tipo de excusas para simular sus propósitos y mientras por un lado justificaban ante el gobierno español que la anexión se haría “conforme a los deseos que siempre habían manifestado los dominicanos”, por el otro lado se desarrollaba una política represiva, tratando de ahogar en sangre, cárceles y deportaciones, todo tipo de protesta que iban surgiendo en el país, y también se buscaba y se obtenía al precio que fuera, adhesión de los jefes militares y de grupos y personalidades influyentes.
Se colocaron personas de extrema confianza en los puestos claves, se escribieron circulares a funcionarios civiles y militares, así como a los cónsules y representantes diplomáticos acreditados en el país y se puso en funcionamiento la maquinaria propagandística para comunicarle al país, que ya la anexión era una realidad.
Para las primeras horas de la mañana del 18 de marzo de 1861, Pedro Santana, el primero y último presidente de la que hasta entonces había sido la República Dominicana, convocó al “pueblo” a la plaza de la catedral, hoy parque Colón, para darle oficialmente la “gran noticia” y bajar la bandera dominicana, para izar el pabellón español y entre las proclamas y argumentos en el acto de entrega, Santana proclamó lo siguiente:
“España nos protege, su pabellón nos cubre, sus armas impondrán a los extraños, reconoce nuestras libertades; Y juntos las defenderemos, formando un solo pueblo, una sola familia, como siempre fuimos; Juntos nos presentaremos ante los altares que la madre patria erigiera”.
La vuelta a la situación colonial se puso de manifiesto no sólo con la reincorporación del territorio a España, sino con el establecimiento de viejas modalidades coloniales, tales como instauración de las instituciones jurídicas hispánicas, un clima inquisitorial y de intolerancia religiosa, el predominio de los peninsulares y los prejuicios raciales frente a los nativos, entre otras barbaridades.
Al producirse la anexión, Pedro Santana quedó como gobernador interino de la colonia, hasta que fue confirmado en el mando en mayo de 1861, cuando la reina Isabel II reconoció oficialmente el traspaso territorial y empezó a tomar decisiones en su readquirida colonia, mandando personal administrativo desde Cuba y Puerto Rico, pero antes se hicieron oír las protestas de países como Chile, Perú, Haití, Francia, Inglaterra, Venezuela, Alemania y Estados Unidos, entre otros.
El descontento de muchos nativos que se oponían a la anexión, nunca se apagó y por el contrario, todas las medidas y accionar de los españoles, contribuían a incrementar el sentimiento patrio y muy pronto comenzaron los focos de resistencia que luchaban por el retorno a la vida republicana, que con sus virtudes y defectos, garantizaba por lo menos un mínimo de libertades e igualdad entre los ciudadanos.
España en ningún momento cumplió con los acuerdos que fundamentaban la anexión y las medidas económicas y represivas en contra de la población, no sólo traspasó lo administrativo y militar, sino que también volvieron medidas esclavistas y raciales, donde hasta la Iglesia Católica desconocía a los sacerdotes dominicanos.
Se fueron desatando varios movimientos tendentes a expulsar a los españoles y restablecer la república, como el levantamiento en Moca dirigido por José Contreras, el movimiento de la Regeneración Dominicana y el asalto de Neyba, ocurrido en febrero de 1863, dirigido por Cayetano Velásquez, también el día 21 de febrero de ese mismo año, Santiago Rodríguez encabezó un movimiento que culminó con el levantamiento y toma de Guayubin, donde los dominicanos sorprendieron la guarnición española y convirtieron toda la región noroeste en un bastión importante de la resistencia, ya que lograron el levantamiento de varias comunidades.
El estado de sitio, los apresamientos y fusilamientos emprendidos por los españoles, acrecentaron aún más las luchas de los restauradores y el amanecer del 16 de agosto de 1863, fue fiel testigo del ataque a Santiago, por hombres encabezados por Benito Monción, Gaspar PolancoBenigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenarez, Eugenio Miches y Gregorio Luperón, entre otros.
Mientras que otro grupo encabezado por Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña y Federico de Jesús García, entre otros, enarboló la insignia tricolor, símbolo del pabellón dominicano, en el cerro de Capotillo, en la hoy provincia de Dajabón.
El movimiento restaurador abarcó a todos los sectores en los diferentes aspectos sociales, políticos y militares, en los que también podemos destacar la ayuda económica y bélica, de países como Venezuela y Haití.
Para finales del año 1864, ya el movimiento restaurador abarcaba todo el territorio dominicano, bajo el criterio de que la República todavía existía y bajo la consigna de “Libertad o Muerte” y “Guerra a Muerte Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria”.
Al comenzar el año de 1865, Geffrard, el presidente de Haití, envió un comisionado para mediar en la guerra y en los intercambios de prisioneros, que ya se había iniciado entre comisionados españoles y restauradores, así como el acuartelamiento y ubicación de todas las tropas españolas.
El día 3 de marzo de 1865, el gobierno español emitió el “Real decreto” que determinó el abandono por parte de España, del territorio dominicano y anulando el pacto de anexión.
Las tropas españolas iniciaron el proceso de evacuación el día 10 de julio de 1865, iniciándose así la segunda república bajo el mando de Pedro Antonio Pimentel, quien había sustituido a la Junta Central Gubernativa, el primero de marzo.
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Cangrejo Ermitaño o Mackey


Nombre común: Cangrejo Ermitaño o Mackey 
Nombre científico: Coenobita clyoeatus
Filo: Atropoda
Sub-Filo: Crustacea. 
Clase: Malacostraca.  
Orden: DECAPODA
Infra-orden: Anomura 
Super-familia: Paguroidae 
Familia: Coenobitidae   
Género: Coenobita  
Condición: Nativa.


Son cangrejos terrestres, omnívoros recolectores, que viven en toda el área del Mar Caribe. Logran alcanzar una longevidad de unos 30 a 35, abandonan su caracol y se mudan a otra concha mas cómoda conforme crecen. El color varía de un rojo pálido a un marrón oscuro o burdeos, con un brazo color morado que lo distingue. 

Los pedúnculos son redondos y blancos, con una raya de color negro o marrón en la parte inferior. Los ojos son de forma oval. El abdomen es corto y lagrasa. Hay cuatro patas caminadoras, cuatro patitas para sostener la concha en su lugar, una pinza pequeña, una pinza púrpura grande, y cuatro antenas. La pinza grande se utiliza para cerrar la entrada de la concha para protegerse de los depredadores.

A pesar de estos cangrejos ermitaños viven en la tierra, en lugar de los pulmones poseen branquias. La alta humedad relativa de sus ambientes nativos, además de llevar un depósito de agua, permite que sus branquias modificadas permanezcan húmedas y por lo tanto funcionar adecuadamente en la extracción de oxígeno del aire.

Los adultos se encuentran tierra adentro, mientras que los jóvenes inician su vida en el agua y cerca de la orilla. Ellos son una vista común cerca de los hogares de las personas. Ellos excavan y se esconden bajo las raíces de los árboles grandes.

Dieta. Los cangrejos ermitaños del Caribe son herbívoros y carroñeros. En su ambiente natural los cangrejos ermitaños se alimentan de árboles de coco, restos de organismos muertos, como los peces y otros cangrejos. Los cangrejos ermitaños son capaces de enterrar a sus alimentos en la arena a consumir más tarde, que otros cangrejos pueden encontrar y consumir ellos mismos.

Para su reproducción en agosto los ermitaños lavan sus huevos, los adultos vuelven desde las selvas hasta las playas para desovar en el agua salobre. Los huevos eclosionan y forman parte de zooplancton alimentándose de fitoplancton hasta que completan el ciclo de larva y llegan a las playas en busca de caracolas. 








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