Londres le pasa a Ucrania los planos de sus misiles y Moscú retira al embajador: la potencia marítima repite un libreto de un siglo

El domingo, en su primer viaje al exterior como premier, Andy Burnham anunció en Kiev que el Reino Unido autoriza a MBDA a liberar información clasificada sobre los componentes británicos del misil SCALP, para que Ucrania y Francia monten líneas de ensamblaje en territorio ucraniano. Peskov calificó la reacción del Kremlin de extremadamente negativa y avisó que Rusia está reuniendo datos para ubicar esas plantas, algo que funciona como designación de blanco.

El 18 de agosto la embajada rusa en Londres ya había advertido por el uso de drones británicos en ataques dentro de Rusia, y el domingo se supo que el embajador Andrey Kelin dejó su puesto a fines de julio sin reemplazo, con las relaciones en el punto más bajo del que se tenga registro.

Nada de esto empieza ahora. En abril de 2022, días después de Estambul, Boris Johnson viajó a Kiev. Según Davyd Arakhamia, jefe de la delegación ucraniana, les dijo que no firmaran nada y siguieran peleando.

Conviene mirarlo con la teoría en la mano. El geógrafo Halford Mackinder, británico, escribió en 1904 que quien controle el corazón continental euroasiático controla el mundo, y lo planteó como advertencia para un imperio marítimo: la pesadilla era una Eurasia unificada bajo poder terrestre. En 1952 Lord Ismay, primer secretario general de la OTAN y antes asistente militar de Churchill, resumió el objetivo de la Alianza en una frase que sigue explicándolo: mantener a los rusos afuera, a los americanos adentro y a los alemanes abajo.

Gabriel Merino llama a esa constante geoestrategia angloestadounidense de control de las periferias de Eurasia. Ucrania es hoy la periferia más caliente del tablero, y cada tanda de tecnología británica que entra ahí responde menos a esta semana que a un cálculo de larga duración. Lo llamativo es que Londres lo ejecuta con una economía estancada y sin la capacidad militar para sostener lo que promete ante una Rusia en auge.

En junio Londres había anunciado un paquete de 752 millones de libras para entregar 150.000 drones a Ucrania antes de fin de año, financiado con un préstamo respaldado por los ingresos de activos soberanos rusos inmovilizados. Rusia paga, en los hechos, parte del armamento que después recibe encima.

La fórmula de Ismay tiene un segundo tramo que casi nunca se cita y que explica el resto del mapa europeo: mantener a los alemanes abajo. La ruptura del vínculo energético entre Berlín y Moscú, que Alice Weidel describió como el secreto del éxito industrial alemán, cumple esa mitad de la ecuación con la misma eficacia que la contención de Rusia cumple la primera.