jueves, agosto 06, 2026

El 6 de agosto, el Enola Gay lanzó "Little Boy.

 



El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos se convirtió en el primer (y único) país en lanzar una bomba atómica contra la población civil siendo Hiroshima el objetivo.

A las 8:15 del 6 de agosto, el Enola Gay lanzó "Little Boy"; tres días después, el Bockscar arrojó "Fat Man" sobre Nagasaki.
En cuestión de segundos miles de personas fueron incineradas o aplastadas. Para finales de 1945 habían muerto unas 140.000 en Hiroshima y cerca de 74.000 en Nagasaki. Los hibakusha (sobrevivientes de los ataques nucleares) padecieron durante décadas quemaduras, leucemias, cánceres y las secuelas de la radiación. En Hiroshima, más de 51.000 edificios quedaron destruidos o calcinados.
La versión oficial afirma que este crimen era inevitable para forzar la rendición y evitar una invasión a la isla. Pero Japón estaba militarmente derrotado: sufría un bloqueo devastador, carecía de combustible y materias primas y ciudades como Tokio también habían sido bombardeadas por EE. UU. Una parte de su cúpula militar buscaba terminar el conflicto preservando al emperador y esperaba una mediación soviética.
Esa esperanza desapareció el 8 de agosto, cuando la URSS declaró la guerra. El Ejército Rojo lanzó una ofensiva fulminante, destrozó al Ejército de Kwantung y hundió el dominio japonés en Manchuria. El colapso militar, la entrada soviética en la guerra y la posibilidad de conservar la institución imperial ofrecían alternativas reales al exterminio nuclear provocado por EE. UU.
Ni siquiera existió unanimidad sobre entre los altos mandos estadounidenses. Eisenhower sostuvo que Japón ya estaba derrotado y que emplear la bomba era innecesario; el almirante William Leahy la calificó de arma bárbara que no aportó ayuda material para vencer.
La verdad es que Hiroshima y Nagasaki no fueron los últimos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, sino que fueron una demostración de poder ante la URSS y el primer acto de la naciente Guerra Fría. EE. UU mostró que pretendía imponer su hegemonía mediante el terror nuclear. Años después se consolidó el mito político de que cientos de miles de soldados estadounidenses habían sido salvados porque se evito la invasión a Japón, transformando una matanza de civiles en un acto de necesidad.
"La inmensa mayoría de la evidencia documental disponible hoy en día demuestra que, antes de que se lanzara la bomba atómica, los principales responsables políticos y militares estadounidenses sabían que Japón estaba derrotado de forma exhaustiva y que intentaba rendirse. [...] El peso abrumador de la evidencia sugiere que el principal motivo de la rápida decisión de Truman de utilizar esta nueva arma fue su deseo de impresionar a la Unión Soviética con el poderío estadounidense. La bomba fue vista como un martillo diplomático para asegurar que Estados Unidos tuviera el control en la configuración del mundo de la posguerra, particularmente en Europa del Este y Asia."
-Gar Alperovit (1995): La decisión de usar la bomba atómica y la arquitectura de un mito americano.

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