miércoles, junio 24, 2026

Las mujeres guerrilleras de México.




Las mujeres guerrilleras de México: la historia invisibilizada de la insurgencia y el legado de Aurora de la Paz Navarro del Campo.


La historia de las luchas sociales y revolucionarias en México ha sido narrada, durante décadas, desde una perspectiva predominantemente masculina. Los nombres de Lucio Cabañas, Genaro Vázquez Rojas y los dirigentes de la Liga Comunista 23 de Septiembre forman parte de la memoria colectiva de la llamada Guerra Sucia. Sin embargo, detrás de esas organizaciones existió una generación de mujeres cuya participación fue decisiva y cuyo papel ha permanecido largamente invisibilizado.


Fueron combatientes, organizadoras clandestinas, dirigentes políticas, propagandistas, enlaces comunitarias, responsables de logística y constructoras de redes de solidaridad. Muchas enfrentaron la cárcel, la tortura, la desaparición forzada y el asesinato. Otras sobrevivieron para convertir su experiencia en una lucha permanente por la verdad, la memoria y la justicia.


Entre todas ellas destaca una figura excepcional: Aurora de la Paz Navarro del Campo, considerada por investigadores, sobrevivientes y organizaciones de derechos humanos como la única mujer que llegó a dirigir una organización político-militar guerrillera en México.


Mujeres contra la exclusión y el autoritarismo


La participación femenina en las organizaciones insurgentes no puede entenderse únicamente como un episodio de la lucha armada. También representó una ruptura profunda con los roles de género impuestos por la sociedad mexicana de mediados del siglo XX.


En una época en la que se esperaba que las mujeres permanecieran confinadas al ámbito doméstico, cientos de jóvenes estudiantes, campesinas, maestras y trabajadoras decidieron incorporarse a movimientos que cuestionaban la desigualdad social, la represión política y la falta de democracia.


Su participación desafió simultáneamente dos estructuras de poder: el autoritarismo del Estado mexicano y el sistema patriarcal que limitaba la presencia de las mujeres en la vida pública.


La insurgencia se convirtió para muchas de ellas en un espacio donde reivindicaron su capacidad de decisión política, liderazgo y acción colectiva. Aunque dentro de las propias organizaciones revolucionarias persistieron prácticas machistas, las mujeres lograron abrir espacios que transformaron para siempre la participación política femenina en México.


La otra cara de la Guerra Sucia


Entre finales de los años sesenta y principios de los ochenta, México vivió uno de los periodos más complejos de su historia contemporánea. El movimiento estudiantil de 1968, las movilizaciones campesinas, las luchas sindicales y la creciente inconformidad social dieron origen a diversas expresiones de resistencia, algunas de ellas armadas.


La respuesta gubernamental fue una estrategia de contrainsurgencia que incluyó espionaje, persecución política, detenciones arbitrarias, tortura, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas.


En ese contexto surgió la Liga Comunista 23 de Septiembre, considerada la organización guerrillera urbana más importante de los años setenta. Aunque la narrativa oficial la presentó durante mucho tiempo como una organización integrada fundamentalmente por hombres, investigaciones recientes han demostrado que las mujeres participaron en prácticamente todos los niveles de dirección y operación.


Sin ellas, buena parte de las estructuras clandestinas que sostuvieron la resistencia política habrían sido imposibles de mantener.


Aurora de la Paz Navarro del Campo: una dirigente revolucionaria


La trayectoria de Aurora de la Paz Navarro del Campo ocupa un lugar singular dentro de la historia de la insurgencia mexicana.


Militó en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y posteriormente en la Liga Comunista 23 de Septiembre. A diferencia de muchas mujeres de su generación, cuya participación fue minimizada o reducida a funciones secundarias por la historiografía tradicional, Aurora alcanzó responsabilidades de conducción política y militar.


Su liderazgo rompió esquemas en un contexto donde incluso los movimientos revolucionarios reproducían desigualdades de género.


Diversas investigaciones la reconocen como la única mujer que dirigió una organización político-militar guerrillera en México, una condición excepcional que revela tanto su capacidad política como las enormes barreras que debió enfrentar.


Su compañero, Carmelo Cortés Castro, también militante insurgente, fue detenido y murió bajo custodia del Estado. Aurora continuó su actividad política pese al incremento de la represión.


El 3 de febrero de 1976 fue detenida por elementos de la policía militar y de la extinta Dirección Federal de Seguridad. Desde entonces permanece desaparecida.


Su familia nunca volvió a verla.


Cincuenta años después, su caso continúa simbolizando una de las deudas más profundas del Estado mexicano con las víctimas de la Guerra Sucia.


Mujeres que sembraron democracia


La participación de las mujeres insurgentes trascendió el ámbito de la lucha armada. Muchas de ellas contribuyeron posteriormente a la construcción de movimientos democráticos, organizaciones de derechos humanos y colectivos de búsqueda de desaparecidos.


La experiencia de la represión las convirtió en impulsoras de causas que hoy forman parte de la agenda democrática nacional: el derecho a la verdad, la memoria histórica, la justicia transicional y el reconocimiento de las víctimas de violencia estatal.


Martha Camacho Loaiza


Militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, sobrevivió a la tortura y a la persecución política. Su testimonio se convirtió en una herramienta fundamental para documentar los crímenes de Estado cometidos durante la Guerra Sucia y preservar la memoria de las víctimas.


María de la Luz Núñez Ramos


Participó en movimientos revolucionarios y posteriormente dedicó gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos, la localización de desaparecidos y la exigencia de justicia para las víctimas de la represión política.


Las mujeres del Partido de los Pobres


En la sierra de Guerrero, decenas de campesinas sostuvieron la estructura social y política del movimiento encabezado por Lucio Cabañas. Fueron mensajeras, organizadoras comunitarias, combatientes, cuidadoras y proveedoras de apoyo logístico.


Sin ellas, la resistencia campesina difícilmente habría sobrevivido.


La historia oficial rara vez registró sus nombres, pero su participación fue decisiva para mantener viva una de las expresiones más importantes de inconformidad social del México contemporáneo.


De la insurgencia a los derechos humanos


Muchas de las conquistas democráticas actuales tienen raíces en las luchas emprendidas por aquellas mujeres.


La apertura política, el fortalecimiento de los organismos de derechos humanos, el reconocimiento de las desapariciones forzadas, la creación de mecanismos de atención a víctimas y la exigencia de rendición de cuentas al Estado son procesos en los que participaron sobrevivientes, familiares y compañeras de quienes enfrentaron la represión.


Su legado va más allá de la discusión sobre la lucha armada.


Representan una generación que se negó a aceptar la injusticia como destino y que abrió caminos para la participación política de las mujeres en espacios históricamente dominados por hombres.


Una memoria pendiente


La historia de las mujeres guerrilleras continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la historiografía mexicana.


Durante décadas fueron relegadas a notas al pie, reducidas a acompañantes de dirigentes masculinos o excluidas de los relatos oficiales. Sin embargo, nuevas investigaciones han comenzado a recuperar sus voces y reconocer su papel como protagonistas de la historia.


Entre todas ellas, Aurora de la Paz Navarro del Campo ocupa un lugar excepcional: dirigente revolucionaria, víctima de desaparición forzada y símbolo de la resistencia femenina frente al autoritarismo.


Su nombre permanece en las listas de desaparecidos de la Guerra Sucia, pero también en la memoria de quienes continúan exigiendo verdad, justicia y reparación.


Recordarla no es solamente un acto de memoria histórica. Es reconocer que la lucha de las mujeres por la democracia, los derechos humanos y la transformación social de México ha sido una fuerza fundamental en la construcción del país contemporáneo.

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