viernes, abril 10, 2026

Recordemos al periodista Marcelino Vega, asesinado por la intolerancia del PRD y la Policía Nacional.



A 45 años del asesinato del periodista Marcelino Vega, una herida abierta en la historia del periodismo dominicano.
Fue abatido de un balazo en el corazón el martes 7 de abril de 1981, en la intersección de las calles San Juan de la Maguana y Moca, en el sector Villas Agrícolas, Santo Domingo. Marcelino cumplía con su deber: cubrir la huelga que mantenían obreros del Ayuntamiento del Distrito Nacional en reclamo de un aumento salarial.
Aquella protesta fue reprimida por agentes de la Policía Nacional. En medio del caos, la violencia silenció la voz de un periodista que solo hacía su trabajo: informar.
Junto a él se encontraba su fotorreportero, Valentín Pérez Terrero. En el mismo hecho también fue acribillado el canillita Manuel de Jesús Ciprián Valdez, quien narraba al periodista lo que estaba ocurriendo en ese instante.
Horas después, el síndico Pedro Franco Badía adelantó públicamente que Marcelino Vega había muerto en un supuesto “intercambio de disparos”, versión que desde el inicio fue cuestionada por familiares, colegas y sectores de la sociedad.
Ante la presión de sus allegados, se realizó incluso una prueba de parafina en Puerto Rico para esclarecer los hechos. Entre los acusados figuraron el raso Hilario Márquez Milano, el coronel Melitón Jorge Balderas y el teniente Sánchez Ulloa. Sin embargo, la corte policial terminó descargándolos.
Cuarenta y cinco años después, la pregunta sigue viva: ¿quién responde por la muerte de Marcelino Vega?
Recordarlo no es solo un acto de memoria. Es un compromiso con la verdad, con la libertad de prensa y con todos los periodistas que arriesgan su vida para que la sociedad no viva en silencio.
Porque cuando matan a un periodista, no solo cae un hombre: intentan apagar el derecho de un pueblo a saber.

Tomado de la red.

jueves, abril 09, 2026

San Simón un recuerdo que permanecerá en el tiempo.

 



Dentro de poco tiempo San Simón será sólo un recuerdo que se irá diluyendo en el tiempo. Ya abandonado por casi todos sus habitantes y amenazado por la presa de monte grande, está condenado a desaparecer. Todo es cuestión de tiempo, San Simón sucumbirá a la modernidad.


Sin ninguna de las comodidades de la civilización: sin agua potable, sin energía eléctrica, sin un puente que lo comunique con las poblaciones cercanas, sus habitantes optaron por irse del pueblo al otro lado del río Yaque del Sur, a poblar a la Boca de los Guiros, la Meseta y a Hato Nuevo Cortes, dejándolo en el abandono casi absoluto. Sólo Carmito, su esposa y algunos de sus hijos se resisten a irse.


Estuve allí en la semana santa del 2012, fuimos el poeta Hermes de Paula y yo, y la pasamos fenomenal, nos alojamos en la casa de Doña Nena y nos acompañaron Lucas que fue nuestro anfitrión, Altagracia y un hermano de ella.


Tony nos visitó alguna vez, fue una estadía fabulosa, siempre me queda el deseo de volver a ese maravilloso lugar ya casi abandonado. Sólo le da vida la fertilidad de sus tierras, los conucos esplendorosos, el agua que corre libre entre los cultivos, las norias que emergen sin ningún rubor de las profundidades de la tierra y las rigolas que serpentean por la superficie irrigando los conucos, dándole vida a la tierra prodiga para que el hombre con sus manos fecundas la haga parir.


San Simón pervive cada día en mi recuerdo, en él pasé momentos inolvidables al lado de personas maravillosas que me mostraron el valor de las cosas sencillas y el amor a la naturaleza. Tan lejos de todo, allí en medio del monte, recorriendo los conucos, subiendo montañas, escuchando el canto de los pájaros, compartiendo en las noches bajo las estrellas junto a la fogata entre risas y cuentos sentía volver a mis raíces.


En San Simón era inmensamente feliz, recorriendo el bosque seco, subiendo sus montañas peladas, bañándome en el Yaque del Sur, hiendo a la zurza, o escalando hasta la cima del pico Pan de azúcar o la montaña de cristal. Haciendo esas cosas sentía que me encontraba conmigo mismo y eso doña Nena y el viejo Vargas lo sabían y disfrutaban conmigo cada momento de mi vida allí. Hoy ellos ya no están, hace tiempo que se fueron, hace tiempo que la casa está abandonada, incluso, el viejo Vargas murió recientemente, es por eso que San Simón está más solo, más abandonado, más triste, más desolado.


Allá en San Simón, sólo quedan recuerdos edificados en momentos inolvidables que nosotros los que sobrevivimos a la nostalgia debemos hacer que permanezcan por siempre. Así debe ser Lucas, tú estás destinado a perpetuar a San Simón en el tiempo, no dejes que el olvido se trague los sueños, no dejes que muera la esperanza, es en tus manos donde descansa su destino, no dejes que muera el amor por las tradiciones que mantienen vivas aun nuestras esperanzas de sobrevivir al olvido al que estamos destinados.


Domingo Acevedo.

12/1/13


Hoy San Simón ya fue desalojado para dejar paso a la presa de Monte Grande.













































































Fotos Domingo Acevedo.

Archivo del blog