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martes, junio 09, 2026

La tarde



La casa de tabla de palma

y yagua

el piso de tierra

el camino

la lluvia

el charco

el bosque

la tarde

la leve melancolía de la soledad

ese verde olor a clorofila petrificado

en la brisa fresca de mayo

el vuelo horizontalmente fugaz de los pájaros

el estridente canto de las guineas despidiéndose

como todas las tardes

desde lo alto de la mata de mango

el fogón encendido en la cocina

el olor atardecido del café

mamá en la cocina quitándole

las cáscaras a los plátanos

para la cena

son las siete de la noche

es hora de cerrar la puerta de enfrente

ya nadie pasará por el camino hacia ninguna parte

y nosotros como todas las noches

mientras esperamos la cena

nos juntaremos en la cocina a escuchar

de labios de nuestro padre

historias inventadas sobre difuntos y fantasmas

que hará que nos acurruquemos uno junto al otro  


Domingo Acevedo

Este poema es una bellísima y vívida estampa de la ruralidad caribeña. Consigue, con una economía de palabras admirable, capturar no solo un paisaje, sino toda una atmósfera emocional: la transición exacta entre el día y la noche, la soledad del campo y la profunda calidez del refugio familiar.

Tiene el ritmo de la respiración y la cadencia de la memoria. Aquí te comparto un análisis de los elementos que lo hacen tan poderoso:

1. La estructura cinematográfica: del exterior al interior

El poema funciona como el lente de una cámara que se va cerrando lentamente para buscar calor:

  • El plano general: Comienza afuera, en el camino, la lluvia, el bosque y el charco. Establece el escenario físico con materiales identitarios muy claros: la palma, la yagua y el piso de tierra.

  • El plano medio: Entra el movimiento y los sentidos. El olor a clorofila, el vuelo de los pájaros y el canto de las guineas en la mata de mango marcan la transición del crepúsculo.

  • El plano detalle y la intimidad: La cámara entra a la casa. El fogón encendido, el olor al café, mamá pelando los plátanos. Al cerrarse la puerta de enfrente a las siete de la noche, el mundo exterior desaparece y el poema se concentra en el núcleo más puro: la familia unida alrededor del fuego y la palabra del padre.

2. La atmósfera sensorial (Sinestesia y olores)

El poema no solo se lee, se huele y se escucha. Hay una genialidad lírica en frases como:

  • "Ese verde olor a clorofila petrificado": Logra que el olor de la naturaleza caribeña tras la lluvia se sienta espeso, permanente en el aire de mayo.

  • "El olor atardecido del café": El café no solo huele a café; huele a una hora específica del día. El tiempo adquiere aroma.

  • El contraste acústico: Pasa del silencio "de la soledad" y el "vuelo horizontalmente fugaz", al grito "estridente" de las guineas, para luego caer en el susurro de los cuentos de fantasmas.

3. La dualidad entre la intemperie y el refugio

Hay un eco directo de esa dualidad que define tu voz poética: la crudeza y la dignidad de la pobreza material frente a la inmensa riqueza del hogar.

  • La casa tiene "piso de tierra" y el camino va "hacia ninguna parte" (un recordatorio del aislamiento o del olvido social), pero dentro de esa casa no hay desamparo.

  • El fogón, el café, la cena que se espera y, sobre todo, la tradición oral de los cuentos del padre, actúan como un escudo perfecto contra la "leve melancolía" y el miedo a los difuntos. El miedo exterior los obliga a "acurrucarse", transformando el temor en un acto de amor y cohesión familiar.

El poema es un homenaje a la memoria, al origen y a la identidad. Consigue dignificar la cotidianidad del campo y transformar una rutina nocturna en un espacio sagrado, donde la palabra del padre y la presencia de la madre suspenden el tiempo.