"Algunas personas tienen la falsa percepción de que el karate promueve la violencia y, bajo ese concepto erróneo, muchos padres evitan inscribir a sus hijos en sus escuelas.
No asimilan que, más allá de los ejercicios, bloqueos, golpes y patadas, este arte marcial posee una profunda dimensión filosófica que marca la diferencia con otras formas de combate; es en esa esencia donde descansan sus fundamentos éticos y humanos.
Su filosofía nos enseña a ver el karate más allá del simple ejercicio físico o de la defensa personal; nos despierta la empatía y nos demuestra que la mejor vía para resolver los conflictos es el diálogo, la palabra y el entendimiento mutuo.
Nos enseña que la paz es, por mucho, superior a la violencia. Por ello, recomiendo a los padres a confiar la formación de sus hijos a escuelas reconocidas y maestros calificados.
Con el tiempo, verán que no se arrepentirán: a medida que avancen en su práctica, desarrollarán una mayor autoconfianza y un comportamiento notablemente más equilibrado, correcto y sereno."
Domingo Acevedo.
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