A 45 años del asesinato del periodista Marcelino Vega, una herida abierta en la historia del periodismo dominicano.
Fue abatido de un balazo en el corazón el martes 7 de abril de 1981, en la intersección de las calles San Juan de la Maguana y Moca, en el sector Villas Agrícolas, Santo Domingo. Marcelino cumplía con su deber: cubrir la huelga que mantenían obreros del Ayuntamiento del Distrito Nacional en reclamo de un aumento salarial.
Aquella protesta fue reprimida por agentes de la Policía Nacional. En medio del caos, la violencia silenció la voz de un periodista que solo hacía su trabajo: informar.
Junto a él se encontraba su fotorreportero, Valentín Pérez Terrero. En el mismo hecho también fue acribillado el canillita Manuel de Jesús Ciprián Valdez, quien narraba al periodista lo que estaba ocurriendo en ese instante.
Horas después, el síndico Pedro Franco Badía adelantó públicamente que Marcelino Vega había muerto en un supuesto “intercambio de disparos”, versión que desde el inicio fue cuestionada por familiares, colegas y sectores de la sociedad.
Ante la presión de sus allegados, se realizó incluso una prueba de parafina en Puerto Rico para esclarecer los hechos. Entre los acusados figuraron el raso Hilario Márquez Milano, el coronel Melitón Jorge Balderas y el teniente Sánchez Ulloa. Sin embargo, la corte policial terminó descargándolos.
Cuarenta y cinco años después, la pregunta sigue viva: ¿quién responde por la muerte de Marcelino Vega?
Recordarlo no es solo un acto de memoria. Es un compromiso con la verdad, con la libertad de prensa y con todos los periodistas que arriesgan su vida para que la sociedad no viva en silencio.
Porque cuando matan a un periodista, no solo cae un hombre: intentan apagar el derecho de un pueblo a saber.
Tomado de la red.
