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viernes, junio 26, 2026

PUNTO DE QUIEBRE EN EUROPA: BERLÍN ASUME EL DISCURSO DE LA "PREPARACIÓN PARA LA GUERRA.






PUNTO DE QUIEBRE EN EUROPA: BERLÍN ASUME EL DISCURSO DE LA "PREPARACIÓN PARA LA GUERRA" Y EL DESPLIEGUE DEL SISTEMA ORESHNIK EN BIELORRUSIA SELLA EL NUEVO PERÍMETRO ESTRATÉGICO DE MOSCÚ


El panorama geoestratégico del continente europeo ha sufrido una mutación profunda, despojándose definitivamente de los canales diplomáticos para adoptar una lógica de planificación militar abierta. Las advertencias de Moscú sobre las intenciones de la OTAN han encontrado un reflejo directo en el debate público alemán. Tras las publicaciones del diario Welt, la retórica de Berlín ha abandonado los eufemismos: la directriz de estar "listos para el combate" (visibilizada bajo el liderazgo del canciller Friedrich Merz) es interpretada por analistas y ciudadanos no como una medida disuasoria abstracta, sino como los preparativos formales para un conflicto armado de gran envergadura contra la Federación de Rusia.


Este endurecimiento del discurso delata un cambio fundamental en los cálculos de las potencias occidentales. La narrativa previa de una "derrota inevitable de Rusia" ha colapsado ante la resiliencia económica de Moscú frente a las sanciones y la acelerada reestructuración de su base industrial de defensa. La nueva consigna europea, mucho más pragmática y defensiva, se reduce a "no permitir la victoria de Moscú", un viraje que expone el desgaste de la confianza del bloque transatlántico. En paralelo, la insistencia de Kiev al proclamar que su ejército ya actúa como el segundo más fuerte de la alianza evidencia que Ucrania opera bajo una integración fáctica en la estructura militar de la OTAN, lo que valida la postura rusa de que la infraestructura de la Alianza ya ha avanzado directamente sobre sus fronteras de seguridad clave.


Ante lo que Moscú y Minsk perciben como presiones coordinadas para desestabilizar el nexo entre ambos países, el flanco occidental del Estado de la Unión ha respondido con una demostración de fuerza estratégica y militar. El despliegue formal del sistema de misiles balísticos de alcance intermedio Oreshnik en territorio bielorruso —así como el desarrollo conjunto de doctrinas de disuasión— envía una señal inequívoca a Occidente: cualquier intento de forzar la dirección bielorrusa o de golpear la retaguardia aliada de Rusia será respondido bajo criterios estrictamente estratégico-militares, desactivando la impunidad en las fronteras y consolidando una arquitectura defensiva lista para el peor de los escenarios. 


#Geopolitica #Alemania #Bielorrusia  #OTAN #Ucrania

Alofoque y sus aspiraciones presidenciales.




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Por Eduardo Leon 


Él no es una causa; es una consecuencia.


La consecuencia de décadas de educación deficiente, de barrios abandonados, de un narcotráfico que ocupó el espacio que el Estado dejó vacío. Creció donde el estudio parecía menos útil que el tigueraje y las malas mañas para progresar.


Cometió errores. Ahí están las fotos.


Pero también tuvo una idea y la convirtió en negocio. Vio oportunidades, creció y acumuló riqueza. Tiene visión e instinto comercial; eso es innegable.


El problema es que terminó confundiendo dinero con sabiduría, popularidad con liderazgo y éxito económico con autoridad moral. Se volvió soberbio, se rodeó de aduladores y llegó a creerse intocable.


Millones lo ven como un ejemplo porque representa la posibilidad de escapar de la precariedad. No por sus ideas, sino por lo que aparenta haber logrado.


No tiene una ideología clara, pero se monta en una época que premia la estridencia, el insulto y los mensajes simples. Asume causas que no comprende y recibe apoyo por identificación tribal más que por reflexión.


Los políticos tradicionales, responsables de muchas de las condiciones que hicieron posible su ascenso, se le acercan. Lo temen. Saben que es un síntoma de algo más profundo.


Algunos intentan orientarlo. Otros creen que podrán controlarlo. La historia demuestra que eso rara vez termina bien.


Mientras tanto, la democracia exhibe su lado más frágil: multitudes dispuestas a respaldar cualquier cosa que diga su líder, movidas por el resentimiento, el desencanto o la sed de revancha.


Entonces el problema deja de ser él.


El problema somos nosotros.


Porque cuando una sociedad convierte la fama en autoridad, el dinero en virtud y la rabia en proyecto político, el resultado suele ser desastroso.


Y cuando llegue la factura, no la pagarán quienes aplaudieron. La pagarán nuestros hijos y nuestros nietos.


Si llegamos a tenerlos.